En el tratado que escribió en su momento san Juan Damasceno, Sobre las imágenes sagradas, a propósito de la controversia iconoclasta, en los libros I y III de dicho tratado, al final de los mismos, coloca una gran parte de testimonios que atestiguan justamente a modo de evidencia el uso de las imágenes por parte de la Iglesia durante los siglos anteriores al siglo que él escribiera ese tratado.
Este extenso articulo en si es en concreto los extractos de estos testimonios que figuran al final de dichos libros.
El texto que presentamos a continuación se trata de la traducción de editorial EUNSA del libro del Damasceno, hemos a su vez preservado casi todas las notas a pie de pagina colocadas por el traductor de dicha obra, el sr. José B. Torres Guerra, que a nuestro criterio les resultaran de gran utilidad para el lector.
[Testimonios]
[1.28] De san Dionisio Areopagita, de la Carta a Tito:
«Así pues, es necesario que también nosotros, en lugar de admitir la idea vulgar acerca de ello, distingamos entre los símbolos sagrados con una disposición religiosa y no despreciemos, siendo ellos retoños de las divinas figuras, las representaciones e imágenes que revelan las visiones inefables y sobrenaturales».
[1.29] Comentario: Mira cómo dijo que no se desprecien las imágenes de los que merecen honor.
[1.30] Del mismo, del escrito Acerca de los nombres divinos:1
«También nosotros estamos iniciados en estas. Ahora, de manera proporcional a nuestro caso, a través de los sagrados velos, el amor de Dios por los hombres, que se expresa en los Oráculos2 y las tradiciones jerárquicas, nos descubre lo inteligible por las cosas sensibles y lo sobrenatural por los entes; y reviste de formas y figuras a las cosas que carecen de forma y figura, y multiplica y da forma a la simplicidad sobrenatural y carente de contorno, por amor al hombre,3 con la variedad de los símbolos parciales».
[1.31] Comentario: Si es propio del amor de Dios por los hombres el dotar de formas y figuras a lo que carece de forma y figura y a las cosas simples y carentes de figura en beneficio de nuestro conocimiento analógico, ¿cómo no vamos a representar, de manera proporcional a nuestro caso, lo que es visto con formas y trazos para recordarlo y que nos mueva a imitarlo a partir de su recuerdo?
[1.32] Del mismo, del escrito Sobre la jerarquía eclesiástica:4
«Pero las sustancias y órdenes que se hallan por encima de nosotros, de los cuales ya he hecho sagrada memoria, carecen de cuerpo y la jerarquía que se da en su caso es inteligible y trasciende el mundo. Veamos la jerarquía que se refiere a nosotros, de manera proporcionada a nuestro propio caso, en la que se multiplica la variedad de los símbolos sensibles, por medio de los cuales somos elevados, siguiendo la jerarquía en la medida que nos corresponde, hasta la deificación unitaria, hasta Dios y la divina virtud. Unas piensan en tanto que inteligencias puras, según lo determinado en su caso; pero nosotros somos elevados, en la medida de lo posible, por las imágenes sensibles hasta las divinas contemplaciones».
[1.33] Comentario: Si, en efecto, somos elevados, de manera proporcionada a nuestro propio caso, a una contemplación divina e inmaterial por las imágenes sensibles, y la divina Providencia, por amor al hombre, reviste a lo que carece de contorno y figura de figuras y contornos por guiarnos de la mano, ¿qué hay de incorrecto en representar, de manera proporcionada a nuestro propio caso, a quien por amor al hombre se rebaja a adoptar un contorno y una figura y es visto como hombre por naturaleza?5
Nos ha llegado una historia transmitida desde antaño: que Abgaro, el soberano de Edesa,6 se había contagiado del fuego del amor divino por lo que se decía del Señor y le envió legados que le pedían que pudiera verlo. Y, si se le denegara esto, mandaba que un artista reprodujera su imagen. Conocido lo cual, se dice que el que todo lo sabe y todo lo puede tomó la tela y, tras aproximarla a su rostro, dejó impresa en esta su misma figura que se conserva hasta la actualidad.
[1.34] De san Basilio, de la Homilía sobre el bienaventurado Barlaán el mártir, cuyo principio es “Ante las muertes de los santos...”7
«Alzaos ante mí, famosos pintores de las victorias atléticas;8 ensalzad con vuestras artes la imagen quebrantada del general. Revestid con los colores propios de vuestro saber al triunfador dibujado por mí de forma más imprecisa.
»Me retiro, vencido por vuestra pintura de los triunfos del mártir. Me alegro de ser derrotado hoy por tal victoria de vuestra fuerza: veo pintada por vosotros con mayor precisión la lucha de la mano contra el fuego; veo pintado con mayor brillo en vuestro icono al luchador. Que lloren los demonios, aturdidos aún ahora por las victorias que el mártir ha conseguido entre vosotros. Que se les muestre de nuevo la mano puesta al fuego y victoriosa. Que se inscriba también en la tabla a quien preside los certámenes de esta lucha, Cristo. A Él la gloria por los siglos».
[1.35] Del mismo, de los Treinta capítulos dirigidos a Anfiloquio acerca del Espíritu Santo, del capítulo dieciocho:9
«Porque también se le llama ‘rey’ a la imagen del ‘rey’ y no hay dos reyes, pues ni se divide su fuerza ni se reparte su gloria. Pues, igual que el poder que domina sobre nosotros es también una sola autoridad, así también la alabanza que pronunciamos es una sola y no muchas porque el honor de la imagen se remonta hasta su modelo. Así pues, aquello que es aquí por imitación la imagen, esto lo es allí por naturaleza el Hijo. Y, tal y como la semejanza se produce por la forma en el caso de las obras de arte, así también, en el caso de la naturaleza divina y carente de amalgama, la unidad se produce en la comunidad de la divinidad».
[1.36] Comentario: Si la imagen del rey es el rey, también la imagen de Cristo es Cristo e igual la imagen del Espíritu Santo; y ni se divide el poder ni se reparte su gloria sino que la gloria de la imagen se convierte en gloria de lo representado. Los demonios temen a los santos y rehúyen su sombra: también es una sombra la imagen y la elaboro como repelente de demonios.
Y si dijeras que es necesario unirse a Dios solo con la mente, elimina todo lo corporal, las luces, el incienso aromático, la misma oración que hacemos por medio de la voz, los mismos misterios divinos10 que se efectúan a partir de la materia, el pan, el vino, el aceite de la unción, la figura de la cruz. Todas estas cosas son materia: la cruz, la esponja y la caña, la lanza que atravesó el costado que da vida. Una de dos, elimina la reverencia debida a todo esto (lo cual es imposible) o bien no rechaces también el honor de las imágenes. Se les confiere una gracia divina a las materias por el nombre de los representados.11 Igual que, de manera simple, la púrpura y la seda, y también el manto que se teje a partir de lo uno y lo otro, no tienen por sí mismos ninguna dignidad pero, si el rey se reviste con ello, se le confiere al vestido una parte de la dignidad presente en el que se reviste: así también las materias por sí mismas no merecen reverencia pero, si el representado estuviera lleno de gracia, adquirirían una participación en la gracia por la analogía de la fe.12
Los apóstoles vieron al Señor con ojos corporales, y así otros a los apóstoles y otros a los mártires. También yo siento deseo de ver a estos con mi alma y cuerpo y tener un remedio que evite el mal dado que estoy constituido de manera doble13 y, cuando veo, reverencio lo visto, no como a Dios sino como digna imagen de quienes son dignos. Tú, que acaso eres una persona elevada e inmaterial, quizá por encima del cuerpo y despegado, como si carecieras de carne, todo lo que se ve; pero yo, dado que soy hombre y estoy revestido de un cuerpo, siento deseo de tratar también con el cuerpo lo sagrado y verlo. Acomódate a mi humilde pensamiento, hombre sublime, a fin de preservar tu sublimidad.14
Cristo acepta la alabanza que siento por Él y por los que son de los suyos. Es que el amo se alegra cuando recibe un elogio un siervo bien dispuesto, dijo el gran Basilio alabando a los cuarenta mártires.15Y fíjate en qué dice también cuando celebra en la homilía al llamado Gordio.16
[1.37] De san Basilio, de la Homilía sobre Gordio el mártir:17
«Los pueblos se alegran con una alegría espiritual por el simple recuerdo de los logros de los justos, impelidos hacia el celo e imitación de los hombres buenos de los que oyen hablar. Es que la historia de los varones que han culminado con bien su existencia cumple para los que se salvan la función de una especie de luminaria en el camino de la vida».
Y poco después:
«De forma que, siempre que contamos las vidas de quienes han descollado por su piedad, glorificamos primero al amo a través de sus siervos, alabamos a los justos al dar testimonio de lo que sabemos y regocijamos a los pueblos cuando oyen sus hermosas acciones».
[1.38] Comentario: Fíjate en que el recuerdo de los santos supone, por un lado, gloria para Dios y, por otra parte, alabanza de los santos y salvación para los pueblos. ¿Por qué lo eliminas? Es que el recuerdo viene de la palabra y las imágenes, afirma el mismo divino Basilio.
[1.39] De la misma Homilía sobre Gordio el mártir:18
«Es que, igual que al fuego sigue automáticamente la luz y el buen aroma a la esencia, así acompaña también la utilidad, de forma necesaria, a las buenas acciones. Con todo, tampoco es esto cosa pequeña, el conocer con precisión la verdad sobre los de antaño. Pues se ha transmitido hasta nosotros un recuerdo vago que es el que preserva las buenas acciones del varón en sus pruebas. También parece, de alguna manera, que lo que se refiere a nosotros se asemeja a lo que ocurre con los pintores. Es que ellos también, dado que han copiado las imágenes a partir de iconos anteriores, en la mayoría de los casos, según es lógico, se apartan de los modelos verdaderos;19 también nosotros corremos el peligro de que, apartados de la visión misma de los acontecimientos, empequeñezcamos la verdad».
[1.40] Y, al final del mismo texto:20
«Pues, igual que siempre que contemplamos el Sol nos admiramos, así también conservamos siempre actual el recuerdo de aquel varón».
[1.41] Comentario: Está claro que lo contemplamos siempre a través de la palabra y la imagen.
[1.42] Y, en la Homilía de los honorabilísimos Cuarenta mártires, declara esto:21
«El que ama a los mártires, ¿se podrá cansar de recordarlos? Es que la honra que rinden a los buenos sus compañeros de servicio encierra una prueba de su benevolencia hacia el amo».
Y de nuevo:
«Celebra noblemente como bienaventurado al que ha dado testimonio, a fin de que seas tú testigo por tu elección y escapes a la persecución, al fuego, a los azotes, siendo considerado digno de los mismos elogios que ellos».
[1.43] Comentario: Así pues, ¿cómo me impides que honre a los santos y envidias mi salvación? Y que él sabe que la forma que se expresa a través de los colores va unida a la palabra, mira cómo lo dice poco después.
[1.44] De Basilio:22
«Venga, pues: por medio de la memoria hagámoslos pasar al centro y presentemos ante los presentes el provecho común que obtenemos de ellos, mostrándoles a todos, igual que en una pintura, las excelencias de estos varones».
[1.45] Comentario: ¿Ves cómo es una la obra de la imagen y la palabra? Pues dijo “como en una pintura, presentemos con la palabra”.
[1.46] Y, nuevamente, lo que viene a continuación en la homilía:23
«Es que las acciones virtuosas de las guerras las dan a conocer muchas veces tanto los escritores de historias como los pintores: los unos las adornan por medio de la palabra y los otros las plasman en sus cuadros, y los dos tipos de artistas han movido a muchos al valor. Ocurre que lo que la palabra de la historia presenta a través del oído, esto lo muestra en silencio la pintura por medio de la imitación».24
[1.47] Comentario: ¿Qué hay más nítido que esto de cara a demostrar que, para los iletrados, las imágenes son libros y heraldos locuaces de la honra de los santos, pues enseñan, con una voz sin eco, a quienes los ven y santifican la vista?
No tengo libros en abundancia, carezco de tiempo libre para la lectura, entro en el hospital común de las almas, la iglesia, ahogado por los razonamientos como si fueran espinas. La flor me arrastra a contemplar la pintura, como una pradera me deleita la vista y, sin advertirlo, infunde en mi alma la gloria de Dios. He contemplado la solidez del mártir, el premio de las coronas, el anhelo me inflama de amor como si fuera fuego, cayendo en tierra venero a Dios a través de su mártir y recibo la salvación. ¿No has oído al mismo Padre inspirado cuando dice, en el tratado sobre el principio de los Salmos, que «el Espíritu Santo, sabiendo que el género humano es difícil de llevar hacia la virtud y perezoso, mezcló la música con el canto de los salmos»?25 ¿Qué dices? ¿No representaré tanto con la palabra como con los colores el martirio de los mártires y verán con los ojos y los labios «lo que resulta admirable tanto para los ángeles como para toda la Creación, en cambio para el diablo y terrible para los demonios», según afirmó la misma luminaria de la Iglesia?26 De este tenor es lo que dice al final de la homilía, celebrando a los cuarenta mártires:27
«Santo coro, sagrado cuerpo, falange inquebrantable, guardianes comunes del género humano, bondadosos partícipes de sus cuitas, colaboradores en sus súplicas, embajadores poderosísimos, astros de la Tierra, flores de las Iglesias (sí, lo digo, flores inteligibles y sensibles): a vosotros no os cubrió la tierra sino que os acogió el Cielo. Se abrieron para vosotros las puertas del Paraíso, espectáculo digno del ejército de los ángeles, digno de los patriarcas, los profetas, los justos».28
[1.48] Comentario: ¿Cómo no desearé ver lo que desean ver los ángeles? Cosas concordes con estas dice también el hermano de este y de similar pensamiento, Gregorio, el obispo de Nisa.
[1.49] De san Gregorio, obispo de Nisa, del Complementario, esto es, de Sobre la creación del hombre, capítulo cuarto:29
«Igual que, según el hábito de los hombres, quienes elaboran las imágenes de los gobernantes reproducen en ellas la impronta de su forma y, al revestirlos con la púrpura, pintan a un tiempo la dignidad real y se dice, según el hábito, tanto que es una imagen como que es el rey, así también la naturaleza humana, tras ser creada para mandar sobre los demás seres, fue constituida como una imagen animada que comparte la dignidad y el nombre de su modelo».
[1.50] Del mismo, del capítulo quinto del mismo trabajo:30
«La belleza divina no brilla con figura alguna ni por tener una forma dotada de bellos colores sino que se la contempla por la virtud en una bienaventuranza inefable. Tal y como los pintores trasladan a sus tablas las formas humanas por medio de ciertos colores, aplicando los tintes propios y correspondientes por mor de la imitación, a fin de transferir con precisión la belleza del modelo a su representación <...>».
[1.51] Comentario: Fíjate en que “la belleza divina no brilla con figura alguna dotada de bellos colores” y que no se la representa por esto y que, en cambio, la forma humana se traslada a las tablas a través de los colores. En efecto, si el Hijo de Dios ha aparecido con forma de hombre, tras tomar forma de siervo, y se ha hecho semejante a los hombres y, por su figura, se lo ha visto como hombre,31 ¿cómo no se lo va a representar? Y si, según el hábito, “se le llama rey a la imagen del rey” y “el honor de la imagen se remonta hasta su modelo”, según declara el divino Basilio,32 ¿cómo no se va a honrar la imagen ni se la va a venerar, no como a Dios sino como imagen de Dios encarnado?
[1.52] De san Gregorio de Nisa, del discurso pronunciado en Constantinopla, Sobre la divinidad del Hijo y del Espíritu y comentario a Abraham, discurso cuarenta y cuatro, cuyo principio es “Como lo que experimentan ante los campos floridos quienes se complacen viendo estas cosas”, y poco después:33
«Después, primeramente, el padre34 aprisiona con ataduras a su hijo. Muchas veces he visto en una pintura una imagen de su padecimiento y no he pasado de largo al verla sin derramar lágrimas, cuando el arte ponía a la vista de manera tan clara la historia. Yace Isaac al pie mismo del altar, caído de rodillas y con los brazos vueltos hacia atrás; el padre, puesto el pie desde atrás sobre su rodilla y atrayendo hacia él con la mano izquierda la cabellera del hijo, se dobla sobre el rostro que se vuelve a mirarlo despertando compasión y, armado en la derecha con la espada, se apresta a degollarlo. Y la punta de la espada toca ya el cuerpo y entonces le llega desde Dios una voz que detiene su acción».
[1.53] De san Juan Crisóstomo, del Comentario de la carta a los Hebreos:35
«Y, de alguna manera, lo primero es imagen de lo segundo, Melquisedec de Cristo, como si uno dijera que es una sombra de la pintura plasmada en colores el bosquejo del pintor, elaborado antes de esta. Es que por esto se le llama a la Ley sombra, a la gracia Verdad y realidades a las cosas futuras. De forma que la Ley y Melquisedec son sombras previas de la pintura plasmada en colores; pero la gracia y la verdad son la pintura en colores, y las realidades lo son del tiempo por venir, así que la Antigua Alianza es figura de una figura y la Nueva figura de las realidades».36
[1.54] De Leoncio de Neápolis, de la isla de Chipre, del discurso Contra los judíos, acerca de la veneración de la cruz de Cristo y las imágenes de los santos, de la veneración recíproca, y acerca de las reliquias de los santos:37
«Si vuelves a hablar, judío, para reprocharme que venero como a Dios el madero de la cruz, ¿por qué no le reprochas a Isaac el que venerara apoyado en el extremo del cayado?38 Ahora bien, está claro que no veneró la madera porque la honrara sino que veneró a José por medio de la madera, tal y como nosotros rendimos también veneración a Cristo a través de la cruz pero no damos gloria a la madera».
[1.55] Comentario: Así pues, si veneramos la figura de la Cruz, haciendo una imagen de la cruz a partir de cualquier materia, ¿cómo no vamos a venerar una imagen del crucificado?39
[1.56] Y, nuevamente, del mismo Leoncio:40
«Dado que también Abraham veneró a los que le vendieron la sepultura, aun siendo hombres impíos, y dobló su rodilla en tierra, aunque no los veneró como a dioses.41 Y, una vez más, Jacob bendijo a Faraón, aun siendo impío e idólatra, si bien no lo bendijo como a un dios.42 Y, nuevamente, a Esaú lo veneró caído en tierra, aunque no lo veneró como a un dios».43
Y otra vez:
«¿Cómo os encarga Dios que veneréis la tierra y los montes? Es que dice: ‘Ensalzad al Señor, nuestro Dios, y veneradlo en su monte santo. Y venerad el escabel de sus pies’ (o sea, la tierra) ‘porque es santo’.44 ‘Es que el Cielo es mi trono’, afirma, ‘y la tierra el escabel de mis pies’,45 dice el Señor. Y ¿cómo veneró Moisés a Jetró, que era un idólatra, y Daniel a Nabucodonosor?46 ¿Cómo me reprochas el que honro y venero a quienes honraron y veneraron a Dios? ¿No es conveniente, dime, el venerar a los santos y no apedrearlos como haces tú? ¿No es conveniente el venerarlos y no el despedazar a estos ni sumergir en una cisterna de fango47 a quienes nos hacen bien? Si amaras a Dios, también deberías honrar de manera total a sus siervos. Y, si los huesos de los justos son impuros, ¿cómo es que los huesos de Jacob y José fueron trasladados con todo el honor desde Egipto?48 ¿Cómo es que resucitó un hombre muerto tras rozar los huesos de Eliseo?49
»Si Dios obra prodigios a través de los huesos, es obvio que también puede hacerlo a través de imágenes, piedras y otras muchas cosas, según sucedió también en el caso de Eliseo, quien le dio su bastón a su criado y le dijo que fuera y se sirviera de él para resucitar al hijo de la sunamita.50 También Moisés castigó con su bastón a Faraón, separó el mar, endulzó el agua, quebró la roca y extrajo agua.51 También dice Salomón: ‘Bendecido sea el madero por el cual llega la salvación’.52 También Eliseo arrojó un madero al Jordán y recogió hierro.53 También lo de ‘la madera de la vida’ y ‘la planta de Sabec’, o sea, del perdón.54 También Moisés alzó en un madero una serpiente y dio vida al pueblo;55 con un madero que germinó en el Tabernáculo sancionó el sacerdocio.56
»Pero quizá me dirás, judío, que fue Dios quien le ordenó a Moisés que se hiciera todo lo que estaba en el Tabernáculo del testimonio. También yo te digo que Salomón dejó hechas en el Templo muchas y variadas obras, talladas y de metal fundido,57 las cuales no le ordenó Dios hacer ni se hallaban en el Tabernáculo del testimonio ni en el templo que Dios le mostró a Ezequiel;58 y no se acusó por ello a Salomón, pues mandó hacer tales figuras para gloria de Dios,59 tal y como hacemos también nosotros.
»Tú también tenías, para recordar a Dios, muchas y diferentes imágenes y señales antes de verte privado de estas cosas por tu insensatez: a saber, la vara de Moisés, las Tablas marcadas por Dios, la zarza cubierta de rocío que ardía,60 la roca seca que dio agua,61 el Arca que guardaba el maná, el Propiciatorio donde arde fuego de Dios, la hoja metálica que lleva el nombre de Dios, el efod en el que se revela Dios, el Tabernáculo cubierto por la sombra de Dios.62 Si tú también cubrieras con tu sombra de noche y de día todas estas cosas, diciendo: ‘Gloria a ti, único Dios omnipotente, que obraste por medio de todos estos objetos cosas maravillosas en Israel’; si veneraras a Dios, cayendo en tierra, a través de todas estas cosas que tenías en tiempos, previstas por la Ley, verías que la veneración se le presta a Dios por medio de las imágenes».
Y después de un poco:
«El que ama de manera sincera a un amigo, al rey y, sobre todo, a quien le hace un bien, también si ve a su hijo, su cayado, su trono, su corona, su casa, su siervo, echa mano de ello, lo saluda y honra a través de estas cosas a su benefactor, al rey y, más todavía, a Dios. Ojalá, digo de nuevo, hicieras tú también imágenes de Moisés y los profetas y veneraras en ellas a diario a su amo, Dios. En efecto, cuando veas a los hijos de los cristianos venerando la Cruz, date cuenta de que le rinden veneración al crucificado, a Cristo, y no al madero. Pues, si reverenciaran la naturaleza de la madera, a todas luces podrían venerar también los árboles y los sotos, igual que tú, Israel, veneraste a estos en tiempos, diciéndole al árbol y a la piedra ‘Tú eres mi Dios’ y ‘Tú me engendraste’.63 Nosotros no les decimos estas cosas ni a la cruz ni a las figuras de los santos pues no son nuestros dioses sino libros abiertos para recordar a Dios y honrarle en las iglesias cuando se hallan a la vista de todos y son venerados. Es que quien honra al mártir honra a Dios, del cual dio testimonio el mártir; el que venera al enviado de Cristo venera al que lo envió; y el que cae a los pies de la Madre de Cristo es evidente que le rinde el honor a su hijo.
»Es que nadie es Dios salvo uno, el que es conocido y adorado en la Trinidad y la Unidad».
[1.57] Comentario: Este es intérprete fiel de las palabras del bienaventurado Epifanio, el que embelleció con sus palabras la isla de los chipriotas64; o los que hablan de corazón. Escucha también qué dice Severiano, obispo de Gábala.65
[1.58] De Severiano, obispo de Gábala, de la Homilía a la dedicación de la Cruz:66
«¿Cómo es que la imagen del maldito trajo la vida a nuestros antepasados?»67
Y poco después:
«Así pues, ¿cómo es que la imagen del maldito le trajo la salvación al pueblo azotado por la desgracia? ¿No era más digno de fe decir ‘Si alguno de vosotros es mordido, mirará hacia arriba, al Cielo, hacia Dios, y se salvará’ o ‘al Tabernáculo de Dios’? Ahora bien, pasó por alto estas cosas y únicamente clavó la imagen de la Cruz. Así pues, ¿por qué hacía esto Moisés, el que le dijo al pueblo: ‘No te harás una talla ni una obra de metal fundido ni ningún tipo de imagen de cuantas cosas hay arriba en el cielo, abajo en la tierra ni de cuanto hay en las aguas que están bajo tierra’68?
»Pero, ¿por qué le digo estas cosas al insensato? Dime, fidelísimo servidor de Dios: ¿haces lo que prohíbes hacer?; ¿fabricas lo mismo que echas por tierra? El que dice ‘No harás una talla’, el que tira por tierra el becerro de metal fundido,69 ¿tú fabricas en bronce una serpiente? Y esto no lo haces a escondidas sino abiertamente y es conocido por todos. ‘Pero’, dice,70 ‘aquello lo legislé para acabar de raíz con la impiedad y apartar al pueblo de toda apostasía e idolatría; ahora, en cambio, estoy fundiendo la serpiente por conseguir un provecho, para que sea símbolo de la verdad. E igual que construí el Tabernáculo y todo lo que había en él, y desplegué sobre el sagrario los querubines, figura de los no visibles, ‘como modelo y sombra de lo que estaba por venir’,71 así también levanté una serpiente para salvación del pueblo, a fin de que, experimentando estas cosas, se prepararan para la imagen del signo de la Cruz y para el Salvador y Redentor que está en ella’.
»Y que este discurso no miente, querido,72 escúchaselo al Señor, quien lo confirma diciendo: ‘Igual que Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es preciso que sea levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea en Él no muera sino que tenga vida eterna’».73
[1.59] Comentario: Comprende que estableció la ley de que no se hiciera ninguna imagen para apartar al pueblo de la idolatría pues le faltaba firmeza y era propenso a esto, y que la serpiente puesta en alto era imagen de la Pasión del Señor.
[1.60] Escucha, que no es un invento nuevo el de las imágenes sino antiguo y conocido y al que estaban acostumbrados los selectos Santos Padres:74
Está escrito en la Vida del bienaventurado Basilio, la que compuso Heladio, su discípulo y sucesor en el cargo,75 que este hombre piadoso se hallaba de pie ante la imagen de la Señora en la cual estaba también representada la figura de Mercurio, mártir afamado.76 Estaba de pie pidiendo el fin de Juliano, el tirano apóstata y el mayor de los ateos. A través de esta imagen recibió la revelación, pues vio cómo, por un momento, desaparecía el mártir y, al poco, tenía la lanza ensangrentada.77
[Testimonios]
[3.43] De san Dionisio, obispo de Atenas, en la carta dirigida a Juan, el Apóstol y Teólogo78:
“En verdad las cosas visibles son imágenes evidentes de las invisibles”.
[3.49]79 Comentario80: Así pues, igual que “el que no honra al Hijo”, según dice el Señor, “no honra al Padre, el que lo envió”,81 así también el que no honra la imagen tampoco honra al representado en ella. Pero quizá replicaría alguno: “Es forzoso honrar la imagen de Cristo, no así la de los santos”. ¡Qué insensatez! Escucha al Señor, cuando les dice a los discípulos: “El que os recibe a vosotros, a mí me recibe”.82 De manera que, el que no honra a los santos, tampoco honra al mismo Señor.
[3.55]83 De la Historia religiosa, de Teodoreto, obispo de Ciro, en la parte dedicada a la vida de san Simeón Estilita84:
“Es que es superfluo hablar también acerca de Italia. Pues afirman que en la grandiosa Roma fue tan afamado el hombre que en las entradas de todos los talleres colocaron en su honor pequeñas imágenes, y que con ellas se proporcionaban cierta protección y seguridad.”
[3.56] De san Basilio, del Comentario a Isaías85:
“Una vez que vio al hombre hecho a imagen y semejanza de Dios,86 como no podía volverse contra Dios, vació su maldad contra la imagen de Dios. Igual que si un hombre, como no puede apedrear al rey, apedrea irritado su imagen, golpeando el madero que lo representa”.
[3.57] Comentario: Así también todo el que honra la imagen honra, evidentemente, su modelo.
[3.58] Del mismo, del mismo Comentario87:
“Es que, igual que se juzga que el que ofende la imagen real es como si hubiera atentado contra el propio rey, así es claramente culpable de pecado el que ofende al que ha nacido a su imagen.”88
[3.59] De san Atanasio, de los Cien capítulos dirigidos al soberano Antíoco en forma de preguntas y respuestas, capítulo treinta y ocho89:
“Respuesta: Los creyentes no veneramos las imágenes como a dioses (¡no suceda tal!) como sí hacen los griegos.90 Antes bien, solo mostramos el estado y el afecto de nuestro amor por la figura de la persona de la imagen. De ahí que muchas veces, cuando la figura se ha desgastado, incineramos la que antes fue imagen pues, en adelante, es solo un madero. Así pues, igual que, cuando Jacob iba a morir, ‘veneró apoyado en el extremo del cayado de José’,91 no por honrar el cayado sino al que lo sostenía, así los creyentes reverenciamos las imágenes tal y como también a nuestros hijos y padres, a los que besamos muchas veces, no de otra manera sino para mostrar el afecto de nuestra alma.92 Es que es como lo que hacía también el judío, que veneraba en tiempos las Tablas de la Ley y los dos querubines labrados en oro, no por honrar la naturaleza de la piedra y el oro sino al Señor que le había confiado estas cosas.”
[3.60] Del Crisóstomo, de su Exposición del tercer salmo, sobre David y Absalón93:
“Los reyes les dedican estatuas triunfales a los generales victoriosos, mientras que los gobernantes erigen unas estelas conmemorativas del triunfo en honor de aurigas y atletas, y la materia de estas la convierten en heraldo de la victoria por medio del epigrama, que es como una corona. Otros, por su parte, en libros y con letras escriben elogios para los vencedores, queriendo mostrar que su capacidad en el elogio tiene más valor que los mismos elogiados. Tanto los escritores como los pintores, los escultores, la gente del pueblo, los gobernantes, las ciudades y los campos miran con asombro a los vencedores. Pero nadie hizo imágenes de quien huyó sin luchar.”
[3.61] De san Cirilo de Alejandría, de la Alocución al rey Teodosio94:
“Las imágenes son como sus modelos: es que es preciso que sean así y no de otra forma.”
[3.62] Del mismo, de los Tesoros95:
“Es que las imágenes mantienen siempre la semejanza con los modelos.”
[3.63] Del mismo, de la obra Que toda la escritura de Moisés señala el misterio de Cristo, acerca de Abraham y Melquisedec, capítulo sexto96:
“Me resulta preciso que las imágenes sean pintadas de acuerdo con los modelos.”
[3.64] De san Gregorio Nacianceno, del segundo discurso Acerca del Hijo97:
“Esta es la naturaleza de la imagen, ser imitación del modelo y de lo que se dice que es imagen.”
[3.65] Del Crisóstomo, de la Tercera homilía sobre los colosenses98:
“La imagen de lo invisible es, también esta, invisible, pues, si no, no sería ni imagen. Es que también entre nosotros es preciso que la imagen, en cuanto que es imagen, sea inmutable, como la impronta que es también de la semejanza.”
[3.66] Del mismo, del Comentario de la carta a los Hebreos, capítulo diecisiete99:
“Igual que, en el caso de las imágenes, la imagen tiene la figura del hombre pero no su vigor. De modo que la realidad y la figura están de acuerdo la una con la otra pues la figura es su igual.”
[3.67] De Eusebio, hijo de Pánfilo, del quinto libro de la Demostración evangélica, a propósito de “Dios fue visto por Abraham junto a la encina de Mambré”100:
“De aquí que, incluso hasta ahora, por honrar lo que allí se le reveló a Abraham,101 el lugar es reverenciado como divino entre la gente de edad que vive en su entorno, y se puede ver el terebinto que ha permanecido hasta el presente, y a los que fueron hospedados por Abraham en una pintura, recostados, dos a un lado y otro, y en el medio el de más categoría, que destaca por su honor. Y podría ser nuestro propio Señor el que nos ha sido mostrado, nuestro Salvador, a quien también reverencian los que no lo conocen cuando prestan crédito a los dichos divinos. En efecto, Este, que desde aquel tiempo arroja las semillas de la piedad entre los hombres, se revistió de aspecto y figura humana y se reveló cual era a nuestro primer padre Abraham, grato a Dios, y le transmitió el conocimiento del Padre.”
[3.68] De la Cronografía de Juan de Antioquía, el que también llaman Malalas, acerca de la hemorroísa y el monumento que hizo en honor de Cristo Salvador102:
“A partir de entonces también Juan el Bautista se mostró a los hombres; y el toparca Herodes, lo decapitó en el palacio real de la región de Traconítide, en la ciudad de Sebaste, ocho días antes de las calendas de junio, en el consulado de Flaco y Rufino.103 Dolido por ello, Herodes, el rey, el hijo de Filipo, se retiró de Judea.104 Y se le presentó una mujer adinerada que habitaba en la misma ciudad de Panéada,105 de nombre Berenice, la cual quería erigirle un monumento a Jesús por haber sido curada por él.106 Como no se atrevía a hacer esto sin un mandato real, le entregó una petición al rey Herodes pidiendo levantarle un monumento de oro a Cristo Salvador en su propia ciudad. La petición citada era como sigue:
‘Al augusto Herodes, toparca y legislador de judíos y griegos, rey de la Traconítide, le dirige una petición y súplica Berenice, de la ilustre ciudad de Panéada. La virtud, la filantropía y las restantes virtudes coronan vuestra cabeza. De ahí que, pues también yo lo sé, me presento con buenas esperanzas de alcanzarlo todo. El discurso, según avance, te dejará claro cuál es el fundamento del presente proemio.’
‘Al salir de la infancia me vi atacada por una afección de las vías por las que fluye la sangre y gasté en médicos mis medios de vida y riqueza sin encontrar curación. Como había oído las sanaciones de Cristo, admirada por cómo resucitaba a los muertos, trayéndolos de nuevo a la vida, expulsando demonios de los hombres y curando con su palabra a todos los que languidecen por la enfermedad, también yo corrí junto a él como junto a un dios. Y, habiéndome juntado a la multitud que lo rodeaba, sentí miedo de que, rechazando la polución que originaba mi mal, se irritara conmigo y el azote de la enfermedad me atacara con más fuerza; así que reflexioné conmigo misma que, si pudiera tocar el borde de su manto, me salvaría. Tras tocarlo, y habiéndoseme secado la fuente de la sangre, quedé al instante sana. Y él alzó la voz, se diría que como si hubiera conocido de antemano las reflexiones de mi corazón: “¿Quién me ha tocado? Un poder ha salido de mí”.107 Así pues, yo, pálida y afligida, pensando que la enfermedad volvía a mí con más dureza, cayendo ante él llené la tierra de lágrimas y declaré mi atrevimiento. Él, pues era bueno, habiéndose conmovido por mí selló mi curación diciendo: “Ten ánimo, hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz”.108 Así también vos, Augusto, concededle su petición a la que os pide, pues es justa.’
“El rey Herodes, que se había enterado de esto por medio de la petición, se asustó ante el prodigio y, sintiendo temor ante el misterio de la curación, dijo: ‘La curación que te ha sobrevenido, mujer, merece algo mayor que una estela. Vete, pues, y levanta un monumento del tipo que quieras para dar gloria al que te curó’. Y al punto la propia Berenice, que poco antes padecía flujo de sangre, levantó en el centro de su misma ciudad de Panéada, en honor del Señor y Dios, un monumento broncíneo, de bronce fundido, mezcla de oro y plata. Este monumento sigue en la ciudad de Panéada hasta el presente, y no hace mucho tiempo que se la trasladó de donde estaba, en el medio de la ciudad, a un lugar sagrado, una casa de oración. Este informe fue hallado en la propia ciudad de Panéada, en casa de tu tal Baso que se convirtió de judío en cristiano; en él se hallaba la vida de todos los que reinaron en la tierra judía.”
[3.69] Del séptimo libro de la Historia Eclesiástica de Eusebio, hijo de Pánfilo, en relación con la hemorroísa de Panéada109:
“Ya que hacemos memoria de esta ciudad, considero que no es conveniente pasar por alto un relato digno de ser recordado también por quienes vengan después de nosotros. Ocurre que se decía que procedía de aquí la hemorroísa, de la que hemos aprendido gracias a los sagrados Evangelios que halló la liberación de sus sufrimientos por medio de nuestro Salvador, y que en la ciudad se mostraba su casa y subsistían recuerdos admirables de la buena acción que realizó con ella el Salvador. Y se cuenta que se alzaba sobre una piedra elevada, junto a las puertas de su casa, una estatua de mujer, de bronce; se apoyaba en una rodilla y, como tenía las manos extendidas hacia delante, parecía que estaba suplicando; frente a ella había otra figura de varón, del mismo material, erguida, correctamente revestida con un manto, que desde su sitio le tendía la mano; junto a sus pies nacía sobre esta estela un tipo extraño de planta, que ascendía como hasta el borde del manto de la figura de bronce y venía a ser un remedio para todas las enfermedades. Decían que esta estatua representaba una imagen de Jesús, el Señor, y subsistió hasta nuestros días, de forma que, si se está en la ciudad, se puede verla. Y no tiene nada de asombroso que hayan hecho tales cosas los que en tiempos se convirtieron habiendo sido antes gentiles después de recibir beneficios de nuestro Salvador, cuando también nos hemos enterado de que están pintadas las imágenes de los mismos apóstoles, de Pedro y Pablo, y del propio Salvador, según lo lógico, es que los antiguos estaban acostumbrados a conceder honor de esta manera sin preocuparse de más, pues entre ellos existía tal costumbre pagana.”110
[3.70] Del mismo, del libro noveno de la misma Historia, en relación con el rey Constantino111:
“Habiéndose dado muy buena cuenta de la ayuda que le había venido de Dios, al punto manda que se coloque un trofeo de la Pasión salvadora en la mano de su propia imagen, y en efecto él sostiene el signo salvador en la mano derecha; y manda que, habiéndola colocado en el lugar más frecuentado de Roma, que inscriban, siguiendo el orden, esta leyenda con sus propias palabras en lengua romana: ‘Con este signo salvador, verdadera prueba del valor, liberé vuestra ciudad, tras salvarla del tirano. Más aún, tras liberarla restituí al senado y al pueblo de los romanos a su antigua majestuosidad y esplendor’.”
[3.71] De la Historia Eclesiástica de Sócrates, libro primero, capítulo dieciocho, a propósito del mismo rey112:
“Después de esto el rey Constantino, sintiendo un interés mayor por los asuntos relativos al Cristianismo, se apartó de los cultos helénicos; y pone fin a los espectáculos de gladiadores mientras que, por otra parte, colocó en los templos sus imágenes.”
[3.72] De Esteban de Bostra, Contra los judíos, capítulo cuarto113:
“Nosotros hicimos las imágenes de los santos para recordar a los santos, como Abraham, Isaac, Jacob, Moisés, Elías, Zacarías y los restantes profetas y los santos mártires que perecieron por Él, para que todo el que vea sus imágenes se acuerde de ellos y dé gloria al que los glorificó.”
[3.73] Del mismo114:
“En lo que a las imágenes se refiere, confiamos en que toda obra que surge en el nombre de Dios es hermosa y santa. Pero de los ídolos y figuras de dioses, apártate, pues son malas y perversas, tanto ellas como quienes las hacen. Es que una cosa es una imagen de un profeta santo y otra distinta una figura o estatuilla de Crono, de Afrodita, de Helio y de Selene.115 Un hombre, ya que también ha nacido a imagen de Dios, es venerado. Pero la serpiente, puesto que es imagen del diablo, es impura y repudiable.
“Y si repudias las obras de las manos de los hombres, di, judío: ¿qué hay en la tierra que sea venerado no siendo obra de las manos de los hombres? ¿Acaso el Arca de Dios no era obra de las manos de los hombres? ¿No lo eran el altar y el Propiciatorio, y los querubines, y la jarra de oro, la que contenía el maná, y la mesa, y el Tabernáculo interior y todo lo que fue llamado por Dios ‘Santo entre lo Santo’? ¿No eran obra de las manos de los hombres los querubines, imágenes de ángeles? ¿Qué dices? Si les llamas ídolos, ¿qué le dices a Moisés, que los veneró, y a Israel?
“Y la veneración simboliza honor. De la misma forma también nosotros, pecadores, veneramos a Dios según el culto divino y con digna veneración le damos gloria y reverenciamos como creador y guía nuestro, mientras que con los ángeles y siervos de Dios hacemos lo propio conforme al honor debido a Dios, en tanto que criaturas de Dios y siervos suyos. Es que una imagen es nombre y semejanza del que está pintado en ella.”
“Por ello también hacemos memoria por medio de letras y caracteres de los padecimientos del Señor y de los santos profetas, que están inscritos en la Ley y los Evangelios.”
[3.74] De san Gregorio Nacianceno, del discurso Contra Juliano, el apóstata116:
“Lo simbolizan las imágenes de la calamidad que se produjo en tal lugar, que se hallan aún entre el pueblo.”
[3.75] Del Crisóstomo, de su Comentario a Job, el justo117:
“‘Todo esto que le aconteció no lo imputó a un sinsentido de Dios.’118 Igual que sucede con las imágenes, siempre que pintamos a uno, ponemos en el rótulo explicativo: ‘Aquí está fulano’; así ocurre también aquí: tras pintar la imagen de su alma, el que escribió el libro, tal y como si lo anotara por debajo en un punto clave, dice: ‘Todo esto que le aconteció no le llevó a Job a pecar’.”
[3.76] De la Vida del beato Constantino, libro cuarto119:
“Se podría colegir también qué grande era la fuerza de la fe divina en que estaba enraizada su alma a partir de lo siguiente: en las monedas de oro él hacía representar su imagen de manera que parecía que miraba hacia arriba, vuelto hacia Dios, a la manera de quien ora. Así pues, sus imágenes se hallaban por toda la tierra de los romanos, y en los edificios imperiales de algunas ciudades, en las imágenes que se alzaban en la parte alta de las puertas de entrada, se le representaba de pie, erguido, mirando hacia arriba, hacia el cielo, con las dos manos tendidas, con figura de orante. Así da a entender él mismo en sus representaciones que está orando.”
[3.77] Del mismo, del libro tercero120:
“Pues bien, de esta forma llegaba a su final la madre del rey, merecedora de la mayor honra tanto por sus actos gratos a Dios como por el retoño que de ella había nacido, excelente y prodigioso, al cual se ha de bendecir, además de por todo lo demás, por su piedad hacia la que lo engendró. A ella la hizo tan piadosa, sin haberlo sido antes, que parecía que había sido discípula desde la primera edad del propio común Salvador y, por otra parte, la había honrado hasta tal punto con la dignidad real que era llamada ‘emperatriz augusta’ entre todas las naciones, por parte de los propios cuerpos del ejército, y su imagen se representó incluso en monedas de oro.”
[3.78] Del mismo, del libro cuarto, capítulo sesenta y nueve121:
“Los habitantes de la ciudad imperial, el propio senado y el pueblo de Roma, al enterarse de la muerte del rey, paralizados al oír una noticia terrible y que superaba cualquier desgracia, hacían un duelo irrefrenable. Se clausuraban los baños y las reuniones en las plazas, y los espectáculos públicos y cuantas cosas tenía por costumbre hacer con buen ánimo la gente con ocasión de una vida relajada. Los que en tiempos vivían con lujo hacían las salidas de casa abatidos, y todos juntamente alababan al bienaventurado, al querido por Dios, al verdaderamente digno del imperio. Y esto no se limitaban a proclamarlo a gritos sino que, pasando a las obras, lo hacían con la erección de imágenes que lo honraban como vivo aun estando muerto; por una parte representaban la figura del cielo en una pintura coloreada y, por la otra, lo presentaban a él en el cuadro reposando, más allá de la bóveda de los cielos, en una etérea morada.”
[3.79] Del mismo, capítulo setenta y tres122:
“Así pues, a semejanza de Él,123 el tres veces bienaventurado se multiplicó y ya no fue uno solo gracias a sus hijos, sus sucesores, de forma que fue honrado con la erección de imágenes entre todos los pueblos a la vez que sus hijos.”
[3.80] De Teodoreto, obispo de Ciro, y de Policronio, del Comentario a Ezequiel124:
“Y, tal y como los romanos, al pintar las imágenes de los reyes, ponen a su alrededor el cuerpo de guardia y hacen que las naciones les aparezcan sometidas, también aquí sucede de manera semejante: dado que el rey, a la vista, es figura de Dios (como si marchara en un trono), señala las imágenes de todo lo que hay sobre la tierra y le devuelve a la composición la dignidad adecuada, mostrando el imperio de Dios sobre todas las cosas.”
[3.81] Del mismo lugar125:
“Y tú, hijo de hombre, cógete una tablilla; la pondrás ante ti y trazarás en ella toda Jerusalén, y le pondrás sitio, y construirás en ella baluartes y, a su alrededor, un terraplén, y la dotarás de cuarteles y dispondrás a su alrededor las máquinas de guerra.”
[3.82] Comentario126:
“Si te parece una cosa espantosa el que se le hable frente a frente a la multitud y se prediga el asalto de la ciudad y la destrucción del Templo y las cosas terribles que ocurrirán después de ello, revela esto de otra manera, de forma que también ellos entren en razón y tú muestres tu sensatez. Dice: ‘Y, cogiendo una tablilla, traza la ciudad’. Inscríbase el nombre de la ciudad, de forma que se reconozca que esta es ‘Jerusalén’. Tras hacer la ciudad pon a su alrededor, en la figura del dibujo, un ‘terraplén’, para que quepa un ejército numeroso. Y que las fuerzas se acerquen dispuestas para el combate, pues esto quiere decir con ‘cuarteles’ en lugar de tropas desplegadas en orden de combate: no solo están pertrechadas de armas sino que también se aproximan los ingenios bélicos con los que derribarán esas murallas. Es que a esas murallas se refieren ‘las máquinas de guerra’. Cosas de lo más asombroso revelan solo el asedio de la multitud en torno a la ciudad, para que, asustándola con el miedo antes de acontecimientos tan terribles, aparte de ella la impiedad.”
[3.83] Del Martirio de san Eustacio, también llamado Plácido127:
“Un día que, según su costumbre, salió a cazar al monte con el ejército y todos los escuderos, vio una manada de ciervos que pacía. Y, tras disponer la tropa según lo acostumbrado, se lanzó en su persecución. Mientras todos los soldados estaban ocupados capturando los ciervos, el más inmenso y de mejor aspecto de toda la manada se apartó de ella y se lanzó hacia el boscaje, en la parte más tupida de la selva y los sitios de paso más difícil. Cuando Plácido lo vio sintió el deseo de capturarlo, abandonó a todos y salió en su persecución con unos pocos soldados. Los que estaban con él desfallecieron y él solo perseveró en la persecución. Por providencia divina no desfalleció su caballo ni él se amilanó ante la dificultad del terreno; y, por lo prolongado de la persecución, se encontró a gran distancia de su tropa. Y aquel ciervo, ocupando la cima de una roca <elevadísima, se detuvo encima de ella. Habiéndose acercado más el comandante>, sin que nadie le acompañara, se quedó de pie mirando al ciervo desde todas partes y reflexionando de qué forma podría atraparlo.
“Mas el sapientísimo y misericordioso Dios, que medita caminos de todo tipo pensando en la salvación de los hombres, cazó a su vez a este en la cacería, no como a Cornelio a través de Pedro,128 sino como a Pablo (quien iba en su persecución) por medio de la manifestación de sí mismo.129 Cuando Plácido llevaba detenido un largo tiempo dirigiendo su mirada al ciervo, admirándose de su tamaño sin saber cómo capturarlo, el Señor le mostró un prodigio del tipo siguiente, no ilógico ni que excediera la grandeza de su poder, sino que, igual que, en el caso de Balaán, al dotar de palabra a su burra130 puso en evidencia lo que pensaba, así también en este caso le muestra a este sobre los cuernos del ciervo la figura de la santa Cruz, que brillaba con más intensidad que la luz del Sol, y en medio de los cuernos la imagen del cuerpo que portó a Dios, el cual aceptó asumir por nuestra salvación. Y, prestándole voz humana al ciervo, llama a Plácido diciéndole: ‘Plácido, ¿por qué me persigues? Mira, por ti me hallaba aquí y me has visto en este animal. Yo soy Jesucristo, al que veneras sin saberlo. Pues tus buenas obras, las que haces con los necesitados, han sido acogidas en mi presencia. Y he venido para manifestarme a ti por medio de este ciervo, para cazarte a ti a mi vez y atraparte con las redes de mi amor por los hombres. Es que no es justo que, quien me es querido por sus buenas obras, sea esclavo de espíritus impuros y de ídolos inertes y mudos. Por esto he venido a la tierra con este aspecto que ahora ves, porque quería salvar al género humano’.”
[3.84] De san Leoncio de Neápolis, de la isla de Chipre, del quinto discurso Contra los judíos131:
“Venga ya lo que sigue, vamos con ánimo y hagamos la defensa de la representación de las venerables imágenes, a fin de que se cierren las bocas de los sin ley que balbucean iniquidades, pues esta tradición corresponde a la Ley y no es nuestra. Oye, pues, al mismo Dios que le dice a Moisés que prepare dos imágenes talladas y fundidas de querubines que cubran con su sombra el Propiciatorio. Y nuevamente mostró Dios el Templo a Ezequiel; había, dice, figuras esculpidas de leones, de palmeras, hombres y querubines, desde el propio suelo hasta el alero del techo. Lo que aquí se dice es realmente tremendo. Dios, que le encargó a Israel que no hiciera una escultura, ni una imagen ni una representación de cuantas cosas hay en el cielo y de cuantas cosas hay en la tierra, él mismo le ordena a Moisés que haga figuras talladas de querubines, y a Ezequiel le muestra Dios el Templo lleno de imágenes y hombres tallados, de leones, palmeras y hombres. Y Salomón, siguiendo el modelo de la Ley, ha llenado el Templo de esculturas de bronce, de bueyes y palmeras y de hombres, y no fue acusado por Dios por ello. Pues bien, si me quieres acusar en lo que se refiere a las imágenes, acusa primero a Dios que ordenó hacer estas cosas como recordatorio de que Él está entre nosotros.”
[3.85] Del mismo, del quinto discurso132:
“Nuevamente se mofan de nosotros por la Cruz venerable y porque mostramos y veneramos las imágenes hechas a semejanza de Dios, y quienes son unos completos ateos133 nos llaman idólatras y dicen que tenemos un madero por Dios. Si adoro un madero como dices, ateo, también soy un completo politeísta. Y si soy politeísta, sería totalmente necesario que dijera al jurar: ‘¡Por los dioses!’, igual que tú decías también al ver un cordero: ‘¡Estos son tus dioses, Israel!’.134 No obstante, no esperarías oír esto nunca de bocas cristianas, aunque la adúltera e infiel sinagoga135 tiene siempre la costumbre de llamar ramera a la castísima Iglesia de Cristo.”
[3.86] Del mismo136:
“Es que tampoco entre nosotros se venera como a dioses las representaciones, imágenes y figuras de los santos. Pues, si veneráramos el madero de la imagen como a Dios, llegaríamos a venerar en suma también los restantes maderos y no quemaríamos en el fuego la imagen cuando la figura se desgasta, según hacemos muchas veces.
“Y, volviendo a lo anterior, mientras se hallan enlazados los maderos de la cruz, reverencio su figura por Cristo que fue crucificado en ella; pero, una vez que se separan el uno del otro, los desecho y los quemo. Y, tal y como el que había recibido una orden sellada del rey, después de saludar con respeto el sello no rindió honor al lacre ni al pergamino ni al plomo sino que reservó su reverencia y veneración para el rey, así también cuando nosotros, hijos de cristianos, veneramos la figura de la Cruz, no veneramos la naturaleza del leño sino que, contemplando a través de ella el sello, el dedo y la huella del propio Cristo, saludamos con respeto y reverenciamos al que en ella fue crucificado.”
[3.87] Del mismo137:
“Y por esto modelo y pinto a Cristo y los padecimientos de Cristo en iglesias, casas y plazas, en imágenes y en tela, en lugares reservados, en ropas y en todo lugar, para que, viendo esto de manera constante, me acuerde de ello y no se me olvide, igual que tú te olvidaste para siempre del Señor, tu Dios.138
“Tal como tú, cuando veneras el libro de la Ley, no veneras la naturaleza de sus pieles y tinta sino las razones de Dios que están plasmadas en él, así rindo yo también veneración a la imagen de Cristo, no a la naturaleza del madero y de los colores (¡no suceda tal!) sino que, rindiendo veneración a una figura inanimada de Cristo, creo que a través de ella alcanzo y venero al propio Cristo. Y, tal y como Jacob, al recibir de los hermanos de José, cuando lo vendieron, su preciosa túnica cubierta de sangre, la llenó de besos por todas partes, entre lágrimas, y la acercó a sus ojos, no porque se lamentara por el manto sino porque pensaba que a través de él besaba a José y lo tenía entre sus brazos139; así también, siendo hijos de cristianos, al besar con la carne una imagen de <Cristo> o de un apóstol o mártir, pensamos que besamos con el alma a aquel mismo Cristo o a su mártir.
“Así pues, según dije muchas veces, lo que pretendemos se detecta con ocasión de todo beso y de toda veneración. Si a mí me echas en cara que venero al madero de la Cruz como a Dios, ¿por qué no le echas en cara a Jacob el que venerara apoyado en el extremo del cayado de José?140 Ahora bien, está claro que no veneró la madera porque la honrara sino que veneró a José por medio de la madera, tal y como nosotros rendimos también veneración a Cristo a través de la Cruz. Pues también Abraham veneró a los que le vendieron la sepultura, aun siendo hombres impíos, y dobló su rodilla en tierra, aunque no los veneró como a dioses.141 Y, una vez más, Jacob bendijo a Faraón,142 aun siendo impío e idólatra, y a Esaú lo mismo siete veces143 pero no como a Dios.
“Mira de cuántos besos y de cuántos actos de veneración te he dado muestra, lo mismo contenidos en la Escritura que naturales, que no encierran motivo de acusación. Pero tú, siempre que me ves venerando una imagen de Cristo o de su sacratísima madre o de un santo, te enojas conmigo al instante, me insultas, te apartas de mí y me llamas idólatra, y no te avergüenzas, y te entran escalofríos y enrojeces cuando ves que a diario suprimo por toda la tierra templos de ídolos y levanto templos de los mártires. Si venerara a los ídolos, ¿por qué honro a los mártires, quienes suprimieron los ídolos? Y si glorifico, como dices, las maderas, ¿cómo es que honro a los santos que quemaron las imágenes de madera de los demonios? Y si glorifico también las piedras, ¿cómo les doy gloria a los apóstoles que quebraron los ídolos de piedra? Si reverencio las imágenes de los falsos dioses, ¿cómo es que glorifico y alabo y celebro fiestas en honor de los tres jóvenes que padecieron en Babilonia y no rindieron veneración a la imagen de oro del ídolo144? Pero en verdad es muy grande la dureza de los impíos, muy grande su ceguera. Judío, grande es tu desvergüenza y tu impiedad. Verdaderamente obras injustamente contra la verdad. ‘Álzate, oh Dios, juzga tu causa’.145 Juzga y haznos justicia ante esta raza que no es piadosa sino impía y extraña, que te exaspera en todo”.
[3.88] Del mismo146:
“Así pues si, como he dicho muchas veces, yo venerara la madera y la piedra como a Dios, también les diría yo a la madera y la piedra: ‘Tú me engendraste’.147 Y si venero las imágenes de los santos, a los santos más bien, y venero los padecimientos de los santos mártires y les rindo honor, ¿cómo llamas ídolos a estas cosas, necio? Los ídolos son imagen y semejanza de los falsarios, adúlteros y asesinos, de los que sacrifican a sus hijos y son afeminados, no de profetas ni apóstoles. Y escucha, que en un aparte te voy a presentar un ejemplo breve y fidelísimo acerca de las imágenes cristianas y las griegas.
“Los caldeos tenían en Babilonia todo tipo de instrumentos musicales al servicio de las imágenes de los demonios, y también los hijos de Israel tenían instrumentos procedentes de Jerusalén que colgaron en los sauces148: unos y otros instrumentos venían a ser arpas, cítaras y flautas pero, mientras que unos fueron hechos para dar gloria a Dios, los otros no eran más que imitaciones al servicio del culto de los demonios. De ahora en adelante date cuenta de que así sucede con las imágenes y los ídolos, de griegos y cristianos: aquellos fueron creados para dar gloria y ser recuerdo del diablo mientras que estos lo fueron para la gloria de Cristo, de los apóstoles, de los mártires y de sus santos.”
[3.89] Del mismo149:
“En efecto, siempre que veas a un cristiano prestando veneración a la cruz, entiende que la venera por Cristo, el crucificado, y no por la naturaleza de la madera. Pues veneraríamos todas las maderas del campo, también como Israel veneraba los bosques y los árboles diciendo: ‘Tú eres mi Dios, tú me engendraste’.150 Pero nosotros no obramos así sino que tenemos un recuerdo y representación de los padecimientos del Señor y de los que sufrieron por Él, lo tenemos en las iglesias y casas, y lo hacemos todo por Él, por nuestro Señor. Y, por otro lado, dime, judío, ¿qué texto de la escritura le permitió a Moisés rendir veneración a Jetró, su suegro, que era un idólatra,151 y a Jacob hacer lo mismo con Faraón,152 y a Abraham con los hijos de Hemor,153 y a Daniel con Nabucodonosor, que era un impío154? Y si ellos, que eran justos y profetas hacían esto en razón de la vida de este mundo y según la oportunidad de la ocasión, ¿cómo me reprochas a mí el que venere gracias a los santos recuerdos de los santos, en forma de pintura y de historia, sus padecimientos y sus pruebas, gracias a los cuales hago buenas obras cada día y recibo una vida finisecular y eterna?”
[3.90] De la Historia Eclesiástica de Teodoro, tomo cuatro155:
“Bajo este consulado, por el mes de diciembre, que tiene treinta días y un quinto,156 se produjo un prodigio terrible, portentoso y que conmocionó el sentido del oído de todos los hombres. Es que uno que se llamaba Olimpio, que acompañaba el caballo de paseo de Eutimio, el jefe de la secta de Arrio, se presentó en el baño del palacio de los helenianos,157 donde el masajista, y, al ver a unos de los que se bañaban, que adoraban la gloria del Consustancial,158 les dijo así, con estas mismas palabras: ‘¿Qué es, pues, la Trinidad? ¿En qué muro no está pintada?’ Y, echando mano de sus partes, dijo: ‘Mirad, yo también tengo una trinidad’. De modo que los que allí se encontraban, alterados, lo iban a destrozar. Pero los contuvo un tal Magno, presbítero de la iglesia de los Santos Apóstoles de intramuros, un hombre admirable y servidor de Dios, quien les dijo que aquello no le pasaba desapercibido al ojo de la justicia que todo lo contempla, el cual escribe con palabras precisas.
“Cuando pusieron fin al tumulto por respeto a este varón, Olimpio se levantó para irse y, tras usar según la costumbre el baño de agua caliente, se fue al que contiene la fría; este recibe el agua de una fuente que nace en medio del venerable altar de la santa casa del protomártir Esteban, la cual levantó antiguamente Aureliano, quien brilla por sus decisiones como gobernante159: creo que por ello se considera que Dios ha puesto sus ojos en esta agua. Tras meterse en ella, vuelve rápidamente a subir chillando: ‘¡Apiadaos, apiadaos de mí!’; y, al rascarse, arrancaba de los huesos sus carnes. Todos lo rodearon y, sujetándolo y envolviéndolo con una tela, lo recostaron moribundo. Le preguntaban qué era lo que había ocurrido, y Olimpio dice: ‘Vi a un hombre vestido de blanco que se pegó a mí por donde está la entrada del agua, echó a mi alrededor tres medidas de agua caliente y me dijo: ‘No blasfemes’’. Sus parientes lo recogieron con una litera y lo trasladaron a otro baño que se hallaba junto a la iglesia de los arrianos. Cuando quisieron quitarle la tela, arrancaban al tiempo toda su carne y, muerto así, entregó su espíritu.
“Esto se supo prácticamente en toda la ciudad imperial. Algunos divulgaban, en relación con el que lo había sufrido, que en tiempos se había convertido mediante un nuevo bautismo a la doctrina de Arrio, tras haber practicado el culto que da gloria a la consustancialidad. Una vez que este suceso llegó a oídos de los reyes (era Anastasio),160 este autorizó que el prodigio se pintara en un cuadro y se colgara encima de la entrada del agua. Un tal Juan, diácono y representante legal de la citada santa casa de Esteban, el primero de los mártires, varón que demostraba siempre un celo como ningún otro en defensa del dogma de la consustancialidad, también él lo recogió en un cuadro, pero no solo eso: es que puso por escrito los nombres de los que se bañaban en aquel lugar y lo vieron, dónde habitaba cada uno y además también los nombres de quienes atendían los baños. Da testimonio de ello hasta el presente la imagen, fijada en el dintel del atrio del lugar de oración del que se ha hablado varias veces.
“Y, dado que a este milagro acompañó otro, no sería pío desentenderse de él, pues se trata del mismo caso, y no dudaré en decirlo aunque se haya apartado un tanto de la ocasión presente. Ocurre que los de la secta de Arrio, viendo que tal triunfo se hacía con la victoria, le imploraron al que tenía confiado, como encargado, el cuidado del palacio de los helenianos y de la administración del baño, que bajara y ocultase la imagen. Este encontró como hábil excusa que se le había pegado humedad procedente de las aguas y, tras bajar la imagen por haberse estropeado y para repararla, dice, la ocultó. El rey, que efectuaba visitas periódicas a cada sede imperial, se presentó también allí y preguntó por la imagen. Y así volvió a ser colocada en la pared. Seguidamente a Eutiquiano (pues este era el nombre del administrador) le sobrevino un mal enviado por la justicia divina, que hizo que el ojo derecho se le abriera y, además, afligiendo de la peor manera también el resto de sus miembros, lo llevó a acercarse al santo lugar de oración donde se cree que reposa una parte de los sagrados restos de los divinos Pantaleón y Marino: el lugar recibe el nombre de ‘Concordia’ porque, reunidos allí los ciento cincuenta obispos en tiempos del rey Teodosio el Grande,161 elaboraron una doctrina común y consensuada sobre la consustancialidad de la divina Trinidad y, por otra parte, sobre la Encarnación del Señor, dejando clara su concepción de madre virginal; por ello ha obtenido esta denominación.
“Cuando llevaba aguantando unos siete días, sin mejorar nada y, al contrario, se le habían consumido también los testículos, a mitad de una de las noches, el subdiácono al que le había tocado hacer guardia toda la noche ve en sueños a un rey que, de pie ante él y señalando con la mano al enfermo, dice: ‘¿Cómo aceptaste a este? ¿Quién es el que lo trajo aquí? Este es el que formaba grupo con los que blasfemaron contra mí. Este es el que ocultó la imagen del milagro’. El clérigo se despertó y relató lo visto, diciendo que resultaba ser cosa imposible que este se curara de la plaga. Esa misma noche Eutiquiano, liberado de los dolores como en un sueño, ve a un joven eunuco vestido con una paragauda162 brillante que le decía: ‘¿Qué te pasa?’ Cuando le dijo ‘Me muero consumido y no encuentro cura’, oía que le contestaba: ‘Nadie te puede ayudar. Es que el Rey está irritado contigo de forma terrible’. Este suplicaba diciendo: ‘¿A quién puedo conmover o qué puedo hacer?’. El otro contesta: ‘Si quieres descansar, vete rápidamente al baño de los helenianos y reposa cerca de la imagen del arriano que se quemó’. Al instante se despertó del sueño y llamó a uno de los que estaban de servicio. Y se sorprendieron, pues llevaba ya tres días sin voz. Y habló con ellos y les exhortó a que lo llevaran según lo ordenado. Nada más llegar al lugar y colocarlo junto a la imagen, expiró; y es que aquel al que vio hablándole llamó en verdad a la separación del alma del cuerpo ‘libertad del descanso’.”
[3.91] De san Anastasio, del santo monte Sinaí163:
“A cuatro millas de Damasco hay un terreno llamado Garsatá. En dicho terreno hay un templo de san Teodoro.164 Unos sarracenos entraron en este templo y se aposentaron, manchándolo y contaminándolo con la presencia de mujeres, niños y animales. Pues bien, uno de los días, cuando se hallaban sentados y en mutua compañía un buen número de ellos, uno del grupo disparó una flecha contra la imagen de san Teodoro y le dio en el hombro derecho; al tiempo salió sangre y se deslizó hasta la base de la imagen, mientras todos contemplaban el prodigio que se había producido, la saeta clavada en hombro del santo y la sangre que caía. He aquí que, tras ver que se había producido un prodigio de tal tipo, no llegaron a cobrar conciencia de lo que ocurría: el que había disparado la flecha no se arrepintió, no se alteró ninguno de ellos, no se marcharon del templo, no dejaron de mancillarlo. Y, en efecto, pagaron por ello la pena máxima. Pues, habiendo veinticuatro familias entre los que se habían instalado en el templo, a los pocos días fueron todos eliminados por una muerte amarga, sin que ninguno de estos muriera en el mismo lugar, salvo los que estaban instalados en el templo en aquellos mismos días. Pues bien, esta imagen que fue asaeteada existe todavía y conserva la marca de la flecha y la huella de la sangre. Y viven muchos de los que lo vieron y se encontraron allí entonces, cuando se produjo este hecho prodigioso. También yo lo he escrito por haber visto su imagen y haber contemplado lo que contemplé.”
[3.92] De la Vida de san Simeón Taumaturgo. Es narración de Arcadio, arzobispo de Chipre, milagro ciento treinta y dos165:
“Sucedió en aquellos días que un hombre, comerciante de la ciudad de Antioquía, fue atacado por un espíritu perverso con una afección terrible y padecía durante largo tiempo una opresión tal que se veía asfixiado por él y los pulmones se le comprimían. Este, que subió a donde estaba el santo, obtuvo curación por su intercesión, se encontró como si no hubiera experimentado ningún mal, al regresar a su casa le levantó en agradecimiento una imagen en un lugar público y visible de la ciudad, encima de las puertas de su negocio. Algunos descreídos, al ver que era venerada con tanto honor, con velas y colgaduras, se llenaron de indignación y alborotaron a sus semejantes, gente indisciplinada, de forma que acudió en tropel una muchedumbre que chillaba alborotada: ‘¡Mata al que ha hecho esto y que la imagen sea derribada!’. Ocurrió que, por providencia divina, no se encontraba entonces el hombre en su casa, pues ansiaban despedazarlo, chillando los unos unas cosas y los otros otras. Es que su maldad era mucha y grande a los ojos de Dios, y su envidia inmensa; animados también por ella habían acudido juntos a este lugar, pensando que habían encontrado una oportunidad para rebelarse y ofender al santo,166 pues había probado muchas veces la mala fe y el error de quienes seguían entre ellos la religión griega.
“Así pues, como no podían soportar esta locura tan grande, le encargaron a uno de los soldados que se subiera a una escalera y tirara la imagen. Él subió y, cuando extendió las manos para cumplir lo ordenado, al punto se resbaló cayendo desde lo alto abajo, contra el suelo, con lo que se produjo un alboroto grande entre la multitud. E insistieron, enardecidos, en hacer subir a otro, y también este, al extender las manos para arrancarla, vino a dar en tierra de la misma forma. Y, cuando esto sucedió, todos se llenaron de temor y empezaron a hacerse el signo de la cruz. Aquellos incrédulos, persistiendo en su insania, insistieron en hacer subir a un tercero con la misma intención; y, al extender también él las manos para tirar la imagen, de la misma forma también él resbaló y vino a dar al suelo. Entonces un temor grande recayó sobre todos los fieles que se hallaban alrededor, los cuales, impresionados también por la cerrazón y osadía de aquellos hombres incrédulos e impíos, se retiraban venerando la imagen con su oración.”
[3.93] De san Juan Crisóstomo, del discurso Date cuenta de que caminas en medio de trampas167:
“No nos llenemos de dolor, hermanos queridos, ni nos hundamos ante la tribulación presente; antes bien, admiremos lo bien que actúa la sabiduría de Dios. Pues Dios ha levantado y enderezado nuestra ciudad por los medios con los que el diablo contó con arruinarla. Es que el diablo inspiró a algunos hombres criminales, y ellos ultrajaron las estatuas de los reyes para hacer desaparecer el propio fundamento de la ciudad.”
[3.94] Del mismo168:
“Después que acontecieron tales actos de osadía, y algunos (réprobos y más que réprobos) pisoteando las leyes derribaron las estatuas e hicieron que amenazara a todos el peligro extremo, de forma que ahora tememos por la propia vida por crispar al rey, en lo que resta ya no inquieta la pena económica sino que oigo que todos dicen otras cosas y no lo de antes: ‘Que el rey se quede con la hacienda, nos apartaremos de las plazas públicas y las casas con placer; que se nos prometa salvar solamente el cuerpo sin más’. Así pues, tal y como entonces, antes de que nos amenazara el temor por la muerte, inquietaba la pena económica y, una vez que se osó cometer los actos ilícitos, introduciéndose desterró el dolor por la pena <…>”.
[3.95] Del mismo169:
“¿No sabes que, aunque uno no robe, si se lo encuentra en la guarida de los ladrones recibe la misma pena que ellos? Y, ¿por qué hablo de las cosas de los ladrones? En efecto, todos sabéis, y os acordáis de ello, que los que derribaron entre nosotros las estatuas eran unos hombres réprobos y falsarios; pero, cuantos se descubrió que se hallaban simplemente presentes cuando sucedió, fueron arrestados y presentados junto con ellos ante el tribunal y recibieron la pena máxima.”
[3.96] De Teodoreto, obispo de Ciro, de su Historia del amor a Dios, a propósito de Macedonio el Asianita170:
“En otra ocasión, habiéndose visto agitada la ciudad por un demonio perverso, se dejaron llevar por la locura contra las estelas imperiales de forma irreflexiva, con la intención de erradicar la enfermedad <…>”.
[3.97] De la Historia Eclesiástica de Teodoro el Lector, de Constantinopla, a propósito de un hereje llamado Paladio171:
“El obispo de Antioquía Paladio, procurando ganarse el favor del rey se sentía a disgusto con quienes seguían los dogmas aprobados en Calcedonia y derribó las imágenes de los Santos Padres”.
[3.98] De la Vida del beato Constantino, libro tercero, capítulo cuarto172:
“Así pues, lo que le venía a su ánimo173 se hacía realidad. Por otro lado, lo que nacía de la malignidad de la envidia y alteraba terriblemente las iglesias de la parte de Alejandría, así como las divisiones que se daban entre tebanos y egipcios, provocaban otros males no pequeños: ellos mismos se atacaban entre sí en cada ciudad, alzándose obispos contra obispos y pueblo contra pueblo, y no con simples encontronazos sino golpeándose unos a otros, de forma que se podía ver que, por la exaltación de sus mentes, de manera impía intentaban también ultrajar insensatamente las imágenes de los reyes.”
[3.99] De la Historia Eclesiástica, acerca de los que compartían las tesis de Dióscoro174:
“Llegó a tal punto de osadía que también borró de los sagrados dípticos175 los nombres de los bienaventurados pastores que habían estado allí y destruyó por medio del fuego sus imágenes como un tirano.”
[3.100] De la misma Historia, acerca del hereje que sucedió en la cátedra de Constantinopla a Macedonio176:
“Este impío, saliendo fuera en las reuniones litúrgicas, ordenaba inspeccionar las santas casas177 por si en algún lugar encontraba pintado en una imagen a Macedonio; que, si no destruía esta imagen, no celebraría el culto.”
[3.101] De la misma Historia, acerca de Juliano y Timoteo {el llamado también ‘el Gato’}178:
“Algunos de los que se gozan con los altercados permiten saber que este Juliano fue atacado por el Macedonio antes citado junto con el obispo Timoteo y por qué motivo lo fue. Tras hacerlo llevar179 con premura por medio de sus servidores, hallándose presentes también mandatarios civiles en la sede episcopal, obligaba a que fueran condenadas las decisiones del concilio celebrado en Calcedonia. Y el anciano, dirigiendo sus peticiones a las imágenes de los sacerdotes difuntos Flaviano y Anatolio, los arzobispos que habían sido retratados en Constantinopla,180 gracias a los cuales obtuvo la máxima autoridad el concilio de Calcedonia, gritaba: ‘Si no queréis permitir que se condenen las decisiones del concilio llamado santo, que se borren las imágenes de los obispos y de los sagrados dípticos <…>’.”
[3.102] Del Crisóstomo, del discurso Sobre san Flaviano de Antioquía181:
“También la multitud se mostró en esto según es. Sucede que, dejándose guiar por un ímpetu irracional, la emprendían contra las imágenes y estatuas imperiales y, tras derribarlas, las arrastraban por el ágora, pues la insania sacó de quicio las inteligencias y la ira cegó los razonamientos sensatos.”
[3.103] Del mismo escrito, del patriarca Flaviano al gran rey Teodosio182:
“Hemos pecado, majestad. No escondemos el pecado, al cual acusa incluso la Creación. No negamos la locura por la que fuimos poseídos, enemiga de tus imágenes y más aún de nosotros mismos; y sin embargo, como condenados, confiamos en tu indulgencia.”
[3.104] Y otra vez del mismo escrito, de san Flaviano183:
“No destruyas imágenes tan grandes184 por una sola imagen de bronce. No destroces tantas obras de arte divinas por una sola obra artística hecha en bronce que puede ser fundida con facilidad.”
[3.107]185 De san Gregorio Nacianceno, de sus Poesías186:
“O no enseñar o hacerlo con las formas;
no arrastrar por una parte y, por la otra, apartar con ambas manos.
Poca necesidad tendrá de hablar quien haga lo que debe.
El pintor enseña la mayor parte con sus pinturas.”
[3.108] Interpretación de lo mismo:
“Si”, dice, “no enseñas con las formas, no enseñes con la palabra, a fin de que no espantes a los que arrastras con la palabra por no tener buenas formas. Es que, si haces lo que es necesario, esa acción recta será también palabra que enseñe, igual que el pintor enseña sobre todo con sus figuras”.
[3.109] Del mismo187:
“Tampoco pasaré en silencio a Polemón.
Que también su caso prodigioso es de los que son en exceso comentados.
No se contaba este otrora entre los prudentes
y era, por cierto, esclavo torpe de los placeres.
Pero, una vez que fue poseído por el amor del Bien
tras hallar un consejero (y no puedo decir cuál,
fuera, pues, un sabio, fuera él mismo), de golpe
se lo vio tan por encima de las pasiones
que presentaré uno solo de sus hechos prodigiosos.
Un joven incontinente manda llamar a una prostituta.
Dicen que cuando esta llegó cerca de la puerta,
por encima de la cual destacaba Polemón en una imagen,
viéndola (es que movía a la piedad)
se marchó al punto, vencida por la visión,
pues se avergonzaba ante el que estaba pintado como si estuviera vivo.”
[3.110] Del Crisóstomo, de la Carta a Timoteo, párrafo octavo188:
“‘Sé modelo de creyentes’ ‘ofreciéndote en todo como modelo de las buenas obras’189: esto es, con el modelo ejemplar de tu vida, sé tú mismo como una imagen expuesta.”
[3.111] De la proclamación del santo sexto concilio190:
“De nuevo Nestorio, y de nuevo Celestino y Cirilo191; pues el uno descomponía y dividía a Cristo mientras que los otros, interviniendo conjuntamente en pro del Señor, derribaban al que lo separaba. Estas cosas las proclaman Éfeso y los cuadros que, callando, recogen lo que allí se hizo por medio de una lengua no escrita.”
[3.112] De Clemente el vetusto, presbítero de Alejandría, del libro séptimo de sus Misceláneas192:
“Así pues, no se limita193 a elogiar lo bueno y bello: él mismo se fuerza a ser bueno y pasa, por el amor, de ser un ‘siervo bueno y fiel’ a ser un ‘amigo’194 por lo acabado de su disposición, la cual adquirió de manera pura gracias a un aprendizaje recto y a la ascesis frecuente. Así podrá llegar al punto máximo del conocimiento, forzándose en el carácter y habiendo alcanzado el orden, sosegado de aspecto, poseyendo todo aquello que es la aspiración de quien es verdaderamente sabio,195 volviendo la vista a las imágenes bellas, a los muchos patriarcas que señalaron la ortodoxia antes de él, a los innumerables profetas, a los ángeles cuyo número nos resultaría imposible contar y al que es Señor sobre todo, al que nos instruyó y mostró que es posible alcanzar la vida de aquellas personas excelsas.”
[3.113] De san Teodoro, obispo de Pentápolis196:
“Había también un hombre de los más destacados de aquella tierra llamado Dión, el cual engalanó con muchas ofrendas el templo del santo mártir y revistió de plata su altar. Uno de sus criados se escapó habiéndole robado mucho dinero. Dión no salió en su persecución sino que, dirigiéndose a la imagen del santo, reprodujo con una base de cera la figura de su imagen y, movido por la fe en el santo mártir, la fijó en la puerta de su casa. Y el chico se paró y se dio la vuelta como empujado por alguien y se presentó ante su amo sin haber gastado nada de lo que había rapiñado. Pues bien, como todos los de aquella tierra se enteraron de esto, hasta el día de hoy hacen lo mismo con los que se escapan.”
[3.114] De san Atanasio de Alejandría, Contra los arrianos, libro tercero197:
“El Hijo, al ser fruto propio de la sustancia del Padre, dice con lógica que también las cosas del Padre son suyas. Por ello, de manera conveniente y consecuente con el decir ‘el Padre y Yo somos una misma cosa’,198 añadió: ‘Para que sepáis que yo estoy en el Padre y el Padre en mí’.199 Además de esto dijo de nuevo: ‘El que me ha visto a mí ha visto al Padre’.200 Y en las tres citas hay un solo pensamiento, y es este. Es que quien ha conocido de esta forma que el Hijo y el Padre son una sola cosa, sabe que Él está en el Padre y el Padre en el Hijo, pues la divinidad del Hijo es propia del Padre y está en el Hijo. Y el que ha comprendido esto sabe que quien ha visto al Hijo ha visto al Padre, pues la divinidad del Padre se contempla en el Hijo.
“Se puede entender esto con más facilidad a partir del ejemplo de la imagen del rey, pues en la imagen del rey están su apariencia y su forma, y en el rey está también la apariencia que se halla en la imagen. La semejanza del rey en la imagen es idéntica, de forma que el que ve la imagen ve en ella al rey y el que a su vez ve al rey se da cuenta de que él es el que está en la imagen. Y, dado que esta semejanza no cambia para quien quiere contemplar al rey después de la imagen, esta le podría decir: ‘El rey y yo somos una sola cosa, pues yo estoy en él y él en mí; y, lo que ves en mí, eso lo contemplas en él, y lo que has visto en él, lo contemplas en mí. Es que el que venera la imagen venera en ella al rey, pues la imagen es su forma y su apariencia es la imagen’.”
[3.115] Del mismo, al soberano Antíoco201:
“¿Qué dicen a esto los que aborrecen y permiten que no se veneren las figuras de los santos, a las cuales damos forma nosotros por recordarlos?”
[3.116] De Ambrosio, obispo de Milán, al rey Graciano, Sobre la economía de la Encarnación del Verbo de Dios202:
“Era Dios antes de la carne y es Dios en la carne. ‘Pero qué miedo’, dice, ‘no vaya a parecer que, al distinguir en Cristo dos principios rectores o una sabiduría doble, estamos dividiendo a Cristo’. Pues, cuando veneramos tanto su divinidad como su carne, ¿acaso lo dividimos?; o, cuando veneramos en Él la imagen de Dios y la Cruz, ¿lo estamos descomponiendo? No así!”
[3.117] De Cirilo, patriarca de Jerusalén, de la Catequesis duodécima203:
“Si buscas la razón de la venida de Cristo, vete al primer libro de las Escrituras. Dios hizo el mundo en seis días, pero el mundo existe por el hombre; sí, es brillantísimo el Sol que resplandece con sus rayos; pero surgió, decimos, en función del hombre. Y todos los seres vivos recibieron la existencia para servirnos, las hierbas y los árboles fueron creados para nuestro provecho. Todas las obras del Creador son hermosas pero ninguna de ellas es imagen de Dios, solo el hombre. El Sol fue formado con solo una orden, el hombre lo fue por las manos divinas. ‘Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza’.204 La imagen de madera de un rey terrenal es honrada: ¡cuánto más la imagen racional de Dios!”
[3.118] De san Basilio, a san Flaviano, acerca de la samaritana205:
“Nuestro Señor, enseñando que la veneración que se prestaba en un lugar estaba errada por la costumbre local, dice: ‘Es preciso adorar en espíritu y verdad’,206 declarando que Él es ciertamente la verdad. Igual que decimos que al Padre se lo venera en el Hijo como en una imagen de Dios Padre, así también en el Espíritu, pues muestra en sí mismo la divinidad del Señor.”
[3.119] De san Gregorio Nacianceno, acerca del bautismo207:
“Si te asalta después del bautismo el perseguidor de la luz (y te asaltará, pues también asaltó al Verbo y Dios mío, a la luz oculta, a través de la apariencia) tienes con qué vencer: no temas el combate. Sírvete como escudo del Espíritu, sírvete del agua.”
Y, poco después:
“Dile, fiado de este resello: ‘Soy imagen de Dios: no estoy derribado de la gloria de lo alto como tú por tu soberbia. Estoy revestido de Cristo, me he hecho Cristo por el bautismo. Adórame tú a mí’.”
[3.120] De san Juan Crisóstomo, Sobre los Macabeos208:
“Las imágenes de las figuras imperiales puede encontrarlas uno no solo brillando en oro y plata y los materiales más nobles sino que ya es posible ver también la misma forma representada en bronce. Y la diferencia de los materiales no empece la dignidad de la figura ni el hallarse presente lo que es inferior resta honor a los que son superiores: no, la figura imperial dignifica de forma semejante todos los materiales y, sin que la materia le reste nada, hace que sea más honrosa la materia que la recibe.”
[3.121] Del mismo, del primer discurso Contra Juliano el ateo209:
“¿Y qué ocurre con el nuevo Nabucodonosor? Este no se nos mostró en absoluto más amable que el de antaño, y sus carbones todavía nos apremian aunque hayamos huido de su llama. ¿No muestran las imágenes de los santos, que se hallan en las iglesias para veneración de los fieles, la ruina del cuerpo?”
[3.122] Del mismo, sobre el lavatorio210:
“Es que, como cuando las figuras e imágenes imperiales son enviadas y llegan a una ciudad, las autoridades y la gente del pueblo salen a su encuentro con respeto y reverencia, no por honrar una tabla ni la pintura hecha a partir de una base de cera sino la imagen del rey, así sucede también con la Creación.”
[3.123] De Severiano de Gábala, del libro cuarto de Sobre la Cruz211:
“‘Golpeó Moisés la roca una y dos veces.’212 ¿Por qué ‘una y dos veces’? Si confía en el poder de Dios, ¿qué necesidad tiene de un segundo golpe? Y si golpea sin contar con el poder de Dios, ni dos golpes ni diez ni cien podrán dotar de una naturaleza dadora de vida a la naturaleza infecunda. Así pues, simplemente con que la obra fuera de Dios, aun sin el misterio de la Cruz, bastaba con una sola vez, bastaba también una sola indicación, bastaba también una palabra. Pero esto sucede para prefigurar la imagen de la Cruz. ‘Golpeó’, dice, ‘Moisés la roca una y dos veces’, no de acuerdo con esa misma figura sino dibujando un prototipo de la Cruz, para que también la naturaleza inanimada mire con respeto el símbolo de la Cruz. Es que, si estando ausente el rey basta su imagen para cubrir su puesto, la reverencian los mandatarios, se efectúan rogativas, los dignatarios salen a su encuentro y la gente del pueblo la venera, no fijándose en la tabla sino en la imagen del rey, aunque no se le vea corporalmente sino que se le muestra en una representación: ¡cuánto más la imagen de un rey inmortal puede no solo quebrar una roca sino también el cielo y toda la Tierra!”
[3.124] De la Cronografía de Isidoro diácono213:
“Se equivocó Teófilo al acusar a Juan Crisóstomo ante la emperatriz Eudoxia de que este seguía el pensamiento de la escuela de Orígenes.214 La Augusta era hostil al mencionado Juan teniendo por excusa la viña de la viuda; y por esta falta no pudo Teófilo rendir el alma hasta que llegó ante él la imagen del Crisóstomo; y, tras reverenciarla, entregó el espíritu.”
[3.125] De Jerónimo, sacerdote de Jerusalén215:
“‘Si ningún pasaje de vuestra Escritura os permite venerar la Cruz, ¿en virtud de qué la seguís venerando? Decídnoslo a nosotros, judíos, griegos y a todos los pueblos que os interrogan.’
“Respuesta: Por esto, gente necia y de corazón desvergonzado, a todo pueblo que lo reverencia de manera absoluta le permitió quizá Dios que venere sobre la tierra alguna cosa que sea obra del hombre, para que ya no se les pueda hacer reproches a los cristianos por la Cruz y la veneración de las imágenes. Así pues, igual que el judío veneraba el Arca de la Alianza y los dos querubines, elaborados en oro por el fundidor, y las dos Tablas que Moisés labró, tras haberle sido encomendado por Dios que de ninguna forma venerara o reverenciara estas cosas, así también los cristianos no reverenciamos la Cruz como a un dios sino queriendo mostrar la recta disposición de nuestra alma hacia el crucificado.”
[3.126] Del gran Simeón, el de la Montaña de los Milagros, Sobre las imágenes216:
“Quizá algún infiel, con ganas de disputa, lo discutirá diciendo que también a nosotros, que veneramos imágenes en las iglesias, se nos contará entre los que rezan a ídolos sin alma. Pues bien, que no suceda que hagamos nosotros tal cosa. Es que lo que hacen los cristianos es fe y los milagros los obra nuestro Dios veraz. Pues no vemos en lo coloreado al invisible sino que, trayendo a la memoria el modelo de la pintura, vemos al que no se ve a través de una pintura que se ve y le damos gloria como estando presente, no como si creyéramos en un dios sin existencia sino como existiendo de verdad; y tampoco creemos en los santos como si no existieran sino como existiendo y viviendo junto a Dios, siendo también santos sus espíritus y acudiendo con el poder de Dios en ayuda de los que lo merecen cuando acuden a su intercesión.”
[3.127] De Anastasio, arzobispo de Antioquía, a Simeón, obispo de Bostra, Acerca del sábado217:
“Igual que, cuando el rey está ausente, se venera su imagen pero, cuando se halla presente, resulta extraño seguir venerando la imagen y desentenderse del modelo; aunque, ciertamente, no se la va a despreciar porque se halle presente aquel por el cual se le presta reverencia. Pienso que ocurre algo así con la sombra de la Ley, o sea, con su literalidad (es que el Apóstol la llama ‘sombra’218). Pues, mientras era la gracia la que administraba el tiempo oportuno de la verdad, los santos preanunciaban los modelos, viendo la Verdad como en un espejo. Pero, cuando llegó la Verdad, no pensaban que fuera bueno vivir aún según los modelos y seguirlos: cuando las cosas reales se hallan presentes, su imagen resulta superflua en adelante. Pero, aun así, no los deshonraban ni despachaban sino que honraban el modelo, y a quienes intentaban deshonrarlo los juzgaban impíos y dignos de morir recibiendo un castigo amargo.”
[3.128] Del mismo, del tercer discurso219:
“Igual que si se venera una imagen del rey por la obligación que impone el honor que reviste al rey, aun no siendo nada más que pasta y colores.”
[3.129] Duodécimo anatematismo del santo quinto concilio ecuménico220:
“Si alguno se adhiere al impío Teodoro de Mopsuestia,221 quien dice que Dios el Verbo es uno y otro distinto el Cristo, a quien inquietaron las pasiones del alma y los deseos de la carne, y que se apartó paulatinamente de las cosas peores y así, perfeccionado gracias al progreso de sus obras y convertido en intachable en su vida ordinaria, que fue bautizado como simple hombre en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y que, tras recibir la gracia del Espíritu Santo por medio del bautismo, se le consideró también digno de la adopción como Hijo, y que, igual que sucede con la imagen del rey, es venerado en representación del Verbo de Dios, sea anatema.”
[3.130] De Teodoro, historiador de Constantinopla, de su Historia Eclesiástica, acerca de Genadio, arzobispo de Constantinopla222:
“Añadiré otras cosas de este que llenan de estupor. A un retratista que pintaba la imagen de Cristo nuestro Señor, se le habían congelado las dos manos. Y se decía que el trabajo de esta imagen había sido encargado por un griego, en la apariencia bajo el nombre del Salvador, y que tenía pintados los cabellos de la cabeza separados de uno y otro lado para que –decía– no quedara oculta su mirada (es que los hijos de los griegos pintan con tal aspecto a Zeus), de manera que los que lo vieran pensaran que estaban venerando al Salvador.”223
[3.131] Del abad Máximo, del obispo Teodosio y de los dignatarios enviados de parte del rey224:
“El piadoso Máximo dijo: ‘Dado que ha parecido oportuno que así sea, que se cumpla lo que parece conveniente y, adonde mandéis, os acompaño’. Y, a renglón seguido, todos se levantaron, dieron muestras de arrepentimiento con lágrimas y comenzaron a orar. Y cada uno de ellos besó los Santos Evangelios, la cruz digna de honor, la imagen de nuestro Salvador Jesucristo y la de la que lo dio a luz, la santa Madre de Dios, puestas encima también las manos para reafirmar lo dicho.”
[3.132] De san Sofronio, de los Milagros de los santos mártires Ciro y Juan, referido a Teodoro, subdiácono, enfermo de gota225:
“Sigamos hablando del vigor del cuerpo, planteando el argumento en pocas palabras.
“Unos pocos días después estaba durmiendo y, de nuevo, contempla a su lado a los mártires,226 que le mandan que les acompañe. Y él les seguía de muy buen ánimo, pues sabía que no carece de provecho el marchar con los santos. ‘Así pues, llegados a un templo magnífico, cuyo aspecto era imponente y radiante, cuya altura llegaba a tocar los mismos cielos, entrando dentro de él veíamos una imagen inmensa y admirable, en la que estaba pintado en color en el centro Cristo nuestro Señor; a la izquierda la Señora, la Madre de Dios; a la derecha Juan el Bautista, el que lo había anunciado desde el claustro materno con sus saltos puesto que, aunque hablara, al estar dentro no se le oía; y también estaban pintados algunos del coro glorioso de los apóstoles y profetas y de la reunión de los mártires’.
“Resulta que entre ellos se hallaban Ciro y Juan, los cuales, puestos en pie ante la imagen, cayeron doblando sus rodillas ante el Señor, golpeando sus cabezas contra el suelo y haciendo de intercesores en favor de la curación del joven. Y estas eran las palabras con las que intercedían: ‘Señor, que a los hombres amas, manda que le demos también a este la curación’. ‘Tras postrarse ellos en tierra y pronunciar repetidas veces las palabras de la súplica, como Cristo nuestro Señor no consintió en ello, dieron fin a su intercesión y, abatidos y apesadumbrados, se presentan ante mí’, explica, ‘que me hallaba de pie, no lejos de la imagen’. Y, tras acercarse, dicen: ‘¿Ves cómo el Señor no te quiere conceder la curación? Pero no te desanimes para nada, pues, de todas formas, su misericordia llega también a ti igual que a todos’. Y, habiendo estado de pie como una media hora, volvieron a apartarse y a rogar. ‘Y, otra vez sin conseguir nada’, dice, ‘se incorporan, abatidos y apesadumbrados pues, como también antes, Cristo nuestro Señor no mandaba la curación. Y esto es lo que me dijeron cuando volvieron a acercarse’.
“Por tercera vez se pusieron a ello y dicen: ‘Ten ánimo, pues ahora obtenemos el favor con seguridad. Ahora bien, tú también, igual que nos ves suplicar, ven con nosotros y suplica al Señor’. Y, vueltos por tercera vez hacia la imagen, usaban las formas y palabras de costumbre. Después de que hubieran rogado durante mucho tiempo y haber clamado, postrados en tierra, únicamente ‘¿Lo mandas, Señor?’, entonces Cristo, removido pues es compasivo, <consintió en ello>. Y de la imagen surgió una voz: ‘¡Concedédselo!’ Tras levantarse del suelo, los mártires daban primero gracias a Cristo, nuestro Dios, pues había prestado atención a su súplica.”
[3.133] De san Anastasio, del santo monte Sinaí, Sobre el nuevo domingo y el apóstol Tomás227:
“Los que vieron en su carne a Cristo lo tenían por un profeta. Nosotros, que no lo hemos visto al punto desde nuestra más tierna infancia, siendo niños y jóvenes, lo confesamos Dios, Soberano, Todopoderoso, creador de los siglos, irradiación del Padre228 (es que oímos con fe sus Evangelios, como si viéramos a aquel mismo Cristo que nos habla). Y, cuando recibimos la perla inmaculada de su cuerpo, pensamos que portamos a aquel mismo Cristo y, con solo ver representada su divina figura, pensamos como que fija su mirada en nosotros desde el Cielo, lo veneramos, nos postramos ante Él. Grande es ahora la fe en Cristo.”
[3.134] De la Vida del abad Daniel, a propósito de Eulogio el cantero229:
“Entonces se marchó con desdén y, después de arrojarse ante la imagen de la Madre de Dios, decía entre llantos: ‘Señor, líbrame de la caución a que me tiene sujeto este hombre’.”230
[3.135] De la Vida de María Egipcíaca231:
“Así pues, mientras lloro veo encima del lugar donde me hallaba de pie la imagen erguida de la santa Madre de Dios; y le digo:
“‘Virgen, Madre de Dios, Señora que engendraste según la carne al Verbo Dios, sé, lo sé, que no es conveniente ni tiene sentido que la que es así de sucia, la tan completamente perdida, contemple tu imagen, la de la siempre virgen; antes bien es justo que sea odiada y repudiada por tu pureza. No obstante, dado que el Dios que de ti nació se hizo hombre por esto, para llamar a conversión a los pecadores, ven en mi ayuda, que soy la única que no tiene socorro alguno. Manda que también a mí se me conceda entrar.232 No me prives de ver el madero en el que fue clavado según la carne el Verbo Dios al que engendraste, quien entregó por mí como rescate su propia sangre. Manda, Señora, que se me abra también a mí la puerta de la divina veneración de la Cruz. Y ante el Dios que de ti nació te pongo a ti como digna fiadora de que no volveré a mancillar esta carne con ninguna unión infamante de ningún tipo. Al contrario, cuando contemple el madero de la Cruz de tu hijo, al punto me apartaré del mundo y de todo lo que hay en el mundo y al instante me desterraré a donde tú, como mi fiadora, me indiques y me guíes.’
“Tras decir esto y tomando la brasa de la fe por una garantía, fiada en la íntima misericordia de la Madre de Dios, me alejé de aquel lugar en el que hacía de pie mi oración, me di la vuelta y me mezclé con los que entraban. Y ya no estaba el que me expulsaba y me mandaba en la dirección contraria, ni nadie que impidiera que me aproximase a la puerta por la cual entraban en el edificio. Así pues, se apoderó de mí un estremecimiento y me hallaba fuera de mí, toda yo me agitaba en todo mi cuerpo y temblaba. Tras arrojarme a tierra y venerar aquel suelo sagrado salí corriendo y con prisa por presentarme ante la que había sido mi fiadora. Me presento en aquel lugar en el cual estaba pintada la garantía de mi fianza y, postrando la rodilla ante la siempre virgen y Madre de Dios, empleé estas palabras:
“‘Tú, Señora, que amas el bien, con mi caso me has mostrado tu amor por los hombres: tú no despreciaste la oración de la indigna. He visto la gloria que justamente no vemos los perdidos. Gloria al Dios que por tu mediación acoge la conversión de los pecadores.’
“Y lo que sigue después”.
[3.136] De la Vida de santa Eupraxia233:
“Le dice la diaconisa234 a la muchacha: ‘Vete, señora mía, a tu casa, porque no te puedes quedar aquí. Es que tampoco se puede quedar aquí nadie, a no ser que se comprometa con Cristo’. La muchacha le dice: ‘¿Dónde está Cristo?’ La diaconisa le señaló. Y, dándose la vuelta, le responde a la diaconisa: ‘Verdaderamente también yo me comprometo con Cristo y ya no me marcho con mi señora’. Y Eupraxia, tras volverse a levantar y agarrar a su hija, se plantó ante la figura del Señor y, tendiendo sus manos al cielo, gritó entre llantos: ‘Señor Jesucristo, tú te preocuparás por la niña, pues sintió el anhelo de ti y se te ofreció’.”
[3.137] Del santo concilio celebrado en época de Justiniano, acerca del quinto santo concilio235:
“En algunas pinturas de las imágenes sagradas se representa a un cordero al que señala un dedo del precursor,236 el cual fue comprendido como modelo de la gracia que nos propone por medio de la Ley al verdadero cordero, Cristo nuestro Dios.237 Así pues, los antiguos modelos y sombras transmitidos a la Iglesia como signos convencionales y prefiguraciones de la Verdad los recibimos cálidamente mas damos preferencia a la gracia y la verdad, acogiendo a esta como cumplimiento de la Ley. Pues bien, a fin de dejar constancia perfecta de la verdad también en los trabajos pintados que están a la vista de todos, decidimos que al cordero que quita el pecado del mundo,238 Cristo nuestro Dios, se lo represente públicamente en figura humana también en las imágenes a partir de ahora y no, como antes, con forma de cordero, aprehendiendo a través de la humildad la sublimidad del Verbo de Dios y llevados de la mano al recuerdo de su vida en la carne, de su Pasión y de la Redención que le llegó al mundo a partir de aquí.”239
[3.138] De san Metodio, obispo de Patara, Sobre la Resurrección, discurso segundo240:
“Al punto, pues, las imágenes de quienes aquí241 son reyes reciben honor de todos, aunque no estén elaboradas con el <material> mucho más digno de honor, oro y plata. No es que los hombres, atendiendo a las imágenes hechas con el material mucho más digno de honor, desprecien <las demás> sino que honran a cualquiera de la misma forma, aunque sean de yeso o bronce, y a aquel que ultraja a cualquier imagen de uno de los dos tipos no se le deja estar como si hubiera ultrajado el barro ni se le juzga como si hubiera mancillado el oro sino como si hubiera cometido una impiedad contra el propio rey y señor. Las imágenes elaboradas en oro de sus ángeles, los Principados y las Potestades, las hacemos para honrarlo y darle gloria.”
Referencias
Primer libro
1. san Dionisio Areopagita, De los nombres divinos 1 (PG 3.592G).
2. El texto que cita Juan de Damasco es solo parte de una frase más extensa. Se ha de sobreentender «esta [tradición]», en referencia a la tradición secreta de los preceptores del Pseudo-Dionisio, a la cual acababa de hacer referencia. Forman parte de esa tradición los «Oráculos» a los que se refiere después el texto.
3. Por la limitación de nuestro conocimiento solo podemos conocer las realidades celestes (tema favorito del Pseudo-Dionisio) de manera analógica, por relación con las realidades terrestres; el amor de Dios por el hombre (su philanthrōpía) facilita este conocimiento analógico.
4. san Dionisio Areopagita, Sobre la jerarquía eclesiástica (PG 3.373).
5. Es decir, ¿cuál es el inconveniente de representar en imágenes a Cristo, si de entrada Él ha querido encarnarse, por philanthrōpía, en un cuerpo material dotado de contorno y figura?
6. Abgaro de Edesa intercambió supuestamente correspondencia con Jesús, conservada gracias a Eusebio de Cesarea (Historia eclesiástica 1.13,5-10). Además existía en su caso una leyenda similar a la de la Verónica: según este relato, Jesús le envió a Abgaro una tela (el mandýlion) en la que se había impreso de manera milagrosa su rostro.
7. Basilio de Cesarea, Homilía 17 sobre el mártir Barlaán (PG 31.489).
8. Es un motivo habitual en la literatura cristiana la comparación entre los atletas y el mártir, quien también recibe como ellos una palma, no por una victoria deportiva sino por su martirio.
9. Basilio de Cesarea, Sobre el Espíritu Santo 18 (PDF 11.103).
10. «Misterios» son, una vez más, los sacramentos. Cf. 1.23, 2.63.
11. Los iconos han de llevar el nombre de la figura santa representada, lo cual garantiza que la veneración se le presta al modelo representado (de quien procede el honor de la imagen), no a la materia del icono.
12. Cf. Romanos 12.6.
13. San Juan repite la misma idea en 3.12.
14. El tono es evidentemente irónico, una burla de Juan dirigida contra los iconoclastas que se podían considerar elevados por encima de las realidades materiales.
15. Cf. Basilio de Cesarea, Homilía 19 sobre los cuarenta mártires de Sebaste (PG 31.508).
16. Se refiere a san Gordio de Cesarea, centurión martirizado en época de Diocleciano.
17. Basilio de Cesarea, Homilía 18 sobre Gordio (PG 31.492).
18. Basilio de Cesarea, op. cit.
19. Se alude al hecho de que la tradición oriental del icono no se basa en la representación directa del modelo sino en la repetición de modelos pictóricos, lo cual explica el hieratismo de ese arte y su distanciamiento de la realidad.
20. Basilio de Cesarea, op. cit.
21. Basilio de Cesarea, Homilía 19 sobre los cuarenta mártires de Sebaste (PG 31.508).
22. Basilio de Cesarea, op. cit. El texto aquí citado es la primera parte del capítulo 3.106.
23. Basilio de Cesarea, op. cit. El texto aquí citado es la sección final del capítulo 3.106.
24. La idea estética aquí presente se halla ya en otros lugares de la literatura griega anterior: cf. Plutarco, De gloria Atheniensium 347 a («Simónides llama a la pintura poesía silente y a la poesía pintura dotada de voz»). Cf. también cómo se unen los conceptos de ‘palabra’ e ‘imagen’ en 1.41.
25. Basilio de Cesarea, Sobre los Salmos. 1 (PG 29.212).
26. Basilio de Cesarea, Homilía 18 sobre Gordio (PG 31.501).
27. Esta frase tiene un sentido literal: los cuarenta soldados que sufrieron martirio en Sebaste en época de Licinio (320) habían sido condenados a permanecer desnudos sobre una laguna helada; según san Basilio, sus cadáveres fueron incinerados y, después, se arrojaron sus restos a un río.
28. Basilio de Cesarea, Homilía 19 sobre los cuarenta mártires de Sebaste (PG 31.524).
29. Gregorio de Nisa, Sobre la creación del hombre 4 (PG 44.136).
30. Gregorio de Nisa, op. cit. 5 (PG 44.137).
31. Desde «tras tomar» hasta «como hombre», cf. Filipenses 2.7.
32. Cf. n. 119 de la edición original.
33. Gregorio de Nisa, Sobre la divinidad del Hijo y del Espíritu (PG 46.572).
34. El autor se refiere al sacrificio de Isaac, el ‘hijo’; el ‘padre’ es, evidentemente, Abraham. Cf. Génesis 22.1-19.
35. Kotter indica en su edición que este pasaje no se encuentra en el corpus de san Juan Crisóstomo.
36. La tripartición reconocida por el Crisóstomo en este lugar es, por tanto, del tipo siguiente: de una parte se hallan las realidades «del tiempo por venir»; de otra parte está el Nuevo Testamento, «figura de las realidades»; y, por último, el Antiguo Testamento es figura del Nuevo y, por tanto, «figura de una figura».
37. Leoncio de Neápolis, Discursos 3 (PG 93.1601). El autor del texto fue obispo de Neápolis de Chipre (hoy Limassol) en el s. VII.
38. Cf. Génesis 47.31.
39. El interés del comentario radica en que los iconoclastas rechazaban la veneración de la imagen de Cristo pero no la veneración de la Cruz.
40. Leoncio de Neápolis, op. cit.
41. Cf. Génesis 23.7, 9.
42. Cf. Génesis 47.7, 10.
43. Cf. Génesis 33.3.
44. Salmos 98(99).5.
45. Isaías 66.1.
46. Cf., respectivamente, Éxodo 18.7, Daniel 2.46.
47. Cf. Jeremías 38.6.
48. Cf. Génesis 50.13, 25.
49. Cf. 2 Reyes 13.21.
50. Cf. 2 Reyes 4.29.
51. Cf. Éxodo 7-10, 14.16, 15.25, 17.6.
52. Sabiduría 14.7.
53. Cf. 2 Reyes 6.6.
54. Génesis 2.9, 22.13.
55. Cf. Números 21.8-9.
56. Cf. Números 17.23.
57. Cf. 2 Crónicas 3-4.
58. Cf. Ezequiel 40-42.
59. Cf. 1 Reyes 11.
60. Cf. Éxodo 3.1-3.
61. Cf. Éxodo 17.1-7.
62. Cf. Éxodo 25-27, 35-39.
63. Jeremías 2.27.
64. Si Leoncio, también obispo en Chipre como el propio Epifanio, es «intérprete fiel» de este, entonces queda claro que el clérigo más antiguo no pudo ser iconoclasta, de acuerdo con la tesis defendida por san Juan en el capítulo 25 de este discurso.
65. Severiano vivió a caballo entre los siglos IV y V. Su sede episcopal se hallaba en Siria.
66. Cf. J. Zellinger, Studien zu Severian von Gabala, Münster, 1926, 134 (12-36).
67. La frase se refiere a la serpiente de bronce erigida por Moisés en el desierto para liberar a los israelitas de sus enfermedades; cf. Números 21.6-9.
68. Éxodo 20.4.
69. Cf. Éxodo 32.20.
70. Severiano habla ahora en nombre de Moisés.
71. Colosenses 2.17.
72. Es relativamente común que los autores de Patrística invoquen así (agapētós, ‘querido’) al destinatario (real o supuesto) de sus obras.
73. Juan 3.14-15.
74. A Juan Damasceno le interesa subrayar el anclaje en la Tradición de la iconodulía porque uno de los argumentos manejados por los iconoclastas en contra de las imágenes era el de su supuesto carácter reciente. En el mismo sentido, cf. 1.16.
75. Aunque no hay constancia textual de la Vida a la que alude aquí Juan, sí es cierto que el sucesor de Basilio en la sede de Cesarea se llamaba Heladio.
76. San Mercurio fue un militar romano que debió de morir hacia el año 250; su sepulcro se hallaba en Capadocia.
77. Entre los testimonios coleccionados por Juan hay tres en los que aparece la figura del emperador Juliano, tradicionalmente conocido como el ‘Apóstata’ por haber renunciado a la fe cristiana en que había sido bautizado para intentar restaurar el paganismo. Según atestigua Juan de Damasco, el tema del emperador atrajo a autores diversos: en este caso (1.60), Heladio; en 3.74, Gregorio Nacianceno y en 3.121 Juan Crisóstomo.
Segundo libro
78. san Dionisio Areopagita, Cartas 10 (PG 3.1117).
79. Los capítulos 3.44 a 3.48 reproducen texto incluido ya en el primer discurso (3.44 = 1.32; 3.45 = 1.33; 3.46 = 1.34; 3.47 = 1.46; 3.48 = 1.35).
80. El comentario del autor hace referencia al texto de san Basilio citado en 3.48 = 1.35. A diferencia de lo que hizo en el primer discurso, Juan Damasceno inserta muy pocos comentarios personales en este; además de 3.49, cf. 3.57, 3.82.
81. Juan 5.23.
82. Mateo 10.40.
83. Los capítulos 3.50-54 reproducen testimonios de los discursos primero y segundo: 3.50 = 1.52, 2.48; 3.51 = 1.53, 2.49; 3.52 = 1.58, 2.54; 3.53 = 1.60, 2.56; 3.54 = 1.61, 2.57.
84. Teodoreto de Ciro, Historia religiosa (PG 82.1473). Este teólogo del S. V compuso, entre otras obras historiográficas, el texto que aquí se cita, en realidad una colección de vidas de monjes ejemplares. En relación con san Simeón Estilita, cf. nn. 165 y 216.
85. Pseudo-Basilio de Cesarea, Homilías pronunciadas en Lázica (PG 31.1456). Este testimonio no tiene nada que ver con el Comentario a Isaías anunciado en el título: parece haber una confusión con la cita siguiente (3.58), que sí procede de esa obra de san Basilio.
86. El sujeto de la frase es el diablo.
87. Basilio de Cesarea, Comentario a Isaías 13 (PG 30.589). La autenticidad de este Comentario es dudosa.
88. Esto es, “a imagen de Dios”.
89. Pseudo-Atanasio de Alejandría, Al soberano Antíoco 38 (PG 28.621).
90. Evidentemente, los griegos paganos.
91. Cf. Génesis 47.31 (según la versión de los Setenta).
92. El motivo aquí destacado es la intensidad del afecto hacia la imagen: las manifestaciones de este pueden ser tan vehementes como las que se les dirigen a las personas queridas, sin que se caiga por ello en la idolatría.
93. Pseudo-Juan Crisóstomo, Exposición de los Salmos 3 (PG 55.35).
94. Cirilo de Alejandría, Sobre la fe recta (al emperador Teodosio) (PG 76.1153).
95. Cirilo de Alejandría, Tesoro de la santa y consustancial Trinidad 4 (PG 75.52).
96. Cirilo de Alejandría, Glaphyra (sobre el Génesis) 2.8 (PG 69.104).
97. Gregorio Nacianceno, Discursos 30 (PG 35.129).
98. Juan Crisóstomo, Homilía tres sobre la epístola a los colosenses (PG 62.318).
99. Juan Crisóstomo, Homilía diecisiete sobre la epístola a los hebreos (PG 63.131).
100. Eusebio de Cesarea, Demostración evangélica 5.9 (PG 22.384). Eusebio (hacia 275 - 339) es conocido a veces como Eusebio “el de Pánfilo”, “hijo de Pánfilo”, en referencia a su maestro Pánfilo de Cesarea.
101. Cf. Génesis 18. Los tres forasteros que se presentan ante Abraham según el Génesis son Yahvé (“el de más categoría”) y dos acompañantes anónimos.
102. Juan Malalas, Cronografía 10 (PG 97.236-239). Juan Malalas (hacia 490-578) compartía el credo monofisita.
103. Lucio Pomponio Flaco y Cayo Celio Rufo fueron cónsules el año 17 d. C., cronología que no cuadra con los otros datos conocidos sobre la muerte de Juan el Bautista.
104. Este Herodes “hijo de Filipo” (hacia 27 a. C. - 33 o 34 d. C.), también llamado a veces Herodes II o Herodes Filipo I, ha de ser distinguido de sus homónimos, Herodes I el Grande (73 - 4 a. C.), en cuyo reinado nació Jesús, y Herodes Antipas (20 a. C. - 39 d. C.), responsable de la muerte de Juan el Bautista (con este último Herodes se entrevistó también Jesús según el relato de Lucas 23.6-12).
105. Panéada es el nombre fenicio de Cesarea de Filipo, ciudad mencionada en Mateo 16.13 y Lucas 8.27.
106. La historia de la hemorroísa, la mujer con flujo de sangre (impura, por tanto, según la mentalidad judía), se narra en los tres Evangelios sinópticos: Mateo 9.20-22, Marcos 5.25-34, Lucas 8.43-48. El nombre ‘Berenice’ que se le aplica tradicionalmente a esta mujer se transforma en ‘Verónica’ al pasar al latín, voz que la etimología popular reinterpretó como procedente de uera icon, “verdadera imagen”.
107. Marcos 5.30. Cf. Lucas 8.46.
108. Mateo 9.22, Lucas 8.48.
109. Eusebio de Cesarea, Historia Eclesiástica 7.18.
110. Esta última observación parece implicar cierta reticencia de Eusebio hacia las imágenes. De ser ello así, resulta llamativo que Juan de Damasco cite el texto del autor de Cesarea. Posiblemente el Damasceno interpretaba este pasaje de su fuente en el sentido de que entre los paganos existía la costumbre de erigir estatuas, sin que se tratara necesariamente de estatuas idolátricas.
111. Eusebio, Historia Eclesiástica 9.9.10-11.
112. Sócrates, Historia Eclesiástica 1.18.1.
113. Cf. G. Mercati (ed.), Stephani Bostreni noua de sacris imaginibus fragmenta e libro deperdito Katà Ioudaíon, Roma, 1937, p. 205.
114. Cf. op. cit., pp. 203-206.
115. ‘Helio’ y ‘Selene’ son, respectivamente, el Sol y la Luna. La obra también indica que la Antigua Alianza ya prohibía la adoración de estos astros; cf. 1.5, 2.2.
116. El pasaje citado no se encuentra entre las obras conocidas de Gregorio Nacianceno. A tenor del texto parece que este autor se refiere a una representación del final de Juliano, quien murió trágicamente el año 363 en una escaramuza durante su expedición contra los persas.
117. Juan Crisóstomo, Comentario a Job (PG 64.544).
118. Job 1.22.
119. Eusebio de Cesarea, Vida de Constantino 4.15.1.
120. Eusebio de Cesarea, Vida de Constantino 3.47.2.
121. Eusebio de Cesarea, Vida de Constantino 4.69.1-2.
122. Pese a lo que indica el texto, este testimonio procede realmente del capítulo setenta y dos de la obra citada (cf. Eusebio de Cesarea, Vida de Constantino 4.72).
123. “Él” es Jesucristo, a quien se había referido previamente Eusebio.
124. A pesar de lo anunciado en el título, se trata de un fragmento de Apolinar de Laodicea; cf. A. Mai (ed.), Noua patrum biblioteca. VII. 2, Roma, 1854, p. 82.
125. Cf. Ezequiel 4.1-2.
126. Este texto sí es el comentario de Policronio a los versículos de Ezequiel citados en el número anterior. Cf. Mai, op. cit., p. 95.
127. Passio Eustathii Placidae 124.
128. Cf. Hechos 10.
129. Cf. Hechos 9.1-18.
130. Cf. Números 22.28.
131. Leoncio de Neápolis, Discursos 3 (PG 93.1597).
132. El pasaje que se cita a continuación no se atestigua en ninguna otra fuente.
133. Dicho de los judíos, a quienes se refiere el discurso de san Leoncio.
134. Éxodo 32.4.
135. Con todo lo fuerte que pueda parecer la expresión, esta es representativa del tipo de lenguaje empleado en los escritos polémicos dirigidos contra los judíos en esta época (recuérdese que Leoncio vivió en el S. VII).
136. Leoncio de Neápolis, Discursos 3 (PG 93.1597-1600).
137. Leoncio de Neápolis, Discursos 3 (PG 93.1600-1601).
138. Cf. Deuteronomio 8.14.
139. Cf. Génesis 37.32-34.
140. Cf. Génesis 47.31.
141. Cf. Génesis 33.3.
142. Cf. Génesis 47.7-10.
143. Cf. Génesis 33.3.
144. Cf. Daniel 3.
145. Salmos 74(73).22.
146. Cf. Leoncio de Neápolis, Discursos 3 (PG 93.1608, 1605).
147. Jeremías 2.27.
148. Cf. Salmos 137(136).2.
149. Leoncio de Neápolis, Discursos 3 (PG 93.1608). Este pasaje de Leoncio resulta especialmente interesante por atestiguar la existencia de reacciones iconoclastas anteriores al Iconoclasmo, que en puridad no surge hasta el siglo VIII.
150. Jeremías 2.27.
151. Cf. Éxodo 18.7.
152. Cf. Génesis 47.7-10.
153. Cf. Génesis 23.7, 12.
154. Cf. Daniel 2.46.
155. [Pendiente .]
156. [Pendiente ]
157. [Pendiente ]
158. [Pendiente ]
159. [Pendiente ]
160. Anastasio I, emperador de Bizancio entre los años 491 y 518.
161. La referencia es al concilio de Constantinopla (381), en el cual se definió el dogma trinitario.
162. Las paragaudas eran, propiamente, las franjas doradas que se colocaban en los bordes de las mangas de las túnicas bizantinas. Es de suponer que este joven aparece revestido con una túnica especialmente rica que recibe el nombre de paragauda por sinécdoque.
163. Según Kotter, el texto es un fragmento del Prado espiritual de Juan Mosco, no incluido en las ediciones de su obra. San Anastasio Sinaíta (S. VII) es considerado, como Juan de Damasco, uno de los últimos Padres de la Iglesia.
164. Lo más probable es que se trate de un templo dedicado a san Teodoro de Amasea, militar romano martirizado en el año 306.
165. Arcadio de Constancia, Vida de san Simeón Estilita el Joven 139-141 van der Ven. “San Simeón Taumaturgo” es más conocido como san Simeón Estilita el Joven (521-597). El autor de la narración es Arcadio de Chipre, considerado santo por la Iglesia Ortodoxa.
166. A san Simeón, de quien es la imagen representada en el icono.
167. Juan Crisóstomo, Sobre las estatuas 15 (PG 49.154). Esta homilía trata de la llamada “rebelión de las estatuas” que se produjo en Antioquía el año 387; las imágenes del emperador Teodosio fueron destruidas como reacción ante nuevos impuestos decretados por la autoridad imperial; en aquel momento era obispo de Antioquía Flaviano, quien también medió ante Teodosio.
168. Juan Crisóstomo, Sobre las estatuas 5 (PG 45.73).
169. Juan Crisóstomo, Contra los judíos (PG 48.913).
170. Teodoreto de Ciro, Historia del amor a Dios (PG 82.1404).
171. Teodoro el Lector, Historia Eclesiástica 131 Hansen.
172. Eusebio de Cesarea, Vida de Constantino 3.4.
173. Al ánimo de Constantino.
174. Teodoro el Lector, Historia Eclesiástica 117. Dióscoro fue patriarca monofisita de Alejandría a partir del año 444; el concilio de Calcedonia lo depuso en 451 pero siguió siendo reconocido como patriarca hasta su muerte (454) por los coptos, que lo veneran como santo.
175. Estos dípticos recogían, entre los nombres de otras personas, los de los obispos que habían ocupado anteriormente una sede y eran mencionados en la liturgia. Borrar sus nombres equivalía a excluirlos de la comunión con la Iglesia por considerarlos heréticos.
176. Teodoro el Lector, Historia Eclesiástica 140. Macedonio es Macedonio II de Constantinopla, patriarca de esa sede entre los años 495 y el 511. Su sucesor en el puesto fue Timoteo I, el “impío” al que se refiere el texto.
177. Las iglesias.
178. Teodoro el Lector, Historia Eclesiástica 142. Kotter considera que “el llamado también ‘el Gato’” es una interpolación; quien la introdujo identificó indebidamente a dos Timoteos, ambos de creencia monofisita: Timoteo, patriarca de Alejandría (‘el Gato’) y Timoteo I, patriarca de Constantinopla (cf. n. 176), a quien realmente se refería Teodoro (este sí se pudo relacionar con el Juliano citado, que ha de ser Juliano de Halicarnaso, obispo de esta ciudad que consideraba que Cristo no pudo morir porque su cuerpo era incorruptible).
179. Juliano hace llevar al obispo Timoteo.
180. Este Flaviano, citado ya en 1.66, no se ha de confundir con el Flaviano obispo de Antioquía (cf. 3.93); fue, como Anatolio, arzobispo de Constantinopla en el S. V. Ambos se opusieron a la doctrina monofisita.
181. Este texto del Crisóstomo solo se atestigua en este pasaje.
182. El texto se atestigua solo en este pasaje.
183. El texto se atestigua solo en este pasaje.
184. En referencia a los seres humanos.
185. El capítulo 3.105 reproduce, con una variación textual mínima, lo dicho en 2.60. El texto del capítulo de 3.106 ha sido traducido ya en 1.44 y 1.46; cf., además, 2.40 y 2.42, 3.47.
186. Gregorio Nacianceno, Poesías 1.33 (PG 37.929).
187. Gregorio Nacianceno, Poesías 1.10 (PG 37.737).
188. Juan Crisóstomo, Homilía trece sobre la primera epístola a Timoteo (PG 62.565).
189. “Sé modelo de creyentes”: 1 Timoteo 4.12; “ofreciéndote en todo como modelo de las buenas obras”: Tito 2.7.
190. Actas del sexto concilio ecuménico (Constantinopla, 680-681), en J. D. Mansi (ed.), Sacrorum Conciliorum noua et amplissima collectio, Florencia-Venecia, 1758-1798, XI 661.
191. Las actas del concilio celebrado a finales del S. VII se refiere aquí a las decisiones del concilio de Éfeso (431), en el que se condenó a Nestorio, patriarca de Constantinopla, por separar las naturalezas divina y humana de Cristo. Por su parte, Celestino es el papa que reinó entre los años 422 y 432; Cirilo, por su parte, es san Cirilo de Alejandría, muerto el año 444.
192. Clemente de Alejandría, Stromata 7.11. Este autor (‘el vetusto’) vivió aproximadamente entre los años 150 y 215. El título Stromata se traduce aquí como Misceláneas.
193. Se ha de sobreentender “el buen cristiano”.
194. “Siervo bueno y fiel”: Mateo 25.23. “Amigo”: Juan 15.15.
195. Literalmente, “verdaderamente gnóstico”. A pesar de las connotaciones que ya había adquirido el término ‘gnóstico’ en época de Clemente, este autor lo emplea, en un sentido cristiano, como “verdadero conocedor de Dios”.
196. El texto se atestigua solo en este pasaje.
197. Atanasio de Alejandría, Contra los arrianos 3.5 (PG 26.329-332).
198. Juan 10.30.
199. Juan 10.38.
200. Juan 14.9.
201. Pseudo-Atanasio de Alejandría, Al soberano Antíoco (PG 28.621).
202. San Ambrosio de Milán, Sobre el misterio de la Encarnación del Señor 7 (PL 16.836-837).
203. Cirilo de Jerusalén, Catequesis 12. Cirilo, patriarca de Jerusalén, vivió entre los años 315 y 386; es anterior a su homónimo, Cirilo de Antioquía, quien debió de nacer hacia el 370 y murió en el 444.
204. Génesis 1.26.
205. El texto se atestigua solo en este lugar de la obra del Damasceno.
206. Juan 4.24.
207. Gregorio Nacianceno, Discursos 40.10 (PG 36.369, 372).
208. Juan Crisóstomo, Panegírico de los Macabeos (fragmento) (PG 49/50.627).
209. El texto se atestigua solo aquí.
210. En referencia al lavatorio de los pies de los Apóstoles, relatado en Juan 13.4-16. El texto no es de san Juan Crisóstomo sino de Severiano de Gábala (Sobre el lavatorio de los pies), citado como autor del testimonio siguiente.
211. Severiano de Gábala, Sobre la Cruz; cf. H. Savilius (ed.), Chrysostomi opera. V, Eton, 1612, 898-899.
212. Números 20.11.
213. Cf. R. Favale (ed.), Teofilo di Alessandria (345 c.- 412). Scritti, vita e dottrina, Turín, 1958, 175.
214. Teófilo era el patriarca de Alejandría. Se opuso a que Juan Crisóstomo ocupara la sede de Constantinopla; en opinión de Teófilo, Juan era demasiado partidario de Orígenes. La emperatriz Eudoxia es Elia Eudoxia, esposa de Arcadio, primer emperador de la parte oriental del Imperio después de su separación de Occidente; Juan Crisóstomo se opuso ciertamente a su excesivo lujo y sus despilfarros.
215. Jerónimo de Jerusalén, Diálogo sobre la Cruz (PG 40.865).
216. Simeón Estilita el Joven, Sobre las imágenes sagradas (PG 86.3220). El Simeón autor del texto es san Simeón Estilita el Joven. La ‘Montaña de los Milagros’ era la columna a la que se trasladó cuando la afluencia de gente a la primera columna en la que vivió le impedía centrarse en su vida de ascesis.
217. Anastasio de Antioquía, Sobre el sábado (fragmento) (PG 89.1405).
218. Cf. Hebreos 10.1.
219. Anastasio de Antioquía, Sobre el sábado (fragmento) (PG 89.1405).
220. Cf. J. D. Mansi (ed.), Sacrorum Conciliorum noua et amplissima collectio, Florencia-Venecia, 1758-1798, X 1052. Las Iglesias Católica y Ortodoxa consideran como quinto concilio ecuménico el segundo concilio de Constantinopla (553), celebrado durante el reinado de Justiniano. ‘Anatematismo’ es voz recogida en el DRAE con el significado de ‘excomunión’.
221. Teodoro de Mopsuestia (350-428), teólogo de Antioquía, su pensamiento se halla en la base del nestorianismo, corriente a la que él nunca se adhirió.
222. Teodoro el Lector, Historia Eclesiástica 107. Genadio fue patriarca de Constantinopla entre los años 458 y 471.
223. Los cabellos pintados según las instrucciones de quien hace el encargo adoptan la forma de una delta (Δ), inicial del nombre de Zeus en acusativo (Δία): lo que era en apariencia una imagen de Jesús resultaba ser en realidad una representación encubierta de Zeus.
224. Anastasio Apocrisario, Actas de Máximo el Confesor 2.18 (PG 90.156). El ‘abad Máximo’ es san Máximo el Confesor.
225. Sofronio de Jerusalén, Milagros de los santos Ciro y Juan (PG 87.3557-3560).
226. El sujeto de toda esta frase es Teodoro y los mártires que se le hacen presentes son Ciro y Juan.
227. El pasaje no se atestigua en ningún otro lugar. San Anastasio Sinaíta ya ha sido citado en nota como uno de los últimos Padres de la Iglesia. El ‘nuevo domingo’ es, en el calendario bizantino, el que sigue al domingo de Pascua, en el cual se le apareció Jesús al apóstol Tomás (cf. Juan 20.24-29).
228. Cf. Hebreos 1.3.
229. Cf. M. L. Clugnet, “Vie et récits de l’abbé Daniel de Scété”, Revue de l’Orient Chrétien 5 (1900), 258.
230. ‘Caución’, engýē (uadimonium), es un término técnico del Derecho Romano: designa el compromiso solemne del demandado de presentarse ante el juez un día determinado. En el capítulo siguiente, dedicado a María Egipcíaca, aparecen más palabras de la misma familia.
231. Pseudo-Sofronio de Jerusalén, Vida de María Egipcíaca 21-25 (PG 87.3713-3716). Sobre María Egipcíaca, cf. n. 245 de la edición original.
232. Entrar en la iglesia a la cual se refiere el texto poco más adelante. Se trata de la iglesia del Santo Sepulcro en Jerusalén.
233. Vita Eupraxiae (Acta Sanctorum III 729). Sobre santa Eupraxia, cf. n. 244 de la edición original.
234. Esto es, “la servidora del templo”.
235. Cf. J. D. Mansi (ed.), Sacrorum Conciliorum noua et amplissima collectio, Florencia-Venecia, 1758-1798, XI 977-980. El concilio en el que se trató “acerca del quinto santo concilio” es el cuarto concilio de Constantinopla, también llamado ‘segundo concilio trullano’, que se celebró en el año 692, bajo el mandato de Justiniano II. Se lo considera continuación del segundo y tercer concilio de Constantinopla, los concilios ecuménicos quinto y sexto, motivo por el que también se lo denomina ‘concilio quintosexto’.
236. San Juan Bautista.
237. Cf. Romanos 13.10.
238. Cf. Juan 1.29.
239. Esta decisión del concilio trascendía, por tanto, el simbolismo de las imágenes para reconocer su realidad histórica.
240. Metodio de Olimpo, Sobre la Resurrección (PG 18.379). El Metodio citado como obispo de Patara es san Metodio, obispo de Olimpo en Licia, el cual debió de morir hacia el año 311.
241. De “aquí”, de esta Tierra, por contraposición con el Rey del Cielo.