A los
cristianos abnegados, criados en el seno de la Iglesia, en estas dos
organizaciones los trataban condescendientemente, patrocinándolos, como si se
tratase de niños buenos pero tontos y poco razonadores. De esta manera, varias
generaciones fueron educadas en un seudocristianismo.
En 1910, en la
conferencia mundial misionera de Edimburgo (Escocia), fue adoptado por primera
vez el nombre de ecumenismo en su sentido actual; en ese entonces también
fueron puestos los cimientos de un nuevo "Consejo Mundial Cristiano de la
Vida y el Trabajo", el cual sesionó en 1925 en Estocolmo y en 1937 en
Oxford para el estudio de la interrelación entre las distintas iglesias
cristianas.
Paralelamente a
ese movimiento se organizó otra nueva sociedad bajo el nombre de
"Conferencia Mundial sobre la fe y el orden". Se reunió dos veces: en
1927 en Lausana y en 1937 en Edimburgo. Se propusieron como meta exponer todos
los obstáculos existentes para la unificación de las iglesias en el ámbito de
la enseñanza de la fe.
Por fin, en
1937, en dos conferencias consecutivas en Oxford y en Edimburgo, se decidió
unificar esas dos organizaciones en una: "Consejo Mundial de
Iglesias". La Segunda Guerra Mundial perturbó la realización de sus metas
pero después de la guerra - en 1948 - fue citado en Amsterdam el Consejo
Mundial de Iglesias y le siguieron dos reuniones más, en Evanston en 1954 y en
Nueva Delhi en 1961 y hace poco en Upsala, Suecia.
Este breve
panorama del surgimiento del movimiento ecuménico no sería completo si no
mencionásemos la organización mundial de los boy scouts, fundada también en
Inglaterra en 1908, por Lord Badén Powell. Esta organización puramente juvenil,
ahora ya totalmente conocida por su actividad, se estableció como meta la
educación de la juventud dentro del espíritu interconfesional cosmopolita, con
un ideal de bondad humana. Estas tres organizaciones son en realidad los tres
pilares sobre los cuales se basa el movimiento ecuménico y de donde se suman a
él constantemente más organizadores, adeptos, o simplemente masas de
simpatizantes.
Analicemos
ahora cuáles eran las causas psicológicas, sociales, políticas y espirituales
que favorecieron la aparición y desarrollo del movimiento ecuménico. Como
piedra fundamental de la construcción de esta especie de torre de Babel debemos
ubicar la desintegración total de la herejía protestante. Pero si decimos con
Tertuliano que "el alma humana es cristiana por su naturaleza", lo
que en ese entonces en boca de este maestro occidental de la Iglesia,
significaba, sin lugar a dudas, "por su naturaleza es ortodoxa",
entonces podemos aseverar que toda herejía por naturaleza es contraria al alma
humana y tarde o temprano el alma debe erradicar esta herejía, sacarla de su
interior. De esta manera, presenciamos la erupción de la herejía protestante.
Pero así como en la naturaleza, en el mundo espiritual tampoco pueden existir
vacíos, el espacio de esa herejía es ocupado entonces por el ecumenismo.
Juntamente con
este hecho, hay que señalar el asesinato de la familia real, la aniquilación
del Imperio Ortodoxo Ruso, que frenaba el mal que ahora se desparrama por todo
el mundo sin obstáculos. El ecumenismo no hubiera podido desarrollarse con
ritmo tan acelerado como ahora, si existiese en Europa el poder Ortodoxo Ruso.
Tampoco hubiese podido atrapar en sus redes a todas las iglesias ortodoxas.
La tercera
causa, la más terrible a nuestro parecer, es la consolidación de la masonería
en todo el mundo, la que hace todo lo posible para convertirse en un gobierno
mundial clandestino (o secreto), es ella la que inspira, ayuda y financia el
ecumenismo.
La revista "Le Temple", publicada en París, órgano oficial
masónico del ritual escocés, en el Na 3 de septiembre-octubre de
1946, en el artículo "Unión de las Iglesias" presenta la siguiente
declaración, sobre los éxitos de la masonería:
"Nos preguntan por qué nos
entrometemos en las discusiones de carácter religioso, en qué medida los temas
de la unión de las Iglesias, congresos ecuménicos, etc., pueden presentar
interés para la masonería. En el seno de nuestros talleres se estudian todas
las doctrinas para que ningún apriorismo pueda penetrar en nuestras
conclusiones. Descartes, Leibnitz, el deterninismo de Jean Rostand, etc.. Todo
nos interesa aunque tenga sólo un vestigio de verdad.
Interior de un templo masónico
¿ Y quieren que no nos interesemos en el
problema de la evolución del pensamiento cristiano? Aún si intentásemos olvidar
que la masonería tiene sus orígenes en el cristianismo, de igual manera, tan
sólo el hecho de la existencia de las religiones, nos provocaría un esfuerzo
continuo para unir a todos los mortales en esta unidad que tanto añoramos. El
problema propuesto por el proyecto de unificación de las Iglesias que profesan
a Cristo, interesa íntimamente a la masonería y está emparentado con ella, ya
que contiene (en él) la idea del universalismo. Nos permitimos agregar que si
esa unión, por lo menos en lo que atañe a las confesiones no romanas, está
sobre la senda verdadera, nos lo debe a nuestro orden".
Esta es la
confesión que nos hace descubrir quien es en realidad el centro de todo el
movimiento ecuménico.
El factor
psicológico que preparó la base para la divulgación exitosa del ecumenismo
fue, asimismo, el prolongado reinado de la reina inglesa Victoria.
Esta época, con
su ética especial que mantenía artificialmente a la persona dentro de una
vaina espiritual, sin tratar de resolver las pasiones, por el contrario,
enfrascándolas más, finalmente cansó al mundo protestante. Este culto a la
forma exterior aparente fabricó un compresor de pasiones, el que luego de la
muerte de la reina, sin duda una personalidad fuerte, explotó y aniquiló no
sólo la corteza de la concepción del mundo protestante, sino también al
contenido de su pobre dogmatismo.
De esta forma, las entidades YMCA, YWCA y el scoutismo, creados y
organizados por la masonería, prepararon a toda una generación de personas con
una concepción especial del mundo, gracias a la cual fue factible el
surgimiento del Consejo Mundial de Iglesias, el que se jacta de ser la Iglesia
verdadera y en cuyas cuatro conferencias mundiales, seudoconcilios ecuménicos,
expresó su credo.
Esas cuatro
conferencias mundiales tuvieron lugar: en Amsterdam, en 1948; en Evanstone, en
1954; en Nueva Delhi, India, en 1961 y en Upsala, Suecia, en 1968. Cada
conferencia publicó sus actividades, de las cuales se puede destacar, sin ningún
esfuerzo, los jalones de este seudocristianismo. Hay que aclarar que cada
conferencia transcurrió bajo la guía de una idea principal. Así, la conferencia
de Amsterdam eligió el tema de "El desorden de la humanidad y la economía
de Dios". La conferencia de Evanstone transcurrió bajo el lema de
"Cristo, la única esperanza para el mundo", la conferencia de Nueva
Delhi tuvo como slogan las palabras "Jesucristo - luz del mundo".
Todos estos pensamientos están exentQs de una base teológica concreta, no
tienen en sí nada doctrinal, ni dogmático. Pueden ser analizados por todas las
religiones, cada una por su lado, con campo abierto para la discusión, una gran
posibilidad para pensar, pero sin llegar a ninguna conclusión. Por encima de
todo hay un miedo al dogma. Todos esos pensamientos son en realidad sólo
slogans, y si observamos que cada conferencia no tiene ningún presidente estable
y todos los problemas los dirige un secretario, veremos que se asemejan a las sesiones de la Liga de las
Naciones o de la UN, para resolver problemas espirituales. Aparece el mismo
cosmopolitismo, los mismos principios vagos, la misma "Babilonia".
De todas las conferencias, la más exitosa desde el punto de vista ecuménico fue
la de Nueva Delhi, donde la atmósfera del misticismo hindú, con sus yogis, su
lírica especial, su mística vaga, extasió a muchos participantes.
La conferencia
en Upsala tomó como lema las palabras del Salvador: "Esto lo creo todo
nuevo" (Apocalipsis 21: 5). Sin embargo, observando los resultados de
estas conferencias, se puede ver un plan lógico y un fin determinado. La
conferencia más esencial fue, sin lugar a dudas, la de Amsterdam. En ella
fueron puestos todos los esfuerzos, para destruir las enseñanzas de la Iglesia
Única, Verdadera, Universal (Católica), Apostólica, históricamente militante,
viviente en la tierra y triunfante en los cielos.
Cinco teólogos
importantes del mundo protestante se presentaron con su conferencia. Entre ellos
estuvo el teólogo ortodoxo ruso padre Jorge Florovsky.
El primer participante, Gustavo Owlen, tituló su conferencia: "La
Iglesia a la luz del Nuevo Testamento". Aparentemente, al principio todos
sus razonamientos son totalmente ortodoxos, pero uno reacciona enseguida cuando
habla de que los miembros de esa Iglesia en realidad, son todos los cristianos.
La Iglesia es como una síntesis de todas las iglesias.
El profesor
Clarence Craig, traduce la palabra "católica", o en eslavónico
eclesiástico "universal", con el término "integral". De
esta manera uno puede decir junto con los ecumenistas: creo en una Iglesia
única, santa, integral y apostólica, es decir, en el Consejo Mundial de
Iglesias. Prosiguiendo con sus razonamientos el profesor dice más adelante:
"La Iglesia unió al Apóstol Pablo y al Santo Apóstol y Evangelista Mateo.
Para el primero, Cristo era el fin de la Ley; para el Apóstol Mateo, Cristo era
el fundador de la nueva Ley. La Iglesia estaba de acuerdo con la moralidad del
Apóstol Santiago (Jacobo) y con el misticismo del apóstol San Juan Evangelista.
Si en el primer siglo tuvieron lugar estas divergencias, de igual forma debe
haber lugar ahora en la Iglesia para una mayor diversidad de expresiones. Esta
diversificación pertenece a la esencia del organismo de la Iglesia". El
profesor Craig menciona premeditadamente estos distintos dones del Espíritu
Santo como divergencias de los apóstoles, cuando en realidad nunca las hubo.
El profesor
John Gregg no agrega nada más, tan sólo suprime de la manera más abrupta los
límites de la Iglesia de Cristo, llamándola una Gran Iglesia, la que incluye a
todos los cristianos de distintas orientaciones.
Un profesor de teología dogmática de la Universidad de Basilea, Karl
Bart, conocido pro-comunista, quien en el mismo año de 1948, en una de sus conferencias
afirmaba que "la única esperanza de los cristianos para sobrevivir en
esta época es la búsqueda de caminos que amalgamen la corriente más activa de
la actualidad con el comunismo mundial", critica de manera muy realista
al mundo protestante, pero lamentablemente su crítica la aplica a todo el
cristianismo, desconociendo totalmente a la Ortodoxia y su vida de bendiciones. "La
Biblia - dice él -, el catecismo, el dogmatismo, la disciplina de la Iglesia,
la liturgia, el sermón y los sacramentos son piezas de museo". Él ve la
única salvación en la vivificación de la Iglesia dentro del movimiento
ecumenista. O. J. Florovsky también paga su tributo al ecumenismo diciendo,
como los demás profesores, que la Iglesia no se definió a sí misma, no elaboró
su propia definición teológica, no tiene su propia definición, no se conoce a
sí misma.
Con esto,
quieren expresar que para la definición de la Iglesia no se encontró ninguna
fórmula, pero el padre Florovsky debió decir honestamente que para ningún dogma
existe una fórmula. Hay enseñanzas de la Santa Iglesia sobre cada dogma, como
así también del mismo dogma de la Iglesia, pero no hay ninguna fórmula como en
las ciencias exactas (matemática, química y física). Al establecer el hecho de
la ausencia de toda fórmula, los ecumenistas piensan que tienen todo el derecho
de crear su propia interpretación sobre la Iglesia y la formulan como la
síntesis de todas las Iglesias existentes. Así es como un sacerdote ortodoxo sirvió
a la idea del ecumenismo, pecando insidiosamente con este pensamiento
deshonesto.
La segunda
reunión de Evanstone desde el punto de vista ecuménico fue la más descolorida.
Su finalidad era tratar de unir a todas las iglesias que se acercaron a ellos,
luego de destruir el dogma de la verdadera Iglesia, o como ellos la llaman,
"la Iglesia histórica". Las exposiciones de la Conferencia de
Evanstone, fueron de poco interés, sin contenido. Fueron, más bien, la
repetición de las mismas ideas formuladas en Amsterdam. Se analizaron las
enseñanzas de todas las iglesias cristianas y de cada una de aquellas se
extrajo la parte por la cual ellas participaban de esa "Gran Iglesia"
universal ecuménica.
Hay que
destacar, sin embargo, un hecho interesante sucedido en esa oportunidad. Por
primera vez se criticó al comunismo desde el punto de vista cristiano, aunque
ello fue, aparentemente, una fina estrategia de los dirigentes de la
Conferencia para provocar a los comunistas de Moscú. La maniobra fue exitosa,
ya que para la siguiente oportunidad los comunistas obligaron al desdichado
Patriarcado de Moscú a participar, a fin de que por boca de los jerarcas se
evitase que los cristianos de todo el mundo allí reunidos, discutan acerca de
la persecución al cristianismo (de esta manera se defendería, aunque no
abiertamente, el régimen comunista).
Si prestamos
atención a la forma en que el Patriarcado de Moscú contestó a la invitación
para tomar parte en la conferencia ecuménica, nos convenceremos de que su
participación en la de Nueva Delhi fue por obediencia esclavizante hacia el
partido comunista.
En 1948 el concilio de Moscú encargó al presbítero G. Rasumovsky, la
contestación a la invitación. Este es el texto de la respuesta: "La Iglesia Ortodoxa Rusa no
intervino y no intervendrá en ninguna conferencia ecuménica. Aún dudamos en
definir las causas por las cuales los representantes de la Iglesia de Constantinopla
no se negaron a participar en ella, donde las reuniones se acompañan con una
plegaria en común. ¿Tal vez el Patriarcado de Constantinopla haya olvidado su
honor primordial, la defensa de los cánones de la Iglesia Ortodoxa, y no
mantuvo su autoridad?..."
Continúa el
Padre Rasumovsky, luego de presentar citas de informes ecuménicos, declarando
que el ecumenismo es un verdadero Pentecostés Universal: "La Iglesia Ortodoxa Rusa siempre
enseñó y sigue enseñando que Pentecostés, es decir, el descenso del Espíritu
Santo ya se produjo y los cristianos no deben aguardar una nueva aparición del
Espíritu Santo, sino la Gloriosa llegada de Jesucristo. El menoscabo del
significado del único sacrificio de Jesucristo y las predicciones sobre la
futura ’tercer hora', en la cual se va a revelar el esperado reino del Espíritu
Santo, es propio de la enseñanza de masones y sectarios, y la profecía sobre un
nuevo y esperado Pentecostés Universal, es só- lo~un antiguo eco de los
sermones falsos de estos incitadores".
La resolución
concluye con estas palabras: "Informamos
al Concilio Mundial de Iglesias , en respuesta a su invitación, para todos
nosotros de formar parte de la Asamblea de Amsterdam en calidad de miembros,
que todas las iglesias ortodoxas participantes en el presente Concilio se ven
obligadas a negarse a intervenir en el Movimiento Ecuménico
contemporáneo".
La resolución
fue firmada por los titulares de las iglesias rusa, georgiana, serbia, rumana,
búlgara, polaca, albana y checoslovaca y también por los de las iglesias de
Antioquía y Alejandría.
Después de tamaña resolución destructora, por parte del Patriarcado de Moscú,
en relación con el Concilio Mundial de Iglesias, puede entenderse el júbilo de
los integrantes de la conferencia de Nueva Delhi, cuando recibieron a los
miembros del Patriarcado de Moscú y junto con ellos a las iglesias rumana,
búlgara y polaca. En 1968, del mismo modo entró al CMI la Iglesia Serbia. De
esta manera, todas las iglesias ortodoxas, salvo nuestra Iglesia Rusa en el
Exilio, figuran como miembros del movimiento ecuménico. Con respecto a la
ortodoxia, el Concilio Mundial de Iglesias concluyó su ciclo de actividades.
Todo el bloque comunista, encabezado por el Patriarca de Moscú, ya está
representado. Todas las mentiras del mundo fueron reunidas. Se creó en la
conferencia de Nueva Delhi, por primera vez en la historia de la humanidad, un
frente común de todas las herejías y mentiras. En el
Consejo Mundial de Iglesias, como en un centro determinado, se juntaron y
unieron todos los sacrilegios, errores y contras a la Verdad a lo largo de toda la historia espiritual de la
humanidad, desde Caín y Cam hasta Judas el traidor, Karl Marx, el perverso
Freud y todos los actuales, grandes y pequeños sacrílegos de nuestros días. Así
es la sombría apoteosis de la conferencia. Si nos propusiéramos imaginar este
festejo macabro en términos musicales, podríamos ubicarlo bajo los acordes del
"Danza Macabra" de Saint-Saéns.
Finalmente, la
última conferencia en Upsala estableció un slogan con las palabras del
Salvador: "Esto lo creo todo nuevo" Lo que dio a los Santos Padres
una fuente interminable de pensamientos teológicos, en boca de los integrantes
de la conferencia en Upsala fue aplicado exclusivamente para todo tipo de
asuntos sociales, de beneficencia, y hasta a veces, industriales.
Hay que
destacar que en esta conferencia hubo 140 delegados de todas las Iglesias
ortodoxas sin contar a sus consejeros, traductores y secretarios. La delegación
moscovita contaba con 35 delegados entre obispos y sacerdotes, encabezada por
el Metropolitano Nicodemo. La Iglesia Helénica envió esa vez sólo a dos
representantes laicos, pero estos abandonaron la Asamblea antes de finalizar
todas las sesiones. Su comportamiento fue justificado oficialmente, debido a
que hubo incidentes de protesta contra el régimen militar griego por parte de
la juventud sueca. Pero en realidad, la Iglesia griega tiene en cuenta el
continuo aumento del movimiento de los seguidores del viejo estilo; además,
puede agregarse que la mayoría de los delegados ortodoxos, salvo las
excepciones constituidas por los reales apóstatas de la ortodoxia, se sienten
en una posición incómoda en todas las sesiones ecuménicas. Teniendo en cuenta
esto, puede afirmarse que aquellos dos delegados helenos estaban contentos de
abandonar la Asamblea bajo aquel buen pretexto.
No estaría de más subrayar, con qué cuidado se maneja el movimiento
ecuménico con respecto a los delegados ortodoxos Dándose cuenta desde la
primera conferencia, de que los delegados ortodoxos no están cómodos y que no
pueden brindarse por entero al ecumenismo y siempre tienen en su fuero íntimo
ese remordimiento de conciencia por su obligada participación dentro de aquél,
el manejo de casi todas las Iglesias ortodoxas presentes en el congreso de
Upsala fue muy sutil para poder acostumbrar, domesticar y finalmente llevar a
esa conciencia ortodoxa aún no acallada a su aleación en la fragua ecuménica.
A pesar de que
en esta oportunidad, en Upsala, se reunió la mayor cantidad de delegados
ortodoxos, no hubo ninguna participación de ellos en todas las reuniones en común.
Al distribuir a todos los delegados en distintas comisiones, los trataron de
inducir al ecumenismo por el hecho de tener que firmar todas las resoluciones
en silencio y a conciencia, lo que en este caso, aparentemente, no los hacía
sufrir mucho. Esta se podría llamar, la política del adormecimiento de la
conciencia.
Desde la misma
apertura de la Asamblea en Upsala fue leída una plegaria ecuménica que decía lo
siguiente: "Oh Dios, Padre, puedes crear todo nuevo. Nos ponemos a Tu
disposición, ayúdanos a vivir para los demás, ya que Tu amor se extiende a todas
las personas, a buscar la Verdad, la que no hemos alcanzado..." ¡¿Cómo se
sentirían los ortodoxos al escuchar estas últimas palabras?! Sería curioso ver
las caras de los jerarcas ortodoxos quienes junto con todos los protestantes,
sectarios y católicos romanos, que también estaban representados esa vez,
declararon - escuchados por todos - que ellos no conocen la Verdad. Cada uno
de nuestros sacerdotes, de cualquier pueblito, hasta el más humilde, conoce la
Verdad y la experimenta, al estar frente al altar de Dios y rezando a Él en fe
y verdad. Hasta la "Revista del Patriarcado de Moscú" totalmente
censurada por el partido comunista, no se atrevió a traducir cabalmente las
palabras de la plegaria: la palabra truth, la tradujo como
verdad. Sin embargo, todos comprendieron perfectamente, que justamente en esta
parte del texto de la plegaria, sin ningún otro doble sentido, se habla de La
Verdad.
Quizá los
jerarcas ortodoxos recurrieron en el momento
de la apertura de la conferencia a la vieja práctica jesuítica de
"reservatio mentalis", pero en ese caso, si esos delegados no confiesan
su participación en la oración de los herejes, puede considerárseles en un
camino errado: el de la exclusión de la Verdadera Ortodoxia.
Después de
revelar el sentido de cada una de las cuatro conferencias ecuménicas,
observemos con detenimiento al inspirador, es decir al mismo ecumenismo, para
ver los contornos de este fenómeno.
El ecumenismo
es la herejía de todas las herejías, porque hasta ahora, todas las herejías por
separado, trataban de ubicarse en el lugar de la verdadera Iglesia, pero el
movimiento ecuménico al unir todas las herejías, las invita, a todas ellas, a
que se las con sidere como a la única y verdadera Iglesia. Aquí se encuentra la
antigua herejía arriana, monofisita, monotelita, iconoclasta, pelagiana y
simplemente todas las creencias erradas bajo otros nombres totalmente distintos
se han juntado y dan batalla contra la verdadera Iglesia. Este fenómeno es sin
duda, de carácter apocalíptico. El diablo luchó en forma sistemática contra la
Verdad de Cristo siguiendo el orden expresado en el Credo de Nicea y así llegó
a la última parte del Credo, la más importante y vital: "creo en Una Santa
Iglesia, Católica y Apostólica". Nosotros decimos la más importante porque
todas las verdades que están expuestas en la última parte del Credo se ponen en
práctica, en vida, en la Iglesia de Cristo, la cual nos muestra no sólo la
Enseñanza verdadera de la ortodoxia, sino también que con la fuerza de la
Gracia se puede dar vida a esas verdades y nutrirse de ellas. Como dice en su
trabajo el Arzobispo Hilarión "El cristianismo no existe fuera de la
Iglesia", no es una ilusión respecto a la Iglesia, sino la vida en Cristo.
El ecumenismo,
que trata de destruir los límites de la Iglesia de Cristo, no tiene ningún
límite. Ya se habla no sólo de unificar a todos los cristianos, sino también a
los hebreos, porque to dos los que habitan en la tierra son miembros de la
Iglesia.
El mismo Karl
Bart predice el final cercano del "Corpus Cristianum" diciendo que
"hemos entrado en la época del final de los tiempos, cuando se despliega
la última fase de la historia con respecto a la relación entre Dios y el
hombre, y no va a terminar con el terrible juicio, como enseña la Iglesia
Ortodoxa, sino con una pacificación general que se va a manifestar entre Dios y
todas las criaturas".
Si observamos la vida interior de todas las iglesias protestantes
buscando la causa que produce el ecumenismo, entonces veremos dos corrientes de
pensamiento y forma de vida. La mayoría de las sociedades protestantes ya han
puesto fin a su enseñanza herética y no sintiendo en sí ningún estímulo para
encontrar en su religión nuevamente su fuerza centrífuga, se rinden ante el
ecumenismo. Se manifiestan totalmente indiferentes a su concepción del mundo
conseguido con sangre y sufrimiento y en realidad presentan una masa de gente
indolente hacia Cristo.
Hay otro
aspecto contrario que se presenta a veces, pero siempre es reducido, o se da en
individuos aislados dentro del mundo protestante que por simple instinto de
conservación no quieren diluirse en la masa impersonal y sin sangre, y
transformarse en un cadáver del cristianismo occidental anterior. Para éstos
últimos, los sabios del ecumenismo adoptan la fina táctica del pescador, lanzan
la tanza hacia alguna sociedad libre, para después atraerlos a la orilla
mortal del ecumenismo.
Para nosotros
los ortodoxos, nos son más cercanos los cristianos, aunque estén errados, pero
aún firmes dentro de su fe, o los que aún tienen algún indicio de vida.
El ecumenismo,
en el plano de la teología, no afronta ninguna crítica cualquiera que sea, ya
que trata de esquivar su propia dogmática. Se propaga no en profundidad, sino a
lo ancho, en los estratos de las herejías que llegan a su fin, pero lo sostiene
una fuerza misteriosa que permanece en la sombra. Detrás de él hay una potencia
material con una astuta política financiera, que ofrece ayuda con sus dones a
alguna conciencia titubeante o a la que aún no ha perdido su sensibilidad.
En su
estructura exterior, el Consejo Mundial de Iglesias es muy semejante a la Liga
de las Naciones o a la actual organización de las Naciones Unidas con su
secretario general. Sin ninguna intención de señalar los tiempos y los plazos,
que se encuentran en la Mano de Dios, se puede suponer solamente que el Anticristo
va a encabezar ambas organizaciones, pero el Consejo Mundial de Iglesias le va
a resultar más próximo y lo va a emparentar más.
Conclusiones y resoluciones
El ecumenismo está ahora a las puertas de nuestra Iglesia. Todas las
iglesias ortodoxas locales se hicieron miembros de él, la última fue la Iglesia
Serbia, que fue aceptada en 1968. Si hasta este momento, el ecumenismo no fue peligroso,
ahora la situación ha cambiado un tanto, ya que nosotros somos la única Iglesia
que no forma parte del C. M. I., y probablemente van a ser usadas para con
nosotros otras tácticas especiales. Tenemos que estar preparados. Sin duda
alguna van a producir una fuerte presión en la masa de nuestro pueblo creyente,
entre quienes aparecerán muchas almas que se rendirán; unos, engañados por la
idea de las unificación, temiendo su propia soledad; otros, seducidos por las
ventajas, mejor posición, en una palabra: tentados por el becerro de oro.
Como hemos
señalado anteriormente, el movimiento ecumenista fue organizado con una
concepción de vida seudo-cristiana, con un total desinterés hacia sus verdades,
en el seno de YMCA, YWCA, el scoutismo y demás organizaciones semejantes; de
igual manera actuó para la debilitación espiritual, la enseñanza escolástica
en las escuelas ortodoxas, una enseñanza desalmada, fría, una observación
especulativa en detalle de las verdades de la enseñanza cristiana, donde estaba
ausente totalmente la faz moral de cada dogma. La enseñanza moral de cada
dogma es lo que entusiasma, lo que más interesa y anima, lo que sacude el alma
de igual manera tanto en un seminarista, un fiel creyente, un estudioso como en
una persona común. Sin ese aspecto moral de cada dogma, toda la ciencia
teológica pierde terreno y se transforma en una disciplina de sociedad, y la
menos interesante, ya que, comparada con la física o química, que tratan de
algo concreto, palpable, aquella en cambio, no alcanza a demostrar su parte
moral en cada dogma al pobre seminarista. Como resultado de esta enseñanza
teológica pudieron salir del seminario personajes como Stalin, Micoyan y
seguramente un número grande de chekistas. El pobre profesor de teología dogmática
ni sospechaba que preparaba al futuro monstruo. Tampoco era él el culpable.
Pues en aquel entonces así era el Sistema y lo sigue siendo inclusive en la
actualidad. Ahora en nuestro seminario de la Santísima Trinidad, la teología
dogmática se vivifica, se transforma en fuerza, exclusivamente gracias al
ambiente de gracia del monasterio, su denuedo en la oración y abstinencia.
Si el ecumenismo va a llenar sus filas con cristianos ortodoxos
indiferentes a las verdades de nuestras enseñanzas, la culpa de ese desinterés
va a ser exclusivamente nuestra. Nos es sumamente imprescindible leer el
prólogo de I. F. Samarin, sobre los trabajos teológicos de A. S. Jomiakov, en
donde se critica tan despiadadamente nuestra enseñanza de la teología.
Los Santos
Padres intercalaron a propósito el Símbolo de la fe, del Concilio de Nicea y
Constantinopla, dentro de la Santa Liturgia y dentro de otros oficios diurnos,
como una plegaria para unir en esa abreviación ideal, toda la enseñanza
ortodoxa así cabalmente expresada; en forma real con nuestra alma, hacer vida
el Símbolo de la fe, y no una enseñanza abstracta. Los Santos Padres nos
enseñan con esto, que con el Señor, Nuestro Dios, ha de establecerse una
relación únicamente por medio de la plegaria, que no se puede razonar sólo con
nuestro intelecto, pero sí en contemplación con todas las fuerzas de nuestra
alma - la mente, el corazón y la voluntad - en la plegaria y la fe. Este
Símbolo de la fe no es nuestra declaración de fe, no es un memorándum sobre la
fe, pero es un denuedo de oración de todas las fuerzas de nuestra alma.
Ya es hora de
incluir en todos los manuales de teología dogmática, en los rasgos
característicos del dogma cristiano ortodoxo, en la religiosidad y la
revelación divina la devoción a las plegarias, con el fin de unir todos los
dogmas espontáneamente con nuestra alma. La teología dogmática del
Archimandrita Silvestre en su definición de dogma, peca justamente por su
carácter especulativo. Cuando los Santos Padres nos manifiestan sus enseñanzas
lo hacen sinceramente, dándose por entero, consustanciados con la plegaria.
Todo su pensamiento lo han elaborado, se puede decir, mediante rezos y
contemplación y no por silogismos de una mente analítica. En el aprendizaje
racional de un dogma, practicado en todos nuestros seminarios y academias, se
esconde un fino orgullo entrelazado junto con un fino brote de sacrilegio.
Recuerdo como uno de los alumnos del metropolitano Antonio, luego de una charla
inspiradora del gran maestro (Aba) acerca del dogma de la Santísima Trinidad,
exclamó: "Vladika, luego de su explicación del dogma uno quiere llorar
enternecidamente".
Con el
intelecto solamente se puede llegar al sacrilegio y observando detenidamente
las santas verdades uno, sin saberlo, se puede encontrar en una mesa redonda
con protestantes en su diálogo acerca de Dios.
La fuerza de la
plegaria, en nuestra fe por la verdad dogmática es, por sí misma, la fuente de
la fuerza moral de todo dogma.
Esto es de tal manera cierto que, si en nuestra plegaria nosotros creemos
en la omnipotencia Divina, entonces, por la misericordia Divina a nuestra
súplica, nos vestimos de la fuerza
Divina tanto cuanto nos es accesible. Si nosotros creemos en la omnividencia
Divina, entonces percibimos, por la misericordia Divina, y a medida que nos
vamos purificando, la certeza, la sabiduría y el raciocinio. Entonces pues, de
cada verdad dogmática nosotros recibimos los dones del Espíritu Santo. En
otras palabras, del acertado denuedo de la fe y la oración depende nuestra
vida correcta, vida en Cristo y vida en la Iglesia.
Nosotros
creemos, asimismo, en Una, Santa, Católica (Universal) y Apostólica Iglesia, y
mientras tanto aseveramos, despreocupadamente, que en otras iglesias existen
los misterios de la Eucaristía y el, Bautismo ¡¿Dónde está entonces nuestra fe
en la Única, es decir, la exclusivamente Única Iglesia, que es la única que
conserva todos los sacramentos?!
Pero aquí les propongo otro punto de la resolución. Nosotros tenemos que
erradicar ese cierto ecumenismo de escolares que, por suerte, penetró tan sólo
en nuestro intelecto. Digo sólo escolar y mental, porque a ningún ortodoxo en
sus cabales, se le ocurriría comulgar en una Iglesia protestante o católica
romana, y eso no sucede porque, orgánicamente, conocen con certeza inequívoca
que no hay una Comunión santa en ninguna parte salvo en la Iglesia de Cristo.
No sucede así con nuestra clase intelectual y pensante. En ella hay tal
discordancia y variedad de errores que se puede decir, sin temor a equivocarse,
que no hay dos personas que piensen igual. Se pueden encontrar a damas
exaltadas, que equiparan a San Serafín de Sarov con Santa Teresa, o a gente que
practica el yoga considerándolo como un denuedo cristiano. Unos consideran que
los sacramentos son válidos en todas las religiones cristianas, otros sólo
consideran que el Bautismo es válido pero no así el misterio de la Eucaristía.
No hay manera de enumerar todos esos errores. Es una mezcla de opiniones. Lo
más trágico es que todos estos errores existen gracias a que nuestras viejas
nociones escolares, son compartidas aún hoy por algunos de nuestros sacerdotes.
Ya está totalmente olvidado lo manifestado por los Santos Padres: "Toda
comunión con los herejes es comida para los diablos". Y si no existe la
santa Comunión, entonces tampoco puede existir ningún otro misterio, ya que
Dios Espíritu Santo desciende en todos los misterios, en mérito a Cristo hecho
Hombre, por su condición de ser Dios y Hombre. El Santo Sacramentó de los
Sacramentos es la Eucaristía que es el misterio de Dios hecho Hombre.
En este caso
tendríamos que asimilar el punto de vista ortodoxo sobre la concepción del
mundo sin ningún compromiso. Es el siguiente: existe Dios, existe Su Única,
Santa y Apostólica Iglesia y existe toda la humanidad, todo llamado hacia Dios
a través de Su Santa Iglesia. Todas las demás religiones, así llamadas
cristianas, monoteístas o paganas, todas sin la más mínima excepción; sea el
catolicismo, el protestantismo, el islamismo o el budismo - son todos escollos
puestos por el demonio así como sus trabas entre la Iglesia de Cristo y toda la
humanidad. Salvo en sus relaciones personales con otras religiones, con el fin
de criticar en el nivel cultural, podemos observar a unos como los capaces de
ser ortodoxos y a otros como los más alejados; pero en principio, todos sin
exclusión, pertenecen a la mentira; sin tener nada en común con la verdad. Acá
sería oportuno recordar la visión de San Macario de Egipto; iba el diablo a
tentar a los hermanos (monjes) y le colgaban muchos recipientes. El gran
asceta le preguntó: - ¿A dónde vas?. Satanás le contesta: - Voy a visitar a los
hermanos. - ¿Para qué tienes tantos recipientes? - le pregunta nuevamente el
santo. El diablo le contesta: - Le llevo comida a los hermanos. El starets le pregunta:
- ¿Y todos contienen comida? - Sí - contestaba Satanás; - si a uno no le gusta
una comida, le daré otra; y si ésta tampoco, alguna otra. Así pues, todas estas
religiones son las que recibieron comida del diablo: aquí está presente el
fino encanto de Francisco de Asís y al lado está el nirvana y cerca está
Mahoma, Lutero, Calvino, Enrique VIII, con el gusto correspondiente en sus
"comidas".
¿Cómo podemos
luchar contra el ecumenismo exitosamente si nosotros mismos nos encontramos a
menudo con nuestros pensamientos bifurcados y no poseemos una concepción ortodoxa
del mundo, ni tampoco palpamos la santa exclusividad, la calidad de única de la
Santa Iglesia Ortodoxa? Para dirigir a nuestra juventud, esa bifurcación tiene
una acción nefasta sobre las jóvenes almas.
Hay que considerar que toda falta de éxito en el trabajo con la juventud,
en un 50%, hay que adjudicarla a nuestra inseguridad pecaminosa con respecto a
la Verdad. Es inherente a la juventud el heroísmo, la sinceridad, el impulso
hacia la Verdad y para los jóvenes no es aceptable la idea de la Verdad
salpicada en distintas religiones.
Finalmente,
como último punto de esta resolución hay que señalar la necesidad de que en
cada una de las catedrales de nuestra Iglesia, en la Semana de la Ortodoxia se
celebre el oficio del Festejo
Solemne del Triunfo de la Ortodoxia, el que conmueve a los creyentes y les
inspira una sensación real de la santidad e incolumidad de la Iglesia Ortodoxa.
Durante este
oficio las caras de los presentes que rezan se ven conmovidos por una cierta
alegría estremecedora del presentimiento de la victoria final de la Iglesia de
Cristo por sobre el mal. Me permitiré llamar a ese oficio, como un misterio de
renovación espiritual, un misterio de afianzamiento de la verdad.
Finalizando mi
observación, quiero destacar, que mi descripción del movimiento ecumenista en
términos tan negativos, se debe a que traté de observar desde el punto de vista
ortodoxo, este asunto diabólico tan actual y candente. Sin embargo, los representantes
del ecumenismo, a pesar de tener ideas tan nocivas, permanecen siendo personas
débiles y limitadas y quizá Satanás odia más, justamente a estas personas,
porque dentro de sus limitaciones de esencia humana, al orgullo ilimitado de
Satanás, le hacen recordar las propias limitaciones de su maldad
plenidestructora.
No queriendo,
con mis palabras dañar en lo más mínimo al quehacer del amor, considero que
debemos en principio, no tener compromiso alguno con el ecumenismo, el mal más
actual, pero en encuentros personales que son inevitables, debemos ser siempre
los verdaderos discípulos del Hijo de Dios, el Dios del amor.
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