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jueves, 19 de enero de 2023

ALEXANDER DUGIN Y EL SIGNIFICADO DE LA HISTORIA RUSA


                                                Vladimir Moss



El “Rasputín de Putin”: ese es el nombre que le dio un comentarista a Alexander Dugin, el ideólogo más influyente de la Rusia contemporánea. Y así como fue difícil determinar exactamente quién fue Rasputín en vida, también ha sido difícil precisar y clasificar a Dugin. Profesor de sociología y geopolítica en la Universidad Estatal de Moscú, ha influido y en un momento se ha aliado con casi todos los principales políticos de Rusia. Se le ha relacionado con la extrema derecha y con la extrema izquierda, con el fascismo y con el comunismo, con la ortodoxia y con el paganismo; más constantemente - con el eurasianismo. Una cosa de la que nunca se le podría acusar es de liberal, y en un país donde el “extremismo” es un crimen, uno puede estar seguro de una cosa: que Dugin es un extremista (aunque se llame a sí mismo “un centrista radical”) …

 

Sin ser un extremista estúpido, y siendo uno vulgar tan solo de vez en cuando, uno podría pasar por alto el hecho reciente cuando apareció en las pantallas de la televisión en el este de Ucrania, incitando a los separatistas y diciendo “¡Putin es TODO!” uno podría no tomarlo en cuenta, al pensar de que aquí estamos tratando con un loco a quién se le puede descartar como de poca monta.

 

Pero eso sería un error; y, a juzgar por la cantidad de artículos académicos que han aparecido en los últimos años tratando de resumir su muy amplia y compleja visión del mundo, los comentaristas de todo el mundo se han dado cuenta de que para entender a Putin hay que entender a su Rasputín., Alexander Dugin.[1]

 

Una aproximación al enigma de Dugin es a través de una discusión de su poco conocida “eclesiología escatológica”, y en particular su comprensión del papel de la Iglesia Ortodoxa y de Rusia en los últimos tiempos. En 1999, Dugin se convirtió en vetero-creyente; no está claro si realmente se unió al cisma o solo a la sección yedinoverie (viejo creyente) del patriarcado oficial de Moscú. Lo que está claro es que la comprensión vetero-creyente de la historia rusa y mundial le ha influido profundamente en su pensamiento. De hecho, el presente escritor iría tan lejos como para decir de que con mayor precisión y utilidad se puede detectar que su pensamiento es producto de una especie de ideas viejo-creyentes modernizadas más que como una especie de corriente política sea de izquierda como de derecha. De ello se deduce que, para contrarrestar su indudable influencia maligna en el pensamiento ruso contemporáneo, es necesario dilucidar su escatologismo y someterlo a crítica sobre la base de la enseñanza de la Iglesia Ortodoxa.

 

Eclesiología escatológica de Dugin

 

La “eclesiología escatológica” de Dugin se expone en su libro Absoliutnaia Rodina (La patria absoluta)[2]. Divide la historia de la Iglesia en tres fases: la fase preconstantiniana (hasta el Edicto de Milán en 312), la fase bizantina (hasta la caída de Constantinopla en 1453), que acorde a Dugin es el “reinado de Cristo de mil años”, mencionado en el capítulo 20 del Apocalipsis, y la fase moderna posbizantina. En esencia, la tercera, fase contemporánea a la historia de la Iglesia, que viene después del "reino de mil años de Cristo", es el reinado del Anticristo...

 

En la segunda fase bizantina de la historia de la Iglesia, según Dugin, hubo una relación casi ideal entre la Iglesia y el Estado que hizo posible el máximo número de conversos a la fe y la preservación de una vida verdaderamente cristiana tanto en esferas públicas como privadas. Cierto, la Iglesia Occidental de la Antigua Roma cayó en 1054, convirtiéndose a partir de entonces en la cuna de la civilización anticristiana de Occidente. Pero en Oriente se preservó la verdadera piedad, y los emperadores bizantinos, actuando como los “restrictores” de la profecía de San Pablo (II Tesalonicenses 2.7), retuvieron la aparición del Anticristo.

 

Sin embargo, en 1453 el Imperio Bizantino cayó, después de lo cual, según la profecía, no hubo “restrictor” y debería haber aparecido el Anticristo. Pero luego, acorde a la gran misericordia de Dios, hubo una especie de “veranillo” de un Estado verdaderamente ortodoxo, la “Tercera Roma” de Moscú, prolongo el “reinado de Cristo de mil años” hasta el período moderno. Pero solo por un corto tiempo, hasta 1656, con la introducción del Patriarca Nicón del Nuevo Rito, o hasta en el concilio de 1666-67, que declaró anatema al Rito Antiguo, o bien hasta en el reinado de Pedro el Grande, quien con la remoción del Patriarcado daría rienda suelta a las influencias anticristianas occidentales en Rusia.

 

Al ser un viejo creyente, Dugin puede ver muy pocas cosas buenas en el período de San Petersburgo de la historia rusa. Para él, este es el período de la “Iglesia de Laodicea”, que no es ni fría ni caliente, sino tibia. Es cierto que hay destellos de piedad “filadelfiana” aquí, especialmente entre los viejos creyentes. E incluso en la Iglesia Ortodoxa Rusa oficial hay “una comprensión de la necesidad de dar una respuesta eclesiológica teológica adicional al poder cada vez mayor del Anticristo, y a su penetración profunda en la realidad social y natural” (p. 517). Sin embargo, Dugin no reconoce en absoluto el sorprendente hecho de que se registran muchos más santos en el periodo de San Petersburgo que en el período de Moscú[3], que el imperio de San Petersburgo, a pesar de todas sus tendencias occidentalizadoras, llevó la luz de la ortodoxia a muchos pueblos nuevos y protegió a la totalidad de la vasta comunidad ortodoxa, y que la gran gloria del siglo XX, el coro de los santos nuevos mártires y confesores del yugo soviético, fue en gran parte fruto del Imperio y la Iglesia de San Petersburgo.

 

La actitud de Dugin hacia la era soviética es ambigua. Por un lado, no niega los horrores de las persecuciones y el intento de destruir los últimos vestigios de la fe y la piedad ortodoxa. Por otro lado, en marcado contraste con la escatología de la Iglesia Ortodoxa Verdadera, él no ve la revolución de 1917 como el comienzo de los últimos días dada la remoción de “aquel que retiene” y la aparición del “Anticristo colectivo”. (a pesar de que ese término es en origen vetero-creyente). La revolución le parece menos trágica que la fecha que contiene los fatídicos números “666”; el comienzo del cisma de vetero-creyente de 1666. De hecho, ve elementos positivos en el período posterior a 1917, especialmente porque en 1971 el Patriarcado de Moscú (seguido por la Iglesia Rusa en el Extranjero en 1974) eliminó los anatemas sobre el Antiguo Rito.

 

En general, Dugin trata de suavizar las grandes diferencias entre la realidad ortodoxa zarista y la soviética. Por lo tanto, discierne características positivas similares en los eslavófilos prerrevolucionarios y sus seguidores, por un lado, y en los revolucionarios social-revolucionarios, euroasiáticos y bolcheviques nacionales, por el otro. El hecho de que los eslavófilos fueran súbditos fieles del zar ortodoxo, mientras que los euroasiáticos y los bolcheviques nacionales lo fueran de los bolcheviques antiortodoxos no parece ser una distinción importante a los ojos de Dugin, quien, a pesar de su reconocimiento del rol vital del “restrictor” en la historia cristiana, no ha mostrado celo por el monarquismo contemporáneo, sino que ha pertenecido en diferentes momentos al Partido Comunista, a los nacional-bolcheviques y a los euroasiáticos (especialmente a estos últimos, su lealtad más constante)… En cuanto al régimen soviético en sí, Dugin admite que “derrocó a la monarquía y puso a la Iglesia prácticamente al margen de la ley. Pero aquí nuevamente apareció esa idea providencial que es compleja y a menudo inaccesible al humilde razonamiento humano: que los bolcheviques a el nivel secular y con el uso de consignas profundamente ajenas al pueblo establecen de forma extrema un orden marcadamente antioccidental, y la contradicción entre el Imperio Romano de Oriente y Occidente estalló con renovada fuerza en el enfrentamiento entre el socialismo y capitalismo. Por un lado, los bolcheviques eran incluso peores que los Romanov, ya que el ateísmo, el mecanicismo, el materialismo y el darwinismo están mucho más lejos de la verdad que de una cuasi mutilada, Ortodoxia. Por otro lado, incluso a través de los bolcheviques funcionó un poder extraño que asombrosamente recordaba en algunos aspectos al reinado de Iván el Terrible, la oprichnina y el retorno a elementos popular-religiosos arcaicos” (p. 517).

 

Está claro que Dugin tiene una actitud positiva hacia este “poder extraño”. Incluso parece ver en él la trama unificadora de la historia rusa. Aquí llegamos al meollo de la comprensión de Dugin de la historia rusa: que la verdadera ruptura en esa historia se produjo, no en 1917, sino dos siglos y medio antes, y que el "Imperio Romano de Oriente" no solo no llegó a terminó en 1917, sino que de alguna manera misteriosa continuó existiendo bajo el poder soviético y continuó sirviendo a Dios y a la Iglesia Verdadera al oponerse al verdadero Anticristo: el poder estadounidense.

 

Con respecto a la Iglesia, mientras que Dugin les da una ligera regañina a los patriarcas soviéticos comenzando con Sergio (Stragorodsky) por colocar a la Iglesia ortodoxa en sujeción al poder soviético, este acto es considerado no tanto peor que el “completo conformismo espiritual” de los jerarcas de la Iglesia que condenaron el Antiguo Rito en 1666-67 (p. 518). Habiendo absuelto a la Iglesia Ortodoxa Rusa oficial (sergianista) de todo pecado mortal, Dugin considera que la Verdadera Iglesia de Filadelfia del futuro debería combinar la Iglesia oficial, a los Viejos Creyentes y a la Iglesia Rusa en el Extranjero (esto fue antes de la rendición de la Iglesia en el Extranjero a Moscú en 2007): “Por sí solas, las tres corrientes principales de la ortodoxia rusa contemporánea… son insuficientes, pero llevan dentro de sí aspectos separados de la verdad eclesiológica. Los Viejos Creyentes poseen una evaluación correcta del cisma. La ROC[4] tiene el hecho de la presencia del patriarcado ruso, la plenitud jerárquica y la solidaridad nacional con los destinos del Estado ruso a toda costa. Los ‘extranjeros’ poseen el énfasis sobre el papel de la monarquía como ‘aquello que restringe’”. (pág. 519).

 

Y así, más de 560 años después del final del supuesto “reino de mil años de Cristo”, Dugin cree que todos estos elementos sobrevivientes del pasado apóstata soviético han “permanecido fieles a pesar de todo a la Iglesia Verdadera y al Reino Verdadero, el Último Reino de la Santa Rus invicta e indestructible” (p. 521), todo bajo el liderazgo del agente de la KGB que es “todo”, ¡Vladimir Vladimirovich Putin!

 

Es obvio que la "eclesiología escatológica" de Dugin está plagada de inconsistencias. Sin embargo, podemos ver en él una idea general que ha sido adoptada por Putin y que parece haberse convertido en una especie de "ortodoxia" entre los comentaristas y analistas políticos rusos: que el estado actual de la Federación Rusa está legitimado y fortalecido por su unión dentro de sí de todo lo mejor de la historia de Rusia de antes y después de la revolución.

 

Putin, siguiendo la concepción general de Dugin bajo una forma secularizada, se ve a sí mismo como el heredero tanto de los zares rusos como de los comisarios soviéticos, tanto de los comunistas como de los demócratas; él es todo para todos los hombres: un ortodoxo con los ortodoxos, un nacionalista con los nacionalistas, un estalinista con los estalinistas y un demócrata con los demócratas.

 

Sin embargo, hay que hacer una matización importante a esta afirmación. Ni Putin ni Dugin son demócratas liberales. Putin llama a su tipo de democracia “democracia soberana”, en otras palabras, democracia controlada y limitada por un soberano, es decir, él mismo; mientras que Dugin cree en una especie de democracia elemental y “orgánica” que puede tener algunas raíces en la “democracia teocrática” de las comunidades sin sacerdotes[5] del Viejo Creyente, pero que es bastante compatible con una forma de gobierno totalitaria. Porque, como escribe Laruelle,

 

“este tipo de democracia se expresaría tanto en la unanimidad política como en el retorno a una 'jerarquía natural' de castas sociales, y en una corporación (profesional, regional o confesional) que no dejaría espacio para el individuo más allá de la colectividad”.[6]

 

Lo que ninguno de los dos puede tolerar es la forma liberal de democracia basada en los derechos humanos que domina en Europa Occidental y Estados Unidos. Putin ha expresado su apoyo superficial a la democracia liberal y los derechos humanos en el pasado, cuando intentaba unirse a clubes liberales como el G8 y la Organización Mundial del Comercio. Sin embargo, siempre ha sostenido que de la caída de la Unión Soviética a la democracia liberal en 1991 ha habido “una tragedia geopolítica” de primer orden. Que ahora ha entrado en curso de colisión con Occidente en Crimea y Ucrania, su desprecio por el liberalismo occidental es evidente...

 

En Absoliutnaia Rodina, Dugin expresa un odio hacia Estados Unidos tan intenso como para demostrar que, si bien él, junto con la mayoría de sus compatriotas, puede haber abandonado la ideología de la era soviética, de ninguna manera ha sido exorcizado de su espíritu dominante, su odio al enemigo colectivo: “Un país ominoso y alarmante al otro lado del océano. Sin historia, sin tradición, sin raíces. Una realidad artificial, agresiva, impuesta, completamente desprovista de espíritu, concentrada sólo en el mundo material y la eficacia técnica, fría, indiferente, un anuncio que brilla con luces de neón y un lujo sin sentido; oscurecido por la pobreza patológica, la degradación genética y la ruptura de todas y cada una de las cosas y las personas, de la naturaleza y de la cultura. Es el resultado de un puro experimento de los utopistas racionalistas europeos.



Tapa del libro "Absoliutnaia Rodina" (La patria absoluta)


“Hoy está estableciendo su dominio planetario, el triunfo de su forma de vida, su modelo civilizatorio sobre todos los pueblos de la tierra. Y sobre nosotros. En sí mismo y sólo en sí mismo ve ‘progreso’ y ‘normas civilizatorias’, negando a todos los demás el derecho a su propio camino, su propia cultura, su propio sistema de valores.

 

Cuan sorprendentemente preciso nos parece todo esto al recordarnos la profecía acerca de la venida al mundo del Anticristo… El rey del ‘país verde’ de los muertos, que surge del abismo del antiguo crimen…

Terminar con América es nuestro deber religioso…” (pp. 657-658)

 

No en vano Dugin procedía de la familia de un Coronel General del Ejército Soviético, estudiaba en un Instituto de Aviación militar (hasta su expulsión por sus inclinaciones ocultistas) y escribió el manifiesto del líder del Partido Comunista Ruso, Gennady Ziuganov. Su odio por América lo bebe de la leche materna; es el espíritu soviético “puro” que, si bien reconoce la derrota de la Rusia soviética en la Guerra Fría, arde con el deseo de vengar esa derrota, si es necesario en la más caliente de las guerras calientes, el Armagedón nuclear (como Dmitri Kiselev recientemente lo dejó bien claro en la televisión rusa). La única diferencia significativa entre este espíritu y el espíritu de la era soviética es que en esta mutación del virus el “termino” (en otro lugar dice abiertamente “destrucción”) de América no es el “deber patriótico”, sino nuestro “deber religioso”. Porque la principal diferencia entre la Rusia soviética y postsoviética es que la religión ahora se ha integrado en la ideología antiestadounidense dominante. Tal unión antinatural entre el ateísmo militante y la religión fue prefigurada por la alianza de Stalin con la Iglesia ortodoxa oficial en 1943; pero es solo desde 1991, y especialmente desde que Putin (y Dugin) adquirieron mayor relevancia a principios de siglo, que la religión y la política realmente han crecido juntas en la conciencia soviética rusa.

 

Pero, ¿qué religión exactamente? Como hemos visto, Dugin probablemente pertenece a la Iglesia Ortodoxa oficial, pero en su espiritualidad es vetero-creyente (con abundantes mezclas de tonterías esotéricas ocultistas). Este vetero-ritualismo le da a su pensamiento un matiz escatológico, del fin del mundo. Debido a que, a fines del siglo XVII, los viejos creyentes huyeron a los bosques y se inmolaron precisamente para escapar del “Anticristo”: el Estado ruso.

 

Como el p. George Florovsky escribe, “la nota clave y el secreto del Cisma de Rusia no fue el 'ritual' sino el Anticristo, y por lo tanto puede denominarse una utopía socio-apocalíptica. Todo el significado y el pathos de la primera oposición cismática radica en su intuición apocalíptica subyacente (“el tiempo se acerca”), más que en cualquier apego ‘ciego’ a ritos específicos o a pequeños detalles de costumbres. Toda la primera generación de raskolouchitelei [‘maestros del cisma’] vivió en esta atmósfera de visiones, señales y premoniciones, de milagros, profecías e ilusiones. Estos hombres estaban más llenos de éxtasis o poseídos, que de pedantería… Basta leer las palabras de Avvakum, dichas jadeantemente a causa de la exaltación: ‘¿Qué Cristo es este? Él no está cerca; sólo huestes de demonios’. No solo Avvakum sintió que la Iglesia ‘Nikon’ se había convertido en una cueva de ladrones. Tal estado de ánimo se volvió universal en el Cisma: ‘el incensario es inútil; la ofrenda abominable’.

 

El Cisma, un estallido de hostilidad y oposición sociopolítica, fue un movimiento social, pero derivado de la autoconciencia religiosa. Es precisamente esta percepción apocalíptica de lo que ha venido sucediendo, lo que explica el extrañamiento rápido o decisivo entre los cismáticos. ‘Fanatismo en pánico’ es la definición de Kliuchevskii, pero también era pánico ante ‘la última apostasía’…

 

El Cisma soñaba con una Ciudad actual, terrenal: una utopía teocrática y milenarista. Se esperaba que el sueño ya se hubiera cumplido y que el ‘Reino de Dios’ se hubiera realizado en el Estado moscovita. Puede haber cuatro patriarcas en Oriente, pero el único zar ortodoxo está en Moscú. Pero ahora incluso esta expectativa había sido engañada y destrozada.  La ‘apostasía’ de Nikon no inquietó tanto a los vetero-creyentes como la apostasía del Zar, que en su opinión impartió una final desesperanza apocalíptica a todo el conflicto.

 

 ‘En este momento no hay Zar. Un zar ortodoxo se había quedado en la tierra y, mientras él no lo sabía, los herejes occidentales, como nubes oscuras, extinguieron este sol cristiano. Amados, ¿no prueba esto claramente que el engaño del Anticristo está mostrando su máscara?’

 

La historia había llegado a su fin. Más precisamente, la historia sagrada había llegado a su fin; había dejado de ser sagrada y se había vuelto desprovista Gracia. En adelante el mundo parecería vacío, abandonado, abandonado por Dios, y así seguiría. Uno se vería obligado a retirarse de la historia al desierto. El mal había triunfado en la historia. La verdad se había retirado a los cielos brillantes, mientras que el Reino Santo se había convertido en el Zarato del Anticristo…”[1]

 

Sin embargo, a pesar de este apocalipticismo, algunos de los vetero-creyentes llegaron a aceptar el Estado ruso como el imperio ortodoxo legítimo. Es así que, un investigador del Antiguo Rito en la década de 1860, V.I. Kel'siev, afirmó que “la gente sigue creyendo hoy que Moscú es la Tercera Roma y que no habrá una cuarta. Rusia es, pues, el nuevo Israel, un pueblo elegido, una tierra profética, en la que se cumplirán todas las profecías del Antiguo y del Nuevo Testamento, y en la que aparecerá incluso el Anticristo, como apareció Cristo en la anterior Tierra Santa. El representante de la ortodoxia, el zar ruso, es el emperador más legítimo de la tierra, pues ocupa el trono de Constantinopla…”[2]

 

Dugin ha adoptado esta versión del Antiguo Ritualismo apocalíptico que ha llegado a un acuerdo con el Zar. Solo que el Zar ahora es Putin, y es la Federación Rusa moderna el último reino verdadero en la tierra. Estados Unidos es el Anticristo, y será destruido, si no por las armas nucleares rusas, al menos por la Segunda Venida de Cristo...

 

Si esto parece suicida, entonces debemos recordar que el suicidio en masa era parte de la cultura del Antiguo Ritualismo temprano, como se dramatiza en la ópera Jovánschina de Músorgski … Además, hace algunos años, en Munich, Putin hizo algo que no hizo ninguno de los primeros ni de los más cautelosos líderes soviéticos; reivindicó el derecho de primer golpe en una guerra nuclear… No en vano el presidente ucraniano dijo recientemente que las acciones de Putin podrían conducir al estallido de la Tercera Guerra Mundial; Dugin ha dicho algo similar.

 

 

 

El anticristo americano

 

Dugin presta mucha atención a “la idea americana”, y la analiza en dos componentes: el liberalismo, cuya esencia es el individualismo, y el mesianismo o escatologismo protestante, que es una especie de imagen especular de su escatologismo ruso. El análisis de Dugin del liberalismo estadounidense es interesante. Él lo ve como el enemigo final, algo mucho más que la simple economía del laissez-faire y la democracia política, una ideología que se ha venido insinuando sutil, hábil y persistentemente en todos los países. Su esencia es la promoción del individuo por encima del colectivo en todas sus formas; Los “derechos humanos” son siempre los derechos del individuo frente al colectivo.

 

En una reciente conferencia dada en Suecia[3], Dugin mostró cómo incluso algunos desarrollos sorprendentemente recientes en la ideología liberal, como los derechos de los homosexuales, pueden explicarse en términos de esta enemistad liberal hacia el colectivismo y los colectivos. Ya que el individualismo llevado al extremo niega la relevancia de cualquier hecho que haga que un individuo no sea solo un individuo como cualquier otro, sino también un miembro de un grupo que lo diferencia de otros individuos. Entonces, la religión es irrelevante para los derechos humanos porque diferencia a las personas; también lo es la nacionalidad; también lo es el sexo… Estas identidades colectivas o grupales no sólo son irrelevantes sino que deben ser destruidas: la religión es reemplazada por el ecumenismo, la nacionalidad por el internacionalismo, el sexo por el unisex… “El hombre es la medida de todas las cosas”, como dijo una vez Protágoras, y “el hombre” aquí, según la ideología liberal, se entiende a el hombre como individuo despojado de toda característica diferenciadora…

 

Dugin ve el fascismo y el comunismo como intentos fallidos de contrarrestar al liberalismo al exaltar las nociones colectivistas de la clase trabajadora y la raza aria, respectivamente. El fascismo fue destruido en 1945 y el comunismo en 1991. Dugin afirma no querer volver a ninguna de estas alternativas fallidas. Habla en cambio de una “cuarta vía” o “cuarta teoría”, que está en proceso de desarrollar. Sin embargo, se puede perdonársele a los comentaristas el que piensen que se engaña a sí mismo o a los demás o a ambos en esta afirmación; porque no es solo que su “cuarta vía” hasta ahora desarrollada no contenga alternativas claras y consistentes al individualismo estadounidense o al colectivismo nazi o soviético: él mismo es el que ha hablado sobre crear un “fascismo verdaderamente fascista”…

 

También contenida en la idea americana, según Dugin, está la idea mesiánica de “América, la tierra prometida”, “América, el Nuevo Israel” (las diez tribus perdidas en lugar de los judíos de Judá), “América la Nueva Jerusalén” (George Washington), la “república pura y virtuosa” cuyo “destino manifiesto” es “gobernar el mundo y llevar a la gente a la perfección” (John Adams).

 

Las ideas mesiánicas estadounidense y rusa son diametralmente opuestas, estando “arraigadas en la oposición entre el catolicismo (+protestantismo) y la ortodoxia, el Imperio Romano Occidental y Bizancio. Las formas occidental y oriental del cristianismo constituyen dos opciones, dos caminos, dos ideales mesiánicos incompatibles, mutuamente excluyentes. La ortodoxia se orienta en la transfiguración espiritual del mundo dentro de los rayos de la luz increada del Tabor, y el catolicismo en la reestructuración material de la tierra bajo la dirección administrativa del Vaticano. Los ortodoxos valoran sobre todo la contemplación, los católicos – la acción. La enseñanza política ortodoxa insiste en ‘la sinfonía de los poderes’, que separa estrictamente los principios seculares (el basileo, el zar) y los principios espirituales (el patriarca, el clero). Pero el catolicismo se esfuerza por difundir el poder del Papa en la vida secular, provocando un movimiento inverso y usurpador por parte de los monarcas seculares, que están ansiosos por someter el Vaticano a sí mismos. Los ortodoxos consideran a los católicos como ‘apóstatas’ que se han entregado a la ‘apostasía’; los católicos ven a los ortodoxos como ‘una secta espiritualista bárbara’.

 

Los rasgos más antiortodoxos –hasta el punto de rechazar el servicio [¿obras?] y muchos dogmas– han sido desarrollados hasta el límite por los protestantes…

La historia no es lineal, a menudo hace desvíos, se va al costado, fuerza los detalles, acentúa las paradojas y las anomalías. Sin embargo, una línea axial es evidente. Sin duda existe un cierto ‘Destino Manifiesto’ en el amplio sentido. – Occidente lo atribuye al modelo americano, al estilo de vida americano, a una superpotencia, mientras que en Oriente (en todo caso el Oriente cristiano) se encarna a lo largo de los siglos en Rusia [la sucesora de Bizancio]. La fe socialista en la edad de oro de los soviéticos rusos es como una antítesis absolutamente simétrica del escatologismo de mercado. ‘El fin del mundo’ según el escenario liberal y su opuesto: ‘el fin del mundo’ según el escenario ortodoxo ruso, socialista, euroasiático, oriental. Para ellos este es una completa esclavización y racionalización, para nosotros es una transfiguración y liberación completa.

 

“La lógica de la historia en los más variados niveles ilumina constante e insistentemente el dualismo básico: Estados Unidos y la URSS, Occidente y Oriente, América y Rusia…” (págs. 665, 666)

 

Hay mucho en lo que el cristiano ortodoxo puede estar de acuerdo con Dugin en su análisis de la polaridad entre Oriente y Occidente, y especialmente entre el cristianismo oriental y occidental. Pero cuando en “Oriente” llega a incluir, no solo a Bizancio y la Santa Rusia, sino también al socialismo soviético, esa construcción utópica completamente occidental soñada por un judío alemán en la Sala de Lectura de la Biblioteca Británica, entonces comenzamos a sospechar que esta es la retórica de la Guerra Fría reelaborada para atraer a lectores ortodoxos semi-educados. Y, de hecho, se podría decir sobre todo el proyecto y la ideología de Putin-Dugin lo mismo: es esencialmente una resurrección de la Guerra Fría, su recalentamiento, reencendido y reformulación ideológica como resultado de circunstancias políticas cambiantes. Al romper con el marxismo-leninismo y todo el bagaje del materialismo dialéctico, en el que ya nadie cree más allá de Corea del Norte. Llegan a pensamientos semi-digeridos sobre la luz increada y la sinfonía de poderes, condimentados con la nostalgia por los ‘buenos viejos tiempos’ de las salchichas soviéticas y con una gran dosis de ‘fascismo verdaderamente fascista’ y de histeria colectiva del Viejo Creyente...

 

La ironía, y la hipocresía, es que la Federación Rusa de hoy parece estar muy lejos de proporcionar algún tipo de alternativa ideológica creíble al americanismo. Todos los vicios de Occidente están allí en abundancia. En casi todos los índices sociales (corrupción, desigualdad, suicidio, embriaguez, consumo de drogas, mortalidad infantil, incluso ateísmo), Rusia está muy por debajo de los Estados Unidos y al mismo nivel que los peores países del Tercer Mundo. La iglesia oficial contempla, no a la Luz Divina, sino sus propios saldos bancarios obscenamente inflados. En cuanto a una “sinfonía de poderes” con el Estado, es una broma de mal gusto: la iglesia dirigida por la KGB está completamente subordinada al Estado dirigido por la KGB...

 

Dispensacionalismo protestante

 

Dugin completa su análisis de la idea estadounidense con un estudio esclarecedor del lugar del “dispensacionalismo” en la psique político-religiosa estadounidense. “Existe una enseñanza escatológica protestante especial llamada ‘dispensacionalismo’, de la palabra latina dispensatio, que podría traducirse como ‘providencia’ o ‘plan’. Según esta teoría, Dios tiene un “plan” en relación con los cristianos anglosajones, otro en relación con los judíos y un tercero en relación con todos los demás países. Se considera que los anglosajones son “los descendientes de las diez tribus de Israel, que no regresaron a Judea del cautiverio en Babilonia”. Estas diez tribus “recordaron su origen y aceptaron al protestantismo como su principal confesión”.

 

“El ‘plan’ para los protestantes anglosajones, en opinión de los seguidores del dispensacionalismo, es el siguiente. – Antes del fin de los tiempos debe venir una época de inestabilidad (‘el gran dolor’ o tribulación). En este punto las fuerzas del mal, del 'imperio del mal' (cuando Reagan llamó a la URSS 'el imperio del mal', tenía en mente precisamente este sentido bíblico escatológico), caerán sobre los protestantes anglosajones (y también sobre los demás que han 'nacido de nuevo') y por un corto tiempo reinará la 'abominación desoladora'. El principal antihéroe del 'período de la tribulación' es el 'Rey Gog'. Ahora aquí hay un punto muy importante: esta persona es persistente y constantemente identificada en la escatología de los dispensacionalistas con Rusia.

 

Esto fue claramente formulado por primera vez durante la guerra de Crimea, en 1855, por el evangelista John Cumming. En ese momento identificó al zar ruso Nicolás I con el bíblico 'Gog, príncipe de Magog', líder de la invasión de Israel predicha en la Biblia [Ezequiel 38-39]. Este tema volvió a explotar con particular fuerza en 1917, mientras que en la era de la ‘Guerra Fría’ se convirtió de facto en la posición oficial de la ‘mayoría moral’ de la América religiosa.

 

Dios tiene otro ‘plan’, en la enseñanza de los dispensacionalistas, con respecto a Israel. Por ‘Israel’ entienden el restablecimiento literal de un estado judío antes del fin del mundo. A diferencia de los ortodoxos y todos los demás cristianos normales, los fundamentalistas protestantes están convencidos de que las profecías bíblicas relativas a la participación del pueblo de Israel en los acontecimientos de ‘los últimos tiempos’ deben entenderse literalmente, en un sentido estrictamente del Antiguo Testamento, y que se refieren a aquellos judíos que continúan confesando el judaísmo aún en nuestros días. Los judíos en los últimos tiempos deben volver a Israel, restablecer su estado (esta ‘profecía dispensacionalista’ se cumplió de manera extraña literalmente en 1947) y luego ser sometidos a la invasión de Gog, es decir, los ‘rusos’, ‘los euroasiáticos’.

 

Entonces comienza la parte más extraña del ‘dispensacionalismo’. En el momento de la ‘gran tribulación’ se supone que los cristianos anglosajones serán ‘llevados’ al cielo (el arrebatamiento) – ‘como en una nave espacial o en un platillo’ – y allí esperarán el final del guerra entre Gog (los rusos) e Israel. Entonces ellos (los anglosajones), junto con el 'Cristo' protestante, descenderán de nuevo a la tierra, donde serán recibidos por los israelitas que habían conquistado a Gog e inmediatamente se convertirían al protestantismo. Entonces comenzará el ‘reino de los mil años’ y Estados Unidos junto con Israel gobernarán sin límites en un paraíso estable de ‘la sociedad abierta’ y ‘un mundo uniforme’[4]”. (págs. 667-668)

 

Dugin continúa explicando cómo el dispensacionalismo ha sido difundido y fortalecido por figuras como Cyrus Scofield (de la Biblia de referencia Scofield), Hal Lindsey y Jerry Falwell.

 

 Luego concluye su diatriba contra el Anticristo estadounidense de la siguiente manera: “Llegamos a una imagen terrible (para los rusos). Los poderes, grupos, cosmovisiones y conformaciones estatales que en su conjunto se denominan 'Occidente', y que tras su victoria en la 'Guerra Fría' son los únicos gobernantes del mundo, detrás de la fachada del 'liberalismo' confiesan una armónica doctrina teológica escatológica en la que los acontecimientos de la historia secular, el progreso tecnológico, las relaciones internacionales, los procesos sociales, etc. se interpretan bajo una perspectiva escatológica. Las raíces civilizatorias de este modelo occidental se remontan a la más profunda antigüedad y, en cierto sentido, aquí se ha conservado un definido arcaísmo hasta nuestros días en paralelo a la modernización tecnológica y social. Y estos poderes nos identifican persistente y consistentemente, los rusos, con ‘los espíritus del infierno’, con las ‘hordas demoníacas del rey Gog de la tierra de Magog’, con los portadores del ‘mal absoluto’. La referencia bíblica a los apocalípticos ‘príncipes de Ros, Mesech y Tubal’ se interpreta como una referencia inequívoca a Rusia: 'Ros' (= ‘Rusia’), 'Meshech' (= ‘Moscú’) y ‘Tubal’ (= el antiguo nombre de Escitia). En otras palabras, la rusofobia de Occidente y especialmente de los EE.UU. de ninguna manera procede de una preocupación farisaica por “las víctimas del totalitarismo” o los notorios “derechos del hombre”. Estamos hablando de una demonización doctrinal consistente y ‘justificada’ de la civilización de Europa del Este en todos sus aspectos: histórico, cultural, teológico, geopolítico, social, económico, etc.” (págs. 669-670)

 

Dugin ha llevado a cabo una talentosa crítica feroz sobre el escatologismo protestante estadounidense. Sin embargo, si rechaza la interpretación protestante de la profecía, debería, como supuesto creyente ortodoxo, tiene que poder darnos una interpretación ortodoxa; pero él no lo hace. Además, no tiene en cuenta el hecho llamativo de que, cualesquiera que sean los defectos de la visión escatológica estadounidense, la profecía de Ezequiel sobre Gog y Magog parece señalar a Rusia dentro de su contexto geográfico...

 

Los más antiguos exegetas colocaron a Gog en la región al norte del Mar Negro, que ahora es el sur de Rusia y Ucrania.[5] Algunos colocan a Gog en Armenia. De ahí que Plumptre escribe: “El nombre Gog parece encontrarse en el nombre Gogarene, un distrito de Armenia, al oeste del Caspio (Estrabón, XI, 528)”.[6] En todo caso, “Gog” parece ser el nombre de un hombre, el Anticristo, según el bienaventurado Jerónimo, mientras que “Magog” (el nombre aparece por primera vez en Génesis 10,2 como hijo de Jafet) es su pueblo o su ejército.[7] Josefo, seguido por San Andrés de Cesarea, dice que Magog fue el antepasado de los escitas, quienes también habitaron originalmente el área del Mar Negro.[8]

 

Las tierras sobre las que Gog gobierna se llaman “Ros, Mesec y Tubal”. “Ros” en el griego del Antiguo Testamento griego, la Septuaginta, es el nombre antiguo de Rusia.[9] La identificación con Rusia se ve reforzada por el hecho de que se dice que Gog y Magog provienen del “extremo norte” “durante los últimos tiempos” (Ezequiel 38.6, 39.2). “Meshech” puede referirse a Moscú, según algunos comentaristas[10], y “Tubal”, según el bienaventurado Teodoreto de Ciro, a Georgia.[11]

 

En su comentario sobre Ezequiel, M. Skaballanovich cita, contra la identificación con Rusia, la observación de un erudito alemán: “Los rusos no pueden ser incluidos entre los enemigos del Reino de Dios”. Pero esa observación se hizo antes de la Primera Guerra Mundial: un siglo después, tras la mayor persecución de los cristianos ortodoxos de la historia, la idea de que los rusos del régimen neosoviético de Putin o su sucesor pudieran ser incluidos entre los enemigos de Dios es mucho más plausible, y especialmente desde un punto de vista ortodoxo. Además, los aliados y oponentes de Gog en su invasión del Medio Oriente encajan bastante bien con el actual sistema de alianzas en la región. Por lo tanto, se puede discernir una correspondencia aproximada entre los aliados de Gog en forma de los armenios (“Togarmah”[12]), los persas chiítas y los libios, por un lado, y sus enemigos en forma de Israel y los musulmanes sunitas de Turquía. y la península arábiga (“Sheba” y “Dedan”[13]), por el otro. Estas dos coaliciones ya están librando una sangrienta guerra de poder en Siria, y es completamente factible que Putin, quien declaró en agosto de 2013 que “destruiría” a Arabia Saudita, intente llevar a cabo su amenaza con una invasión al Medio Oriente..

 

Los nombres “Gog y Magog” también aparecen en el capítulo veinte del Apocalipsis de San Juan. Hay dos diferencias importantes entre las profecías del Antiguo y Nuevo Testamento. La primera es que mientras el Gog y el Magog de Ezequiel provienen del “extremo norte”, los de San Juan provienen de “las cuatro partes de la tierra”. La segunda es que mientras que a la destrucción de Gog y Magog de Ezequiel le siguen varios años más de vida terrestre, a la descripta en San Juan le sigue el Juicio Final. Así que el Gog y Magog de Ezequiel vienen antes en la historia terrestre que San Juan. Evidentemente, sin embargo, son espiritualmente afines; ambos representan poderes anticristianos, quizás los anticristos, el colectivo (soviético) y el personal (judío) respectivamente.

 

Conclusión: La Amenaza

 

Estas interpretaciones son, por supuesto, especulativas; pero la amenaza planteada por el escatologismo Neofascista-Neosoviético-Neoviejo Ritualista de Dugin no lo es. Putin es casi con certeza un hombre más pragmático, menos motivado ideológicamente que Dugin, quién no lanzara a sus ejércitos sobre el Medio Oriente o contra Occidente tan solo para justificar la interpretación de las profecías de Dugin o de cualquier otra persona. Sin embargo, ha favorecido a Dugin y ciertamente está muy contento de utilizar el sentimiento religioso, por muy equivocado que sea, para fortalecer su propia popularidad. No hay duda de que le encantaría vestirse con las vestiduras de un Zar Blanco Ortodoxo Ruso que va a la batalla por la Santa Rusia en contra el Anticristo judeoamericano. Y tampoco hay duda, lamentablemente, de que muchos ortodoxos, tanto en Rusia como en el extranjero, estarán felices de verlo cumpliendo en ese papel. Los comentaristas occidentales han reconocido que el escatologismo evangélico estadounidense es un factor importante que influye en la política exterior estadounidense.[14] No hay razón para que el escatologismo ortodoxo ruso (o soviético o viejoritualista) no reciba la misma atención y reconocimiento.

 

19 de abril / 2 de mayo de 2014.

  Nuevo Hieromártir Víctor, Arzobispo de Vyatka





[1] El mejor de estos artículos que el presente escritor ha leído es el de Marlene Laruelle. “Aleksandr Dugin: A Russian Version of the European Radical Right?”, Occasional Paper # 294 (2005), Woodrow Wilson International Center for Scholars, Washington, D.C.

[2] Moscú: Arktogeia, 1999.

[3] El arzobispo Natanael (Lvov) de Viena escribió: “En el siglo del blasfemo Pedro, hubo muchos más santos en Rusia que en el siglo de los piadosos zares Alexis Mijáilovich y Teodoro Alexeyevich. En la segunda mitad del siglo XVII, casi no hubo santos en Rusia. Y la presencia o ausencia de santos es el signo más confiable del florecimiento o, por el contrario, de la caída del nivel espiritual de la sociedad, el pueblo o el Estado”; “O Petre Velikom” (“Sobre Pedro el Grande”), Epokha (La Época), № 10, 2000, no. 1, pp. 39-41)

[4] Nota de traductor – Russian Orthodox Church; siglas en inglés para la Iglesia Ortodoxa rusa

[5] Las comunidades de los Vetero-creyentes sin sacerdote, como las del Rio Vyg en el norte, eran casi comunas democráticas, al no tener sacerdotes y sin reconocer autoridad política alguna, no muy diferentes de las comunidades puritanas contemporáneas en América del Norte. Y gradualmente, en los escritos, por ejemplo de Semeon Denisov, uno de los líderes de la comunidad de Vyg, desarrollarían una nueva concepción de la Rusia Santa, según la cual la verdadera Rusia residía, no en el Zar y la Iglesia, ya que ambos habían apostatado, sino en el pueblo llano. Como escribe Sergio Zenkovsky, Denisov “transformó la antigua doctrina de un Estado cristiano autocrático en un concepto de una nación cristiana democrática”; Geoffrey Hosking, Russia: People and Empire, 1552-1917, Londres: Harper Collins, 1997, p. 72).

[6] Laruelle, op. cit., p. 14

[7] Florovsky, Ways of Russian Theology, Belmont, Mass.: Nordland, parte I, 1979, pp. 98, 99.

[8] Hosking, op. cit., p. 73.

[9] Dugin, “Eurasianism and the political evolution to the Fourth Theory”, http://www.youtube.com/watch?v=JZxLxN77lF0.

[10] Nota del traductor – “Open Society” como “One World” son emblemas del globalismo, el primero hace alusión a la Sociedad Abierta que proponía Karl Popper, y el segundo, que puede traducirse como “Un mundo único” o simplemente “Un mundo”; donde se hace explicito el paradigma surgido de la caída del muro de Berlín y al fin de las brechas ideológicas y económicas entre las naciones a partir del fin de la Guerra Fría, donde ya no existe “segundo mundo” o “tercer mundo”; sino un mundo uniforme, único, donde la democracia y el librecambio irrestrictos reinan sobre todo el orbe.

[11] Flavio Josefo, Antigüedades de los Judíos, VI, 1; San Proclo de Constantinopla, en Socrates, Historia Eclesiástica, VII, 41.

[12] Plumptre, The Bible Educator, Londres: Cassell, Petter & Green, vol. III, p. 251.

[13] Bienaventurado Jerónimo, Interpretación del Apocalipsis, 20.7

[14] Flavio Josefo, Antigüedades de los Judíos, VI, 1. “Algunos piensan – escribe san Andrés de Cesarea en su comentario sobre el Apocalipsis – que Gog y Magog son los pueblos lejanos de los Escitas, o, como los llamamos, los hunos”. Los hunos también provienen de las estepas euroasiaticas. 

[15] Es así que san Focio el Grande usa la misma palabra cuando se refiere al ataque ruso sobre Constantinopla en el año 860. Véase también lo expresado por el obispo san Ignacio Brianchaninov: “En los capítulos 38 y 39 del Profeta Ezequiel se describe el poder y la numerosidad de un pueblo del norte llamado Ros; este pueblo debe alcanzar un enorme nivel de desarrollo material antes del fin del mundo y, para tal fin, acabará con la historia errante de la raza humana en la Tierra...” (Carta a N.N. Muraviev-Karsky, 14 de mayo de 1863)” (Letter to N.N. Muraviev-Karsky, May 14, 1863)

[16] Plumptre (op. cit.) escribe: “[Mesec se] identifica generalmente con los Moschi, una raza que habitaba parte del país entre el Mar Negro y el Mar Caspio y que fue sometida por Tiglatpileser I. Eran vecinos de Tubal, una raza dedicada al comercio del hierro, una rama del comercio por la cual la costa sureste del Mar Negro fue famosa desde la antiguedad. Se piensa con justa probabilidad que el nombre Moscovia se derive de Mesec (Rawlinson, Ancient Monuments ii. 65).” Henry Morris (The Genesis Record, Grand Rapids, Mich.: Baker Book House, 1976, pp. 247-248) creé que Mesec (or Mosoch) se refiere a Moscu.

 bienaventurado Teodoreto, Comentario sobre Isaías, 66.19.

[17] Hengstenberg, en A. Lopukhin et alli, Tolkovaia Biblia, vol. I, San Petersburgo, 1904-13, Estocolmo, 1987, p. 446.

[18] Gary Stearman, “The Mystery of Sheba and Dedan”, http://www.theendtimesobserver.org/archives/index.php?id=39

[19] Stearman, op. cit.; Fred Zaspel, “The Nations of Ezekiel 38-39”, http://www.biblicalstudies.com/bstudy/eschatology/ezekiel.htm.

[20] Véase Walter Russell Mead, “God’s Country?”, Foreign Affairs, Septiembre/Octubre, 2006, p. 39; Philip Giraldi, “Old Testament Armed Forces”, The American Conservative, 12 de Febrero, 2014, http://www.theamericanconservative.com/articles/old-testament-army.

 

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sábado, 31 de diciembre de 2022

 ¿QUE DEBO HACER PARA SALVARME?

                                            p. Michael Azkoul


El ortodoxo generalmente no se hace esta pregunta. Históricamente, es una pregunta Protestante. La Reforma del siglo XVI les contestó parcialmente: No "la Iglesia", lo más seguro, no la que conocieron Lutero y Calvino, y tampoco "la Iglesia Papal de la Edad Media". Los que plantearon esta pregunta no se la hicieron a la Ortodoxia, porque en su ignorancia, no veían diferencia de ninguna clase entre los Griegos y los Romanos.

Aún siguen planteándose los Protestantes la misma pregunta - si hay que planteársela - : "¿Qué debo hacer para salvarme?". Están perfectamente en lo cierto de que eso depende de un "nacer nuevo", convirtiéndose en una "criatura nueva" en Cristo. Desgraciadamente, ellos insisten en que lo único que se requiere es la fe. Y han definido a la fe en términos completamente subjetivos, como un sentimiento, como una confianza interior, como una seguridad. Ellos saben que están salvados porque "creen en el Señor Jesús, el Cristo, como mi Salvador personal". Esa idea acerca de la fe ignora el resto de virtudes que Dios exige, así como todos los mandamientos y enseñanzas que Él nos ha dado para que los obedezcamos. Esa idea igualmente incluye la idea de Martín Lutero de "solamente la fe" para salvarse.

Más aun, el Protestantismo clásico enseñó que somos salvados por predestinación, es decir, Dios ha determinado quién se salvará y quién se condenará. Él no tiene en cuenta nuestra conducta, ni nuestra pertenencia a cualquiera de las denominaciones en cualquier parte de la iglesia terrena que tenga alguna relación con su elección. Verdaderamente, es Dios quien da la fe por la cual somos salvados. Ellos pretenden encontrar esta verdad e n la Biblia: El Libro que los historiadores conocen como autorizado por la Iglesia.

El Catolicismo Romano, por otra parte, se ha ¡do al otro extremo. En lugar de subjetivismo e individualismo, ofrece filosofía y colectivismo. La salvación está íntimamente vinculada con el Papa, pertenencia a un estado eclesiástico, cuyo jefe pretende ser el sucesor de San Pedro, Vicario de Cristo, "Obispo de Obispos, Obispo de la Iglesia Católica". Es cierto que los teólogos de Roma han insistido en que la salvación incluye la Eucaristía, la fe, el amor, la esperanza; sin embargo, no solamente tales ideas han sido definidas a su modo, sino que de hecho no pueden ser salvados sin el Papa. En palabras de Bonifacio VIII, "declaramos, testimoniamos, definimos y pronunciamos que es juntamente necesario para la salvación de toda criatura humana estar sujeta al Romano Pontífice" (Unam Sanctam, 1302).

Nosotros, los ortodoxos, creemos que es necesario para toda criatura humana su pertenencia a la Iglesia de Cristo para ser salvada. Ella es "el Cuerpo de Cristo", "una generación escogida, un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo muy especial" (I Pedro 2: 9). Ella es el nuevo Israel en virtud de la nueva Alianza en su Sangre. Ella es la fraternidad orgánica de creyentes, "la Viña", "el Rebaño" y Ella es el Templo en que mora el Espíritu Santo, la Fuente de su Verdad y Unidad (Juan 15: 26). Ella es "el fundamento y la columna de la Verdad". Ella es aquella contra la cual no puede prevalecer el infierno, que posee todo poder en el cielo y en la tierra, el Poder de remitir o retener el pecado, la Iglesia que es el principio de la nueva creación, el reino de Dios, la Jerusalem celestial.

La Iglesia Ortodoxa es la salvación. Ella es la Vida de Cristo extendida a la humanidad. La Vida, iniciada por el Bautismo y sustentada por la Eucaristía, es también el Camino - incluso igualmente que Cristo es el Camino, la Vida y la Verdad. Esto quiere decir que la salvación es un proceso - la Iglesia es el Camino a través del cual cada miembro se convierte "en un hombre perfecto", según la medida de su plenitud y estatura (Efesios 4: 12-13). La perfección es posible, porque Élla es su Cuerpo y el Espíritu habita allí.

Por consiguiente el nacer de nuevo es una condición continua de cada persona dentro de la Iglesia. La Perfección llega por medio de la adquisición del Espíritu Santo o, como San Pablo escribió, "por la purificación, regeneración y renovación del Espíritu Santo" (Tito 3: 5). Por lo tanto no nos convertimos en simplemente buenos, personas éticas, sino que logramos gradualmente una nueva conciencia religiosa y un nuevo nivel de nuestro ser. En su Comentario a la Epístola a los Gálatas (capítulo 3, PG 61 656), San Juan Crisóstomo escribió:

"Considerad cuán grande es la potencia de la fe y de qué manera el Apóstol revela ese poder cuando escribe. Él ya había expuesto que la fe nos convierte en hijos de Abraham: ‘Sabed, pues, que los que son de la fe, son hijos de Abraham’ (Gálatas 3: 7). Ahora manifiesta que son también hijos de Dios: ‘Vosotros todos sois por vuestra fe, hijos de Dios en Cristo Jesús’. Por la fe, no por la ley.

Entonces, desde el momento en que esto es una cosa tan grande y maravillosa, él explica el modo de adopción. ‘Todos vosotros que fuisteis bautizados en Cristo, os vestís de Cristo' (3: 27). ¿Por qué no dice: ‘Todos vosotros que fuisteis bautizados en Cristo, sois nacidos de Dios'? Porque esto es lo que debiera decir para mostrar que ellos son hijos. Pero Pablo desea afirmar esta verdad de una manera más gráfica e impresionante: pues si Cristo es el Hijo de Dios, y vosotros os habéis vestido de Cristo, entonces, desde que tenéis el Hijo en vosotros y os habéis asimilado a Él, sois de la misma familia y semejanza que Él.

‘En El no hay ni judío, ni griego, ni esclavo, ni libre, ni hombre, ni mujer: pues vosotros todos sois una persona en Cristo Jesús’ (3: 28)... Todos vosotros no tenéis más que una forma, una semejanza, que es Cristo. ¿Podría alguien encontrar una declaración más asombrosa? Él que antes era nada más que un Griego, o un Judío, o un esclavo, ahora lleva consigo la semejanza, no de un ángel, o de un arcángel, sino la del Señor de todo; ¡en su propia persona es la misma imagen de Cristo...!".

Por consiguiente, la salvación es societaria, no individual. "Podemos condenarnos solos", exclamaba Alexei Jomiakov, "pero somos salvados juntos". Somos salvados en esa koinonía que es la Persona de Cristo. Somos salvados porque nos convertimos en Cristo - "un pequeño Cristo", en Cristo; un "hijo de Dios" en el "Hijo de Dios". Pero Cristo, aunque uno, tiene muchos miembros "y todos los miembros de ese cuerpo uno, siendo muchos, son un solo cuerpo: por tanto también Cristo" (1 Corintios 12: 12). El lazo de unidad es el Espíritu Santo que trabaja en uno y en todos para la perfección de uno y de todos.

Finalmente, pues, la salvación es mucho más que la conversión a una nueva moralidad, actuando individualmente, sin cambiar el objetivo de gracia interiormente. De acuerdo con la célebre máxima de los Santos Padres - "Dios se hizo Hombre, para que el hombre pudiera hacerse dios". Nosotros somos deificados en Cristo, en la Iglesia: la salvación nos está convirtiendo "como Dios" - inmortal, incorruptible, sin pecado, santo, un nuevo estado de ser realizado por medio de la oración, de la adoración, del conocimiento, del ayuno, de la negación de sí mismo y de la obediencia. La Iglesia crea el hombre nuevo en los Misterios y en la Verdad. La salvación es vida eterna por medio de la Iglesia, la ciudadela de la Gracia, la morada del Espíritu, la "morada de Dios" a través de cuyos portales (para usar las palabras de San Gregorio de Niza "la luz de la verdad salvadora brilla".



sábado, 10 de diciembre de 2022

EL USO DE LOS IDIOMAS EXTRANJEROS EN LA LITURGIA ORTODOXA

metropolita Vitaly (Ustinov)

Durante casi 60 años nuestra Iglesia Rusa en el Extranjero se dispersó por todo el mundo. Sin duda, este tiempo nos ha dado cierta experiencia en el trato con los ortodoxos.

Esto nos permite inferir, nuestras conclusiones, sobre la muy importante cuestión del idioma litúrgico para aquellas personas a las cuales el Señor Dios, se permite y se complace en iluminar con la Santa Verdad Ortodoxa.

En las parroquias de nuestra Iglesia es difícil no encontrar algunos miembros recientemente convertidos entre los habitantes locales.

Nuestros sacerdotes, nuestros rectores y nuestros feligreses, han cuidado amorosamente de proveerles siempre de las mejores traducciones, en sus lenguas nativas, de los oficios litúrgicos y de la literatura Orto­doxa.

En algunos lugares se intento efectuar los Divinos Servicios en la lengua nativa. Pero para decir la verdad, hasta hace poco tiempo, esto no ocurría espontáneamente.

En consecuencia en nuestra Iglesia no hubo y todavía no hay necesidad urgente de celebrar los Servicios Divinos en idioma extranjero.

Sin embargo, constantemente nos preguntamos acerca de la posibilidad de tener tales Servicios у hemos buscado соmo formular una respuesta adecuada у tener un punto de vista definido sobre esta cuestión cuya importancia crece día a día.

Para resolver esta materia, normalmente у casi naturalmente recordamos las palabras de Nuestro Señor Jesucristo: "Todo el poder Me es dado en el cielo у en la tierra. Id entonces у ensenad a todas las naciones, bautizándolas en el Nombre del Padre у del Hijo y del Espíritu Santo; ensenadles a observar todas las cosas que os he mandado; у mirad, Yo estoy con vosotros siempre, hasta el fin del mundo. Amén". (San Mateo 28: 18-20).

Entonces, pareciera que no podría ser más simple. El mandamiento directo de Dios, debe generar en nosotros la obediencia de ir e iluminar a las naciones. Sin embargo, de hecho, en la actualidad todo es muy diferente. Todos los pueblos europeos al nacer a su existencia соmо tribus о naciones han sido iluminados con la luz de la Santa Ortodoxia por los Santos Apóstoles mismos, sus discípulos о los Santos Padres de la Ig1esia.

Pero gradualmente estas semillas del prado de Dios fueron alcanzadas por la cizaña de las herejías que se establecieron firmemente en toda Europa, у desde allí se esparcieron a África, Asia у Australia.

Es apropiado, para nosotros en este punto recordar otro pasaje del Santo Evangelio: "Cuando el espíritu impuro sale de un hombre, anda por lugares áridos, buscando reposo, pero no halla ninguno. Dícese entonces;-  volveré a mi casa de donde salí  у cuando llega la encuentra vacía, limpia у ordenada. Entonces, va у toma consigo otros siete espíritus peores que el у entrando moran allí; de modo que el estado del hombre es peor que al principio". (San Mateo, 12: 43-45).

Si remplazáramos a la palabra "hombre" por "nación", comprenderemos fácilmente la terrible tragedia de aquellas naciones que una vez fueron iluminadas por la Luz de la Santa Ortodoxia у perdieron luego la Verdad.

Y entonces comprenderemos el mandamiento de Dios de predicar el Cristianismo a todas las naciones, que significa a las naciones paganas, los hijos de la naturaleza, aplicable ahora al hecho de que las herejías son aquellos siete espíritus del mal del Cristianismo distorsionado, que es mucho peor, que cualquier clase de paganismo.

Como una confirmación de estas palabras, tenemos ante nosotros un ejemplo histórico de un pasado casi reciente, el del Obispo Nicolás de Japón, que en el transcurso de su vida, comparativamente corta, unió a mi­les de paganos a la Iglesia у creó toda la Iglesia Ortodoxa Japonesa.

Mientras que nosotros, emigrados rusos, guiados por una hueste de obispos, entre los cuales se cuentan jerarcas sobresalientes de significado universal, con cientos de sacerdotes у los laicos, la flor del pensamiento ruso, apenas hemos podido unir cien de todos los heréticos a la Iglesia de forma genuina у autentica.

Desde los siglos X у XII, estas herejías han sido dominantes, han distorsionado hasta hacer irreconocible todas las enseñanzas de Cristo, la Purísima Imagen de Jesucristo, de la Madre de Dios у de todos los Santos. En la actualidad solo quedan los nombres de aquellos, que son tan preciados por nosotros.

Examinando el nudo de cuestión - ¿cómo se entiende la vida cristiana con esa doctrina? ¿Cómo se entiende el Evangelio у el Antiguo Testamento? ¿Cómo se describe al Salvador en los Iconos? que son las formas más elevadas de expresión visual de la cosmovisión Ortodoxa, dado que para nosotros la veneración de los Iconos es un dogma, enseñanza dogmatica en pinturas, Teología dogmatica grafica (Iconografía: escritura de Iconos).

Entonces llegamos a la lamentable conclusión de que: cuando todas estas herejías usan el nombre de Jesucristo у de la Madre de Dios no le dan el verdadero significado que Ellos tienen, si no que crean para sí otro significado, que no tiene nada que ver con el Dios-Hombre verdadero.

Lo que marca el grandioso у universal engaño que está sucediendo ahora.

Es como si se pusiese el nombre de "panadería" a un negocio у que no ven de pan sino que vende piedras о alguna otra cosa. О como si se mencionase el nombre de una persona bien conocida por todos, pero cuando se comienza a describirla, resulta que no hay nada de ella, solo el nombre; sin duda у sin excepción todos llegaran a la lógica conclusión que se trata de otro individuo que utiliza falsamente el nombre.

Oh Dios, ¿porque será que la mayoría de los Cristianos Ortodoxos aun ahora no entienden esto en sus contactos con los Heterodoxos? Es tan gran­de el engaño que se halla en la base у el sustento de todo ecumenismo, que ha logrado engañar a todas las naciones у sus religiones, que todavía se dicen cristianas. Hasta nuestros feligreses comunes, de corazón simple para los que el Nombre del Salvador у de la Madre de Dios han sido siempre sagrados, no captan la esencia de este engaño, de este fraude espiritual a escala mundial, cuando oyen a los heterodoxos nombrar a Jesucristo, tan precioso para ellos; quedan confundidos en sus corazones, sin ver que esta es la causa de la división de las así llamadas Iglesias; como si Cristo no hubiese creado Su Iglesia, Una у Santa у como si El no habitase en ella.

Y ellos, nuestros inocentes fieles, comienzan a repetir la trillada у banal idea que todos conocemos bien: "Dios es Uno solo, у cada persona a su modo adora al mismo Dios".

A lo que debemos replicar absolutamente: "Si, Dios es Uno, de ello no hay ninguna duda, pero cada adoración herética se dirige a un Dios hecho por el hombre mismo, un Cristo modelado por su propia mente у sus propios engaños, que es en realidad el prototipo del Anticristo.”

 El resultado es una especie de culto mundial del nombre de Je­sucristo que no tiene nada en común con el Señor, Su Purísima Madre у Sus Santos, una especie de idolatría universal del nombre de Dios, ¿Y que es una persona que idolatra el nombre de Dios? Es alguien que invoca el Nom­bre de Jesucristo solo como un nombre, sin que Jesucristo mismo, el Dios viviente, esté “en” ese Nombre.

Hemos descripto intencionalmente todo esto solo para mostrar la clase de atmosfera espiritual en que los grandes idiomas europeos se desarrollaron. Es justamente en estos últimos diez о doce siglos que nacieron todas las grandes literaturas europeas; nacieron, se desarrollaron у llegaron a la madurez: francesa, inglesa, alemana, española e italiana (mencionando a otras menos significativas como sueca, noruega, danesa у portuguesa) con sus obras excelentes у arquetipos literarios inmortales у héroes, que nadie que se considere a sí mismo como un hombre culto puede ignorar.

Pero, Reverendos Padres, todos los idiomas se desarrollaron fuera de la Verdad; no expresan las aspiraciones preciosas, sacramentales, suplicantes у litúrgicas de sus almas. Están revestidas de falsas doctrinas acerca de Cristo у saturadas con el espíritu de la herejía, teniendo una cosmovisión herética, una disposición у un misticismo que a veces está sujeto a la grave enfermedad del "prelest" (engaño, seducción). ¿Cómo pueden nuestros Divinos Servicios Ortodoxos ser traducidos inmediatamente a estos idiomas con un diccionario у un libro de gramática en nuestra mano?.

El lenguaje humano es un gran don de Dios, casi inseparable del espíritu у el alma del hombre. Después de todo, no importa cuán bella, artística e ingeniosamente todos los idiomas europeos, en todos los tiempos, describieron- al hombre caído en toda la diversidad de sus sensaciones, pensamientos у acciones, ello siempre en su dominio terrestre del pecado, mas nunca desde el punto de vista de la Verdad Eterna de Jesucristo.

Se puede decir que no solamente la psicología, sino también la patóloga de este hombre caído se han expresado en cientos y miles de obras, en las literaturas del mundo.

Todo se ha dicho sobre el hombre común de la calle, sobre el hombre de sociedad, sobre sus aventuras, sus gestos y su conducta.

No queda nada más que decir excepto tal vez, sobre los infinitos nuevos horizontes del hombre de gracia, el santo, a quien toda esta literatura, simplemente, le es desconocida.

¿Cómo puede un idioma que en el transcurso de los siglos empleo sus palabras en miles de matices, en todos los géneros literarios – prosa, poesía, retórica, filosofía, ciencia, arte, tecnología – como puede, decimos, comenzar este idioma súbitamente a expresarse, ante el mundo de la gracia de Dios, sobre la cual antes nada sabia?.

Desde el punto de vista secular surge, aquí, la notable pregunta, eterna, acerca de que vino primero: la gallina о el huevo. Mas para nosotros no puede haber tal pregunta, tal duda no existe.

El Señor puso todo el mundo animal delante de Adán y le mando que nombrase a todos los animales. Y Adán denomino a todos los animales de tal modo que el nombre de cada uno corresponde a la esencia total de ese animal.

Esto significa que primero aparece el objeto, la cosa misma, a la cual luego denominamos.

El proceso inverso es imposible. La misma Ley se aplica al mundo espiritual.

Palabras como THEOTOKOS y diversos nombres para los dones del Espíritu Santo como smirenie (humildad), krotost (mansedumbre),  umilenie (ternura), suckushenie (compunsión), sobornost (catolicidad), yurodstvo (locura por la causa de Cristo) y todo el universo de la actitud Ortodoxa y su cosmovisión deriva de estos dones, sin los cuales nadie es ni puede ser Ortodoxo - ninguna de estas palabras puede ser traducida a los idiomas extranjeros (europeos).

Y esto es así precisamente porque ninguno de ellos tiene esos dones en sí mismos.

Uno no puede denominar lo que no es, lo que no existe en el concepto de un idioma determinado.

Nosotros ya tenemos muchas traducciones en idiomas extranjeros, especialmente de nuestro principal Servicio, la Divina Liturgia. Estas traduc­ciones no fueron hechas por gente semi-educada, lo que podía haber ocurrido al principio de nuestras actividades de traducción. El monje-sacerdote P..., descendiente de una antigua familia aristocrática y educada en Oxford tradujo la Divina Liturgia.

¿Y qué ocurrió? Recuerdo mis primeros trabajos pastorales en Inglaterra. Cuando alrededor de 15 ingleses aparecieron en mi parroquia, decidí que el P... oficiase la Divina Liturgia en inglés todos los sábados. Este grupo de gente recién convertida incluía a un pio benefactor de nuestra Iglesia al cual recientemente uní a la misma.

Este representante de la más alta sociedad inglesa, cercano de los círculos gubernamentales de su país, que había traducido muchas de las obras de los Santos Padres al inglés, vi­no a mí y me dijo francamente:

"Por supuesto que intelectualmente comprendo la Liturgia en mi propio idioma, pero debo decirle que no es suficiente, que yo prefiero oír la Liturgia en Eslavonico Eclesiastiсо, que no comprendo tan bien. Puedo orar mas fácilmente, recibo mayor consuelo y calor en el alma".

Así que por este camino pronto finalizaron las Liturgias en inglés de los días sábados. Como no estaban recibiendo casi nada de valor espiritual, los ingleses poco a poco simplemente dejaron de acudir a estos servicios de los sábados. De igual manera, a que en Norteamérica, muchas veces he tenido ocasión de estar presente en servicios vespertinos en inglés, y en estos casos el hecho que acabo de recordar me resultó obvio.

Para poder realizar la creación de un lenguaje litúrgico para cada nación, necesitamos primero tener Ortodoxos alemanes, ingleses, franceses, etc.. Los que después de recibir la Ortodoxia en el podvig del ayuno у la oración, viertan en las palabras de su propio idioma el poder de la gracia del Espíritu Santo por el ministerio del Bautismo.

Solamente entonces podrán ellos encontrar nuevas palabras para identificar los dones del Espíritu tu Santo que antes no tenían, о hacer uso de las palabras existentes después de haberlas santificado у haberles dado una experiencia nueva, espiritual, vivida у sentida profundamente, un significado mejor que cualquier otro aproximado dado por un diccionario.

Con toda seguridad, en el Santo Bautismo la persona misma es bautizada у renovada. También su idioma es bautizado у renovado con él.

Las naciones que se hicieron Ortodoxas о que se hagan Ortodoxas, deben crear su propio idioma litúrgico, pues no tienen ninguno, у nosotros, solamente, podemos ayudarles.

Entonces ¿cómo podremos conducirnos en nuestros esfuerzos misioneros universales para los cuales el Señor nos ha enviado, dispersándonos como semillas?. Ya tenemos mucha literatura espiritual traducida a idiomas ex­tranjeros. Es absolutamente esencial predicar en idiomas extranjeros, у aun leer los Santos Evangelios у las Epístolas, pero debemos ser muy cuidadosos, muy cautos, al tratar con los textos litúrgicos.

Los Divinos Servi­cios son el Santo de los Santos de nuestra Iglesia.

Los textos litúrgicos del OCTOEKOS у del MINEA[i], probados durante siglos por las oraciones de los mayores santos de la Iglesia Ortodoxa, que predicaron con ellos у fueron salvados por esas palabras, sirven como teología dogmática у moral para nosotros.

E inclusive una teología litúrgica.

Cuando se prepara para predicar, nuestro buen pastor о padrecito, lee todo el servicio de las fiestas venideras para obtener la inspiración para su sermón.

¿Cuándo transmitimos las santas palabras de nuestros Divinos Servi­cios a otras naciones no lo haremos con especial cuidado?.

Así, cuando intentamos muy cuidadosamente introducir en los servicios para extranjeros una о dos palabras de su propio idioma о alguna exclamación, nos limitamos entonces nosotros mismos a ellas por un largo tiempo, hasta que se acostumbran en la oración a esas palabras, hasta que esas pa­labras sean cubiertas por el poder de la Gracia, hasta que la cubierta sensual, pagana, herética, sentimental у de lugares comunes que se forman durante siglos, caiga.

Como una bolsa utilizada para llevar oro, se dora por su contacto con el oro, así lo harán los idiomas extranjeros, introducidos de a poco en nuestros servicios, gradualmente embebidos en la humedad del rocío de la gracia del Espíritu Santo.

Si en nuestros servicios Ortodoxos no podemos usar el excelente idio­ma ruso de Pushkin, que es tan cercano a nuestro Eslavonico Eelesiastico, como una hija a su madre, ¿qué podemos decir a cerca de aquellos idiomas en los que nunca se oficiaron los servicios Ortodoxos?

El proceso es largo, pero ello es seguro, dado que requiere del rectamente convertido, cierta medida de paciencia у humildad.

Para todas las naciones que quieren unirse a la Verdad, a la Iglesia de Cristo, es absolutamente esencial que al menos en un pequeño grado sigan el Podvig [ii] del santo Patriarca Abraham, a quien el Señor dio la orden "Sal de tu País, у de tu tribu у de la casa de tu padre у ve a la tierra que Yo te mostrare". (Gen. 12:1).

También deben emular el podvig de la Bienanaventurada Ruth, moabita у pagana de nacimiento, que entro en la genealogía de acuerdo a la carne de Nuestro Señor Jesucristo porque amó la Verdad más que a su nación. Cuando después de la muerte de su esposo, Eli Melech у de los dos hijos, Mahlon у Chilion, su suegra Noem le sugirió que volviese a su propio pueblo, Ruth le contesto: "No me obligues a dejarte y a no seguirte, porque donde tu vayas, yo iré y donde tu residas, residiré; tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios". (Ruth 1:16).

 Y sabemos por los Santos Evangelios, cuán duro fue para el joven rico seguir a Cristo; así para cada nación con un gran pasado histórico, cada nación que ha crecido en su propia y rica cultura, gloriosa en materias terrenas, le será difícil asumir es "podvig". Es difícil, muy difícil, pero todas las cosas son posibles con Dios. Amén.

 

(INFORME AL CONSEJO DE OBISPOS DE LA IGLESIA ORTODOXA RUSA EN EL EXTRANJERO, NUEVA YORK, 1978)

ARZOBISPO VITALY



[i] OCTOEKOS: Libro de los ocho tonos

MINEA: Compendio de 12 tomos, correspondientes a los 12 meses del año, donde se encuentran las oraciones y los canticos en honor a los santos que se conmemoran cada día.

 

[ii] PODVIG: Esfuerzo para la elevación espiritual

     

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