martes, 3 de marzo de 2026

EL SIGNIFICADO DEL 666; LA MARCA DE LA BESTIA - Vladimir Moss

(Texto extraído del libro de Vladimir Moss Apocalypse the book of the end



Apocalipsis 13.18. Aquí hay sabiduría. El que tiene entendimiento, cuente el número de la bestia, pues es número de hombre. Y su número es seiscientos sesenta y seis. (666)

«Es el número de un hombre, para que no supongamos, según la opinión de algunos, que él sea un diablo o un demonio, sino uno de entre los hombres, en quien Satanás habitará enteramente de modo corporal.»
(san Beda el Venerable).

«Desde la antigüedad se han hecho muchos intentos por descubrir el significado de estas palabras, pero ninguno ha llevado a una conclusión definitiva. Muy a menudo se ha intentado descubrir el nombre del Anticristo combinando las letras cuyo valor numérico corresponde al número. Por ejemplo, según la conjetura de San Ireneo de Lyon, el número de la bestia — 666 — surge al sumar los valores numéricos de las letras del nombre “Latinos”[1] o “Titán”.

Algunos han encontrado el número de la bestia en el nombre de Juliano el Apóstata; intérpretes posteriores lo han visto en el título del Papa de Roma —Vicarius Filii Dei, Vicario del Hijo de Dios —; en el nombre Napoleón, etc. Nuestros cismáticos intentaron extraer el número 666 del nombre del patriarca Nikon.

Reflexionando sobre el nombre del Anticristo, San Andrés de Cesarea dice: “Si fuera necesario conocer su nombre, el vidente lo habría revelado; pero no agradó a la gracia de Dios que este nombre funesto fuese escrito en el Libro Divino”.

Si se sigue este procedimiento, entonces, según la opinión de San Hipólito de Roma, pueden encontrarse muchos nombres, tanto propios como comunes, que corresponden a este número».[2] (Arzobispo Averky)

San Irineo escribió: «“y esa cifra es seicientos sesenta y seis" (Ap 13,14-18), es decir, seis centenas, seis decenas y seis unidades, para recapitular toda su apostasía que se ha fabricado durante seis mil años[3] (…) [por lo tanto] No nos arriesgaremos, sin embargo, a pronunciarnos con certeza acerca del nombre del Anticristo; porque si hubiera sido necesario que su nombre fuese revelado claramente en el tiempo presente, lo habría anunciado aquel que contempló la visión apocalíptica (…)[4]

Pero ahora ha dado a conocer el numero del nombre, para que tomemos precauciones contra el que ha de venir, sabiendo quien es; pero calló su nombre porque no es digno de ser anunciado por el Espíritu Santo.»[5]

San Irineo continua[6]: «Por eso, en la bestia que ha de venir, tendrá lugar la recapitulación de toda iniquidad y de todo engaño, a fin de que todo el poder de la apostasía, confluyendo en ella y encerrado en ella, sea arrojado al estanque de fuego (Ap. 19:20). Es justo, pues, que el número de la bestia sea el 666 (Ap. 13:18), porque recapitula en sí toda la maldad que se desencadenó antes del diluvio a causa de la apostasía de los ángeles (Gn. 6:1ss) -porque Noé tenía 600 años cuando el diluvio vino sobre la tierra y destruyó a los seres vivientes de ella, a causa de la generación perversa de Noé (Gn. 7:6) y para recapitular también todo error idolátrico posterior al diluvio y la muerte de los profetas y el suplicio del fuego infligido a los justos-; porque la estatua erigida por Nabucodonosor tenía sesenta codos de altura y seis codos de anchura, y a causa de ella Ananías, Azarías y Misael, por no adorarla, fueron arrojados al horno de fuego ardiente (Dn. 3:1, 20), pronosticando, por lo que les ocurrió, la prueba de fuego que habían de sufrir los justos en el fin de los tiempos; esta estatua, toda entera, fue, en efecto, un símbolo de la venida de aquél, que tratará de hacerse adorar él sólo por todos los hombres sin excepción.

Así pues, los seiscientos años de Noé, en cuyo tiempo tuvo lugar el diluvio a causa de la apostasía, y el número de codos de la estatua, a causa de la cual fueron arrojados los justos al horno de fuego, significa el número 666 del nombre de este hombre, en quien será recapitulada toda la apostasía, injusticia, iniquidad, falsa profecía y engaño de 6000 años de duración, a causa de los cuales sobre vendrá también el diluvio de fuego.»[7]

El número seis está asociado con la idea de completitud, ya que el mundo fue creado en seis días, y también con el hombre, puesto que el propio hombre fue creado en el sexto día. Sin embargo, el hombre también cayó en el sexto día y en la sexta hora, por lo que también significa apostasía: la apostasía de la humanidad antes del diluvio que alcanzó su culminación en el año seiscientos de Noé.

Así, «seiscientos significa el ferviente afán por el pecado mediante el mal uso de la creación realizada en seis días, y también que en el año seiscientos de Noé la tierra fue inundada». (san Andrés de Cesarea)

Después del diluvio, el hombre volvió a apostatar, y esta apostasía alcanzó su culminación cuando Cristo fue crucificado en el sexto día y en la sexta hora, razón por la cual hubo oscuridad sobre la tierra desde la sexta hasta la novena hora (Marcos 15:33). Pero la apostasía del hombre en general, y de la raza judía en particular, alcanzará un grado todavía mayor durante el reinado del Anticristo. Por ello puede decirse que el número 666 significa las tres etapas de la apostasía del hombre: desde la caída de Adán, pasando por la Crucifixión de Cristo, hasta la tiranía del Anticristo.

Sin embargo, el número siete significa el descanso de las obras de la naturaleza caída y la reversión de la apostasía; ya que Cristo, al reposar en el sepulcro y descender a los infiernos en el séptimo día, destruyó las obras del diablo.[8]

Finalmente, el octavo día representa la venida de la eternidad y la salvación final, la santificación y la transfiguración de la naturaleza. Pues Cristo resucitó de entre los muertos en el octavo día, y el valor numérico del nombre «Jesús», que significa «Salvador», es 888.[9]

Recientemente, la atención se ha centrado en el hecho de que en varios países existe tecnología capaz de grabar información en forma del número 666 en la mano derecha o en la frente de cada ciudadano. Asi escribe P. Budzilovich:

«En los Estados Unidos, – líder en la edificación del ‘Nuevo Orden Mundial’ – ya se han realizado todas las preparaciones técnicas para alcanzar el control global. La Agencia de Seguridad Nacional dispone ya de una computadora extremadamente potente creada especialmente para este fin (Texe Marr, Project LUCID – the Beast Universal Human Control System, Austin, TX, 1996). La creación de esta computadora y del software matemático necesario se ha llevado a cabo dentro de un proyecto con el nombre en clave ‘Project LUCID’ (LUCID significa luminoso, resplandeciente; de ahí ‘Lucifer’, Satanás — portador de luz). También han desarrollado medios para “colocar la marca” de la bestia: microcircuitos biológicos destinados a ser implantados en la mano derecha o en la cabeza. Según el boletín Phoenix Letter de marzo de 1997, los gobiernos de Dinamarca, Filipinas y Trinidad habrían iniciado medidas para introducir estos microcircuitos con el fin de verificar la identidad de sus ciudadanos, citando el supuesto éxito de este programa en los Estados Unidos, donde — según se afirma — estos trabajos se llevan a cabo en secreto. Los microcircuitos almacenarían información completa sobre sus portadores: fotografías, huellas dactilares, registros biométricos, datos financieros, información médica, etc. Cada individuo recibiría un número único de registro, que se propone conste de 18 dígitos divididos en tres grupos de seis, formando así la cifra 666.»[10]

Asimismo, el 22 de noviembre de 2003 se presentó en París un nuevo producto de la empresa “Caspian”: un chip de pago RFIC implantable. La fundadora y exdirectora de la empresa, Katherine Albrecht, escribe: «El chip ‘VeriPay’ contiene un número de identificación único asociado con el individuo en cuyo cuerpo se encuentra implantado. Este número de identificación único puede vincularse a una tarjeta de crédito u otro método de pago y ser comunicado a los comerciantes simplemente acercando la parte del cuerpo donde está implantado el chip a un lector RFIC o dispositivo de venta. (…)

Aunque no está claro qué parte del cuerpo tiene prevista la empresa para la implantación del chip de pago, mi suposición es que la parte superior del brazo —donde actualmente se implanta el producto “Verichip” de la compañía — resultaría demasiado incómoda para acercarla a un dispositivo lector. Es más probable que el chip se implante en la mano o en la muñeca de la persona para facilitar el sistema de pago “wave and go”, que actualmente es posible con el sistema de reloj de pulsera Mobil Speedpass-Timex.»[11]

En los tiempos recientes se han desarrollado chips de Identificación por Radiofrecuencia (RFID) que pueden insertarse bajo la piel y que permiten rastrear a una persona en cualquier lugar. Aun más recientemente, una empresa llamada Somark ha desarrollado un tatuaje de tinta que incorpora tecnología RFID.

De este modo, un número o marca equivalente impreso o tatuado en el cuerpo — y quizá escaneado mediante satélites — podría ser interpretado como la marca otorgada por la segunda bestia, es decir, por la falsa ciencia.

En este contexto es digna de consideración la siguiente observación: «Cuando se desea contactar a alguien en Internet, se escriben las tres letras “www”. Es notable que en la transliteración internacional la letra “w” represente la letra hebrea vav. Y vav, la sexta letra del alfabeto hebreo, corresponde al número 6. Así, en cierto sentido, al escribir “www” se introduce el equivalente hebreo de ‘666’. Desde hace tiempo sabemos que el Anticristo necesitará un sistema universal de comunicaciones para llevar a cabo sus designios malvados. Hoy existe uno que parece llevar sus iniciales.»[12]

Otra hipótesis interesante es que 666 sea el equivalente numérico de las letras hebreas que componen la expresión «Rey de los judíos».[13]

Sin embargo, con respecto a todas estas interpretaciones debemos recordar las palabras del obispo Fotio de Triaditsa: «Son innumerables las teorías acerca del significado secreto del número “666”. Pero pocos abordan estas cuestiones con humildad, profundidad de pensamiento y verdadera espiritualidad. Quien entiende que la marca de la bestia está, lamentablemente, grabada en nuestros corazones no se inquietará ni se alarmará esperando su aparición en algún cambio en los documentos oficiales o en los pasaportes que un gobierno pueda emitir.

Más bien dirigirá toda su atención a descubrir esa marca en el corazón, donde está perversamente inscrita. (…)

Sospecho que pocos fieles ortodoxos se dan cuenta de que sus preocupaciones y preguntas obsesivas — “¿Cómo será la marca? ¿No será lo último en tecnología, algún microchip electrónico?” — proceden en realidad de textos protestantes y de la teología fundamentalista protestante. Este tipo de especulación no pertenece al corazón de la Iglesia Ortodoxa ni al consenso teológico de los Santos Padres.

La verdad es que no sabemos qué forma tomará la Marca de la Bestia. ¿Será un procedimiento tecnológico? ¿O quizá uno de los ritos de las falsas religiones del mundo futuro? ¿Tal vez un rito que imite blasfemamente el sacramento cristiano de la Crismación? Simplemente no lo sabemos.

Lo único que debemos comprender es esto: ninguna acción externa ni ninguna protección externa puede garantizar que permaneceremos fieles a nuestro Señor. La fuerza de esta marca solo será neutralizada por nuestra conciencia y nuestra voluntad. Será impotente en la medida en que estemos dispuestos a vivir en un estado permanente de vigilancia espiritual y de lucha incansable contra el pecado, manteniendo nuestra fidelidad a Cristo incluso cuando caigamos repetidas veces o lo traicionemos con nuestros pensamientos, sentimientos, palabras u obras.

Ninguna protesta, ninguna organización ni ningún recurso terrenal dirigidos contra los pasaportes o contra el símbolo “666” — que se dice, por ejemplo, que aparece en los pasaportes rusos — nos salvarán de la difusión de esta Marca de la Bestia. Nuestro único objetivo debe ser conservar nuestra fidelidad al espíritu de los Padres y a la Tradición de la Ortodoxia.»[14]

Habiendo asimilado esta saludable advertencia, volvemos a nuestra investigación — pero no en busca de explicaciones tecnológicas de la Marca basadas en especulaciones protestantes, sino en fuentes puramente ortodoxas de tiempos modernos.

Una de las teorías afirma que el número “666” describe la llamada “Estrella de David”, que probablemente debe identificarse con la “estrella de Renfán” mencionada por el profeta Amós (5:26–27). El rey Manasés de Judá introdujo el culto de los dioses fenicios Baal (también llamado Moloc), el dios solar, al cual se ofrecían en sacrificio total niños menores de seis años, y el de su consorte Astarté, diosa del amor y de la guerra, cuyo culto iba acompañado de prostitución sagrada en los templos.

Sus representaciones suelen aparecer acompañadas por el hexagrama de seis puntas, hoy conocido como Estrella de David — aunque no guarda relación con el rey David ni con el verdadero Israel. La figura puede interpretarse como dos triángulos entrelazados que representarían la unión sexual de las divinidades masculina y femenina, cuyo culto probablemente fue introducido en Israel desde Babilonia por medio de Fenicia…[15]

En la época moderna esta interpretación fue introducida, en vísperas de la revolución, por Serguéi Nilus, confesor de la llamada Iglesia de las Catacumbas y primer editor de Los Protocolos de los Sabios de Sión.

Nilus sostenía que el número 6 precede al número 7 y, por ello, puede simbolizar el tiempo anterior al comienzo del mundo, representado por el número 7. En consecuencia, la edad de Satanás — quien se rebeló contra Dios antes de la creación del mundo — estaría representada por el número 6. Y continuaba afirmando:

«El símbolo o sello del misterio de la piedad — de la salvación por medio del Señor Jesucristo — es la venerable Cruz del Señor. El significado y el poder de este sello son conocidos por todo cristiano, por toda la raza cristiana.

El símbolo o sello del misterio de la iniquidad — del diablo que combate contra Dios — así como su significado y su poder (aunque ilusorio), deben ser conocidos por todo judío, por todo el pueblo judío y, por medio de él, por la Masonería, como aliada del judaísmo. Su sello será también el sello de su rey y dios anticristo, que todavía no es, pero que será en un futuro cercano. (…)

Pero ¿existe realmente entre los judíos y los masones tal símbolo, tal sello? (...)

La estrella de seis puntas, compuesta por dos triángulos iguales y equiláteros entrelazados… Cada uno de los triángulos tiene tres lados, tres ángulos y tres vértices. En consecuencia, en los dos triángulos habrá seis lados, seis ángulos y seis vértices (…)

En el sello del Anticristo, por tanto, el número seis se repite tres veces, es decir, 666; lo cual, por temor a los judíos (Juan 19,38), y para el lector que comprende (Mateo 24,15) el simbolismo del misterio, podría haber sido expresado por el vidente de los misterios escribiéndolo como seiscientos sesenta y seis (…)

Esta estrella es verdaderamente un símbolo tan sagrado para el judío (y por lo tanto para el masón) como lo es para el cristiano el signo de la Cruz vivificante.

Este sello, que es sagrado para el judaísmo, recibe en el ritual de los oficios judíos el nombre de ‘Mochin-Dovid’, que significa ‘Escudo de David’. Lo colocan en la tumba de todo judío creyente como señal de su comunión con su “dios” más allá de la muerte. (…)

Los masones y las ramas del árbol masónico — los teósofos, los ocultistas, los espiritistas, los gnósticos, etc. — atribuyen a este sello un significado igualmente sagrado, aunque bajo otro nombre. Se le llama “Sello de Salomón” o el “Tetragrámaton” cabalístico.

Así pues, el símbolo o sello de la judeo-masonería, la sinagoga de Satanás de los apóstatas de Cristo y del kahal judío, es el “tetragrámaton” de la Cábala.

Si el sello de aquellos que están preparando un reino para el anticristo es el “tetragrámaton de Salomón” o “Mochin Dovid”, ¿no está claro que será también el sello del propio Anticristo?

¿Acaso alguno de los que creen en Cristo renunciará a la Cruz del Señor? ¿Aceptará reemplazarla por otro símbolo?

De ningún modo.

Tampoco los judíos ni los masones renunciarán a su sello, hasta que Israel se convierta y contemple a Aquel a quien traspasaron.»[16]

¿Cuál es la relación entre la estrella de seis puntas y la estrella de cinco puntas?
En primer lugar, la primera se dibuja como la segunda por comodidad al dibujarse. Pero, más importante aún, la estrella de cinco puntas fue desde épocas tempranas un símbolo del sionismo y, más recientemente, del comunismo, cuya relación entre sí y con el Anticristo es clara. [17]

Así, quienes acepten el sello del Anticristo — la estrella de seis puntas o «escudo de David» — estarán proclamando de manera muy directa al falso Mesías de los judíos, «el hijo de David», como su rey, y renunciando al verdadero Mesías e Hijo de David, Jesucristo.[18]

San Nilo el Miróforo dice: «Cuando el Anticristo coloque su marca sobre las personas, sus corazones se volverán como muertos. En el tiempo de la calamidad profetizada, el Anticristo comenzará a marcar a las personas con su sello, como si por medio de esta marca quisiera salvarlas de la desgracia; pues aquellos que tengan esta marca, según el Apocalipsis, podrán comprar pan.

Muchos estarán muriendo en los caminos. La gente se volverá como aves de rapiña que atacan carroña y devorarán cadáveres. Pero ¿qué personas devorarán a los muertos? Aquellos que estén marcados con la marca del Anticristo.

Puesto que los cristianos no tendrán la marca, no podrán recibir ni comprar pan y no devorarán a los muertos; pero aquellos que estén marcados, aunque puedan comprar pan, devorarán a los muertos. Porque cuando un hombre es marcado con esta marca, su corazón se vuelve insensible; incapaces de soportar el hambre, las personas se llevarán los cadáveres y, sentándose al borde de cualquier camino, los devorarán.

Finalmente, el que haya sido marcado por el Anticristo será él mismo condenado a muerte; y sobre la marca estarán escritas las siguientes palabras:

“Yo soy tuyo”.
“Sí, tú eres mío”.
“Voy por mi propia voluntad, no por coacción”.
“Y yo te recibo por tu propia voluntad, no por coacción”.

Estas cuatro frases o inscripciones aparecerán en el centro de esa marca maldita.»[19]



Icono de san Nilo del Monte Athos (1601 - 1651) o también conocido como san Nilus el miròforo ("vertedor de mirra"), en las ultimas décadas se han hecho muy populares en internet sus profecías, atribuidas falsamente a san Nilo de Ancira, santo del siglo V. También en círculos ortodoxos algunos han objetado la veracidad de que san Nilo de Monte Athos haya realizado tales profecías, considerándolas apócrifas (esto se debe en parte a que las profecías fueron realizadas en tiempo en el que este santo habito en la esta tierra, pero fueron descubiertas a fines del siglo XIX), pero la tradición rusa y la veterocalendarista griega las considera como verdaderas. 


«¿Por qué — pregunta el P. Oleg Molenko — el Anticristo, que posee gran poder, exigirá precisamente una aceptación voluntaria de su inscripción? Porque él, en su loca audacia y orgullo, querrá mostrarse como si fuera el verdadero Dios, y que las personas lo adoren y se sometan a él, la bestia (y así también a Satanás), de manera consciente y voluntaria, y que también hayan abandonado al verdadero Dios voluntariamente. Mediante este “voluntarismo”, al ser preferido por encima del verdadero Dios, pretende consolidar su poder sobre los hombres como si estuviera fundado en la base ‘legal’ del derecho democrático de elección. ¡Mirad a qué conducirá la democracia y el derecho de elección a muchas personas! (…)

Las tres alternativas relacionadas con la compra pueden explicarse desde un punto de vista práctico. La inscripción misma será puesta sobre la piel de la mano derecha o sobre la piel de la frente, invisible a simple vista, mediante un láser u otro instrumento técnico moderno. Será algo semejante a las tarjetas plásticas actuales, solo que en lugar del plástico se utilizará la piel humana en esos lugares.

Por lo tanto, todas las demás representaciones (códigos de barras, etc.) en otros objetos, fuera de la frente y de la mano derecha, no tienen ninguna relación con la marca del Anticristo ni poseen importancia alguna. La elección de la frente y de la mano derecha no será casual, aunque todo se presentará bajo el pretexto de la comodidad y la utilidad. En realidad, se hará para privar al hombre del poder del signo de la cruz y de la misma posibilidad de santiguarse.

Por eso la aceptación de la inscripción de la bestia será también una herejía enemiga de la cruz. (…)

La marca en la piel, además de llevar la inscripción con el nombre de la bestia y el número de su nombre (que será lo único que dará derecho a comprar y vender), también podrá contener información sobre cuentas bancarias y otros datos. En ese caso, la inscripción podría funcionar como dinero — del mismo modo que hoy funcionan las tarjetas bancarias —, ya que toda la información sobre el adorador de la bestia estará almacenada en ella. Para la bestia, el falso profeta y sus servicios especiales, esto representará una excelente oportunidad para ejercer un control total sobre las personas que acepten la inscripción. (…) Las compras, sin embargo, también podrán realizarse desde casa mediante pedidos o por internet. En estos casos, el nombre de la bestia (por ejemplo, en cheques que no serán válidos sin ese nombre) o el número de su nombre podrán utilizarse para efectuar compras por internet o por teléfono.»[20]

Estas especulaciones acerca del significado del número son interesantes y quizá no estén muy lejos de la verdad, pero no dejan de ser eso: especulaciones. Debe subrayarse, como nos recuerda San Gregorio Palamás[21], que ningún número es malo por sí mismo, pues toda la creación — y por lo tanto todos los números — fue creada buena por Dios. Un número solo se vuelve malo cuando su aceptación está ligada a la apostasía de Cristo.

En otras palabras, no es el número 666 en sí mismo el que destruye el alma, sino la apostasía de Cristo, que es la condición para recibir la marca de ese número y los beneficios materiales que la acompañan. Pensar de otra manera —e s decir, suponer que el número 666 es malo en sí mismo — es caer en la superstición. Por lo tanto, incluso si aceptamos que el número 666 está vinculado a cierta tecnología informática o láser, todavía necesitamos saber qué significa el número para comprender verdaderamente qué es lo que destruye el alma y por qué debe evitarse a toda costa. Porque lo que es malo no es el número en sí, sino el fin para el cual se utiliza.

¿Cómo será utilizado? Sabemos por los Santos Padres que la marca será usada como señal de que la persona marcada acepta voluntaria y conscientemente y cree en el Anticristo. Así profetizó San Nilo el Miróforo del Monte Athos:

«sobre la marca estarán escritas las siguientes palabras:

“Yo soy tuyo”.
“Sí, tú eres mío”.
“Voy por mi propia voluntad, no por coacción”.
“Y yo te recibo por tu propia voluntad, no por coacción”.

Estas cuatro frases o inscripciones aparecerán en el centro de esa marca maldita.»

Ahora bien, ¿ha descubierto alguien que estas cuatro inscripciones se encuentren en algún dispositivo tecnológico moderno? Hasta donde sabe el autor de estas líneas, la respuesta a esa pregunta es: no. En cualquier caso, tales inscripciones no tienen sentido antes de la aparición del propio Anticristo. Pues ¿qué significa «yo soy tuyo» si no sabemos quién es ese «tú»?

De ello se sigue que antes de la aparición real del Anticristo, y de la aceptación voluntaria y consciente por parte de la gente de él como el verdadero Rey de los judíos y Dios, la profecía no puede cumplirse.

Al mismo tiempo, la aparición de esta tecnología es sin duda una señal de los tiempos (Mateo 16:3), una señal de que nos acercamos al fin y de que debemos prepararnos espiritualmente para la venida del Anticristo.



[1] Nota de traductor – Por ejemplo, la palabra en griego koiné ΛΑΤΕΙΝΟΣ (Lateinos).

La primera letra de esta palabra, lambda (Λ), tiene en el sistema de numeración griego antiguo, (también llamado sistema jónico, en el que las letras del alfabeto se utilizaban también como números) el valor de 30.
La segunda letra, alfa (Α), tiene el valor de 1.
La tercera letra, tau (Τ), tiene el valor de 300.
La cuarta letra, épsilon (Ε), tiene el valor de 5.
La quinta letra, iota (Ι), tiene el valor de 10.
La sexta letra, nu (Ν), tiene el valor de 50.
La séptima letra, ómicron (Ο), tiene el valor de 70.
Y la última, la sigma (Σ), tiene el valor de 200.

La suma de estos valores da:

30 + 1 + 300 + 5 + 10 + 50 + 70 + 200 = 666.

[2] Así, si se asignan a las letras del alfabeto latino valores numéricos que son múltiplos de seis (A = 6, B = 12, etc.), se obtienen las siguientes palabras como equivalentes a 666: “Computer”, “Mark of Beast”, “Diluvium” (la palabra latina para “diluvio”) y “New York”.

[3] San Irineo de Lyon, Contra las herejias. V. 28 3

[4] Ibid. V. 30

[5] Ibid. V, 28, 30.

[6] Nota de traductor – Aqui Vladimir Moss se confunde, el texto que sigue no es una cita de san Jeronimo como figura en el texto original sino de san Irineo de Lyon, quien sigue exponiendo mas adelante en su Contra Herejes sobre el asunto.

[7] N. de T. – san Irineo de Lyon; Contra las herejias V, 29

[8] El P. Stefan Krasovitsky escribe:
«Si el número 6 significa la perfección de la creación, entonces el número 7, que simboliza el día del reposo de Dios, significa la Presencia de Dios, es decir, el Sentido de la perfección, su significado, su centro, que permanece en reposo, pero sin el cual todo lo que debe estar a su alrededor queda privado de sentido…
Y es por esto que el número 666 significa autoperfección en tres etapas:

1.       la personalidad;

2.       “la Iglesia del Anticristo”;

3.       la personalidad del Anticristo».
(“El número ‘666’”, Straight Path, Nº 1 (3), 1992, en ruso).

 

[9] Archimandrita Emmanuel Kalyva, La marca del Anticristo, Atenas, 1989, capítulo 5 (en griego).

[10] «¿El Nuevo Orden Mundial en el año 2000?» Orthodox Russia, Nº 9 (1582), 1/14 de mayo de 1997, p. 5 (en ruso). Véanse también numerosos números de la revista de los zelotes athonitas San Agatángelos de Esfigmenou (en griego).

 

Tim Willard, editor de la revista Futurist, se refiere al biochip en los siguientes términos:

«La tecnología detrás de un implante de biochip como este es bastante simple y, con algunos perfeccionamientos, podría emplearse en diversas aplicaciones humanas. Podría asignarse un número al nacer que acompañara a la persona durante toda su vida. Lo más probable es que el implante se colocara en el dorso de la mano derecha o izquierda para que pudiera escanearse fácilmente en las tiendas. Así bastaría con escanear la mano para cargar automáticamente el pago a la cuenta bancaria».

(Light for the Last Days, enero-marzo de 1997, págs. 4 y 5).

 

[11] Katherine Albrecht, mensaje enviado a la lista de correo Orthodoxjurisdictions, “IT’S HERE. VeriPay, implantable RFID payment chip, unveiled today…”, 22 de noviembre de 2003 (publicado en la lista el 24 de noviembre de 2003).

[12] George Spruksts, “666 & the World Wide Web”, Orthodox@listserv. indiana.edu, 15 de septiembre de 1997.

[13] archiprieste Boris Molchanoff, “Antichrist”, Orthodox Life, Mayo-Junio de 1980, págs. 26-27.

[14] obispo Fotios, “Faithfulness to Christ Will Save Us From the Mark of the Beast”, Orthodox Tradition, vol. XXVII, no. 1, 2010, págs. 11 y 12.

[15] Véase Elena Samborskaya, «Revelación sobre la estrella. El misterio del hexagrama», Sagrada Escritura, 11 de octubre de 2015,
http://holyscripture.ru/creative/?t=helena_samborskaya&b=hexagram. (en ruso)

[16] Nilus, Está cerca, a las mismas puertas, Sergiev Posad, 1917, pp. 262-263, 248-250 (en ruso).

[17] Ivan Marchevsky, Una perspectiva apocalíptica sobre el fin de los tiempos en una síntesis patrística, Sofía: «Unión Monárquico-Conservadora», 1994, págs. 168 y 169. (en búlgaro).

[18] El Talmud interpreta el versículo de Libro de Ezequiel: «Mi siervo David será rey sobre ellos» (37:24) en el sentido de que debe ser del linaje de David, «el hijo de David». Esto también lo afirma el último de los Protocolos, que dice que él será «el sostén de la humanidad en la persona del señor supremo de todo el mundo, de la santa descendencia de David».

En enero de 2005 un grupo de 71 estudiosos judíos que se autodenominó Sanedrín se reunió para discutir la creación de una monarquía judía en el Estado de Israel. Concluyeron que el rabino Yosef Dayan, de Psagot, tenía el linaje más cercano al rey David. La reunión también discutió la construcción de un altar en el Monte del Templo para ser utilizado en una ofrenda pascual (Yaakov Katz, “Hear ye, hear ye: Sanhedrin seeks David’s scion as king”, The Jerusalem Post, 12 de enero de 2005).

[19] San Nilo el vertedor de mirra, citado en el libro del archimandrita Pantaleimon, A ray of light. págs. 80 y 81. Jordanville, Estados Unidos. 1996.

[20] Molenko, http://www.omolenko.com/texts/tolk13_6.htm (en ruso).

[21] San Gregorio Palamás, P.G. 151, 224; E.P.E. 9, 492. Citado en Kalyva, op. cit., pág 86.

EL SIGNIFICADO DEL FENOMENO OVNI - padre Serafin Rose

Este escrito corresponde a un fragmento de libro del padre Serafín Rose La Ortodoxia y la Religión del Futuro, en concreto es el capitulo final de una serie de capítulos donde el padre Serafín analiza el fenómeno OVNI. En este ultimo capitulo al respecto de este asunto titulado El significado de los fenómenos OVNI se extraen sus conclusiones y enseñanzas al respecto de lo que había expuesto en los capítulos anteriores.


Entonces, ¿cuál es el significado del fenómeno OVNI de nuestro tiempo? ¿Por qué han aparecido justamente en este momento de la historia? ¿Cuál es su mensaje y hacia qué futuro apuntan?

En primer lugar, los fenómenos OVNI constituyen solamente una parte de una vertiginosa avalancha de eventos “paranormales”, lo que hace tan solo unos años la mayoría de las personas habría considerado como “milagros”. El Dr. Vallée, en The Invisible College, expresa la apreciación secular de este hecho al afirmar que «observaciones de eventos inusuales repentinamente surgen en nuestro entorno por miles», causando «un cambio general en los patrones de creencias del hombre, de toda su relación con el concepto de lo invisible». Según él, «algo le está sucediendo a la conciencia humana»; la misma «fuerza poderosa que ha influido en la raza humana en el pasado vuelve a influir en ella ahora». En lenguaje cristiano, esto significa que un nuevo derramamiento demoníaco está siendo desatado sobre la humanidad.

Desde el punto de vista apocalíptico cristiano puede comprenderse que el poder que hasta ahora había refrenado la manifestación final y más terrible de la actividad demoníaca en la tierra ha sido quitado. El gobierno cristiano ortodoxo y el orden público —cuyo principal representante en la tierra era el emperador ortodoxo— y la cosmovisión cristiana ortodoxa ya no existen como un todo coherente. Satanás ha sido “desatado de su prisión”, donde había sido mantenido por la gracia de la Iglesia de Cristo con el fin de «engañar a las naciones» y prepararlas para adorar al Anticristo en el fin de los tiempos.

Quizás como nunca desde el comienzo de la era cristiana, los demonios han aparecido tan abierta y ampliamente como hoy. La teoría de los “visitantes del espacio exterior” no es más que uno de los pretextos que están utilizando para lograr que se acepte la idea de que “seres superiores” vendrán ahora a hacerse cargo del destino de la humanidad.

En segundo lugar, los OVNIs constituyen la más reciente de las técnicas mediúmnicas mediante las cuales el diablo obtiene iniciados en su reino oculto. Son una señal terrible de que el hombre se ha vuelto susceptible a la influencia demoníaca como nunca antes en la era cristiana. En el siglo XIX era necesario buscar oscuras salas de espiritismo para entrar en contacto con los demonios; hoy basta con mirar al cielo —generalmente de noche—. La humanidad ha perdido lo que quedaba de la comprensión cristiana básica y ahora se pone pasivamente a disposición de cualquier “poder” que pueda descender del cielo.

La película Encuentros cercanos del tercer tipo constituye una revelación impactante de lo supersticioso que se ha vuelto el hombre “poscristiano”, preparado para creer al instante y seguir incondicionalmente a demonios apenas disfrazados hacia donde sea que quieran llevarlo.

En tercer lugar, el “mensaje” de los OVNIs puede resumirse así: prepárate para el Anticristo, el “salvador” del mundo apóstata que vendrá a gobernarlo. Quizás él mismo vendrá en el aire, para completar su imitación de Cristo (Mateo 24:30; Hechos 1:11); tal vez solo los “visitantes del espacio exterior” aterrizarán públicamente para ofrecer la adoración “cósmica” de su maestro; quizá el “fuego del cielo” (Apoc. 13:13) sea solo una parte de los grandes espectáculos demoníacos de los últimos tiempos. De cualquier modo, el mensaje para la humanidad contemporánea parece ser este: esperar la liberación no de la revelación cristiana y la fe en un Dios invisible, sino de los vehículos que descienden del cielo.

Una de las señales de los últimos tiempos es que «habrá grandes terremotos en diversos lugares, hambres y pestilencias; y habrá terror y grandes señales del cielo».

Incluso hace muchos años el obispo san Ignacio Brianchaninov, en su libro Sobre los milagros y los signos, comentaba el fenómeno del creciente deseo de milagros en la sociedad contemporánea. Observaba «el esfuerzo que se puede encontrar en la sociedad cristiana contemporánea por ver milagros e incluso realizar milagros». Tal esfuerzo, afirmaba, revela «autoengaño fundado en la autoestima y la vanagloria que habitan en el alma».

Los verdaderos taumaturgos han disminuido y prácticamente se han extinguido, pero la gente «tiene más sed de milagros que nunca». Según él, nos estamos acercando gradualmente al tiempo en que se abrirá una vasta arena para numerosos y sorprendentes falsos milagros, destinados a atraer a la perdición a quienes serán seducidos y engañados por ellos.

Algo de especial interés para los investigadores de OVNIs son «los milagros del Anticristo que se manifestarán principalmente en el reino aéreo, donde Satanás tiene principalmente sus dominios». Las señales podrán percibirse sobre todo por el sentido de la vista, encantando y engañando al hombre. San Juan el Teólogo, contemplando en la Revelación los acontecimientos que precederán al fin del mundo, dice que el Anticristo realizará grandes señales e incluso hará descender fuego del cielo sobre la tierra a la vista de los hombres. Este es el signo señalado por la Escritura como el más grande de los signos del Anticristo, y el lugar donde acontecerá es el aire: será un espectáculo espléndido y terrible.

Por esta razón san Simeón el Nuevo Teólogo advierte que quien se esfuerza en la oración rara vez debe mirar al cielo, por temor a los espíritus malignos que producen muchos y diversos engaños en el aire.

Los hombres no comprenderán que los milagros del Anticristo no tienen un propósito bueno ni racional; carecen de significado verdadero, están llenos de mentira y constituyen una especie de espectáculo monstruoso y engañoso destinado a asombrar, confundir, engañar y seducir mediante una fascinación vacía y pomposa.

Todas las manifestaciones demoníacas tienen esta característica: es peligroso incluso prestarles la más mínima atención. Darles alguna importancia, aun sin simpatía por ellas, puede dejar en el alma una impresión dañina y someter a la persona a una seria tentación.

Miles de “contactados” OVNI e incluso simples testigos han experimentado la terrible verdad de estas palabras; pocos han escapado una vez que se han involucrado profundamente.

Incluso algunos investigadores seculares del fenómeno OVNI han advertido sobre sus peligros. John Keel, por ejemplo, escribió que incursionar en el estudio de los OVNIs puede ser tan peligroso como incursionar en la magia negra. El fenómeno se alimenta de los neuróticos, los crédulos y los inmaduros, y puede desembocar en esquizofrenia paranoide, demonomanía e incluso suicidio. Una leve curiosidad puede convertirse en una obsesión destructiva.

En otra ocasión el obispo Ignacio Brianchaninov registró con asombro y aprensión la visión de un simple herrero ruso en un pueblo cercano a San Petersburgo, en los albores de la era actual de incredulidad y revolución. A plena luz del día el hombre vio una multitud de demonios en forma humana sentados en las ramas de los árboles del bosque, vestidos con ropas extrañas y gorros puntiagudos, cantando con instrumentos musicales extraños una canción espantosa: «¡Han llegado nuestros años, hágase nuestra voluntad!».

Vivimos cerca del final de esta terrible era de triunfo demoníaco, cuando los misteriosos “humanoides” —otra de las máscaras de los demonios— se han hecho visibles para miles de personas y, mediante sus absurdos encuentros, se apoderan de las almas de aquellos de quienes la gracia divina se ha apartado.

El fenómeno OVNI constituye, por tanto, una señal para que los cristianos ortodoxos caminen con mayor cautela y sobriedad por el camino de la salvación, sabiendo que pueden ser tentados y seducidos no solo por religiones falsas, sino incluso por objetos aparentemente físicos que simplemente llaman la atención.

En siglos anteriores los cristianos eran muy cautelosos frente a fenómenos nuevos y extraños, conscientes de las artimañas del diablo. Pero después de la era moderna de la Ilustración la mayoría de la gente se ha vuelto meramente curiosa acerca de tales cosas e incluso las persigue, relegando al diablo a un mero reino imaginario. Comprender la naturaleza de los OVNIs puede ayudar a despertar a los cristianos ortodoxos hacia una vida espiritual consciente y una cosmovisión ortodoxa que no siga fácilmente las ideas de moda de nuestra época.

El cristiano ortodoxo consciente vive en un mundo claramente caído. Tanto la tierra como las estrellas están igualmente lejos del paraíso perdido por el que lucha. Es parte de una humanidad que sufre, descendiente del único Adán, el primer hombre, y necesitada de la redención ofrecida gratuitamente por el Hijo de Dios mediante su sacrificio salvífico en la Cruz.

El cristiano ortodoxo sabe que el hombre no debe “evolucionar” hacia algo “superior”, ni tiene razón para creer que existen seres “altamente evolucionados” en otros planetas. Pero sabe también que en el universo existen inteligencias superiores distintas de él mismo: unas sirven a Dios —los ángeles— y otras lo han rechazado y se esfuerzan por arrastrar al hombre a su desgracia —los demonios—.

Sabe asimismo que el hombre, por amor propio y debilidad, se inclina fácilmente a seguir el error y a creer en “cuentos de hadas” que prometen contacto con estados o seres superiores sin la lucha de la vida cristiana. Por ello, desconfiando de su propia capacidad para discernir los engaños demoníacos, se aferra firmemente a las directrices bíblicas y patrísticas que la Iglesia de Cristo proporciona para su vida.

Tal persona tiene la posibilidad de resistir la religión del futuro, la religión del Anticristo, cualquiera sea la forma en que se presente. El resto de la humanidad, salvo por un milagro de Dios, está perdida.


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sábado, 14 de febrero de 2026

COMO LEER EL LIBRO DEL GENESIS - p. Serafín Rose



1.             Una aproximación

 

En cierto sentido, ninguno de nosotros sabe como abordar este libro, nuestras mentes se han llenado con tantas teorías y hechos supuestos fundados en la ciencia y la filosofía modernas sobre los orígenes del hombre y del universo que inevitablemente llegamos a este libro con nociones preconcebidas.

Algunos quieren que concuerde con sus teorías científicas particulares; otros buscan que entre en discrepancia con las suyas. Tanto unos como otros suponen que el texto encierra un contenido científico; pero hay quienes lo ven únicamente como poesía, un producto de la imaginación religiosa, ajeno por completo al ámbito de la ciencia.

La cuestión central que provoca nuestras dificultades para comprender este libro es: ¿hasta qué punto debemos leerlo “literalmente”?

Otros, algunos fundamentalistas protestantes nos dicen que todo es (o prácticamente todo es) “literal”. Pero semejante postura nos coloca ante dificultades imposibles: dejando de lado nuestra interpretación literal o no literal de diversos pasajes, la propia naturaleza de la realidad que se describe en los primeros capítulos del Génesis (la creación misma de todas las cosas) hace que sea completamente imposible que todo sea entendido “literalmente”; ni siquiera tenemos palabras, por ejemplo, para describir “literalmente” cómo algo pueda surgir de la nada.

¿Cómo es que “habla” Dios? ¿Produce un sonido que resuena en una atmósfera que todavía no existe? Esta explicación es, obviamente, un tanto demasiado simple: la realidad es más compleja.

Luego está el extremo opuesto. Algunas personas quisieran interpretar este libro (al menos los primeros capítulos, que presentan la mayor dificultad) como una alegoría, una manera poética de describir algo que en realidad está mucho más cerca de nuestra experiencia. Pensadores católicos romanos, por ejemplo, en años recientes han ideado algunos modos ingeniosos de “explicar” el Paraíso y la caída del hombre; pero al leer estas interpretaciones se tiene la impresión de que muestran tan poco respeto por el texto del Génesis que lo tratan como un comentario primitivo sobre ciertas teorías científicas recientes. Esto también es un extremo. San Juan Damasceno, el Padre del siglo VIII cuyas opiniones, por lo general, resumen la postura patrística de los primeros siglos cristianos, afirma explícitamente que la interpretación alegórica del Paraíso forma parte de una herejía temprana y no pertenece a la Iglesia.¹

Hoy en día se encuentra con frecuencia una vía de escape común entre estas dos posturas. Recientemente la declaración de una monja católica romana (que además es docente) fue difundida ampliamente bajo el título: «Dios ayudó a crear la evolución». Ella afirma:

«El relato bíblico de la creación tiene una finalidad religiosa. Contiene, pero no enseña, errores. La teoría evolutiva de la creación, en cambio, tiene una finalidad científica, y la búsqueda de la verdad es competencia de astrónomos, geólogos, biólogos y otros especialistas. Estos dos propósitos son distintos, y ambos ofrecen verdad a la mente y al corazón humanos»

Sostiene además que el Génesis procede de tradiciones orales que estaban limitadas por las concepciones científicas de aquella época.

Según esta postura, el Génesis pertenece a una categoría, y la verdad o la realidad científica a otra; el Génesis tiene poco o nada que ver con la verdad de ningún tipo, ya sea literal o alegórica. Por lo tanto, en realidad no sería necesario reflexionar sobre la cuestión: uno lee el Génesis para edificación espiritual o como poesía, y los científicos le dirán lo que necesita saber acerca de los hechos relativos al origen del mundo y del hombre.

en términos reales, equivale a no considerar la cuestión en absoluto, pues no toma al Génesis con seriedad. El objetivo fundamental de nuestro estudio del Génesis es, por el contrario, tomarlo en serio, y ver lo que lo que efectivamente dice. Ninguno de los enfoques señalados permite hacerlo. Debemos, por tanto, buscar en otro lugar la “clave” para la comprensión del Génesis.

Al acercarnos al Génesis debemos procurar evitar escollos como los que hemos mencionado más arriba mediante un cierto grado de autoconciencia: ¿qué clase de prejuicios o predisposiciones podemos tener al aproximarnos al texto?

Ya hemos señalado que algunos de nosotros pueden estar demasiado ansiosos por hacer que el significado del Génesis concuerde (o discrepe) con alguna teoría científica particular. Expresemos un principio más general acerca de cómo, con nuestra mentalidad del siglo XX, tendemos a proceder en este sentido. En reacción al extremo literalismo de nuestra perspectiva científica (un literalismo que es exigido por la propia naturaleza de la ciencia), cuando nos volvemos hacia textos no científicos de literatura o de teología, estamos muy predispuestos a buscar significados no literales o “universales”. Y esto es natural: queremos evitar que estos textos parezcan ridículos a los ojos de quienes han sido formados científicamente. Pero debemos darnos cuenta de que, con esta predisposición, a menudo saltamos a conclusiones que en realidad no hemos reflexionado con la debida seriedad.

Para tomar un ejemplo evidente: cuando oímos hablar de los “Seis Días” de la creación, la mayoría de nosotros ajusta automáticamente esos días a lo que la ciencia contemporánea enseña acerca del crecimiento y desarrollo gradual de las criaturas. “Deben de ser períodos de tiempo indefinidamente largos —millones o miles de millones de años—”, nos dice nuestra mente del siglo XX; “todos esos estratos geológicos, todos esos fósiles… no podrían haberse formado en un ‘día’ literal”. Y si oímos que un fundamentalista en Texas o en el sur de California insiste una vez más, en voz alta, en que esos días duran exactamente veinticuatro horas y no más, incluso podemos indignarnos y preguntarnos cómo puede la gente ser tan obtusa y anticientífica.

En este curso no pretendo decirles cuánto duraron esos días. Pero creo que deberíamos ser conscientes de que nuestra tendencia natural, casi subconsciente, a considerarlos como períodos indefinidamente largos —pensando de ese modo que hemos resuelto el “problema” que presentan— no es en realidad una respuesta bien pensada a este problema, sino más bien una predisposición o prejuicio que hemos absorbido del ambiente intelectual en el que vivimos. Cuando examinamos estos días con mayor detenimiento, veremos, sin embargo, que toda la cuestión no es tan simple y que nuestra predisposición natural, en este caso como en muchos otros, tiende más a oscurecer que a clarificar la cuestión real.

Examinaremos esta cuestión específica más adelante. Por ahora, quisiera exhortarnos a no estar demasiado seguros de nuestras maneras habituales de mirar el Génesis, y a abrirnos a la sabiduría de los teofóros del pasado, que han dedicado tanto esfuerzo intelectual a comprender el texto del Génesis tal como debía ser entendido. Estos Santos Padres son nuestra clave para comprender el Génesis.


 

 

 

 

2.             Los Santos Padres: nuestra clave para la comprensión del Génesis

 

En los Santos Padres encontramos la “mente de la Iglesia”: la comprensión viva de la revelación de Dios. Ellos son nuestro vínculo entre los textos antiguos que contienen la revelación divina y la realidad actual. Sin este vinculo, cada hombre queda entregado a sí mismo, y de ello nace una miríada de interpretaciones y de sectas.

 

Los comentarios patrísticos sobre el Génesis son abundantes, y esto es ya un signo claro de la importancia extraordinaria que este texto tuvo para los Padres de la Iglesia. Consideremos ahora qué Padres hablaron de él y qué obras escribieron al respecto.

A lo largo de este curso recurriré principalmente a cuatro comentarios de los Padres de la Iglesia antigua. Veamos ahora qué Padres hablaron de este texto y qué obras escribieron.

  1. San Juan Crisóstomo escribió un comentario mayor y otro menor sobre todo el libro del Génesis. El mayor, llamado Homilías sobre el Génesis, fue en realidad un ciclo de lecturas pronunciadas durante la Gran Cuaresma, ya que en ese tiempo el libro del Génesis se lee en la iglesia. Este libro contiene sesenta y siete homilías y tiene unas setecientas páginas. Otro año, san Juan pronunció otras ocho homilías, que comprenden varios cientos de páginas más. También escribió un tratado titulado Sobre la creación del mundo, de más de cien páginas. Así, en san Juan Crisóstomo tenemos mil páginas o más de interpretación del Génesis. Es uno de los principales intérpretes de este libro.
  2. San Efrén el Sirio, aproximadamente contemporáneo de san Juan Crisóstomo, también tiene un comentario sobre todo el libro. En su obra, llamada simplemente Interpretación de los libros de la Biblia, varios cientos de páginas están dedicadas al Génesis. San Efrén es valorado como intérprete del Antiguo Testamento porque conocía el hebreo, era un “oriental” (es decir, poseía una mentalidad oriental) y conocía las ciencias.
  3. San Basilio el Grande pronunció homilías sobre los Seis Días de la creación, llamadas el Hexaemerón, que significa “Seis Días”. Existen otros Hexaemera en la literatura de la Iglesia primitiva, algunos que se remontan al siglo II. El de san Basilio es, podría decirse, el más autorizado. No cubre todo el Génesis, sino solo el primer capítulo. Otro libro suyo que citaremos se llama Sobre el origen del hombre, que es como una continuación del Hexaemerón.
  4. En Occidente, san Ambrosio de Milán leyó las homilías de san Basilio y escribió él mismo homilías sobre los Seis Días. Su Hexaemerón es bastante más extenso, de unas trescientas páginas. San Ambrosio también escribió un libro completo sobre el Paraíso, continuación del Hexaemerón, así como un libro sobre Caín y Abel.

 

Además de estos comentarios básicos, examinaremos una serie de libros que no abarcan todo el Génesis ni todos los Seis Días. Por ejemplo, el hermano de san Basilio, san Gregorio de Nisa, tiene un libro titulado Sobre la creación del hombre, que trata en detalle el final del primer capítulo y el comienzo del segundo capítulo del Génesis.

También he recurrido a exposiciones del dogma ortodoxo. El libro de san Juan Damasceno, Sobre la fe ortodoxa, contiene muchos capítulos sobre cuestiones relativas a los Seis Días, la creación del hombre, la caída, el Paraíso, etc. Los catecismos de la Iglesia primitiva —el Gran Catecismo de san Gregorio de Nisa y las Catequesis de san Cirilo de Jerusalén— también ofrecen algunos detalles sobre estas cuestiones.

Sobre una cuestión específica de la cosmovisión patrística he utilizado los tratados sobre la Resurrección de san Atanasio el Grande, san Gregorio de Nisa y san Ambrosio de Milán.

San Simeón el Nuevo Teólogo ha escrito homilías sobre Adán, la caída y el mundo primitivo, que tenemos en inglés en el libro El pecado de Adán.

Existen también diversos escritos de san Gregorio el Teólogo acerca de la creación del hombre, de la naturaleza humana y del alma. San Macario el Grande, san Abba Doroteo, san Isaac el Sirio y otros autores de la vida ascética hablan con frecuencia de Adán y de la caída. Dado que el objetivo fundamental de la vida ascética es retornar al estado de Adán antes de la caída, escriben acerca de lo que significó la caída, de lo que era el Paraíso y de aquello a lo que intentamos volver.

El bienaventurado Agustín trata el tema del Génesis en La ciudad de Dios; san Gregorio Palamás escribe sobre diversos aspectos en sus obras apologéticas; y san Gregorio del Sinaí escribe también sobre el Paraíso.

(Hay asimismo algunos comentarios posteriores que, lamentablemente, no he visto. Uno es de san Juan de Kronstadt sobre el Hexaemerón, y otro es del metropolita Filareto de Moscú sobre el Génesis).

Estos Padres no nos dan todas las respuestas a las preguntas que podamos tener sobre el Génesis; los leemos más bien para adquirir nuestra actitud frente al Génesis. A veces los Padres pueden parecer contradecirse entre sí o expresarse de un modo que quizá no consideremos muy útil para las cuestiones que tenemos hoy. Por lo tanto, debemos tener algunos principios básicos que gobiernen nuestra comprensión tanto del Génesis como de los Santos Padres.

 

3.              Principios básicos de nuestro enfoque para comprender el Génesis

 

1.         Estamos buscando verdad. Debemos respetar el texto del Génesis lo suficiente como para reconocer que contiene verdad, aun cuando esa verdad pueda parecernos inusual o sorprendente.

Si parece entrar en conflicto con lo que creemos saber por la ciencia, recordemos que Dios es el Autor de toda verdad, y que nada que sea genuinamente verdadero en la Escritura puede contradecir a nada que sea genuinamente verdadero en la ciencia.

2.         La Sagrada Escritura es Divina en inspiración. Examinaremos más adelante con mayor detenimiento qué significa esto; pero, para comenzar, significa que debemos buscar en ella verdades de un orden superior, y que, si encontramos dificultad en comprender algo, debemos sospechar primero de nuestra propia falta de conocimiento antes que de una deficiencia en el texto inspirado.

3.         No debemos apresurarnos a ofrecer nuestras propias explicaciones de los pasajes “difíciles”, sino que bien debemos intentar familiarizarnos primero con lo que los Santos Padres han dicho sobre esos pasajes, reconociendo que ellos poseen una sabiduría espiritual que nosotros no tenemos.

 

4.         Debemos cuidarnos también de la tentación de tomar citas aisladas, fuera de contexto, de los Santos Padres para “probar” un punto que nos gustaría sostener. Por ejemplo, he visto a un ortodoxo que, queriendo demostrar que no había nada “especial” en la creación de Adán, citaba la siguiente afirmación de san Atanasio el Grande: «El primer hombre creado fue hecho de polvo como todos los demás, y la mano que creó a Adán entonces está creando también y siempre a aquellos que vienen después de él».


Esta es una afirmación general sobre la actividad creadora continua de Dios, que nadie pensaría en contradecir. Pero el punto que esta persona quería establecer era que no existía una distinción real entre la creación de todo hombre viviente y la creación del primer hombre, y en particular, que el cuerpo de Adán habría podido formarse por generación natural en el seno de alguna criatura que aún no era plenamente humana. ¿Puede ser utilizada una afirmación de tal índole de manera legitima como una “prueba” en esta cuestión?

Resulta que podemos encontrar un pasaje en las obras de san Atanasio que refuta específicamente esta idea. En otro lugar dice: «Aunque Adán fue formado únicamente de la tierra, en él estaba implicada la sucesión de toda la raza».[1] Aquí él afirma de manera muy específica que Adán fue creado de un modo diferente al de todos los demás hombres, lo cual, como veremos, es en efecto la enseñanza general de los Santos Padres. Por lo tanto, es ilegítimo tomar una sola cita suya y pensar que con ello se prueba, o se abre el camino, a alguna idea predilecta propia. La afirmación general de san Atanasio acerca de la naturaleza del hombre no dice absolutamente nada sobre la naturaleza específica de la creación de Adán.

Un uso indebido de citas de los Santos Padres como este es un tropiezo muy común en nuestros días, cuando las polémicas sobre estos temas suelen ser muy apasionadas. En este curso intentaremos, en la medida de lo posible, evitar tales tropiezos, no imponiendo nuestras propias interpretaciones a los Santos Padres, sino tratando simplemente de ver qué es lo que ellos mismos dicen.

5.         No necesitamos aceptar cada palabra que los Padres escribieron sobre el Génesis; en ocasiones hicieron uso de la ciencia de su tiempo como material ilustrativo, y esa ciencia estaba equivocada en algunos puntos. Pero debemos distinguir cuidadosamente su ciencia de sus afirmaciones teológicas, y debemos respetar su enfoque global, así como sus conclusiones generales y sus intuiciones teológicas.

6.         Si creemos que nosotros mismos podemos añadir algo a la comprensión del texto para nuestros días (quizá basándonos en los hallazgos de la ciencia moderna), que se haga con cautela y con pleno respeto por la integridad del texto del Génesis y por las opiniones de los Santos Padres. Y debemos ser siempre humildes en este intento: la ciencia de nuestros propios días también tiene sus limitaciones y errores; y si nos apoyamos excesivamente en ella, podemos acabar llegando a interpretaciones erradas.

7.         En este curso, en particular, intentaremos primero comprender a los Padres, y solo después ofrecer nuestras propias respuestas a algunas cuestiones, si es que las tenemos.

8.         Finalmente, si es verdad que la ciencia moderna es capaz de arrojar cierta luz sobre la comprensión de al menos algunos pasajes del Génesis — pues no necesitamos negar que en algunas áreas las verdades de estas dos esferas se superponen —, creo que no es menos cierto que la comprensión patrística del Génesis también es capaz de arrojar luz sobre la ciencia moderna y ofrecer indicios sobre cómo entender los hechos de la geología, la paleontología y otras ciencias relacionadas con la historia primitiva de la tierra y de la humanidad. Este estudio puede, por lo tanto, ser fructífero en ambas direcciones.

9.         El objetivo de este curso, sin embargo, no es responder a todas las preguntas sobre el Génesis y la creación, sino, ante todo, inspirar a los cristianos ortodoxos a pensar sobre este tema de una manera más amplia de lo que suele hacerse, sin conformarse con las respuestas simplistas que se oyen con tanta frecuencia.

 

4.             Interpretaciones literales versus simbólicas

 

Esta cuestión constituye un gran obstáculo para nosotros, los hombres modernos, que hemos sido formados con una educación y una cosmovisión “científicas”, las cuales nos han empobrecido en nuestra comprensión de los significados simbólicos en la literatura. Con demasiada frecuencia, como resultado de ello, sacamos conclusiones precipitadas: si existe un significado simbólico en alguna imagen de la Escritura (por ejemplo, el árbol del conocimiento del bien y del mal), estamos muy inclinados a decir: «es solo un símbolo»; la más mínima indicación de un sentido figurado o metafórico suele llevarnos a descartar el sentido literal.

A veces esta actitud puede incluso conducir a conclusiones apresuradas sobre secciones enteras o libros completos de la Escritura: si hay elementos simbólicos o figurativos, por ejemplo, en el relato del Génesis sobre el Jardín del Edén, podemos fácilmente caer en la conclusión de que todo el relato es un “símbolo” o una “alegoría”.

Nuestra clave para comprender el Génesis es esta: ¿cómo entendieron esta cuestión los Santos Padres, específicamente en relación con pasajes concretos, y en general con respecto al libro en su conjunto?

Tomemos algunos ejemplos:

 

1. San Macario el Grande de Egipto, un santo de la vida mística más elevada y a quien ciertamente no se puede sospechar de un enfoque excesivamente literal de la Escritura, escribe sobre Génesis 3,24:

 

«Que el Paraíso fue cerrado y que se ordenó a un Querubín impedir que el hombre entrara en él con una espada flamígera: de esto creemos que, de modo visible, fue en verdad tal como está escrito, y al mismo tiempo encontramos que esto ocurre místicamente en cada alma».[2]

 

Este es un pasaje en el que muchos de nosotros habríamos esperado que tuviera solo un significado místico, pero este gran contemplativo de las realidades Divinas nos asegura que también es verdadero “tal como está escrito”, para quienes sean capaces de verlo así.

 

2. San Gregorio el Teólogo, célebre por sus profundas interpretaciones místicas de la Escritura, dice del árbol del conocimiento del bien y del mal:


«este árbol representaba la contemplación de Dios, cuya posesión era segura sólo para quienes fueran de disposición perfecta. No era bueno, por el contrario, para los demasiado simples ni para los en exceso  deseosos, al igual que no es conveniente una comida completa para 
quienes son todavía pequeños y sólo necesitan leche».[3]


¿Significa esto que consideraba este árbol solo como un símbolo, y no también como un árbol literal? En sus propios escritos no responde claramente a esta cuestión, pero otro gran Santo Padre sí lo hace (pues cuando enseñan la doctrina ortodoxa y no solo expresan opiniones privadas, todos los grandes Padres concuerdan entre sí e incluso se ayudan mutuamente a interpretarse). San Gregorio Palamás, el Padre hesicasta del siglo XIV, comenta este pasaje:

 

«Gregorio el Teólogo ha llamado al árbol del conocimiento del bien y del mal “contemplación” (…) pero no se sigue de ello que lo implicado sea una ilusión o un símbolo sin existencia propia. Pues el divino Máximo (el Confesor) hace también de Moisés el símbolo del juicio, y de Elías el símbolo de la pre-visión. ¿Acaso se supone entonces que tampoco existieron realmente, sino que fueron inventados “simbólicamente”?»[4]

 

3. Estas son interpretaciones concretas. En cuanto a los enfoques generales sobre el carácter “literal” o “simbólico” del texto del Génesis, veamos las palabras de varios otros Santos Padres que escribieron comentarios sobre el Génesis. San Basilio el Grande, en su Hexaemerón, escribe:

 

«Aquellos que no admiten el sentido común de las Escrituras dicen que el agua no es agua, sino otra naturaleza, y explican una planta y un pez según su propia opinión… Pero cuando yo oigo “hierba”, pienso en hierba, y del mismo modo entiendo todo tal como se dice: una planta, un pez, un animal salvaje y un buey. En verdad, “no me avergüenzo del Evangelio” (Rom 1,16)… Algunos han intentado, mediante argumentos falsos e interpretaciones alegóricas, conferir a la Escritura una dignidad propia de su imaginación. Pero esta es la actitud de quien se considera más sabio que las revelaciones del Espíritu e introduce sus propias ideas bajo la apariencia de una explicación. Por tanto, entiéndase tal como ha sido escrito».[5]

 

4. San Efrén el Sirio nos dice de modo semejante en su Comentario al Génesis:

 

«Nadie debe pensar que la Creación de los Seis Días es una alegoría; del mismo modo es inadmisible decir que lo que, según el relato, fue creado en seis días, fue creado en un solo instante, o que ciertos nombres presentados en este relato no signifiquen nada o signifiquen otra cosa. Por el contrario, debemos saber que, así como el cielo y la tierra que fueron creados en el principio son verdaderamente el cielo y la tierra y no otra cosa entendida bajo esos nombres, así también todo lo demás de lo que se habla como creado y ordenado después de la creación del cielo y de la tierra no son nombres vacíos, sino que la esencia misma de las naturalezas creadas corresponde a la fuerza de esos nombres».[6]

 

5. San Juan Crisóstomo, hablando específicamente de los ríos del Paraíso, escribe:

 

«Quizá alguien que ama hablar desde su propia sabiduría tampoco admitirá aquí que los ríos sean verdaderamente ríos, ni que las aguas sean propiamente aguas, sino que infundirá en quienes se dejan escuchar la idea de que ellos (bajo los nombres de ríos y aguas) representaban otra cosa. Pero os ruego: no prestemos atención a esas personas, tapemos nuestros oídos frente a ellas, y creamos en la Divina Escritura; y siguiendo lo que está escrito en ella, esforcémonos por conservar en nuestras almas dogmas sanos».[7]

Esto muestra que los Santos Padres ya se enfrentaban a esta cuestión en su tiempo, en el siglo IV. Eran muchos los que interpretaban el texto del Génesis de modo alegórico, entregándose sin freno a interpretaciones simbólicas y negando que tuviera significado literal alguno, especialmente en lo tocante a los tres primeros capítulos que estudiaremos. Por esta razón, los Santos Padres afirmaron de manera explícita que el texto posee un significado literal, y que es necesario comprender con exactitud cuál es ese significado.

Esto debería bastar para mostrarnos que los Santos Padres que escribieron sobre el Génesis fueron, en general, bastante “literales” en su interpretación del texto, aunque en muchos casos admitieran también un significado simbólico o místico. Existen, por supuesto, en la Escritura, como en toda clase de literatura, metáforas evidentes que nadie en su sano juicio pensaría tomar “literalmente”. Por ejemplo, en el Salmo 103 se dice que “el sol conoce su ocaso”. Con pleno respeto por el texto, no necesitamos creer que el sol tenga conciencia y “sepa” literalmente cuándo debe ponerse; esto es simplemente un recurso normal del lenguaje poético y no debería causarle dificultad a nadie.

Existe, además, un tipo particularmente importante de afirmaciones en la Escritura —abundantemente presentes en el Génesis — que los Santos Padres nos enseñan de manera explícita a no comprender en sentido literal. Se trata de las afirmaciones antropomórficas hechas acerca de Dios, como si fuera un hombre que camina, habla, se enoja, etc. Todas estas afirmaciones debemos entenderlas de un modo “conforme a Dios”; es decir, basándonos en el conocimiento que poseemos, por la enseñanza ortodoxa, de que Dios es puramente espiritual, carece de órganos corporales, y que Sus acciones son descritas en la Escritura según la manera en que se nos manifiestan.

En este punto, los Padres muestran una gran cautela respecto del texto del Génesis. Así, san Juan Crisóstomo afirma:

 

«Cuando oigas que “Dios plantó el Paraíso en Edén, en el oriente”, entiende la expresión “plantó” de manera conforme a Dios, a saber, como un mandato suyo; pero en lo tocante a lo que sigue en el texto, cree con plena certeza que el Paraíso fue creado y que fue creado en el lugar mismo que la Escritura le asigna.»[8]

 

En cuanto a la información “científica” contenida en el libro del Génesis — y dado que habla de la formación del mundo que conocemos —, no puede dejar de haber allí cierta información científica. Contrariamente a una creencia popular, no hay nada “desactualizado” en él. Sus observaciones, ciertamente, están hechas desde el punto de vista de la tierra y en cuanto conciernen a la humanidad; pero no formulan ninguna enseñanza particular, por ejemplo, acerca de la naturaleza de los cuerpos celestes o de sus movimientos relativos. Por ello, el libro puede ser leído por cada generación y comprendido a la luz de su propio conocimiento científico. El descubrimiento, en siglos recientes, de la vastedad del espacio y de la inmensidad de muchos cuerpos celestes no hace sino añadir grandeza, en nuestra mente, al relato simple del Génesis.

Cuando los Santos Padres hablan del Génesis, por supuesto, intentan ilustrarlo con ejemplos tomados de la ciencia natural de su tiempo; hoy nosotros hacemos lo mismo. Todo ese material ilustrativo está abierto a la crítica científica, y parte de él, de hecho, ha quedado obsoleto. Pero el texto mismo del Génesis permanece indemne ante tal crítica, y no podemos sino admirar cuán siempre nuevo y actual resulta para cada generación. Esta misma cualidad caracteriza también al comentario teológico de los Santos Padres sobre el texto.

 

5.              La naturaleza del texto

 

Un último punto importante a considerar antes de abordar el texto del Génesis mismo: ¿qué clase de texto es?

Son bien conocidos los argumentos antirreligiosos dirigidos contra la Escritura, y especialmente contra el Génesis: que sería obra de pueblos atrasados, ignorantes de la ciencia y del mundo; que estaría saturado de mitología primitiva acerca de “dioses creadores” y de seres sobrenaturales; que habría sido tomado íntegramente de la mitología babilónica, y cosas semejantes. Sin embargo, nadie puede comparar seriamente el Génesis con los mitos cosmogónicos de otros pueblos sin quedar impresionado por la sobriedad y la sencillez del relato del Génesis. Los mitos de la creación están llenos de acontecimientos fabulosos y de seres propios de cuentos, que ni siquiera pretenden ser tomados según la letra del texto. No existe comparación posible entre tales escritos y el Génesis; sencillamente, no son comparables.

Con todo, se ha difundido ampliamente una opinión popular — carente de fundamento tanto en la Escritura como en la Tradición de la Iglesia — según la cual Moisés habría escrito el Génesis consultando antiguos relatos de la creación, o limitándose a consignar tradiciones orales transmitidas hasta su tiempo; como si hubiera recopilado y simplificado los relatos que le precedieron. Esto, naturalmente, convertiría al Génesis en una obra de sabiduría y especulación humanas, y haría vano estudiarlo como testimonio verdadero acerca del origen del mundo.

Hay diversas clases de conocimiento, y el conocimiento que procede directamente de Dios es de naturaleza completamente distinta del que surge de las facultades naturales del hombre. San Isaac el Sirio distingue estas clases de conocimiento del siguiente modo:

 

«El conocimiento que concierne a lo visible, o que recibe por medio de los sentidos aquello que procede de lo visible, es llamado natural. El conocimiento que concierne al poder de lo inmaterial y a la naturaleza de las entidades incorpóreas dentro del hombre es llamado espiritual, porque las percepciones son recibidas por el espíritu y no por los sentidos.

Puesto que estos dos tipos de percepciones — las de lo visible y las de lo espiritual— hacen que cada clase de conocimiento llegue al alma desde fuera, así ocurre con ambos.

Pero el conocimiento concedido por el poder divino se llama sobrenatural; es más insondable y es superior al conocimiento. La contemplación de este conocimiento llega al alma no a partir de la materia, que le es externa…, sino que se manifiesta y se revela en las profundidades más íntimas del alma misma, de modo inmaterial, repentino, espontáneo e inesperado, ya que según las palabras de Cristo: «el Reino de Dios está dentro de vosotros» (Lc 17,21).» [9]

 

San Isaac expone en otro lugar cómo, en los hombres que han alcanzado la cumbre de la vida espiritual, el alma puede elevarse hasta la visión del principio de todas las cosas.  Al describir cómo tal alma es arrebatada ante el pensamiento de la futura edad de incorruptibilidad, san Isaac escribe:

 

«Y desde este estado su mente es ya elevada hacia lo que precedió a la formación (composición) del mundo, cuando no existía criatura alguna, ni cielo, ni tierra, ni ángeles, nada de lo que fue traído al ser; y hacía de cómo Dios, únicamente por su buena voluntad, de pronto hizo surgir todas las cosas del no-ser al ser, y todo permanecía ante Él en perfección.» [10]

 

Así, puede creerse que Moisés y los cronistas posteriores hicieron uso de documentos escritos y de la tradición oral cuando se trataba de consignar los hechos y la cronología de los patriarcas y reyes históricos; pero un relato del comienzo mismo de la existencia del mundo, cuando no había testigos de los poderosos actos de Dios, solo puede proceder de la revelación divina: se trata de un conocimiento sobrenatural revelado en directo contacto con Dios. Y esto es precisamente lo que los Padres y la tradición de la Iglesia nos dicen que es el libro del Génesis.

San Ambrosio escribe:

 

«De él atestigua la Sagrada Escritura que no ha vuelto a surgir en Israel un profeta igual a Moises, que conoció al Señor cara a cara (Dt 34,10), no a través de una visión o en un sueño, sino hablando con el Dios supremo de tú a tu, tras haber recibido el privilegio de una clara y nítida presencia de Dios, no en imagen o de forma velada. Así pues, Moises abrió la boca y anuncio lo que el Señor por medio de él decía, de acuerdo con lo que le había prometido, cuando le envió al rey faraón: Ve, y yo abriré tu boca y te enseñare lo que has de decirle. (Ex, 4, 12)

Y si había recibido de Dios lo que había de decir sobre la liberación del pueblo, ¡cuanto más lo que había de decir sobre el cielo! Es así, sin fiarse de la sabiduría humana ni de falaces disputas filosóficas, sino en la revelación del espíritu y del poder (1 Co 2, 4), como se atrevió a afirmar, dando testimonio de la obra divina: En el principio creo Dios el cielo y la tierra»[11]

 

De manera semejante, san Basilio escribe al comienzo mismo de su Hexaemeron:

 

Este hombre, hecho semejante a los ángeles y considerado digno de contemplar a Dios cara a cara, nos transmite aquellas cosas que oyó de Dios.[12]

 

San Juan Crisóstomo, en sus Homilías sobre el Génesis, vuelve una y otra vez a la afirmación de que cada palabra de la Escritura está divinamente inspirada y posee un significado profundo; que no son palabras de Moisés, sino de Dios:

 

«Veamos ahora qué es lo que se nos enseña por medio del bienaventurado Moisés, que no habla por sí mismo, sino por la inspiración de la gracia del Espíritu».[13]

 

A continuación, ofrece una descripción particularmente reveladora de cómo Moisés realiza esta tarea. Sabemos que los profetas del Antiguo Testamento anunciaron de antemano la venida del Mesías. En el libro del Apocalipsis (Revelación), san Juan el Teólogo profetizó acerca de los acontecimientos del fin del mundo y del futuro de la Iglesia. ¿Cómo sabían lo que iba a suceder? Evidentemente, Dios se lo reveló. San Juan Crisóstomo afirma que, así como san Juan el Teólogo fue profeta de las cosas futuras, Moisés fue profeta de las cosas pasadas. Al decir lo siguiente:

 

«Todos los demás profetas hablaron o bien de lo que habría de suceder después de mucho tiempo, o bien de lo que estaba a punto de acontecer entonces; pero él, el bienaventurado Moisés, que vivió muchas generaciones después de la creación del mundo, fue tenido por digno, por la guía de la diestra del Altísimo, de proclamar lo que había sido hecho por el Señor antes de su propio nacimiento. Por esta razón comienza a hablar así: “En el principio creó Dios el cielo y la tierra”, como si nos llamara a todos con voz potente: no es por instrucción de hombres que digo esto; Aquel que llamó al cielo y a la tierra del no-ser al ser es Aquel quien ha movido mi lengua para hablar de estas cosas. Os exhorto, pues, a que escuchemos estas palabras no como si procedieran de Moisés, sino del mismo Señor del universo que habla por medio de la lengua de Moisés, y que nos despidamos para siempre de nuestras propias opiniones».[14]

 

Así pues, debemos acercarnos a los primeros capítulos del Génesis como nos acercaríamos a un libro profético, sabiendo que en él se describen acontecimientos reales, pero sabiendo también que a causa de su lejanía respecto de nosotros y que por su misma naturaleza, al ser los primeros acontecimientos de la historia del mundo solo podremos comprenderlos de manera imperfecta, del mismo modo que tenemos una comprensión muy imperfecta de los acontecimientos del fin del mundo tal como se describen en el Apocalipsis y en otros escritos del Nuevo Testamento. El propio san Juan Crisóstomo nos advierte que no pensemos que entendemos demasiado acerca de la creación:

 

«Con gran gratitud, aceptemos lo que se nos relata por medio de Moisés, sin salir de los límites de nuestra condición, y sin intentar examinar lo que está por encima de nosotros, como hicieron los enemigos de la verdad cuando, queriendo comprenderlo todo con su mente, no se dieron cuenta de que la naturaleza humana no puede comprender la creación de Dios».[15]

 

Intentemos, pues, entrar en el mundo de los Santos Padres y en su comprensión del texto del Génesis divinamente inspirado. Amemos y respetemos sus escritos, que en nuestros tiempos confusos son un faro de claridad que ilumina con mayor pureza al propio texto inspirado. No nos apresuremos a pensar que “sabemos más” que ellos; y si creemos haber alcanzado alguna comprensión que ellos no vieron, seamos humildes y prudentes al proponerla, conscientes de la pobreza y falibilidad de nuestras propias mentes. Que ellos abran nuestra mente para comprender la revelación de Dios.

Conviene añadir aquí una nota final acerca del estudio del Génesis en nuestros propios tiempos. Los Santos Padres de la Iglesia primitiva, al escribir sobre los seis días de la creación, consideraron necesario en diversos momentos tomar nota de las especulaciones científicas o filosóficas no cristianas de su época —como, por ejemplo, la idea de que el mundo es eterno, que se produjo a sí mismo, o que fue creado a partir de una materia preexistente por un dios artesano limitado (demiurgo), y otras semejantes.

También en nuestros tiempos existen especulaciones no cristianas acerca del origen del universo, de la vida en la tierra y temas afines, y no podemos dejar de mencionarlas en distintos momentos de nuestro comentario. Las ideas más difundidas hoy son las que están ligadas a la llamada teoría de la “evolución”. Tendremos que tratar brevemente algunas de estas ideas; pero, para evitar malentendidos, conviene precisar qué entendemos por este término.

El concepto de “evolución” tiene muchos niveles de aplicación tanto en el lenguaje científico como en el popular: a veces no es más que un sinónimo de “desarrollo”; otras veces se usa para describir las “variaciones” que ocurren dentro de una especie; y, nuevamente, se emplea para referirse a cambios reales o hipotéticos en un orden natural más general. En este curso no nos ocuparemos de estas clases de “evolución”, que pertenecen en gran medida al ámbito del hecho científico y de su interpretación.

El único tipo de “evolución” con el que tendremos que tratar es la evolución entendida como cosmogonía, es decir, como una teoría sobre el origen del mundo. Este tipo de teoría evolutiva ocupa para los estudiantes contemporáneos del libro del Génesis el mismo lugar que ocuparon las antiguas especulaciones sobre el origen del mundo para los primeros Padres de la Iglesia. Hay, por supuesto, quienes insistirán en que incluso este tipo de evolución es perfectamente científica; de hecho, algunos de ellos son bastante “dogmáticos” al respecto.[16] Pero cualquier enfoque razonablemente objetivo deberá admitir que la cosmogonía evolutiva, a menos que pretenda ser divinamente revelada, es tan especulativa como cualquier otra teoría de los orígenes y puede discutirse en el mismo plano que ellas. Aunque afirme tener su fundamento en hechos científicos, pertenece en sí misma al ámbito de la filosofía e incluso roza la teología, en la medida en que no puede evitar la cuestión de Dios como Creador del mundo, ya sea que lo acepte o lo niegue.

En este curso, por lo tanto, abordaremos la “evolución” únicamente como una teoría universal que intenta explicar el origen del mundo y de la vida.



[1] San Atanasio el Grande, Four Discourses against the Arians 2.48, NPNF 2 4, p. 375

[2] San Macario el Grande, On patient endurance and discrimination 5 /Seven homilies 4.5), en Dukhovniya besedy, poslaniye I slova (Discursos espirituales, epistolas y homilias) p. 385 [Opuscula Ascetica 4.5, PG 34.869A; Phiokalia 3, p. 300 (37)] 

[3] San Gregorio el Teologo, Oration 38: On the Theophany, or the Nativity of Christ 12, NPNF 2 7, p. 348.

[4] San Gregorio Palamas, In Defense of the Holy Hesychast (The Triads) 2.3.22 edición y traduccion por el padre John Meyendorff, p. 432.

[5] San Basilio el Grande, Hexameron 9.1, FC 46, pp. 135 y 136

[6] San Efren el Sirio, Commentary on Genesis 1, Tvoreniya izher vo suyatyhj” otsa nashego Yefrema Sirina (Las obras de nuestro padre entre los santos Efrain el Sirio) 6, p. 282 [FC 91, p. 74 (1.1.)] 

[7] San Juan Crisostomo, Homilies on Genesis 13.4, Tvoreniya 4, p. 107 [FC 74, págs. 177-178 (13.15-16)] 

[8] Ibid. 13.3, p. 106 [FC 74, pág. 175 (13.13)] 

[9] San Isaac el Sirio, Directions on Spiritual Training 49, Dobrotolyubiye 2, 3rd ed. (1913), p. 660, en Early Fathers from the Philokalia, p. 196.

[10] San Isaac el Sirio, Ascetical Homilies 21, Tvoreniya izher vo svyatikh” otsa nashego avvy Isaaka Siriyanina, podvizhnika I otshel’nika (Las obras de Nuestro padre entre los santos el Abba Isaac el Sirio el asceta y heremita), pag, 108 [también hay al inglés una traducción hecha por el Holy Trasnfiguration Monastery, Homily 37, p. 180] 

[11] San Ambrosio de Milan, Hexameron 1.2. FC 42, pags 6-7

[12] San Basilio el Grande, Hexameron 1., FC 46, p. 4.

[13] San Juan Crisóstomo, Homilies on Genesis 14.2, Tvoreniya 4, p. 110 [FC 74, p 183 (14.6)] 

[14] Ibid. 2.2., p. 9 [FC 74, pág. 31-32 (2.5)] 

[15] Ibid. [FC 74, pa. 32] 

[16] Nota de traductor – sobre estas teorías que se estaban postulando en el mundo antiguo y que de hecho guardan una gran similitud con la actual teoría evolucionista san Atanasio de Alejandría nos dice: “La creación del mundo y la formación del universo ha sido entendida por muchos de manera diferente y cada cual la ha definido según su propio parecer. En efecto, unos dicen que el universo llegó al ser espontáneamente y por azar, como los epicúreos, quienes cuentan en sus teorías que no existe providencia en el mundo y hablan en contra de los fenómenos evidentes de la experiencia. Pues si, como ellos dicen, todo se originó espontáneamente y sin providencia, sería necesario que todo hubiera nacido simple, semejante y no diferente.” San Atanasio, La encarnación del verbo, pág. 41. editorial Ciudad Nueva, Madrid, España. 1997.

EL SIGNIFICADO DEL 666; LA MARCA DE LA BESTIA - Vladimir Moss

(Texto extraído del libro de Vladimir Moss Apocalypse the book of the end )  Apocalipsis 13.18. Aquí hay sabiduría. El que tiene entendimien...