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domingo, 23 de marzo de 2025

EL PENSAMIENTO DE IVAN KIREYEVSKY (PARTE I)

 

Vladimir Moss


Nota: Las obras principales de Iván Kireyevski se pueden encontrar traducidas online al inglés, tanto Sobre el carácter de la Ilustración en Europa y su relación con la Ilustración en Rusia (traducción casi total del original en ruso) como Sobre la necesidad y la posibilidad de nuevos principios para la filosofía (traducción completa), así también en nuestro blog se puede encontrar su Respuesta a Jomiakov traducida al castellano. 


Imagen de Ivan Kireyevsky (1806 - 1856) 

Los eslavófilos creían que la civilización occidental, desde el Cisma del siglo XI, había dado origen a un nuevo tipo de ser humano: el homo occidentalis. La pregunta, entonces, era: ¿cuáles eran las características principales de este nuevo hombre y en qué se diferenciaba del homo orientalis, el tipo más antiguo y original de cristiano y europeo, que por entonces solo podía encontrarse en Rusia y los Balcanes?

 

La primera respuesta clara a esta cuestión fue formulada por Iván Vasílievich Kireevski, un hombre de formación, gustos y hábitos completamente occidentales, que en su vida adulta se convirtió al ideal ortodoxo, volviéndose en discípulo del starets Macario de Óptina. En su Respuesta a Jomiakov (1839) y Sobre el carácter de la civilización europea y su relación con la civilización rusa (1852), ofreció su propia explicación sobre la causa del surgimiento del homo occidentalis: la eclosión racionalismo occidental.

 

Puede decirse que el inicio de la emancipación espiritual de Kireevski se remonta a 1829, cuando —como escribe el padre Serguéi Chetverikov— “se dio a conocer por primera vez en el ámbito literario con un artículo sobre Pushkin, que revelaba una comprensión notablemente clara de la obra de este poeta. En ese artículo ya expresaba dudas sobre la verdad absoluta de la filosofía alemana, y señalaba la necesidad urgente de desarrollar una escuela de pensamiento científico original ruso. ‘La filosofía alemana no puede echar raíces entre nosotros. Nuestra filosofía debe surgir de las cuestiones actuales, del interés predominante de nuestro pueblo y de sus modos de vida particulares.’

 

Pero al mismo tiempo, no debemos rechazar la experiencia del pensamiento europeo occidental. ‘La corona del iluminismo europeo fue la cuna de nuestra educación. Nació cuando los demás Estados ya habían completado el ciclo de su desarrollo intelectual; y donde ellos completaron, allí comenzamos nosotros. Como una hermana menor en una gran familia armoniosa, Rusia se vio enriquecida por la experiencia de sus hermanos y hermanas mayores antes de su entrada en el mundo.’”[1]

 

“Europa”, — escribió Kireevski en 1830 — “presenta ahora una imagen de estupor. Tanto su desarrollo político como moral han llegado a su fin.” Solo dos pueblos “de toda la humanidad ilustrada… no participan del adormecimiento general; dos pueblos, jóvenes y vigorosos, florecen con esperanza: los Estados Unidos y nuestra patria.”[2]

En aquel entonces, Kireevski probablemente todavía no contemplaba la dimensión única y salvífica de la Ortodoxia. El momento decisivo de su conversión, como escribe Nina Lazareva, fue su matrimonio con Natalia Petróvna Arbeneva en 1834:


“El comienzo de su vida familiar fue para Iván Vasílievich también el inicio de la transformación de su mundo interior, el inicio de su salida del callejón sin salida al que lo había llevado su anterior visión racionalista del mundo. La diferencia entre toda la estructura de vida de Natalia Petróvna —educada en las normas de una estricta piedad— y la de Iván Vasílievich, que pasaba días y noches en habitaciones llenas de humo de tabaco, leyendo y discutiendo las últimas obras filosóficas, no podía dejar de herirlos a ambos.”

 

En la nota escrita por A. I. Koshelev a partir de las palabras de N. P. Kireevski y titulada ‘La historia de la conversión de Iván Vasílievich’, leemos lo siguiente:

 

‘En el primer período tras su matrimonio, el cumplimiento por parte de ella de los ritos y costumbres de nuestra Iglesia le causaba una impresión desagradable, pero, gracias a la tolerancia y delicadeza que le eran naturales, no la obstaculizaba en absoluto. Por su parte, ella se sentía aún más dolida por su falta de fe y el completo descuido de todas las prácticas de la Iglesia Ortodoxa. Mantuvieron conversaciones que concluyeron en un acuerdo: él no la impediría en el cumplimiento de sus deberes religiosos y sería libre en sus propias acciones, pero se comprometía, en su presencia, a no blasfemar y, en lo posible, a interrumpir las conversaciones de sus amigos que le resultaran ofensivas a ella.

 

En el segundo año de su matrimonio, él le pidió a su esposa que leyera a Cousin. Ella accedió con gusto, pero cuando él le pidió su opinión sobre el libro, ella respondió que había muchas cosas buenas en él, pero que no había encontrado nada nuevo, pues todo lo allí expuesto se encontraba ya en los escritos de los Santos Padres, de forma mucho más profunda y satisfactoria. Él se rió y guardó silencio. Luego le propuso leer juntos a Voltaire. Ella le dijo que estaba dispuesta a leer cualquier libro serio que él quisiera sugerirle, pero que detestaba la burla y todo tipo de blasfemia, y que ni podía escuchar ni leer ese tipo de cosas.

 

Tiempo después comenzaron a leer juntos a Schelling, y cuando pensamientos elevados y luminosos los detenían, e Iván Vasílievich esperaba que su esposa se maravillara, ella le decía que ya conocía esas ideas por los escritos de los Santos Padres. A menudo se los señalaba en sus libros, lo cual obligaba a Kireevski a leer páginas enteras por momentos. Le resultaba desagradable reconocer que realmente había mucho en los Santos Padres que él había admirado en Schelling. No le gustaba admitirlo, pero en secreto tomaba los libros de su esposa y los leía con interés.

 

“En aquella época, las obras de los Santos Padres apenas se publicaban en Rusia; los amantes de la literatura espiritual las copiaban a mano ellos mismos o contrataban copistas por pequeñas sumas de dinero. Natalia Petróvna tomaba notas de aquellos libros que su padre espiritual, el hieromonje Filareto (Puliashkin), le daba para leer. En su tiempo, él había trabajado arduamente para preparar la publicación de la Filocalía eslava. Se trataba de obras de los Santos Padres recopiladas por San Paisio Velichkovsky, que contenían enseñanzas sobre la oración mental —es decir, sobre la purificación del alma de las pasiones, los medios para alcanzarla y, en particular, sobre la unión de la mente y el corazón en la oración de Jesús.

 

En 1836, Iván Vasílievich leyó por primera vez las obras de San Isaac el Sirio, conocido como el maestro del silencio. Así, el filósofo descubrió por primera vez aquella sabiduría espiritual ortodoxa, viva desde hacía siglos, que siempre ha dado testimonio de la Luz verdadera: nuestro Señor Jesucristo.”

 

El contacto con el monje Filareto del monasterio de Novospassky, las conversaciones con el santo starets y la lectura de diversas obras de los Santos Padres le producían alegría y lo atraían hacia la piedad. Iba a ver al padre Filareto, pero cada vez lo hacía, por así decirlo, a regañadientes. Era evidente que deseaba acudir a él, pero siempre le era necesario un pequeño empujón.

 

Esto continuó hasta que, por la Providencia de Dios, y gracias a la clarividencia del starets Filareto y a su conocimiento del alma humana, ocurrió un hecho verdaderamente prodigioso: “I. V. Kireevski, hasta entonces, nunca había llevado una cruz en el cuello. Su esposa se lo había pedido más de una vez, pero Iván Vasílievich no respondía. Finalmente, le dijo en una ocasión que se la pondría si se la enviaba el padre Filareto, cuya inteligencia y piedad admiraba profundamente. Natalia Petróvna fue a ver al padre Filareto y le comunicó esto. El starets hizo la señal de la cruz, se quitó del cuello su propia cruz y le dijo a Natalia Petróvna: ‘Que esta sea para la salvación de Iván Vasílievich.’

 

Cuando Natalia Petróvna regresó a casa, Iván Vasílievich, al encontrarse con ella, le dijo: ‘Bueno, ¿y qué dijo el padre Filareto?’ Ella sacó la cruz y se la entregó a Iván Vasílievich. Iván Vasílievich le preguntó: ‘¿Qué es esta cruz?’ Natalia le respondió que el padre Filareto se había quitado la cruz que llevaba y había dicho: ‘Que esta sea para su salvación.’ Entonces Iván Vasílievich cayó de rodillas y dijo: ‘Ahora sí espero la salvación de mi alma, porque en mi interior había determinado: si el padre Filareto se quita su cruz y me la envía, entonces será claro que Dios me está llamando a la salvación.’ A partir de ese momento, se hizo evidente un giro decisivo en los pensamientos y sentimientos de Iván Vasílievich.’”[3]

 

Poco después, Kireevski conoció al célebre starets Macario de Óptina, con el cual inició una serie de traducciones realizadas en Óptina de las obras de los Santos Padres al ruso. Esto, además de por si de gran importancia, marcó el comienzo del regreso de parte de la clase educada a una pertenencia real —y no meramente nominal— dentro de la Iglesia.

Fue sobre la base de las enseñanzas de los Santos Padres que Kireevski decidió construir una filosofía capaz de afrontar los problemas que afectaban a la intelectualidad rusa de su tiempo y de ofrecerle una ilustración verdadera.

 

Un elemento muy importante de esta filosofía sería una correcta “ubicación” de Rusia en relación con Europa Occidental.

 

     Según Kireyevsky: “Tres elementos constituyen el fundamento de la educación europea (es decir, la europea occidental): el cristianismo romano, el mundo de los ignorantes bárbaros que destruyeron el Imperio romano y el mundo clásico del paganismo antiguo.

 

El mundo clásico del paganismo antiguo, que Rusia no heredó, constituyó en esencia el triunfo de la razón formal sobre todo lo que se encuentra dentro y fuera de él, el triunfo de una razón pura, basada en sí misma, que no reconoce que haya nada por encima ni fuera de ella y que se presenta en dos variantes: la de la abstracción formal y la de la sensualidad formal. El efecto de la civilización clásica sobre la educación europea, influida por el clasicismo, asumió de igual manera esa naturaleza.

 

Ya sea porque los cristianos en Occidente cedieron a la influencia del mundo clásico o porque la herejía se fundió casualmente con el paganismo, lo que distingue a la Iglesia romana de la oriental es precisamente la victoria del racionalismo sobre la tradición, de la racionalidad exterior sobre la razón interior del espíritu.

 

Así, como consecuencia de un silogismo externo, del que dedujeron el concepto de la igualdad divina del Padre y el Hijo, fue modificado el dogma de la Trinidad en oposición a su significado espiritual y la Tradición; así, como consecuencia de otro silogismo, el Papa se convirtió en cabeza de la Iglesia, ocupando el lugar de Jesucristo, y más tarde llegó a ser un soberano terrenal, haciéndose incluso infalible; así se probó la existencia de Dios por medio de un silogismo en el mundo cristiano; así, toda la fe se apoyó en los silogismos de la escolástica. Todo el cuerpo de la fe se basaba en el escolasticismo silogístico; La Inquisición, el jesuitismo, en resumen, todas las particularidades del catolicismo se desarrollaron en función del mismo proceso formal de la razón, de manera que incluso el protestantismo, cuya racionalidad reprochan los católicos, tuvo su origen en la racionalidad del catolicismo.

 

Por lo que el racionalismo fue, desde el principio, un elemento añadido a la educación europea, y todavía sigue siendo una característica singular de la Ilustración y de la forma de vida europeas. Lo veremos con más claridad si comparamos los principios fundamentales de las formas de existencia privada y social de Occidente con los principios básicos de la existencia particular y popular que, si bien no tuvo tiempo de desarrollarse plenamente, al menos sí se manifestó en Rusia, bajo la influencia directa del cristianismo puro y sin la adición del mundo pagano.

 

Todas las formas de vida de Occidente, tanto privadas como sociales, se basan en la idea de la independencia individual y particular, que supone el aislamiento del individuo. De aquí proviene la sacralidad de las relaciones exteriores y formales: la sacralidad de la propiedad y de las disposiciones convencionales sean más importantes que los seres humanos. Cada individuo se percibe como un ente particular, sea un caballero, un príncipe o una ciudad; cada uno, dentro de sus derechos, es una persona autócrata e ilimitada que promulga leyes para su propio uso. El primer paso de cada persona en la sociedad consiste en encerrarse en una fortaleza desde cuyas profundidades entabla negociaciones con otros y con otros poderes independientes.

 

“… He hablado de la diferencia entre la Ilustración occidental y la rusa. En nuestro país, el principio educativo se encontraba dentro de la Iglesia. En Europa, el desarrollo de la Ilustración recibió no solo la influencia del cristianismo, sino también la de los todavía fructíferos restos del antiguo mundo pagano. El mismo cristianismo occidental, al separarse de la Iglesia universal, aceptó el germen de aquel principio que constituyó el rasgo común de todo el desarrollo greco-pagano: el principio racionalista. En consecuencia, el carácter de la educación europea se diferencia por el predominio de la racionalidad.

 

No obstante, ese exceso no se manifestó sino después, cuando el desarrollo lógico ya había, por así decirlo, desbordado al cristianismo. En los primeros tiempos el racionalismo, como ya he dicho, aparecía sólo de manera embrionaria. La Iglesia romana se separó de la oriental por el hecho de modificar ciertos dogmas que existían en la Tradición cristiana, y lo hizo a partir de un silogismo; otros dogmas fueron ampliados mediante el mismo proceso lógico y, como en el primer caso, en contra de las tradiciones y el espíritu de la Iglesia universal. De este modo, la convicción lógica llegó a ser la base originaria del catolicismo. Sin embargo, por un tiempo se limitó así la acción del racionalismo.

 

La organización interna y externa de la Iglesia, que ya se había configurado con anterioridad según otros principios, se mantuvo sin transformaciones perceptibles hasta el momento en que todo el volumen de la doctrina eclesiástica pasó a la conciencia de la parte pensante del clero. Esto sucedió con la filosofía escolástica, la cual, a causa del principio lógico presente en el mismo fundamento de la Iglesia católica, no pudo reconciliar la contradicción existente entre fe y razón de otra forma que no fuera mediante el silogismo, que de este modo se convirtió en la primera condición de toda convicción. Primeramente, como es natural, este mismo silogismo se utilizó para argumentar a favor de la fe y en contra de la razón, sometiendo la última a la primera con la ayuda de las evidencias racionales. Pero la fe, probada y confrontada con la razón por medios lógicos, ya no era una fe viva, una fe propiamente dicha, sino una fe formal que no representaba otra cosa que la negación lógica de la razón. Por eso, en el período del desarrollo escolástico del catolicismo la Iglesia occidental, precisamente a causa de su racionalismo, fue enemiga de la razón, una enemiga opresora, mortal, acérrima. Al desarrollarse hasta sus últimos extremos, continuando el mismo proceso lógico, la humillación incondicional de la razón produjo una cierta contradicción cuyas consecuencias constituyen el carácter de la moderna ilustración. Esto es a lo que me refería cuando hablaba del elemento racional del Catolicismo.

 

     “El cristianismo oriental no conoció ni la lucha de la fe contra la razón ni el triunfo de ésta sobre aquélla. Por lo tanto, su influencia sobre la ilustración no se parecía a la ejercida por el catolicismo.

 

     “Si examinamos la estructura social de la antigua Rusia encontramos muchas cosas que son distintas de las occidentales, y la primera de ellas es la organización de la sociedad en las llamadas obshinas. La originalidad personal, la individualidad, que constituía la base del desarrollo occidental, entre nosotros se conocían tan poco como el autoritarismo en la sociedad. El hombre pertenecía a la obshina y ésta le pertenecía a él. La propiedad de la tierra, fuente de los derechos individuales en Occidente, en nuestro país correspondía a la sociedad. La persona participaba en el derecho de la propiedad por cuanto que formaba parte de la sociedad.

 

La sociedad no era autónoma, y no podía autoorganizarse ni inventarse leyes porque no estaba separada de otras sociedades similares que se regían por costumbres uniformes. Estas innumerables obshinas, que formaban el conjunto de Rusia, estaban cubiertas por la red de iglesias, monasterios y ermitas apartadas desde donde se propagaban continuamente las mismas ideas sobre las relaciones sociales y personales. Estas ideas debieron convertirse paulatinamente en la convicción general, la convicción en la costumbre, que sustituía a la ley, quedando establecidas por toda la extensión territorial las mismas ideas, los mismos puntos de vista, las mismas aspiraciones y el mismo orden de vida. Esta homogeneidad de las costumbres, iguales en todas partes, fue probablemente una de las causas de su increíble fortaleza, que conservó vivos sus restos hasta nuestros días, pasando por todas las vicisitudes derivadas de las influencias destructivas que durante doscientos años intentaron sustituirlas por otros principios.

 

Como consecuencia de estas costumbres, fuertemente arraigadas, homogéneas y universales, todo cambio en la estructura social que no armonizara con el orden establecido era imposible. Las relaciones familiares de cada uno estaban determinadas antes de su nacimiento, y en el mismo orden instaurado la familia obedecía a la obshina, el ámbito más extenso de la obshina se sometía a su vez a la asamblea de obshinas, la reunión de obshinas al veche, etc., hasta que todos los círculos particulares se unieran en un centro: la Iglesia Ortodoxa. Ninguna opinión particular, ningún acuerdo artificial podía dar origen a un nuevo orden, crear nuevos derechos y privilegios. La misma palabra derecho, en su significado occidental, era desconocida para nosotros: solo significaba justicia, verdad, Por eso ningún poder era capaz de ceder un derecho a una persona o a un grupo social, ya que uno no puede ni vender la verdad y la justicia ni apropiarse de ellas, pues tienen una existencia propia y no dependen de relaciones convencionales. Por el contrario, en Occidente todas las relaciones sociales se fundamentan en un convenio o aspiran a alcanzar esta condición artificial. Fuera del convenio no hay relaciones correctas, solo arbitrariedad, que en la clase gobernante se denomina como autoritarismo, y en la clase subordinada, como libertad.

Sin embargo, en ambos casos, la arbitrariedad no es prueba del desarrollo de la vida interna, sino solo el del desarrollo de la vida exterior y formal. Todas las fuerzas, intereses y derechos sociales existen de manera aislada, separados entre sí, sin integrarse conforme a una norma orgánica, sino de manera fortuita o mediante un acuerdo artificial.

 

En el primero de los casos, triunfa la fuerza material; en el segundo, predomina la suma de opiniones individuales. Pero la fuerza material, la superioridad material, la mayoría material y la acumulación de opiniones individuales constituyen, en esencia, el mismo principio, solo que en diferentes momentos de su desarrollo. Por lo que, el contrato social no fue un invento de los enciclopedistas, sino un ideal real hacia el cual todas las sociedades occidentales aspiraron primero de manera inconsciente y ahora de forma consciente, bajo la influencia del elemento racional, que prevalece sobre el elemento cristiano..”[4]

 

Como citamos anteriormente, Kirieevski había escrito: “Todas las formas de vida de Occidente, tanto privadas como sociales, se basan en la idea de la independencia individual y particular, que supone el aislamiento del individuo. De aquí proviene la sacralidad de las relaciones exteriores y formales: la sacralidad de la propiedad y de las disposiciones convencionales sean más importantes que los seres humanos.”

 

“Solo le quedó al hombre una cosa seria: la industria. Para él, la realidad del ser subsistía únicamente en su persona física. La industria gobierna el mundo sin fe ni poesía. En nuestros tiempos, une y divide a los hombres. Determina la patria, delimita las clases, está en la base de las estructuras estatales, moviliza a las naciones, declara guerras, firma la paz, cambia las costumbres, orienta la ciencia y define el carácter de la cultura. Los hombres se inclinan ante ella y le erigen templos. Es la verdadera deidad en la que la gente cree sinceramente y a la que se somete. La actividad desinteresada se ha vuelto inconcebible; ha adquirido en el mundo contemporáneo el mismo significado que tenía la caballería en los tiempos de Cervantes.”[5]

 

     Este largo y trágico desarrollo tenía, según Kireevski, su raíz en la apostasía de la Iglesia romana. “Y así la Iglesia occidental, ya para el siglo IX, sembró en sí misma la semilla inevitable de la Reforma que colocó a la misma Iglesia ante el juicio de esta misma razón lógica que la Iglesia romana había exaltado. Un hombre perspicaz del siglo IX ya podía ver detrás del Papa Nicolás I a Lutero, al igual que (…) un hombre perspicaz del siglo XVI podía prever, la llegada del protestantismo liberal del siglo XIX. detrás de Lutero....”[6]

 

Según Kireevski, así como en un matrimonio la separación o el divorcio ocurre cuando uno de los cónyuges afirma su propio yo por encima de la otra persona, del mismo modo en la Iglesia los cismas y las herejías surgen cuando un partido se afirma a sí mismo en detrimento de la unidad católica. En la Iglesia primitiva e indivisa, “cada patriarcado, cada pueblo, cada país del mundo cristiano conservaba sus rasgos propios, participando al mismo tiempo de la unidad común de toda la Iglesia.”[7]

 

Un patriarcado o un país se apartaba de esa unidad únicamente si introducía una herejía, es decir, una enseñanza contraria a la comprensión católica de la Iglesia. El patriarcado romano se apartó de la Unidad y la Catolicidad de la Iglesia por medio de un desarrollo desequilibrado y arbitrario de una tendencia propia: el desarrollo lógico de conceptos, al introducir el Filioque en el Credo, en desafío a la conciencia teológica de la Iglesia en su conjunto.

Pero también se apartó de esa Unidad y Catolicidad de otro modo: predicando una herejía sobre la propia Unidad y Catolicidad. Porque los papas enseñaron que la Iglesia, para ser católica, debía ser ante todo y principalmente romana —y “romana” no en el sentido en que lo empleaban los griegos al llamarse a sí mismos “romanos”, es decir, como miembros del Imperio cristiano romano, que incluía tanto a italianos como a griegos y a pueblos de muchas otras nacionalidades.

 

Los papas comenzaron a entender “Roma”, “la Iglesia romana” y “la fe romana” en un sentido distinto, particularista y anti-católico: es decir, “romana” en oposición a “griega”, “la Iglesia romana” en oposición a “la Iglesia griega”, y “la fe romana” como algo diferente, e intrínsecamente superior, a “la fe de la Iglesia griega”. Desde ese momento, la Iglesia romana dejó de ser parte de la Iglesia católica, al haber pisoteado el dogma de la catolicidad. En su lugar, se convirtió en la Iglesia anticatólica, o romanista, o latina, o papista.

 

“El cristianismo penetró en la mente de los pueblos occidentales únicamente a través de la enseñanza de la Iglesia romana; en cambio, en Rusia irradio desde los candelabros de toda la Iglesia ortodoxa. La teología en Occidente adquirió un carácter racionalista y abstracto; en el mundo ortodoxo preservó la plenitud interior del espíritu. Allá hubo una división en las facultades de la razón; aquí, un anhelo por su unidad viva. Allá: el avance de la mente hacia la verdad mediante una cadena lógica de conceptos; aquí: la búsqueda de la verdad mediante la elevación interior de la autoconciencia hacia la integridad del corazón y la concentración del intelecto. Allá: búsqueda de una unidad externa, muerta; aquí: aspiración a una unidad interior, viva.

 

Allá, la Iglesia se confundió con el Estado, uniendo el poder espiritual con el poder secular al confundir lo eclesiástico con lo mundano dentro de una misma institución de carácter mixto; en Rusia, en cambio, la Iglesia se mantuvo libre de las aspiraciones temporales y de toda institución.

 

Allá: universidades escolásticas y jurídicas; en la antigua Rusia:  monasterios consagrados a la oración, que concentraban en sí el conocimiento más elevado; donde, el saber no se alcanzaba mediante el estudio escolástico y racionalista de las verdades supremas, sino mediante el anhelo de una comprensión vivida e integral de ellas. Mientras en Occidente se dio una fusión progresiva entre la educación pagana y la cristiana, en Rusia se aspiraba constantemente a la purificación de la verdad.

 

Allá: el surgimiento del poder estatal desde la imposición armada; aquí, surgió del desarrollo natural de la vida popular, impregnada por la unidad de una convicción fundamental. Allí, la división hostil entre las clases; aquí, su unidad armoniosa dentro de una diversidad natural. Allí, las fortalezas de los caballeros y sus posesiones formaban estados separados; aquí, el consenso espiritual de toda la tierra expresaba una unidad indivisible. Allí, la propiedad de la tierra era el fundamento de las relaciones civiles; aquí, la propiedad era apenas una expresión circunstancial de vínculos personales. Allí, la legalidad tenía un carácter formal y lógico; aquí, brotaba del modo de vida. Allí, el derecho tendía hacia una justicia externa; aquí, se privilegiaba la justicia interior. Allí, la jurisprudencia buscaba la coherencia de un código lógico; aquí, no una conexión externa puramente formal, sino una coherencia interna entre la convicción jurídica, la fe y las costumbres.

 

Allí, todo progreso se alcanzaba por medio de cambios forzosos; aquí, por un crecimiento armónico y espontáneo. Allí, el espíritu de partido agitaba la vida social; aquí, la solidez de una convicción fundamental la sostenía. Allí, el capricho de la moda; aquí, la firmeza de las costumbres. Allí, la fragilidad del individualismo arbitrario; aquí, la fortaleza de los lazos familiares y sociales. Allí, la ostentación del lujo y la artificialidad de la existencia; aquí, la sencillez de las necesidades vitales y el vigor del coraje moral. Allí, la afeminación soñadora; aquí, la integridad saludable de las fuerzas racionales. Allí, la ansiedad interior del espíritu, junto a la confianza racional en la propia perfección moral; en Rusia, en cambio, una profunda calma y serenidad del alma, acompañadas de una constante desconfianza de sí mismo y una exigencia ilimitada de perfección moral.

 

Para decirlo en breve:

Allí: desunión del espíritu, desunión del pensamiento, desunión de las ciencias, del Estado, de las clases, de la sociedad, de los derechos y deberes familiares, desunión de la unidad misma y de todas las formas particulares de la existencia humana, tanto social como personal; aquí: anhelo constante de integridad en la existencia cotidiana, interior y exterior, social y personal, especulativa y práctica, estética y moral.

 

Por tanto, si lo expuesto es verdadero, la disgregación frente a la integridad, y el racionalismo [rassudochnost’] frente a la razón viva [razumnost’], constituirían la expresión más acabada de la educación europea occidental y la de la antigua educación rusa.”[8]

 

“Podríamos preguntarnos si el contraste entre Oriente y Occidente no ha sido trazado aquí de forma demasiado tajante o excesivamente esquemática. A pesar de esto, no cabe duda de que Kireevski señaló con precisión los ejes fundamentales de bifurcación entre el desarrollo del Oriente ortodoxo y el Occidente católico-protestante. La clave de ello reside en su propio camino espiritual. ‘habiendo sido él mismo un hijo de Occidente y habiendo ido a Alemania a estudiar con los filósofos más avanzados, - escribió el p. Serafín Rose – ‘Kireyevsky estaba fue completamente impregnado del espíritu occidental, y luego se convirtió completamente a la ortodoxia, y por lo tanto vio que estas dos cosas no pueden combinarse; quiso comprender por qué eran diferentes, y cuál era la respuesta que le nacía desde lo profundo del alma: qué era lo que uno debía elegir.’”[9]



[1] Chetverikov, Elder Ambrose of Optina, Platina, CA: St. Herman of Alaska Brotherhood, 1997, pp. 124-125.

[2] Kireyevsky, Polnoe Sobranie Sochinenij, Moscow, 1861, vol. 2, p. 237; vol. 1, pp. 45, 46. Citado en S.V. Khatunev, “Problema ‘Rossia-Evropa’ vo vzgliadiakh K.N. Leontieva (60-e gg. XIX veka)” (The Russia-Europe’ problem in the views of K.N. Leontiev (60s of the 19th century), Voprosy Istorii, 3/2006, p. 117.

[3] Lazareva, “Zhizneopisanie” (“Biografia”), introducción a I.V. Kireyevsky, Razum na puti k Istine (La razón en el camino hacia la Verdad), Moscú: “Pravilo very”, 2002, pp. XXXVI- XXXIX.

[4] Kireyevsky, “V otvet A.S. Khomiakovu” (Una réplica a A.S. Khomiakov), Razum na puti k Istine (La razón en el camino hacia la Verdad), Moscú, 2002, pp. 6-12.

[5] Kireyevsky, Polnoe sobranie sochinenij (Obras Completas), Moscú, 1911, vol. I, pp. 113, 246; citado en Walicki, op. cit., pp. 94, 95.

[6] Kireyevsky, citado por el padre Alexey Young, A Man is His Faith: Ivan Kireyevsky and Orthodox Christianity, Londres: St. George Information Service, 1980.

[7] Kireyevsky, en Young, op. cit.

[8] Kireyevsky, “O kharaktere prosveschenia Evropy i o ego otnoshenii k prosvescheniu Rossii” (Sobre el carácter de la Ilustración en Europa y su relación con la Ilustración en Rusia), en Razum na puti k istine, op. cit., pp. 207-209.

[9] Monk Damascene Christenson, Not of this World: The Life and Teaching of Fr. Seraphim Rose, Forestville, Ca.: Fr. Seraphim Rose Foundation, 1993, pp. 589-590

lunes, 5 de agosto de 2024

CURSO DE SUPERVIVENCIA ORTODOXA; INTRODUCCIÓN. Parte I

 Padre Serafín Rose




Este curso tiene como objetivo proporcionar una perspectiva sobre el acontecer diario, sobre las cosas que están sucediendo en el mundo de hoy, de las cuales cada una de ellas encierra un trasfondo filosófico. Si uno va a cualquier gran ciudad, encontrará que hay iglesias de todo tipo y todas ofrecen una visión diferente, una doctrina diferente. Los católicos te dirán una cosa; los mormones, otra; los adventistas del séptimo día te soltarán algo distinto y bastante definido; los fundamentalistas dirán otra cosa; los protestantes liberales te vendrán con otra orientación; y los teósofos, con algo diferente. Y una persona en busca de la verdad va probando quizá de un lado a otro, tratando de hallarla. Muy a menudo la gente exclama «ajá, la encontré»; algo hace clic en ella. Descubren que el mormonismo tiene la respuesta, o bien están muy impresionados por un orador que sabe cómo conectarse con, bueno, la gente contemporánea.

Hubo uno, por ejemplo, Alan Watts, que murió recientemente. Yo fui estudiante suyo. De hecho, yo estaba extremadamente impresionado porque era un estudiante de pregrado buscando algún tipo de verdad en la filosofía, sin encontrarla. Estaba muy aburrido con la filosofía occidental, y de repente él viene y da una conferencia sobre el budismo Zen. Y [pensé] esa es la respuesta, porque no es una filosofía, sino las cosas tal cual son... «Mirar a un vaso de agua y definirlo», decía él «no era lo importante». Agarró el vaso y de manera dramática lo volcó sobre la audiencia. Así que eso era el Budismo Zen, simplemente «Es».

Por supuesto, tras la experiencia que uno adquiere con los años, se puede apreciar que el pobre hombre no tenía más que inteligencia. Estaba muy en contacto con la forma en que la gente pensaba, consiguió meterse en cierto “nicho” reducido al que se aferró y de eso hizo una carrera: ganó una gran cantidad de dinero, se rodeó de una especie de adeptos, y simplemente les enseñaba. Había muchas cosas que decía que eran verdad, especialmente sobre lo que está mal con la civilización contemporánea. Pero, al final, lo único que ofrecía a la gente era un mísero y pequeño retazo de verdad, combinado con muchas de sus propias opiniones y, en definitiva, un gran sistema de mentiras; y destruyó almas, incluida la suya propia, sin lugar a dudas.

Pero la Ortodoxia no es una más de entre tantas corrientes o sistemas de pensamiento. Y es por eso que algunos podrían pensar, especialmente los recién convertidos, «¿Por qué no he oído hablar de la Ortodoxia antes, por qué no está en la televisión? ¿Por qué no la oímos? ¿Por qué no hay programas de radio y artículos de periódico y cosas así?» Pues bien, si miran con atención verán que de vez en cuando aparecen artículos en los periódicos sobre la Ortodoxia de entre los distintos acontecimientos que llaman la atención, que se convierten en parte de la historia, en todo un acontecimiento para la ciudad – como cuando los iconos que manaban mirra llegaron a algunas ciudades hubo artículos; o incluso cuando murió el arzobispo Juan [Maximovich] en San Francisco, también hubo un artículo, –  y si uno observa la clase de artículos que ahí aparecen, verán que la perspectiva sobre la Ortodoxia en esos textos está adaptada a los lectores. Así, describen a la Ortodoxia como una secta colorida, similar a los mormones, a los Adventistas del Séptimo Día, o algo parecido. Y si lees descripciones de los servicios de Pascua, siempre dirán algo así como, «Entre nubes de incienso y túnicas fluidas y largas barbas», en referencia a todo lo que resulta exótico y diferente para el común de los estadounidenses. Eso es, más o menos, lo que es la Ortodoxia para ellos. Desde esa perspectiva, la Ortodoxia aparece como una especie de filosofía cristiana caracterizada principalmente por un cierto tipo de exotismo. Si quieres cosas exóticas, vas allí. Pero la Ortodoxia no es eso.

Si entregas tu corazón y tu alma a una de estas enseñanzas – ya sean cristianas o no cristianas –, obtendrás de tu secta (porque todas son sectas, incluido el catolicismo romano) lo que ellos consideran probablemente una filosofía de vida; te ofrecerán respuestas a muchas preguntas. Te darán respuestas que aceptarás si te encuentras en la misma sintonía que ellos, generalmente depende de tu trasfondo, tus aspiraciones psicológicas, cuánta educación has tenido.

Todos estos son los factores que te determinan a que hagas un clic, a que respondas a una secta en particular.

Una vez que entregas tu corazón y alma allí, o al menos parte de ellos, comenzarás a aceptar lo que te enseñen y a formarte en esa base. Y luego, cuando alguien venga a ti y te pregunte por qué crees, darás respuestas de la manera en que las has aprendido. Y una persona de fuera mirará esas respuestas y se asombrará de cómo una persona puede dar tales respuestas. Es obvio que son una «línea de partido». Te citarán las Escrituras de acuerdo con una interpretación que parece muy rebuscada, y pensarán que eso es lo lógico, la explicación ordinaria. Hablas con los Adventistas del Séptimo Día que son nuestros vecinos aquí, y comienzas a preguntarles qué creen y por qué creen, y resulta que el mandamiento sobre el sábado es el más importante de todos los mandamientos, el que distingue al verdadero pueblo, a la verdadera iglesia de todos los demás. ¿Cómo pueden llegar a esa conclusión y cómo pueden explicar el hecho de que Cristo se manifestó siempre en domingo, el primer día de la semana? Él resucitó de entre los muertos en domingo, y después de Su Resurrección, sus apariciones tuvieron lugar en domingo. ¿Cómo es posible que la Iglesia haya ignorado esto durante dos mil años?  Y aun así te dirán que siempre hubo adventistas y gente del séptimo día. Incluso pueden construirse una especie de tradición en base a ello como si existieran desde siglos. Pero lo que uno aprende allí no es una cosmovisión ni una filosofía, sino una visión sectaria.

Una visión sectaria es, como lo indica el nombre, una sección: algo que está cortado. Te ofrecerán un trozo de la realidad que encaja con su interpretación. Cuando se trata de cualquier tema complicado, te darán una respuesta muy simple que no satisface alguien que es capaz de pensar profundamente. Si surge algo que parezca refutar su posición o volverla confusa, dirán: «obra del diablo» o «eso es malvado» o bien, si les preguntas cómo interpretan las Escrituras, responderán: «literalmente».

Las respuestas que te darán a ciertas preguntas complejas son extremadamente simples. El poder aceptar respuestas de tal índole requieren el ya estar en sintonía con esa manera de entender las cosas por lo que a la larga terminas aislándote de la sociedad – hecho al que asociamos con el de los sectarios – aferrado a una visión sesgada de la realidad, protegiéndote de las amenazas exteriores, encerrándote en escuelas propias y pensando que estas en la verdad.

Más aun no tendrás algún tipo de filosofía, cosmovisión, que te permita realmente entender lo que está pasando en el mundo y los fenómenos que suceden a diario, sin violentar a la razón. En cambio, uno se aferra a una interpretación caprichosa de las Escrituras, creyendo que es sólida a pesar que no convenza a todos.

Más aun no tendrás una filosofía o cosmovisión que te permita comprender realmente lo que sucede en el mundo, explicar los fenómenos sin violentar a la razón, y que no sea simplemente una interpretación basada en una lectura caprichosa de las Escrituras, sino algo sólidamente fundamentado, que quizás no convenza de inmediato a todos, pero que al menos respete a la razón que Dios nos dio y no reduzca todo lo que ocurre en el mundo a una visión simplista, según la cual quien no está de acuerdo con mi filosofía es necesariamente un demonio o una persona completamente engañada.

Por el contrario, muchas cosas que suceden en el mundo tienen su poder, las ideas tienen su poder, los sistemas políticos tienen su poder, incluso los movimientos artísticos tienen su poder porque hay alguna semilla de verdad en ellos. Y si no entiendes cuál es esa semilla de verdad y cómo se mezcló con el error, qué hay en ello de genuino y qué hay de falso, no podrás vivir en el mundo de hoy; y un cristiano vive en el mundo. Debes comprender que un sectario se salva a sí mismo y salva a todos aquellos a quienes pueda mantener alejados de la realidad en su pequeño rincón de algún lugar. Pero si esa persona sale al mundo y empieza a hacer preguntas, pierde sus concepciones sectarias porque no son plausibles. Debe de mantener su fe sectaria en algún pequeño rincón, en un pedazo de la sociedad.

Una cosmovisión ortodoxa no es así. Hoy en día, los verdaderos cristianos ortodoxos son muy pocos. Y por este motivo somos llamados sectarios por algunos como Schmemann y por la gente moderna que quiere estar en sintonía con protestantes y católicos y con el pensamiento contemporáneo. Ellos dirán que somos una secta. Por eso debemos preguntarnos: ¿somos o no una secta?

Si tenemos nuestra Ortodoxia como algo parecido al mormonismo, es decir, si conocemos el catecismo, conocemos los dogmas y podemos exponer la enseñanza oficial de la fe, pero para todo lo que se encuentra más allá de esto tenemos una concepción nebulosa o damos una respuesta excesivamente simplificada, entonces nos encontramos precisamente en el peligro de caer en este sectarismo. Ya que entonces la ortodoxia será para nosotros algo muy estrecho. El camino de la salvación es muy estrecho, pero la ortodoxia, a diferencia de todas las religiones, es la religión de Dios y por lo tanto no niega las facultades que Dios nos dio, especialmente la razón, que es la facultad por la cual comprendemos la Verdad.

Es por ello que la Ortodoxia es la única religión, porque es la religión verdadera, la religión de Dios, que todo lo responde, y que entiende todo lo que sucede en el mundo. Esto no quiere decir que tengamos una respuesta absoluta para todo, porque esa es otra característica de la mentalidad sectaria: una respuesta inmediata y simplificada desprovista de argumentación. En la Ortodoxia, más bien abrimos nuestras mentes, porque, dado que poseemos la verdad, no nos da miedo lo que pueda decir la ciencia, o la filosofía, o los escritores y artistas. No les tememos. Podemos mirarlos desde nuestra perspectiva ortodoxa, con una mente y un corazón abiertos para ver qué hay allí de bueno y para comprender si es algo valioso o carente de valor, si nos es provechoso o si es dañino para nosotros.

Y es por esto que podemos mirar a nuestro alrededor cualquier fenómeno. El sectario mirará a su alrededor y dirá: «Eso es malo: hay que cortarlo de raíz». Y con muchas cosas, por supuesto, hay que hacerlo, porque existen cosas que, ahora especialmente, incitan abiertamente al pecado. Pero incluso al darles la espalda y no exponernos a las tentaciones en la medida de lo posible, debemos comprender por qué son así, por qué ocurre lo que ocurre.

Hay cosas que no tienen una respuesta inmediata para una persona que posee una cosmovisión ortodoxa. Hay ciertos acontecimientos que no se pueden explicar de inmediato únicamente sobre la base del conocimiento de Dios, de la Santa Trinidad y de las enseñanzas fundamentales de la Iglesia.

Por ejemplo, nuestros tiempos son llamados, de manera característica, «poscristianos». Son, asimismo, tiempos pos-filosóficos, ya que hubo una época en la que la filosofía estaba viva en casi todo Occidente.

De hecho, Kireyevsky el escritor ruso del siglo XIX, decía que hasta comienzos y mediados del siglo XIX la filosofía era la corriente, la corriente principal del pensamiento europeo, porque lo que pensaban los filósofos era lo más estimulante, lo más interesante, y era aquello que luego pasaba al pueblo. Cualquiera fuese el pensamiento de alguien en su despacho de una ciudad alemana se convertía, en apenas unos años, en patrimonio de todos; hasta que la filosofía llegó al fondo del saco, lo que ocurrió a mediados del siglo XIX, en tiempos de Kireyevsky.

Esto sucedió porque, tras la destrucción del universo externo operada por los sistemas de Hume, Berkeley y otros, la filosofía se vio obligada a buscar un fundamento sobre el cual apoyarse, terminó asentándose en Kant, quien redujo todo al individuo, como si fuera él quien diera forma a su propio universo. No sabemos qué es la cosa en sí,[1] qué hay ahí fuera, pero yo soy el que pone todo en orden, y si me entiendo a mí mismo, puedo darle sentido al universo. Pero esto equivale a un subjetivismo muy peligroso, porque en este sistema ya no hay lugar para la verdad. Sólo hay lugar para algún tipo de visión convencional de las cosas. Y a Kant le sucedieron personas fantasiosas, Fitche y este Max Stirner, entre otros, que decían que no hay nada en el mundo más que uno mismo, el «yo» solo en el universo. Y Stirner incluso llegó al punto de decir, «Estoy solo en el universo pisoteando la tumba de la humanidad»[2], o algo por el estilo. Lo cual es, en cierto modo, la conclusión lógica de quienes liberaron el pensamiento de toda clase de restricciones y decidieron ver hasta dónde podían llevarlo. Pero cuando uno lleva el pensamiento hasta el final sin ninguna base tradicional, se llega a un callejón sin salida.

Después de esto, como señala Kireyevsky, la orientación principal del pensamiento en Occidente pasó al ámbito de la política. Esta es la razón por la cual, comenzando con la Revolución Francesa, pero en especial después de 1848, el principal acontecimiento que tuvo lugar en la historia europea y mundial fue el avance de la revolución, de la cual hablaremos más adelante.

Así pues, quien desee tener una comprensión ortodoxa debe estar preparado para mirar con una mente y un corazón abiertos lo que sucede en el mundo y usar su inteligencia para descubrir quién es responsable de todo esto, qué es lo que subyace a todos estos acontecimientos. Debemos hacer esto ahora porque la época de la filosofía ha pasado y las concepciones sobre el mundo tienen en la actualidad un aspecto muy práctico.  Es asombroso como incluso en las universidades, la mente no se usa en absoluto. La crítica artística se vuelve en una simple excusa para justificar gustos personales, y se deja de lado todo criterio objetivo. En este tipo de mundo, nuevas creencias filosóficas e ideas muy peligrosas ya no se presentan como alguna clase de verdad que uno pueda reconocer fácilmente como falsa, sino que se presentan como otra cosa.

Tomemos el ejemplo de un consumidor de drogas, que dice: «Estoy descubriendo nuevas áreas de la realidad. ¿Estás en contra de eso? ¿De llegar a las profundidades de la mente?» De hecho, los Santos Padres se refieren a un nivel más profundo de la mente; y entonces surge la pregunta: ¿cómo responder ante tales afirmaciones? Él no te está dando una nueva verdad a la cual puedas decir: «Eso es falso»; te está dando algún tipo de una nueva perspectiva y tienes que detenerte y pensar: ¿Qué significa en realidad? ¿Qué entendemos por ese nivel más profundo de la mente? ¿Quién se halla allí y qué es lo que acontece? Es necesario poder evaluar lo que se oculta detrás de este tipo de afirmaciones y si, en efecto, tiene una dimensión práctica, ya que en cualquier momento puede venir alguien a preguntarte: «¿Debería detenerme en esto o seguir adelante?» o «¿Es algo malo?» Y debes saber responder por qué. Si sólo dices, «No, las drogas son malas, ni lo pienses», entonces es muy probable que no se convenza, porque alguien más le dará una explicación muy verosímil. Tienes que decirle – por supuesto que tienes que decirle – : «Sería bueno que te detuvieras porque es muy peligroso», pero además debes ser capaz de explicarle – si cuentas con una filosofía completa de la vida – por qué no está bien y adónde lo llevará esa elección.

Siguiendo el mismo patrón, hay muchos tipos de progresos científicos ligados a perspectivas filosóficas. El evolucionismo representa, por supuesto, el ejemplo más importante. Es muy complicado porque no tienes de inmediato una respuesta a mano. Un sectario dirá: «Esto contradice al Génesis; va en contra de la interpretación literal». Pero este argumento es muy fácil de desmontar, porque si interpretas el Génesis de una manera absolutamente literal, como les gustaría, llegas a absurdos ridículos.

Otro ejemplo: ha aparecido la idea de que ahora estamos en condiciones de controlar nuestro propio futuro. En consecuencia, podremos decidir en un laboratorio si un bebe será varón o mujer, darle la mente de Einstein, etc. Hay que saber si esta aplicación de la ciencia es buena o mala. Que es lo que ocurre, sobre que base puedo criticar esta idea.

Y, por supuesto, es muy importante ser capaz de ver lo que ocurre en el mundo político, porque en las sociedades libres la gente va y vota. Hay que saber qué valor tiene el voto o qué es lo que realmente se esconde detrás de la política. ¿Vale la pena participar en esto? ¿Es algo bueno o malo? Debemos tener una cierta perspectiva al respecto. Lo mismo sucede con la música y con el arte; especialmente con la música, ya que es esta tan presente en toda la sociedad: vas al supermercado y te encuentras con música. Hay toda una filosofía detrás de por qué en el supermercado ponen un determinado tipo de música; y tienes que comprender qué intenta hacerte esa música, qué hay detrás de ella. No es casual: hay toda una filosofía detrás.

Si uno le pregunta a un sectario que provea una perspectiva, una visión integral de lo que sucede en el mundo, insisto, que solo dará una visión muy acotada, aunque con bastantes puntos de verdad, porque leen las Escrituras. Te pueden hablar del fin del mundo, del Apocalipsis, del Anticristo, y hasta te pueden dar una visión bastante verosímil de lo que está ocurriendo en el mundo.[3]

También esta esta revista The Plain Truth[4], en la que el autor[5] dice: «esta es la verdad. Descubrí la verdad que estuvo escondida por dos mil años. La descubrí, sentado en mi galpón y pensándolo bien, y creo que nadie piensa a fondo como yo. Acá está; esta es la simple verdad» [6] Y te da un montón de tonterías, con su visión subjetiva de las cosas, presentándolo como algo «simple y claro» «simple y llano» y así es como lo plantea. Y millones de personas lo siguen; no todos son sus seguidores reales, parte de su secta, pero muchos lo toman muy en serio y piensan que tiene mucho sentido lo que dice.  Y te dirá todo tipo de cosas, que Cristo murió el miércoles y resucitó el sábado, conforme a todas sus deducciones – pese a que la Escritura dice: «Muy de madrugada, el primer día de la semana (domingo)» [7] –, su explicación le da la vuelta a eso, diciendo que en realidad no fue el viernes que murió sino el miércoles, y de ese modo cuadran las tres jornadas; no al «tercer día», sino tres días exactos, setenta y dos horas.[8] Así pues, te dará toda clase de explicaciones fantásticas mezcladas con todo tipo de verdades. Y si no eres capaz de discernir, puedes meterte en toda clase de problemas. Incluso nuestros propios sectarios – los Adventistas del Séptimo Dia –  lo siguen con mucha atención, porque tienen una perspectiva muy parecida. Y ellos te dirán que él habla de… ya olvidé cómo lo llama… pero que después de los primeros 60 años más o menos de nuestra era, casi 30 años después de la Resurrección de Cristo, existe algo así como un “siglo perdido” o algo por el estilo y de repente, la verdad se fue, se fue a la clandestinidad o a algún lugar, y no volvió a aparecer hasta que surgió este Armstrong.

Y lo mismo puede decirse de otros sectarios: la filosofía de Ellen White es del mismo estilo. Algunos dirán que la culpa de las cosas malas la tiene Constantino. Por lo general, fijan esa fecha mucho más temprano para no tener que aceptar nada de lo que viene después. Y no pueden explicar muy bien cómo es que fue un concilio de la Iglesia a principios del tercer siglo, el que determinó el canon de las Escrituras. Hay que hacerle entender a la gente cómo puede un Concilio tomar semejante decisión si para ellos estaba en un estado de apostasía. Sin embargo, aceptan el decreto de ese Concilio. Es muy interesante a la vez que ilógico.

Pero para nosotros, lo que sucede en el mundo no es algo tan simple de entender, ni bi-dimensional. Entonces, debemos entender primero qué es la historia mundial, cuáles son las fuerzas que moldean la historia mundial. Y eso es muy simple, básicamente, porque hay un Dios y hay un diablo. Y la historia mundial transcurre entre estos dos adversarios. Y el hombre, el corazón del hombre, es el campo de batalla en el que se libra esta contienda.

Si lees el Antiguo Testamento, encontrarás una historia notable que es diferente de la historia de cualquier otro país. En otros países hay gobernantes que se levantan y caen, hay tiranía, hay paraísos democráticos, hay guerras, a veces los justos triunfan, a veces los injustos triunfan y toda la historia (escrita) es muy relativa. Los historiadores te contarán su crónica de crímenes y salvajismo, y sin sentido (aparente). Y lo que sucede es algún evento fortuito para el cual nadie puede ver ningún significado. Pero en la historia de Israel vemos algo muy profundo que es la historia del pueblo elegido de Dios que ahora sigue los mandamientos de Dios, y ahora se aleja. Y la historia de este pueblo depende de lo que hace: si sigue al Señor o si se aparta de Él. Se les hace muy complicado cuando son llevados de Egipto al desierto, y están a una distancia muy corta, que ahora puedes hacer en un día y aproximadamente una semana, y entonces podrías hacerlo en una semana o dos, y pasaron cuarenta años en el desierto y pasaron por todo tipo de aventuras porque estaban vacilando entre la creencia correcta en Dios o alejarse de Él, hasta tal punto que cuando Moisés se fue por un corto tiempo al monte para recibir los mandamientos de Dios y encontrarse con el mismo Dios el pueblo estaba adorando un becerro de oro.

Toda la historia de Israel es esta historia entre la creencia y la incredulidad, entre seguir a Dios y alejarse de Dios. Y la historia de Israel se convierte en el Nuevo Testamento en la historia de la Iglesia, el Nuevo Israel. Y la historia de la humanidad desde el momento en que Cristo vino a la tierra hasta ahora es la historia de la Iglesia y de aquellos pueblos que o bien vienen a la Iglesia o luchan contra la Iglesia, o vienen a la Iglesia y se alejan de ella. La historia mundial, desde ese momento hasta ahora, tiene sentido sólo si entiendes que hay algún plan en marcha, que es el plan de Dios para la salvación de los hombres. Y tienes que tener una comprensión clara del cristianismo, de lo que es la salvación para entender cómo se manifiesta este plan en la historia.

La historia de la humanidad durante el primer milenio de la era cristiana es la historia de la difusión del Evangelio a varias tierras. Algunas de ellas aceptaron, algunas con gran disposición, otras menos dispuestas. Por lo general, los pueblos simples aceptan mucho más fácilmente. Y a veces vienen tentaciones, vienen herejías, que son la cizaña sembrada por el diablo para perturbar a la gente, alejarlos de la verdad. Y por eso tenemos los Concilios Ecuménicos y los escritos de los Padres para enseñarnos cuál es el enfoque correcto de la verdad y cuál es el incorrecto. Y cuando vinieron errores peligrosos, herejías, la Iglesia los condenó. Y aquellos que se aferraron a esos errores en contra de la Iglesia fueron anatematizados, y salieron de la Iglesia. Así que muy temprano hay grupos, herejías que se separaron de la Iglesia, pero la Iglesia misma era el grupo principal que sobrevivió aunque a veces se redujo a números muy pequeños debido a las herejías. Siempre se recuperó y durante un milenio fue la fe dominante de los pueblos desde Bizancio hasta Britania y en Oriente; aunque allí no con tanta fuerza. En Oriente los pueblos eran más sofisticados, más filosóficos; tenían sus propias creencias, y era mucho más difícil llegar hasta ellos.

Y entonces ocurrió un acontecimiento muy importante que determina la historia de los mil años siguientes, pero que le da una dirección. Porque, bueno, para entender qué es esto, deberíamos mirar nuestra situación hoy.

La ortodoxia, según un observador objetivo que la mire, es una visión entre muchas, es una visión minoritaria y está muy en contra del espíritu de los tiempos. Es por eso que estos Schmemans y demás están tratando de actualizarla, reintegrarla en la corriente dominante para que no se rían de ellos. Estos la consideran como de antaño, que carece de sentido en los términos del pluralismo o en los de la convivencia con otras fes y, simplemente, no les resulta creíble. Existen muchas otras fes que, por estar más adaptadas a los tiempos, parecen mucho más creíbles, de modo que un católico puede entenderse con un luterano moderno, o con un bautista, o incluso con un fundamentalista, mucho mejor de lo que podría hacerlo con un cristiano ortodoxo auténtico, porque ellos tienen mucho más en común.

Kalomiros observa que la Ortodoxia se distingue de todas estas confesiones occidentales, porque todas ellas comparten el mismo pasado y la misma formación. En cambio, la Ortodoxia es diferente de estas. Se opone a ellas, porque estas – pese a que estén divididas entre sí – en realidad siguen unidas, ya que están formadas a partir de una misma mentalidad, la mentalidad occidental.

La mentalidad occidental alguna vez fue ortodoxa. Por ello, debemos mirar la historia de occidente durante los últimos mil años, la cual parece no tener contacto con la Ortodoxia. Por ejemplo, veamos el arte temprano, que tiene remanentes del estilo iconográfico, en especial, en Italia, pero luego se pierde con rapidez. El arte occidental es una rama bastante autónoma, sin contacto con la Ortodoxia, y resulta difícil de comprender que nada haya en común. Ni siquiera en la música.

La mentalidad occidental fue en otro tiempo ortodoxa. Por este motivo, cuando miramos toda la historia de Occidente en el último milenio, parece que no tiene relación con la Ortodoxia. Miramos el arte y, desde el principio, aún hay algunos vestigios del estilo iconográfico, especialmente en Italia, pero luego desaparecen muy rápidamente.

El arte occidental es algo bastante autónomo y sin relación con la Ortodoxia, de modo que no podemos entender que (la grabación es poco clara) parezca haber algo en común. Tomemos como ejemplo la música. Nosotros, los ortodoxos, conocemos nuestra música eclesiástica. Occidente conoció un desarrollo formidable de la música secular, y a veces también de la música religiosa, que dista mucho de lo que llamaríamos música religiosa.

Tenemos la historia del ascenso y caída de naciones, de monarquías, del principio de la monarquía, del principio de la democracia, todas las diferentes instituciones políticas, la historia de la filosofía occidental de un sistema a otro.  Y todas estas manifestaciones de la vida del hombre occidental durante estos últimos mil años parecen no tener ningún punto en común con la ortodoxia. Y, por lo tanto, ¿Cómo podemos entender todo esto desde un punto de vista ortodoxo? ¿Qué hay detrás de esto? Y aquí es donde entra en juego este evento importante que ocurrió hace mil años, que es el cisma de la Iglesia de Roma.

Muchas personas, al analizar lo que sucede en el mundo hoy en día, retroceden al período de la Ilustración, a la Revolución Francesa. Y más allá de eso, puedes retroceder al surgimiento de la ciencia, el Renacimiento, la Reforma. Ese parece ser el comienzo de los tiempos modernos. Quienes piensan un poco más profundamente retrocederán aún más; y verán que incluso al final de la Edad Media existen muchas corrientes, anomalías y demás que estaban apartándose de la síntesis católica, de la síntesis escolástica del siglo XIII. Pero resulta necesario remontarse aún más, pues incluso en el siglo XII o XIII uno ve algo que es muy ajeno a la Ortodoxia.

Estos filósofos escolásticos son bastante diferentes de los teólogos ortodoxos. El arte incluso de esa época, Giotto, que se supone es realmente primitivo, lo más primitivo que puede encontrarse en Occidente, verá que los principios según los cuales pinta son totalmente ajenos a los de la Ortodoxia. Él introduce... Pinta muchas imágenes de Francisco de así se introduce un elemento de dramatismo, de pintoresquismo, de ternura artificiosa, que, por supuesto, una persona educada en el lenguaje de los iconos mirará y dirá: «Esto no es serio; esto es una especie de arte popular o algo parecido, no es serio». Pero Giotto es un artista de la mejor tradición occidental, muy apreciado por su primitivismo y su cercanía con la tradición bizantina y con todo lo demás. Pero ya esa sensibilidad anecdótica y carente de seriedad lo hace completamente ajeno a los iconos ortodoxos.

Y, por supuesto, lo mismo ocurre con los santos, los «santos occidentales», se les llama, son muy diferentes de los santos ortodoxos.

Ya hay algo que ha entrado. Es muy interesante, hay un ecumenista católico, dominico, Yves Congar, que escribió un libro en 1954 llamado «Novecientos años después»[9] sobre el cisma de 1054, y dijo que es realmente desafortunado que la Iglesia ortodoxa se haya separado de Roma en ese momento, o viceversa, como él dice.[10] [el audio se corta]. Los escritos de Kireyevski, quien pasó personalmente por la sabiduría occidental, la rechazó, descubrió la Ortodoxia y luego regresó a ella, no para ser ortodoxo en contra de un mundo que no comprendía, sino porque encontró en la Ortodoxia la clave para entender la historia de Occidente y para comprender lo que está ocurriendo en Occidente.




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[1] Nota de traductor – Aquí el padre Serafín Rose se refiere a uno de los conceptos claves de la filosofía kantiana; la “cosa en si”; Ding an sich en alemán.

[2] “Mi causa no es divina ni humana, no es ni lo verdadero, ni lo bueno, ni lo justo, ni lo libre, es lo mío, no es general, sino única, como yo soy único. Nada está por encima de mí. “ El Unico y su propiedad, Max Stirner. Citado en The Great Quotations, comp. por Georges Seldes, Pocket Books, 1967, pág. 859.

[3] Armstrong, Herbert W., The Early Writings of Herbert W. Armstrong, Richard C. Nickels, ed., Giving and Sharing, Neck City, Missouri, 1996, p. 140, citando de The United States in Prophecy, 1945:
«Ya seas escéptico, ateo, miembro de iglesia o cristiano lleno del Espíritu, aquí encontrarás una verdad asombrosa, largamente oculta.
Es una revelación sorprendente. Aunque resumida y breve, es clara y sencilla, comprensible, y una verdad que permanece DEMOSTRADA. Ninguna historia de ficción fue tan extraña, tan absorbente, tan llena de suspenso, como este apasionante relato de la Biblia.»

P. 163: «Esta revelación es tan sorprendente, tan diferente de la concepción común, que probablemente no la hayas comprendido del todo en la primera lectura. Mucho de lo que aparece en las primeras páginas cobrará una luz distinta al releerlo… Se volverá dos veces más interesante, dos veces más REAL.»

[4] Nota de traductor – revista mensual de tendencia evangelista que difundía ideas como las del “Israelismo británico”; la idea de que los actuales habitantes de las islas británicas descendían de una de las diez tribus perdidas de Israel.

[5] N. de T. – El padre Serafín Rose esta citando aquí al editorialista de la revista.

[6] Íbid., p. 179, citando del editorial de The Plain Truth de 1934: «La verdadera VERDAD es simple y clara, no difícil ni complicada»

[7] Marcos 16:2,9; Lucas 24:1; Juan 20:1.

[8]  Armstrong, Early Writings, “Which Day is the Sabbath of the New Testament?” pág. 49.

[9] Congar, Yves, Nine Hundred Years After, Greenwood Press, Westport, Connecticut, 1959

[10] No es una cita exacta, sino una paráfrasis del tema central del libro de Congar.





SOBRE LAS IMÁGENES SAGRADAS (TESTIMONIOS) - san Juan Damasceno

En el tratado que escribió en su momento san Juan Damasceno, Sobre las imágenes sagradas, a propósito de la controversia iconoclasta, en lo...