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sábado, 31 de diciembre de 2022

CIENCIA Y SANTIDAD

                                                Orthodox America, nov. / dic. 1989  


La ideología materialista siempre ha puesto a la ciencia en contraposición con la religión como uno de sus dogmas fundamentales.

En ese contexto, una conferencia pronunciada en Moscú, en marzo de 1989 por el académico F. Y. Shipunov ha creado casi una conmoción. Se trata no sólo de un respetado miembro de la Academia de Ciencias, sino que este profesor también es un cristiano ortodoxo y un firme creyente en la integración de los mundos espiritual y material.

La especialidad de Shipunov es la ecología, un campo en el que la ex-Unión Soviética es relativamente una recién llegada. Durante décadas, los esfuerzos por sobrepasar la productividad de Occidente justificaron las actitudes más irresponsables contra los recursos naturales de Rusia alguna vez aparentemente inagotables. Una deliberada reticencia a admitir estas fallas (tan trágicamente demostradas en el desastre de Chemobyl) con ocultamiento de datos científicos negativos, limitó considerablemente la conciencia ecológica. ¿Los resultados?: Shipunov está haciendo sonar la campana de alarma. No es necesario - dice - hacer explotar una bomba atómica e de hidrógeno para desencadenar una crisis global; tal como está la situación, el mundo se aproxima a una catástrofe.

Según Shipunov, Moscú es considerada ecológicamente como una de las ciudades más arcaicas y sucias del mundo. “Se ha convertido en un volcán sucio, gigante y siempre humeante. Todo se eleva hacia la atmósfera, invadiendo las capas de ozono. Nuestro laboratorio en las afueras de Moscú ha registrado 50 veces la desaparición de la capa de ozono sobre Moscú en los últimos 3 años. El campo magnético desapareció durante varios minutos. Si continuamos desarrollando energías a este ritmo, en 50 años - tal vez antes - el campo magnético se colapsará totalmente y la vida cesará”.

No es sólo la atmósfera física la que ha sido envenenada. “Las investigaciones han mostrado que el 90 % de nuestra población está espiritualmente enferma, 70 % moralmente enferma, el 70 % de la población comete cada día actos inmorales. Raramente se encontrará hoy alguien que no robe, mienta, ofenda o lastime animales o vegetales. Esta conducta se ha convertido en normal y a ello nos referimos al decir enfermedad moral. Una de cada dos personas tiene trastornos psicológicos. Esas personas son llevadas a los trastornos mentales por las condiciones de nuestra existencia: vivimos en un estado de esclavos - diría inclusive como super-esclavos - donde los fundamentos de la personalidad, lo individual, familiar y social, ha sido destruido”.

Shipunov cree que la causa principal de esta trágica situación es la falta (o el rechazo) de reconocimiento de la interconexión de los mundos espiritual y material. La religión (del latín re= de nuevo + ligare = atar) ayuda a unir al hombre con el campo de lo espiritual y provee ciertas leyes y principios superiores que el hombre debe seguir para tener una existencia saludable y armónica. Como ecologista, Shipunov está particularmente preocupado por las fallas del hombre en cuanto al planeta que habita según designio divino. Como un pueblo existe no solamente como conglomerado material sino también como organismo espiritual, sus instituciones - comenzando por el gobierno - deben reconocer y responder a ciertas leyes espirituales.



Al ofrecer una solución práctica para la actual crisis, Shipunov urge como primer paso el retorno de los monasterios y el restablecimiento de la vida monástica. En su conferencia, discute el significado de los más de 1200 monasterios que existían en la Rusia prerrevolucionaria, no sólo en cuanto a proveer y preservar fundamentos morales; ellos eran centros agrícolas ecológicamente ejemplares. Crearon una nueva cultura, una nueva filosofía, una nueva ciencia y artes, una nueva comprensión de la educación. En su traducción literal, educación (obrazovaniye) significa llevar en el alma la imagen (obraz) de Dios... Y fueron los monasterios los que cumplían esa función... Fue en los monasterios que el alma rusa fue modelada”.

Las bases científicas de las observaciones de Shipunov fueron aclaradas en la res¬puesta a una pregunta de la audiencia: ¿Qué puede decir acerca de la influencia de la san¬tidad personal sobre los procesos ecológicos de hoy día? Shipunov prologó su respuesta con una breve explicación de las leyes de la mecánica cuántica y de la ecuación de Schroedinger concerniente a las funciones ondulatorias:

"Cada individuo, cada átomo, cada molécula, cada galaxia, la tierra, cada ser tienen su propia función ondulatoria. Esa función no es material, pero regula al mundo entero. Existe una función ondulatoria cuya medida es igual a la medida del universo; es decir, se expande instantáneamente con ayuda de esa función ondulatoria. El Creador opera íntegramente el mundo material. Esto se deduce de la ecuación de Schroedinger. Este descubrimiento mayor, hecho en la década del ’30 debe ser promulgado para que la gente pueda entender la finalidad de su existencia, cómo existe el mundo y Quien lo creó..".

“Hace tres años fue restaurado el campanario situado sobre los portales (del siglo XVI) del Monasterio San Nicolás - Ugryezhsky. Con la ayuda del Creador, el hombre inventó la campana que es el único instrumento que irradia - como desde un punto focal - la gama ultrasónica. Las frecuencias ultrasónicas producen vibraciones moleculares y son retenidas en la atmósfera. En las grandes fiestas, el sonido de las campanas crece, aun si el monasterio o la iglesia hubiese sido arrasado. Toda iglesia, toda catedral, todo monasterio pertenecen no tanto a la tierra como al universo todo (es decir a la creación visible e invisible). Fueron concebidos para eso y por eso ocurren allí diferentes procesos". 

"Veamos: cuando uno se aproxima al monasterio de San Cirilo del Lago Blanco, a una distancia de 70 km. un detector gama- electromagnético comienza a registrar picos. En términos teológicos esto se llama 'atravesado por oraciones’. Nosotros lo llamamos aumento de voltaje en el campo electromagnético".

“Veis entonces que una vez que se ha construido una iglesia y especialmente un monasterio donde hay varias iglesias y muchos santos, nunca se lo puede destruir en el plano espiritual. Es preservado para siempre en esta tierra y si alguien restaura un sitio así, se hace merecedor de gran misericordia”.

(De otra fuente sabemos que en el Laura de Kiev se hizo una reunió similar de ciencia y santidad, en la cual científicos soviéticos, probando el misterio de la incorrupción de muchos santos enterrados en las cuevas, descubrieron que esas reliquias emiten energías positivas mensurables. De igual forma, emana energía positiva de un icono de San Antonio (t 1073) y también de todas las figuras, excepto una, de un icono de la Ultima Cena; la figura de Judas emana energía negativa).  En varias partes de su conferencia Shipunov contrasta el tañido de las campanas que realmente mejora las condiciones ecológicas, beneficia la vida y la actividad celular, con la música de rock que hace vibrar a las moléculas de manera innatural y tiene el efecto de destruir células nerviosas contribuyendo significablemente - en opinión de Shipunov - al creciente número de personas con trastornos mentales en el mundo entero. La ciencia ha sido un instrumento popular de los ateos. Si más científicos utilizasen sus instrumentos para registrar diferencias mensurables entre el bien y el mal, entre la verdad y la falsedad, entre belleza y fealdad, se podrían conmover los cimientos del relativismo y restaurar a la ciencia como doncella de la teología.


 ES MAS TARDE DE LO QUE USTED CREE

                                                Orthodox America, vol. 10, N° 6 (96), enero 1990




Hemos entrado en esta nueva década, la última antes de un nuevo milenio, impulsados por un torrente de sucesos en Europa Oriental y en la ex Unión Soviética. Su inesperada magni­tud y la velocidad con que se desenvuelve la his­toria aumentan el aura apocalíptica que rodea al año 2000, ya a menos de diez años de esa fecha.

El hombre nunca podrá refrenar el tiempo. Éste marcha inexorablemente. Todos envejecemos, acercándonos al fin de nuestros días, así como también el mundo llegará un día a su fin. Para muchas personas el tiempo es una maldición: intentan aventar sus efectos y recha­zan su paso. Pero para nosotros los cristianos el tiempo es un don que nos acerca con su trans­currir hacia una vida bendita con Nuestro Señor Jesucristo en la eternidad, siempre que usemos ese don sabiamente para prepararnos para el Reino venidero.

“Alma mía, alma mía, levántate; ¿Por qué duermes? El fin se acerca...” (kondakio del Gran Cánon de San Andrés de Creta).

Desafortunadamente, nos inclinamos más a seguir los caminos del mundo y sus preocupaciones, en que siempre hay un mañana. Vivimos sin un fin a la vista y por ello somos parcos en nuestras labores espirituales. Necesitamos un preclaro recordatorio. El padre Serafín Rose decía a menudo "es más tarde de lo que Usted cree " y no hace muchos años un sacerdote de la Unión Soviética escribía desde la prisión a sus hijos espirituales:" el fin no está en algún punto bajo el horizonte; está justo sobre vuestros hombros".

Tales admoniciones se tornan más gra­vosas cuando examinamos las profecías ortodo­xas concernientes a los tiempos finales.

Una cantidad de hombres santos y justos - San Nifon de Constantinopla (t 1508), el santo mártir Agatangelo (t 1592), San Nilo el vertedor de miro del Monte Athos, San Cosme Aitolos (t 1799), San Calínico de Rumania (t 1860)- seña­laron al año 1992 como año de rendición de cuentas. La unificación económica y política de los patees del Mercado Común, prevista para 1992, junto a los cambios de la Unión Soviética lleva a muchos a esperar mayor seguridad y prosperidad material en el futuro cercano. Sin embargo, un monje del Monte Athos - de la ermi­ta rumana del Precursor - el monje-sacerdote Petronio, comentó en un artículo reciente (Pravoslavnaya Rus, 28/11/89) que “el mundo cristiano sabe que el bienestar material no marcha mano a mano con el progreso espiritual (por lo contrario - como escribió el Apóstol San Pa­blo - cuando aumenta el materialismo declina la espiritualidad) y por ello el mundo cristiano mira a 1992 con preocupación, temiendo que la cre­ciente atención a los bienes materiales pueda llevar al incremento del mal que mora en nuestro mundo actual”.

El padre Petronio continúa describiendo la visión de San Calínico, que demoró la expan­sión de su monasterio porque "en ese tiempo cir­culaban predicciones en Rumania en el sentido de que en 1848 ocurrirían sucesos terribles que marcarían el fin de esté mundo..." Este Santo fue digno de una visión de los cielos con la Santísi­ma Trinidad "tal como está descripta en los ico­nos y debajo de Ella una inscripción grande y luminosa: 7500 años desde Adán". San Jorge y San Nicolás, presentes en la visión, urgieron a San Calínico a comenzar la construcción: "Ves que el fin del mundo no vendrá en 1848, sino 7500 desde Adán". De acuerdo con la Iglesia, el año 7500 desde Adán corresponde al año 1992 d.C.


                                             icono del santo padre Calinico de Cernica, Rumania

"En vistas de la elevada espiritualidad de San Calínico - escribe el padre Petronio - no puede dudarse de su revelación; y ello nos llena de temor. Pero debemos comprender esta visión sabiendo por las Sagradas Escrituras que el Sal­vador mismo dijo: ’de ese día y hora ningún hombre sabe, ni los ángeles del cielo, sino sólo Mi Padre’ (San Mateo 24:36)".

La solución de este dilema nos la da San Juan Crisóstomo en su comentario del libro de Génesis:

"Si Dios deseare destruir el mundo, lo po­dría hacer muy fácilmente. Nada hay más fácil para el Creador de todo que con una palabra lle­var todo a la nada, de la cual fue creado el mundo. Pero en Su gran preocupación por nues­tra salvación, Dios nos anticipa el castigo que nos tiene preparado, para así tal vez evitar enviarlo. Nos lo dice precisamente para que se­pamos y temamos Su ira, para que nos alejemos del pecado y no nos queden dudas de Su sentencia.

Así, por ejemplo, actuó contra la gran ciudad de Nínive cuyas iniquidades sobrepasa­ban toda medida. Envió al Profeta Jonás para decir al pueblo: '¡Cuarenta días más y Nínive se­rá destruida!’. Sin embargo, los ninivitas no per­dieron las esperanzas al oír esto. Confiando en Dios decretaron un estricto ayuno para personas y animales y se arrepintieron con cilicios y cenizas. Y Dios, viendo su arrepentimiento, tuvo piedad de ellos y el castigo que debían haber su­frido fue evitado.

Similarmente, antes del Diluvio la tierra se llenó con las acciones inicuas de los hombres y Dios decidió destruirlos. Empero, no lo hizo de inmediato sino que informó al pueblo con 120 años de anticipación. Mandó entonces a Noé construir el Arca y Noé trabajó 100 años en ella, de manera que su pueblo, al verlo, se convirtiese y retomase el camino recto. Fue tan sólo des­pués que Dios viese que pese a las advertencias el pueblo no se corregía ni dejaba lo malo, que los destruyó por medio del Diluvio".

Es en este sentido que debemos inter­pretar la visión antes relatada de San Calínico y asimismo la serie de signos de los últimos tiempos: apariciones de la Madre de Dios para persuadir al mundo para que se arrepienta; apa­rición de iconos que lloran y vierten miro, lámpa­ras votivas que oscilan, etc. Porque en nuestro tiempo las iniquidades de la humanidad han au­mentado inconmensurablemente y Dios en Su misericordia y amor al hombre, por medio de si­milares profecías y señales, nos recuerda que a menos que nos alejemos de lo malo, seremos castigados. Nos lo dice con anticipación precisa­mente no para castigarnos, sino para que des­pertemos y nos alejemos del mal.

Debemos oír estas admoniciones y ejer­cer en nosotros mismos la vigilancia espiritual. Sólo así evitaremos dilapidar lo que nos queda de vida. Y si nos aplicamos diligentemente a cul­tivar la salvación de nuestra alma, podremos sa­ludar al futuro con esperanza, seguros de que Dios en Su Supremo Amor, premia a quienes le buscan con todo lo bueno de esta tierra y del mundo venidero. Amén.

 

SOBRE LAS IMÁGENES SAGRADAS (TESTIMONIOS) - san Juan Damasceno

En el tratado que escribió en su momento san Juan Damasceno, Sobre las imágenes sagradas, a propósito de la controversia iconoclasta, en lo...