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martes, 3 de marzo de 2026

EL SIGNIFICADO DEL 666; LA MARCA DE LA BESTIA - Vladimir Moss

(Texto extraído del libro de Vladimir Moss Apocalypse the book of the end) 



Apocalipsis 13.18. Aquí hay sabiduría. El que tiene entendimiento, cuente el número de la bestia, pues es número de hombre. Y su número es seiscientos sesenta y seis. (666)

«Es el número de un hombre, para que no supongamos, según la opinión de algunos, que él sea un diablo o un demonio, sino uno de entre los hombres, en quien Satanás habitará enteramente de modo corporal.»
(san Beda el Venerable).

«Desde la antigüedad se han hecho muchos intentos por descubrir el significado de estas palabras, pero ninguno ha llevado a una conclusión definitiva. Muy a menudo se ha intentado descubrir el nombre del Anticristo combinando las letras cuyo valor numérico corresponde al número. Por ejemplo, según la conjetura de San Ireneo de Lyon, el número de la bestia — 666 — surge al sumar los valores numéricos de las letras del nombre “Latinos”[1] o “Titán”.

Algunos han encontrado el número de la bestia en el nombre de Juliano el Apóstata; intérpretes posteriores lo han visto en el título del Papa de Roma —Vicarius Filii Dei, Vicario del Hijo de Dios —; en el nombre Napoleón, etc. Nuestros cismáticos intentaron extraer el número 666 del nombre del patriarca Nikon.

Reflexionando sobre el nombre del Anticristo, San Andrés de Cesarea dice: “Si fuera necesario conocer su nombre, el vidente lo habría revelado; pero no agradó a la gracia de Dios que este nombre funesto fuese escrito en el Libro Divino”.

Si se sigue este procedimiento, entonces, según la opinión de San Hipólito de Roma, pueden encontrarse muchos nombres, tanto propios como comunes, que corresponden a este número».[2] (Arzobispo Averky)

San Irineo escribió: «“y esa cifra es seicientos sesenta y seis" (Ap 13,14-18), es decir, seis centenas, seis decenas y seis unidades, para recapitular toda su apostasía que se ha fabricado durante seis mil años[3] (…) [por lo tanto] No nos arriesgaremos, sin embargo, a pronunciarnos con certeza acerca del nombre del Anticristo; porque si hubiera sido necesario que su nombre fuese revelado claramente en el tiempo presente, lo habría anunciado aquel que contempló la visión apocalíptica (…)[4]

Pero ahora ha dado a conocer el numero del nombre, para que tomemos precauciones contra el que ha de venir, sabiendo quien es; pero calló su nombre porque no es digno de ser anunciado por el Espíritu Santo.»[5]

San Irineo continua[6]: «Por eso, en la bestia que ha de venir, tendrá lugar la recapitulación de toda iniquidad y de todo engaño, a fin de que todo el poder de la apostasía, confluyendo en ella y encerrado en ella, sea arrojado al estanque de fuego (Ap. 19:20). Es justo, pues, que el número de la bestia sea el 666 (Ap. 13:18), porque recapitula en sí toda la maldad que se desencadenó antes del diluvio a causa de la apostasía de los ángeles (Gn. 6:1ss) -porque Noé tenía 600 años cuando el diluvio vino sobre la tierra y destruyó a los seres vivientes de ella, a causa de la generación perversa de Noé (Gn. 7:6) y para recapitular también todo error idolátrico posterior al diluvio y la muerte de los profetas y el suplicio del fuego infligido a los justos-; porque la estatua erigida por Nabucodonosor tenía sesenta codos de altura y seis codos de anchura, y a causa de ella Ananías, Azarías y Misael, por no adorarla, fueron arrojados al horno de fuego ardiente (Dn. 3:1, 20), pronosticando, por lo que les ocurrió, la prueba de fuego que habían de sufrir los justos en el fin de los tiempos; esta estatua, toda entera, fue, en efecto, un símbolo de la venida de aquél, que tratará de hacerse adorar él sólo por todos los hombres sin excepción.

Así pues, los seiscientos años de Noé, en cuyo tiempo tuvo lugar el diluvio a causa de la apostasía, y el número de codos de la estatua, a causa de la cual fueron arrojados los justos al horno de fuego, significa el número 666 del nombre de este hombre, en quien será recapitulada toda la apostasía, injusticia, iniquidad, falsa profecía y engaño de 6000 años de duración, a causa de los cuales sobre vendrá también el diluvio de fuego.»[7]

El número seis está asociado con la idea de completitud, ya que el mundo fue creado en seis días, y también con el hombre, puesto que el propio hombre fue creado en el sexto día. Sin embargo, el hombre también cayó en el sexto día y en la sexta hora, por lo que también significa apostasía: la apostasía de la humanidad antes del diluvio que alcanzó su culminación en el año seiscientos de Noé.

Así, «seiscientos significa el ferviente afán por el pecado mediante el mal uso de la creación realizada en seis días, y también que en el año seiscientos de Noé la tierra fue inundada». (san Andrés de Cesarea)

Después del diluvio, el hombre volvió a apostatar, y esta apostasía alcanzó su culminación cuando Cristo fue crucificado en el sexto día y en la sexta hora, razón por la cual hubo oscuridad sobre la tierra desde la sexta hasta la novena hora (Marcos 15:33). Pero la apostasía del hombre en general, y de la raza judía en particular, alcanzará un grado todavía mayor durante el reinado del Anticristo. Por ello puede decirse que el número 666 significa las tres etapas de la apostasía del hombre: desde la caída de Adán, pasando por la Crucifixión de Cristo, hasta la tiranía del Anticristo.

Sin embargo, el número siete significa el descanso de las obras de la naturaleza caída y la reversión de la apostasía; ya que Cristo, al reposar en el sepulcro y descender a los infiernos en el séptimo día, destruyó las obras del diablo.[8]

Finalmente, el octavo día representa la venida de la eternidad y la salvación final, la santificación y la transfiguración de la naturaleza. Pues Cristo resucitó de entre los muertos en el octavo día, y el valor numérico del nombre «Jesús», que significa «Salvador», es 888.[9]

Recientemente, la atención se ha centrado en el hecho de que en varios países existe tecnología capaz de grabar información en forma del número 666 en la mano derecha o en la frente de cada ciudadano. Asi escribe P. Budzilovich:

«En los Estados Unidos, – líder en la edificación del ‘Nuevo Orden Mundial’ – ya se han realizado todas las preparaciones técnicas para alcanzar el control global. La Agencia de Seguridad Nacional dispone ya de una computadora extremadamente potente creada especialmente para este fin (Texe Marr, Project LUCID – the Beast Universal Human Control System, Austin, TX, 1996). La creación de esta computadora y del software matemático necesario se ha llevado a cabo dentro de un proyecto con el nombre en clave ‘Project LUCID’ (LUCID significa luminoso, resplandeciente; de ahí ‘Lucifer’, Satanás — portador de luz). También han desarrollado medios para “colocar la marca” de la bestia: microcircuitos biológicos destinados a ser implantados en la mano derecha o en la cabeza. Según el boletín Phoenix Letter de marzo de 1997, los gobiernos de Dinamarca, Filipinas y Trinidad habrían iniciado medidas para introducir estos microcircuitos con el fin de verificar la identidad de sus ciudadanos, citando el supuesto éxito de este programa en los Estados Unidos, donde — según se afirma — estos trabajos se llevan a cabo en secreto. Los microcircuitos almacenarían información completa sobre sus portadores: fotografías, huellas dactilares, registros biométricos, datos financieros, información médica, etc. Cada individuo recibiría un número único de registro, que se propone conste de 18 dígitos divididos en tres grupos de seis, formando así la cifra 666.»[10]

Asimismo, el 22 de noviembre de 2003 se presentó en París un nuevo producto de la empresa “Caspian”: un chip de pago RFIC implantable. La fundadora y exdirectora de la empresa, Katherine Albrecht, escribe: «El chip ‘VeriPay’ contiene un número de identificación único asociado con el individuo en cuyo cuerpo se encuentra implantado. Este número de identificación único puede vincularse a una tarjeta de crédito u otro método de pago y ser comunicado a los comerciantes simplemente acercando la parte del cuerpo donde está implantado el chip a un lector RFIC o dispositivo de venta. (…)

Aunque no está claro qué parte del cuerpo tiene prevista la empresa para la implantación del chip de pago, mi suposición es que la parte superior del brazo —donde actualmente se implanta el producto “Verichip” de la compañía — resultaría demasiado incómoda para acercarla a un dispositivo lector. Es más probable que el chip se implante en la mano o en la muñeca de la persona para facilitar el sistema de pago “wave and go”, que actualmente es posible con el sistema de reloj de pulsera Mobil Speedpass-Timex.»[11]

En los tiempos recientes se han desarrollado chips de Identificación por Radiofrecuencia (RFID) que pueden insertarse bajo la piel y que permiten rastrear a una persona en cualquier lugar. Aun más recientemente, una empresa llamada Somark ha desarrollado un tatuaje de tinta que incorpora tecnología RFID.

De este modo, un número o marca equivalente impreso o tatuado en el cuerpo — y quizá escaneado mediante satélites — podría ser interpretado como la marca otorgada por la segunda bestia, es decir, por la falsa ciencia.

En este contexto es digna de consideración la siguiente observación: «Cuando se desea contactar a alguien en Internet, se escriben las tres letras “www”. Es notable que en la transliteración internacional la letra “w” represente la letra hebrea vav. Y vav, la sexta letra del alfabeto hebreo, corresponde al número 6. Así, en cierto sentido, al escribir “www” se introduce el equivalente hebreo de ‘666’. Desde hace tiempo sabemos que el Anticristo necesitará un sistema universal de comunicaciones para llevar a cabo sus designios malvados. Hoy existe uno que parece llevar sus iniciales.»[12]

Otra hipótesis interesante es que 666 sea el equivalente numérico de las letras hebreas que componen la expresión «Rey de los judíos».[13]

Sin embargo, con respecto a todas estas interpretaciones debemos recordar las palabras del obispo Fotio de Triaditsa: «Son innumerables las teorías acerca del significado secreto del número “666”. Pero pocos abordan estas cuestiones con humildad, profundidad de pensamiento y verdadera espiritualidad. Quien entiende que la marca de la bestia está, lamentablemente, grabada en nuestros corazones no se inquietará ni se alarmará esperando su aparición en algún cambio en los documentos oficiales o en los pasaportes que un gobierno pueda emitir.

Más bien dirigirá toda su atención a descubrir esa marca en el corazón, donde está perversamente inscrita. (…)

Sospecho que pocos fieles ortodoxos se dan cuenta de que sus preocupaciones y preguntas obsesivas — “¿Cómo será la marca? ¿No será lo último en tecnología, algún microchip electrónico?” — proceden en realidad de textos protestantes y de la teología fundamentalista protestante. Este tipo de especulación no pertenece al corazón de la Iglesia Ortodoxa ni al consenso teológico de los Santos Padres.

La verdad es que no sabemos qué forma tomará la Marca de la Bestia. ¿Será un procedimiento tecnológico? ¿O quizá uno de los ritos de las falsas religiones del mundo futuro? ¿Tal vez un rito que imite blasfemamente el sacramento cristiano de la Crismación? Simplemente no lo sabemos.

Lo único que debemos comprender es esto: ninguna acción externa ni ninguna protección externa puede garantizar que permaneceremos fieles a nuestro Señor. La fuerza de esta marca solo será neutralizada por nuestra conciencia y nuestra voluntad. Será impotente en la medida en que estemos dispuestos a vivir en un estado permanente de vigilancia espiritual y de lucha incansable contra el pecado, manteniendo nuestra fidelidad a Cristo incluso cuando caigamos repetidas veces o lo traicionemos con nuestros pensamientos, sentimientos, palabras u obras.

Ninguna protesta, ninguna organización ni ningún recurso terrenal dirigidos contra los pasaportes o contra el símbolo “666” — que se dice, por ejemplo, que aparece en los pasaportes rusos — nos salvarán de la difusión de esta Marca de la Bestia. Nuestro único objetivo debe ser conservar nuestra fidelidad al espíritu de los Padres y a la Tradición de la Ortodoxia.»[14]

Habiendo asimilado esta saludable advertencia, volvemos a nuestra investigación — pero no en busca de explicaciones tecnológicas de la Marca basadas en especulaciones protestantes, sino en fuentes puramente ortodoxas de tiempos modernos.

Una de las teorías afirma que el número “666” describe la llamada “Estrella de David”, que probablemente debe identificarse con la “estrella de Renfán” mencionada por el profeta Amós (5:26–27). El rey Manasés de Judá introdujo el culto de los dioses fenicios Baal (también llamado Moloc), el dios solar, al cual se ofrecían en sacrificio total niños menores de seis años, y el de su consorte Astarté, diosa del amor y de la guerra, cuyo culto iba acompañado de prostitución sagrada en los templos.

Sus representaciones suelen aparecer acompañadas por el hexagrama de seis puntas, hoy conocido como Estrella de David — aunque no guarda relación con el rey David ni con el verdadero Israel. La figura puede interpretarse como dos triángulos entrelazados que representarían la unión sexual de las divinidades masculina y femenina, cuyo culto probablemente fue introducido en Israel desde Babilonia por medio de Fenicia…[15]

En la época moderna esta interpretación fue introducida, en vísperas de la revolución, por Serguéi Nilus, confesor de la llamada Iglesia de las Catacumbas y primer editor de Los Protocolos de los Sabios de Sión.

Nilus sostenía que el número 6 precede al número 7 y, por ello, puede simbolizar el tiempo anterior al comienzo del mundo, representado por el número 7. En consecuencia, la edad de Satanás — quien se rebeló contra Dios antes de la creación del mundo — estaría representada por el número 6. Y continuaba afirmando:

«El símbolo o sello del misterio de la piedad — de la salvación por medio del Señor Jesucristo — es la venerable Cruz del Señor. El significado y el poder de este sello son conocidos por todo cristiano, por toda la raza cristiana.

El símbolo o sello del misterio de la iniquidad — del diablo que combate contra Dios — así como su significado y su poder (aunque ilusorio), deben ser conocidos por todo judío, por todo el pueblo judío y, por medio de él, por la Masonería, como aliada del judaísmo. Su sello será también el sello de su rey y dios anticristo, que todavía no es, pero que será en un futuro cercano. (…)

Pero ¿existe realmente entre los judíos y los masones tal símbolo, tal sello? (...)

La estrella de seis puntas, compuesta por dos triángulos iguales y equiláteros entrelazados… Cada uno de los triángulos tiene tres lados, tres ángulos y tres vértices. En consecuencia, en los dos triángulos habrá seis lados, seis ángulos y seis vértices (…)

En el sello del Anticristo, por tanto, el número seis se repite tres veces, es decir, 666; lo cual, por temor a los judíos (Juan 19,38), y para el lector que comprende (Mateo 24,15) el simbolismo del misterio, podría haber sido expresado por el vidente de los misterios escribiéndolo como seiscientos sesenta y seis (…)

Esta estrella es verdaderamente un símbolo tan sagrado para el judío (y por lo tanto para el masón) como lo es para el cristiano el signo de la Cruz vivificante.

Este sello, que es sagrado para el judaísmo, recibe en el ritual de los oficios judíos el nombre de ‘Mochin-Dovid’, que significa ‘Escudo de David’. Lo colocan en la tumba de todo judío creyente como señal de su comunión con su “dios” más allá de la muerte. (…)

Los masones y las ramas del árbol masónico — los teósofos, los ocultistas, los espiritistas, los gnósticos, etc. — atribuyen a este sello un significado igualmente sagrado, aunque bajo otro nombre. Se le llama “Sello de Salomón” o el “Tetragrámaton” cabalístico.

Así pues, el símbolo o sello de la judeo-masonería, la sinagoga de Satanás de los apóstatas de Cristo y del kahal judío, es el “tetragrámaton” de la Cábala.

Si el sello de aquellos que están preparando un reino para el anticristo es el “tetragrámaton de Salomón” o “Mochin Dovid”, ¿no está claro que será también el sello del propio Anticristo?

¿Acaso alguno de los que creen en Cristo renunciará a la Cruz del Señor? ¿Aceptará reemplazarla por otro símbolo?

De ningún modo.

Tampoco los judíos ni los masones renunciarán a su sello, hasta que Israel se convierta y contemple a Aquel a quien traspasaron.»[16]

¿Cuál es la relación entre la estrella de seis puntas y la estrella de cinco puntas?
En primer lugar, la primera se dibuja como la segunda por comodidad al dibujarse. Pero, más importante aún, la estrella de cinco puntas fue desde épocas tempranas un símbolo del sionismo y, más recientemente, del comunismo, cuya relación entre sí y con el Anticristo es clara. [17]

Así, quienes acepten el sello del Anticristo — la estrella de seis puntas o «escudo de David» — estarán proclamando de manera muy directa al falso Mesías de los judíos, «el hijo de David», como su rey, y renunciando al verdadero Mesías e Hijo de David, Jesucristo.[18]

San Nilo el Miróforo dice: «Cuando el Anticristo coloque su marca sobre las personas, sus corazones se volverán como muertos. En el tiempo de la calamidad profetizada, el Anticristo comenzará a marcar a las personas con su sello, como si por medio de esta marca quisiera salvarlas de la desgracia; pues aquellos que tengan esta marca, según el Apocalipsis, podrán comprar pan.

Muchos estarán muriendo en los caminos. La gente se volverá como aves de rapiña que atacan carroña y devorarán cadáveres. Pero ¿qué personas devorarán a los muertos? Aquellos que estén marcados con la marca del Anticristo.

Puesto que los cristianos no tendrán la marca, no podrán recibir ni comprar pan y no devorarán a los muertos; pero aquellos que estén marcados, aunque puedan comprar pan, devorarán a los muertos. Porque cuando un hombre es marcado con esta marca, su corazón se vuelve insensible; incapaces de soportar el hambre, las personas se llevarán los cadáveres y, sentándose al borde de cualquier camino, los devorarán.

Finalmente, el que haya sido marcado por el Anticristo será él mismo condenado a muerte; y sobre la marca estarán escritas las siguientes palabras:

“Yo soy tuyo”.
“Sí, tú eres mío”.
“Voy por mi propia voluntad, no por coacción”.
“Y yo te recibo por tu propia voluntad, no por coacción”.

Estas cuatro frases o inscripciones aparecerán en el centro de esa marca maldita.»[19]



Icono de san Nilo del Monte Athos (1601 - 1651) o también conocido como san Nilus el miròforo ("vertedor de mirra"), en las ultimas décadas se han hecho muy populares en internet sus profecías, atribuidas falsamente a san Nilo de Ancira, santo del siglo V. También en círculos ortodoxos algunos han objetado la veracidad de que san Nilo de Monte Athos haya realizado tales profecías, considerándolas apócrifas (esto se debe en parte a que las profecías fueron realizadas en tiempo en el que este santo habito en la esta tierra, pero fueron descubiertas a fines del siglo XIX), pero la tradición rusa y la veterocalendarista griega las considera como verdaderas. 


«¿Por qué — pregunta el P. Oleg Molenko — el Anticristo, que posee gran poder, exigirá precisamente una aceptación voluntaria de su inscripción? Porque él, en su loca audacia y orgullo, querrá mostrarse como si fuera el verdadero Dios, y que las personas lo adoren y se sometan a él, la bestia (y así también a Satanás), de manera consciente y voluntaria, y que también hayan abandonado al verdadero Dios voluntariamente. Mediante este “voluntarismo”, al ser preferido por encima del verdadero Dios, pretende consolidar su poder sobre los hombres como si estuviera fundado en la base ‘legal’ del derecho democrático de elección. ¡Mirad a qué conducirá la democracia y el derecho de elección a muchas personas! (…)

Las tres alternativas relacionadas con la compra pueden explicarse desde un punto de vista práctico. La inscripción misma será puesta sobre la piel de la mano derecha o sobre la piel de la frente, invisible a simple vista, mediante un láser u otro instrumento técnico moderno. Será algo semejante a las tarjetas plásticas actuales, solo que en lugar del plástico se utilizará la piel humana en esos lugares.

Por lo tanto, todas las demás representaciones (códigos de barras, etc.) en otros objetos, fuera de la frente y de la mano derecha, no tienen ninguna relación con la marca del Anticristo ni poseen importancia alguna. La elección de la frente y de la mano derecha no será casual, aunque todo se presentará bajo el pretexto de la comodidad y la utilidad. En realidad, se hará para privar al hombre del poder del signo de la cruz y de la misma posibilidad de santiguarse.

Por eso la aceptación de la inscripción de la bestia será también una herejía enemiga de la cruz. (…)

La marca en la piel, además de llevar la inscripción con el nombre de la bestia y el número de su nombre (que será lo único que dará derecho a comprar y vender), también podrá contener información sobre cuentas bancarias y otros datos. En ese caso, la inscripción podría funcionar como dinero — del mismo modo que hoy funcionan las tarjetas bancarias —, ya que toda la información sobre el adorador de la bestia estará almacenada en ella. Para la bestia, el falso profeta y sus servicios especiales, esto representará una excelente oportunidad para ejercer un control total sobre las personas que acepten la inscripción. (…) Las compras, sin embargo, también podrán realizarse desde casa mediante pedidos o por internet. En estos casos, el nombre de la bestia (por ejemplo, en cheques que no serán válidos sin ese nombre) o el número de su nombre podrán utilizarse para efectuar compras por internet o por teléfono.»[20]

Estas especulaciones acerca del significado del número son interesantes y quizá no estén muy lejos de la verdad, pero no dejan de ser eso: especulaciones. Debe subrayarse, como nos recuerda San Gregorio Palamás[21], que ningún número es malo por sí mismo, pues toda la creación — y por lo tanto todos los números — fue creada buena por Dios. Un número solo se vuelve malo cuando su aceptación está ligada a la apostasía de Cristo.

En otras palabras, no es el número 666 en sí mismo el que destruye el alma, sino la apostasía de Cristo, que es la condición para recibir la marca de ese número y los beneficios materiales que la acompañan. Pensar de otra manera —e s decir, suponer que el número 666 es malo en sí mismo — es caer en la superstición. Por lo tanto, incluso si aceptamos que el número 666 está vinculado a cierta tecnología informática o láser, todavía necesitamos saber qué significa el número para comprender verdaderamente qué es lo que destruye el alma y por qué debe evitarse a toda costa. Porque lo que es malo no es el número en sí, sino el fin para el cual se utiliza.

¿Cómo será utilizado? Sabemos por los Santos Padres que la marca será usada como señal de que la persona marcada acepta voluntaria y conscientemente y cree en el Anticristo. Así profetizó San Nilo el Miróforo del Monte Athos:

«sobre la marca estarán escritas las siguientes palabras:

“Yo soy tuyo”.
“Sí, tú eres mío”.
“Voy por mi propia voluntad, no por coacción”.
“Y yo te recibo por tu propia voluntad, no por coacción”.

Estas cuatro frases o inscripciones aparecerán en el centro de esa marca maldita.»

Ahora bien, ¿ha descubierto alguien que estas cuatro inscripciones se encuentren en algún dispositivo tecnológico moderno? Hasta donde sabe el autor de estas líneas, la respuesta a esa pregunta es: no. En cualquier caso, tales inscripciones no tienen sentido antes de la aparición del propio Anticristo. Pues ¿qué significa «yo soy tuyo» si no sabemos quién es ese «tú»?

De ello se sigue que antes de la aparición real del Anticristo, y de la aceptación voluntaria y consciente por parte de la gente de él como el verdadero Rey de los judíos y Dios, la profecía no puede cumplirse.

Al mismo tiempo, la aparición de esta tecnología es sin duda una señal de los tiempos (Mateo 16:3), una señal de que nos acercamos al fin y de que debemos prepararnos espiritualmente para la venida del Anticristo.



[1] Nota de traductor – Por ejemplo, la palabra en griego koiné ΛΑΤΕΙΝΟΣ (Lateinos).

La primera letra de esta palabra, lambda (Λ), tiene en el sistema de numeración griego antiguo, (también llamado sistema jónico, en el que las letras del alfabeto se utilizaban también como números) el valor de 30.
La segunda letra, alfa (Α), tiene el valor de 1.
La tercera letra, tau (Τ), tiene el valor de 300.
La cuarta letra, épsilon (Ε), tiene el valor de 5.
La quinta letra, iota (Ι), tiene el valor de 10.
La sexta letra, nu (Ν), tiene el valor de 50.
La séptima letra, ómicron (Ο), tiene el valor de 70.
Y la última, la sigma (Σ), tiene el valor de 200.

La suma de estos valores da:

30 + 1 + 300 + 5 + 10 + 50 + 70 + 200 = 666.

[2] Así, si se asignan a las letras del alfabeto latino valores numéricos que son múltiplos de seis (A = 6, B = 12, etc.), se obtienen las siguientes palabras como equivalentes a 666: “Computer”, “Mark of Beast”, “Diluvium” (la palabra latina para “diluvio”) y “New York”.

[3] San Irineo de Lyon, Contra las herejias. V. 28 3

[4] Ibid. V. 30

[5] Ibid. V, 28, 30.

[6] Nota de traductor – Aqui Vladimir Moss se confunde, el texto que sigue no es una cita de san Jeronimo como figura en el texto original sino de san Irineo de Lyon, quien sigue exponiendo mas adelante en su Contra Herejes sobre el asunto.

[7] N. de T. – san Irineo de Lyon; Contra las herejias V, 29

[8] El P. Stefan Krasovitsky escribe:
«Si el número 6 significa la perfección de la creación, entonces el número 7, que simboliza el día del reposo de Dios, significa la Presencia de Dios, es decir, el Sentido de la perfección, su significado, su centro, que permanece en reposo, pero sin el cual todo lo que debe estar a su alrededor queda privado de sentido…
Y es por esto que el número 666 significa autoperfección en tres etapas:

1.       la personalidad;

2.       “la Iglesia del Anticristo”;

3.       la personalidad del Anticristo».
(“El número ‘666’”, Straight Path, Nº 1 (3), 1992, en ruso).

 

[9] Archimandrita Emmanuel Kalyva, La marca del Anticristo, Atenas, 1989, capítulo 5 (en griego).

[10] «¿El Nuevo Orden Mundial en el año 2000?» Orthodox Russia, Nº 9 (1582), 1/14 de mayo de 1997, p. 5 (en ruso). Véanse también numerosos números de la revista de los zelotes athonitas San Agatángelos de Esfigmenou (en griego).

 

Tim Willard, editor de la revista Futurist, se refiere al biochip en los siguientes términos:

«La tecnología detrás de un implante de biochip como este es bastante simple y, con algunos perfeccionamientos, podría emplearse en diversas aplicaciones humanas. Podría asignarse un número al nacer que acompañara a la persona durante toda su vida. Lo más probable es que el implante se colocara en el dorso de la mano derecha o izquierda para que pudiera escanearse fácilmente en las tiendas. Así bastaría con escanear la mano para cargar automáticamente el pago a la cuenta bancaria».

(Light for the Last Days, enero-marzo de 1997, págs. 4 y 5).

 

[11] Katherine Albrecht, mensaje enviado a la lista de correo Orthodoxjurisdictions, “IT’S HERE. VeriPay, implantable RFID payment chip, unveiled today…”, 22 de noviembre de 2003 (publicado en la lista el 24 de noviembre de 2003).

[12] George Spruksts, “666 & the World Wide Web”, Orthodox@listserv. indiana.edu, 15 de septiembre de 1997.

[13] archiprieste Boris Molchanoff, “Antichrist”, Orthodox Life, Mayo-Junio de 1980, págs. 26-27.

[14] obispo Fotios, “Faithfulness to Christ Will Save Us From the Mark of the Beast”, Orthodox Tradition, vol. XXVII, no. 1, 2010, págs. 11 y 12.

[15] Véase Elena Samborskaya, «Revelación sobre la estrella. El misterio del hexagrama», Sagrada Escritura, 11 de octubre de 2015,
http://holyscripture.ru/creative/?t=helena_samborskaya&b=hexagram. (en ruso)

[16] Nilus, Está cerca, a las mismas puertas, Sergiev Posad, 1917, pp. 262-263, 248-250 (en ruso).

[17] Ivan Marchevsky, Una perspectiva apocalíptica sobre el fin de los tiempos en una síntesis patrística, Sofía: «Unión Monárquico-Conservadora», 1994, págs. 168 y 169. (en búlgaro).

[18] El Talmud interpreta el versículo de Libro de Ezequiel: «Mi siervo David será rey sobre ellos» (37:24) en el sentido de que debe ser del linaje de David, «el hijo de David». Esto también lo afirma el último de los Protocolos, que dice que él será «el sostén de la humanidad en la persona del señor supremo de todo el mundo, de la santa descendencia de David».

En enero de 2005 un grupo de 71 estudiosos judíos que se autodenominó Sanedrín se reunió para discutir la creación de una monarquía judía en el Estado de Israel. Concluyeron que el rabino Yosef Dayan, de Psagot, tenía el linaje más cercano al rey David. La reunión también discutió la construcción de un altar en el Monte del Templo para ser utilizado en una ofrenda pascual (Yaakov Katz, “Hear ye, hear ye: Sanhedrin seeks David’s scion as king”, The Jerusalem Post, 12 de enero de 2005).

[19] San Nilo el vertedor de mirra, citado en el libro del archimandrita Pantaleimon, A ray of light. págs. 80 y 81. Jordanville, Estados Unidos. 1996.

[20] Molenko, http://www.omolenko.com/texts/tolk13_6.htm (en ruso).

[21] San Gregorio Palamás, P.G. 151, 224; E.P.E. 9, 492. Citado en Kalyva, op. cit., pág 86.

jueves, 8 de enero de 2026

LAS CENTURIAS NEGRAS

 

Vladimir Moss




Centenanegristas manifestándose en Odesa tras la publicación del Manifiesto de Octubre.


Aunque la revolución de 1905 fue aplastada, el espíritu revolucionario permaneció vivo y el país siguió dividido. El Imperio había contraatacado; pero las campanas de su hora ya estaban tocando…

Los disturbios, particularmente en el campo, continuaron bien entrado 1906 y solo fueron apagándose gradualmente a partir de entonces. Así, en enero el Zar se vio obligado a subrayar ante una delegación campesina de la provincia de Kursk que la propiedad privada de los terratenientes, no menos que la de los propios campesinos, era inviolable.[1] Y aun después de que la revolución fuera sido derrotada, “entre enero de 1908 y mayo de 1910 se registraron 19.957 atentados terroristas y robos revolucionarios; 732 funcionarios del gobierno y 3.052 ciudadanos particulares fueron asesinados, y casi otros 4.000 resultaron heridos”.[2] Los partidos revolucionarios desaparecieron temporalmente en la clandestinidad. Pero los liberales formaron un nuevo partido político, los Demócratas Constitucionales, o Cadetes, y en las elecciones a la Primera Duma, en marzo, triunfaron de manera contundente sobre sus adversarios más derechistas.

La Duma simplemente continuó la revolución por otros medios. Después de que el Zar inaugurara su primera sesión el 27 de abril, los diputados comenzaron a atacarlo ferozmente a él y a sus ministros, y votaron conceder una amnistía a todos los presos políticos, “castigándolos con el perdón”, en palabras de F. I. Rodíchev[3]. Los diputados también formularon exigencias políticas: la formación de un ministerio responsable ante ellos y no ante el Zar, y la abolición del Senado Gobernante. Votaron la expropiación forzosa de las propiedades de los terratenientes, una medida que no hizo sino incitar a los campesinos a una violencia aún mayor. Pero al mismo tiempo votaron reducir el crédito destinado a los hambrientos de 50 millones de rublos a 15 millones.[4]

En junio, el Primer Batallón de la guardia de élite Preobrazhenski se amotinó. El general Aleksandr Kíreev anotó en su diario: “Este es el fin…”[5]. Ya que si incluso el ejército se rebelaba, y el otro pilar del régimen, el campesinado, también se sublevaba (por la cuestión agraria), entonces el régimen mismo, según parecía, estaba condenado.

Sin embargo, el Zar actuó entonces con una resolución admirable. El 8 de julio disolvió la Duma a causa de su llamamiento explícito a desobedecer a las autoridades. Los diputados fueron tomados por sorpresa, y muchos de ellos viajaron a Viborg, en Finlandia, donde emitieron una declaración abiertamente revolucionaria, llamando al pueblo a no pagar impuestos, a negarse al servicio militar y a no reconocer los préstamos contraídos por el gobierno durante el conflicto. Sin embargo, el gobernador de Viborg les pidió que interrumpieran su sesión, temiendo que condujera a restricciones de la autonomía de Finlandia.

Los diputados regresaron a Petersburgo sin haber logrado nada; nadie les prestó atención… Tan grande fue el cambio de ánimo que una conferencia de los Cadetes en Helsingfors, a finales de septiembre, incluso decidió abandonar el Manifiesto de Viborg. Los estudiantes regresaron a sus estudios. Los revolucionarios dejaron de ser ensalzados…

Aunque la revolución de 1905 había sido aplastada, los pensadores monárquicos consideraban que las concesiones otorgadas por el Zar en su Manifiesto de Octubre debían ser revocadas. Es cierto que en su nueva versión de las Leyes Fundamentales, publicada el 23 de abril de 1906, justo antes de la apertura de la Primera Duma, el Zar parecía recuperar parte de su poder:

«4. El Emperador de todas las Rusias posee el supremo poder autocrático. No solo el temor y la conciencia, sino Dios mismo ordena obediencia a su autoridad (…)

8. El emperador soberano posee la iniciativa en todas las materias legislativas. Las Leyes Fundamentales solo pueden ser objeto de revisión en el Consejo del Estado y en la Duma del Estado por iniciativa suya. El emperador soberano ratifica las leyes. Ninguna ley puede entrar en vigor sin su aprobación (…) 9. El emperador soberano aprueba las leyes; y sin su aprobación ninguna medida legislativa puede convertirse en ley».

Sin embargo, sugerían otras partes de la ley que la Duma conservaba aún un poder considerable:

«7. El emperador soberano ejerce el poder conjuntamente con el Consejo del Estado y la Duma del Estado (…)
86. Ninguna nueva ley puede entrar en vigor sin la aprobación del Consejo del Estado y de la Duma del Estado y la ratificación del emperador soberano».[6]

En cualquier caso, aun concediendo que el Zar había cedido parte de sus poderes autocráticos a la Duma, estaba claro que no pensaba recuperarlos nuevamente. Por ello, para apuntalar la monarquía, se fundó el 8 de noviembre de 1905 un partido monárquico de base popular: “La Unión del Pueblo Ruso”. Pronto se volvió muy numeroso: durante la exitosa contrarrevolución de 1906-1907 contaba con unas 11.000 secciones locales, y sus miembros sumaban varios cientos de miles de personas de todas las capas sociales.[7]

La Unión fue llamada “las Centurias Negras” por sus adversarios, que la denigraban como el principal baluarte no solo del monarquismo, sino también del “antisemitismo” en el pueblo ruso. Sin embargo, la Unión no era tanto antisemita como antijudaica y antirrevolucionaria.


Serhii Plokhy escribe:


«El primer mitin organizado por la Unión en Moscú atrajo a cerca de 20.000 personas. En diciembre de 1905, Nicolás recibió a una delegación de dirigentes de la Unión y bendijo sus actividades. Respaldada por las autoridades, la Unión desempeñó un papel clave en la movilización del apoyo a la monarquía bajo la bandera del nacionalismo moderno. Según el estatuto de la Unión, “el bien de la patria reside en la firme preservación de la Ortodoxia, de la autocracia rusa ilimitada y del modo de vida nacional”. La fórmula del conde Serguéi Uvárov de la década de 1830 — Autocracia, Ortodoxia y Nacionalidad — había sido reavivada, inspirando ahora no solo a los burócratas imperiales, sino también a los súbditos comunes.

»La Rusia representada por la Unión no se limitaba a los grandes rusos. “La Unión no distingue entre grandes rusos, rusos blancos y pequeños rusos”[8], rezaba el estatuto. De hecho, las provincias occidentales, y Ucrania en particular, se convirtieron en la principal base de operaciones de la Unión. Su mayor filial, situada en la provincia ucraniana de Volinia, tenía como centro el Monasterio de Pochaev. Según un informe de 1907, la Unión contaba con más de 1.000 secciones en Volinia, con más de 100.000 miembros. Si se da crédito al informe, elaborado por el gobernador de Volinia, solo esa provincia representaba una cuarta parte de los miembros de la Unión en todo el Imperio. No muy lejos le seguían otras provincias ucranianas de la margen derecha, especialmente la de la gobernación de Kiev.

»Lo que explica el número verdaderamente impresionante de miembros de la Unión en las provincias occidentales es que, como en Volinia, las secciones individuales eran organizadas y dirigidas por sacerdotes, que reclutaban a sus feligreses para la Unión…».[9]

Los obispos también se mostraron entusiastas. La excepción más notable fue la del metropolitano liberal Antonio (Vadkovski) de San Petersburgo, de quien, como hemos visto, se rumoreaba que era enemigo de san Juan de Kronstadt e incluso masón.

Pero el metropolitano Vladímir de Moscú[10], el arzobispo Tijón (Bellavin) de Yaroslavl, el arzobispo Antonio (Khrapovitsky) de Volinia, el obispo Hermógenes de Sarátov, san Juan de Kronstadt, el starets Teodosio de Minvody y muchos otros se unieron sin vacilar.

San Juan de Kronstadt se convirtió en el miembro n.º 200.787 y bendijo los estandartes de la Unión, diciendo: «Así como un cuerpo sin alma está muerto, así Rusia sin su Poder Autocrático que todo lo ilumina está muerta». En un telegrama dirigido al Congreso de los monárquicos de las Centurias Negras escribió: «Sigo con profundo entusiasmo los discursos y las acciones del Congreso y, con todo mi corazón, doy gracias al Señor, que se ha apiadado de Rusia y ha reunido en torno a la cuna del cristianismo ruso a Sus hijos fieles para la defensa unánime de la Fe, el Zar y la Patria.»

Nuevamente san Juan dijo: «¡Oh Rusia, aférrate firmemente a tu fe, a tu Iglesia y al Zar ortodoxo, si no quieres ser sacudida por la gente de la incredulidad y la anarquía y no quieres ser privada del reino y del Zar ortodoxo! Pero si te apartas de tu fe, como ya muchos de la “Inteligentsya” (clase intelectual) han caído, ya no serás Rusia, o la Santa Rus. Y si no hubiera arrepentimiento en el pueblo ruso; entonces el fin del mundo estará cerca. Dios quitará a tu piadoso Zar y enviará un látigo personificado por los impíos, crueles, gobernantes designados por si mismos, quienes inundarán toda la tierra con sangre y lágrimas».

Un eminente organizador del clero dentro de la Unión fue el misionero, futuro hieromártir y gran amigo de san Juan de Kronstadt, el padre Juan Vostórgov. El Viernes Santo, 31 de marzo de 1906, dijo lo siguiente en la catedral de Cristo Salvador:

«Nuestra patria entra en un nuevo camino de vida; ante nosotros y delante de nosotros se halla una nueva Rusia…

¡Perdónanos, perdónanos, vieja Rusia milenaria!

Ante nuestros ojos te juzgaron, te condenaron y te sentenciaron a muerte…
Jueces amenazantes e implacables escupieron tu rostro y no encontraron en ti nada bueno.
El juicio fue severo, inexorable y despiadado.
Todo se fundió en un solo clamor: «¡Llévensela, crucifíquenla!»

También nosotros sabemos que nada humano te fue ajeno;
sabemos que tuviste muchos defectos.
Pero sabemos y vemos también que hiciste santa a Rusia,
y a su pueblo —un pueblo teoforo, 
si no en la realidad efectiva, al menos en el ideal eterno e imperecedero del alma del pueblo; engendraste y educaste a un pueblo poderoso, conservándolo en su amargo destino, en el crisol de sus pruebas históricas a lo largo de toda una serie de siglos; engendraste y educaste una multitud de santos y justos; no pereciste bajo los golpes, los pesados golpes del destino, sino que te fortaleciste bajo ellos, fuerte en la fe; y con esta fe, con esta gran fuerza del espíritu, soportaste todas las cargas, y sin embargo creaste y nos confiaste y nos dejaste un gran reino. Por todo esto nos inclinamos hasta la tierra en gratitud…».

«Las Uniones monárquicas — escribió el padre Juan — (…) previeron los terribles peligros que amenazaban la estructura religiosa y popular-estatal rusa y su modo de vida. Otras surgieron por centenares solo después de que el peligro ya había aparecido, con el propósito de proteger los ideales religiosos y estatales de Rusia y de defender su integridad e indivisibilidad. Su esencia radica en que son el depósito vivo de la religiosidad y del patriotismo del pueblo ruso. En un momento fatídico de la historia, cuando la nave del Estado ruso se escoraba tanto hacia la izquierda que el desastre parecía inevitable, las Uniones patrióticas monárquicas se inclinaron con todas sus fuerzas hacia el lado derecho de la nave y la salvaron de zozobrar. Los distinguidos activistas de las Uniones de derecha salieron al campo del trabajo público en un momento en que nada podían esperar más que balas y bombas, asesinatos a la vuelta de la esquina, persecuciones por parte de la prensa, burlas y el desprecio de la intelectualidad desorientada e incluso del propio gobierno; el de Witte, de triste memoria, y de sus camaradas y colaboradores…».[11]

El arzobispo Macario (Parvítski-Nevski) de Tomsk explicó la naturaleza de la lucha:

«“Por la Fe, el Zar y la Patria” figura en el estandarte de la Unión del Pueblo Ruso y apela claramente a la unidad del pueblo ruso en defensa de los fundamentos de la Tierra Rusa. Sin embargo, ese mismo estandarte de unidad se ha convertido también en un símbolo de discordia.

Frente a quienes se agrupan bajo dicho estandarte se alza una horda, portadora de un estandarte rojo en el que está escrito: “Libertad, Igualdad, Fraternidad”. Este último conserva aún huellas de sangre ya oscurecidas por el tiempo. No se trata de un símbolo ruso, sino de uno importado de otro país, donde estuvo empapado de sangre. Su aparición entre nosotros es reciente. Bajo su consigna, que promete libertad, igualdad y fraternidad, muchos — no solo los extranjeros que viven en la Tierra Rusia, sino también los rusos — no han advertido que se oculta un significado distinto: violencia en nombre de la libertad, esclavitud en nombre de la igualdad y fratricidio en nombre de la fraternidad universal. Entre la horda de la libertad, la igualdad y la fraternidad y el bando que defiende la Fe, el Zar y la Patria, se libra una lucha por el predominio».[12]


*

 

Sin embargo, la Unión estaba plagada de cismas y de una mala dirección que le dieron mala fama. Así, la “Unión del Arcángel Miguel”, dirigida por el diputado V. M. Purishkévich, se separó de la “Unión del Pueblo Ruso” encabezada por A. Dubrónin. Las opiniones de Dubrónin eran contradictorias: prozaristas, pero también antijerarquicas. Y quería librar al imperio de “los alemanes”, es decir, de esa capa superior altamente eficiente de la administración que se había demostrado tan leal al imperio como cualquier otro sector de la población. Entrevistado años después por la Cheka, Dubrónin declaró: «Por convicción soy un monárquico comunista, es decir, [quiero] que haya un gobierno monárquico bajo el cual florezcan aquellas formas de gobierno que puedan aportar al pueblo un aumento de prosperidad. Para mí toda clase de cooperativas, asociaciones, etc., son sagradas». El padre Juan Vostórgov consideraba a Dubrónin un enemigo de la verdad y subrayaba que el verdadero patriotismo solo puede fundarse en la fe y la moral verdaderas: «Donde ha caído la fe, y donde ha caído la moral, no puede haber lugar para el patriotismo; no tiene de dónde sostenerse, pues todo lo más precioso de la patria deja entonces de ser precioso».[13]

Otro problema importante fue que los partidos monárquicos resultaron ser “más realistas que el rey”. En las provincias a menudo criticaban a los gobernadores por ser liberales, mientras que en la Duma permanecían en oposición al gobierno de Stolypin, quien, naturalmente, gozaba de la confianza del Zar.[14] Además, los monárquicos quedaron atrapados en una contradicción: debieron recurrir a la política de partido para afirmar que el Estado no debía ser fruto del partidismo, sino de estar encarnado en el Zar, que se hallaba por encima de todos los intereses de partido y de clase…

A pesar de ello, los partidos monárquicos desempeñaron un papel esencial en el sostenimiento del apoyo al Zar y al zarismo en un momento crítico. Y por eso los mejores hombres de Iglesia de la época los apoyaron, entrando en una batalla abierta con la izquierda ya que no podía haber unidad real ente aquellos quienes situaban al poder último en el Zar y entre los que lo situaban en la Duma. Además, la lucha entre los “rojos” y los “negros” no era simplemente una lucha entre distintas interpretaciones del Manifiesto de Octubre, ni entre monárquicos y constitucionalistas, sino entre dos cosmovisiones fundamentalmente incompatibles: la cristiana ortodoxa y la masónica-liberal-ecumenista. Era una lucha entre dos concepciones radicalmente opuestas sobre el verdadero origen de la autoridad: Dios o el pueblo.

Como escribió el obispo Andrónico, futuro hieromártir:

«No se trata de la lucha entre dos regímenes administrativos, sino de una lucha entre la fe y la incredulidad, entre el cristianismo y el anticristianismo. El antiguo complot anticristiano, iniciado por aquellos que gritaban con furia ante Pilato en contra de Jesucristo: “¡Crucifícalo, crucifícalo! ¡Su sangre sea sobre nosotros y sobre nuestros hijos!”, y prolongado luego en diversas ramificaciones y sociedades secretas, se canalizó en el siglo XVI en la orden secreta anticristiana de los Caballeros templarios; en el siglo XVIII se perfiló con mayor claridad en los Iluminados y los Rosacruces y, finalmente, en la francmasonería se amalgamó con una organización judía de carácter mundial. [Y] Hoy, en cambio, tras haber acumulado tal poder que Francia ha quedado completamente en manos de los masones, la masonería expulsa allí abiertamente al cristianismo de la vida; y, en última instancia, desembocará en un solo hombre de iniquidad, el hijo de la perdición: el Anticristo (II Tesalonisenses 2). En esto reside la clave de nuestras libertades más recientes: su objetivo es la destrucción del cristianismo en Rusia. Es por esta razón, el antiguo vocablo francés “liberal”, que en el uso masónico designaba al “generoso” benefactor de los fines de la masonería y que más tarde asumió el sentido de “amante de la libertad” en lo referente a las cuestiones de fe, se haya derivado hoy en un anticristianismo abiertamente declarado. En esto reside también la explicación de la obstinada lucha por el control de la escuela, que se libra en los zemstvos y en la Duma del Estado: si la corriente liberal se apodera de la escuela, el triunfo del anticristianismo está garantizado…».[15]




metropolita Antonio Khrapovitsky


El arzobispo Antonio (Khrapovitsky) expuso el caso monárquico en febrero de 1907:

«Quizá haya países que se gobiernen mejor no por los zares, sino por muchos dirigentes. Pero nuestro reino, que consiste en una multitud de razas, diversas confesiones y costumbres hostiles entre sí, solo puede sostenerse cuando a su cabeza se encuentra un único Ungido de Dios, que no rinde cuentas a nadie sino a Dios y a Sus mandamientos. De otro modo, todas las razas que habitan la tierra rusa se levantarían unas contra otras con cuchillos, y no se aquietarían hasta haberse destruido mutuamente o haberse sometido al poder de los enemigos de Rusia. Solo el Zar Blanco es venerado por todos los pueblos de Rusia; por él obedecen las leyes civiles, entran en el ejército y pagan sus impuestos. Nuestros zares son los amigos del pueblo y los guardianes de la santa fe, y el actual soberano, Nicolás Alexandrovich, es el más manso y silencioso de todos los reyes del mundo. Él es la corona de nuestra devoción a la patria, y debéis sostenerlo hasta la última gota de sangre, sin permitir que nadie disminuya su poder sagrado, pues con la caída de este poder también caerá Rusia…».

«Hombre ruso, inclina tu oído hacia tu tierra natal: ¿qué es lo que te dice? “Desde la justa princesa Olga, desde Vladímir, igual a los apóstoles, hasta los días de Serafín de Sarov, hasta el presente y hasta las edades futuras, todos los sabios guías de mi pueblo piensan y dicen lo mismo”; así te responderá la tierra  (…) “Pues una sola y misma enseñanza transmitieron a sus contemporáneos y a sus descendientes: tanto los príncipes como los zares, los jerarcas que ocuparon las cátedras de la Iglesia, y los ermitaños que se ocultaban entre los bosques y en las islas del mar, y los jefes militares, y los guerreros, y los boyardos, y la gente sencilla: todos enseñaron a mirar esta vida como el patio de entrada a la vida futura; todos enseñaron a usarla de tal modo que no se consolase la carne, sino que se elevase el alma a la virtud evangélica; a conservar intacta la fe apostólica; a guardar la pureza de las costumbres y la veracidad de la palabra; a honrar a los zares y a quienes por ellos han sido puestos en autoridad; a escuchar y venerar el sagrado orden monástico; a no envidiar a los ricos, sino a rivalizar con los justos; a amar el trabajo de la tierra, tal como Dios lo señaló a nuestra raza por medio de Adán y Noé, y a dedicarse a otros oficios solo por necesidad o por un talento especial; a no tomar prestadas las costumbres corrompidas de los extranjeros, su moral orgullosa, mentirosa y adúltera, sino a conservar el orden de la patria, que se cumple por la castidad, la sencillez y el amor evangélico; a mantenerse sin temor por la tierra natal en el campo de batalla y a estudiar la ley de Dios en los libros sagrados”.

Eso es lo que nuestra tierra nos enseña; eso es lo que nos legaron los sabios y los justos de todas las épocas de nuestra historia, entre los cuales no hubo desacuerdo, sino plena unanimidad. Toda la Rus’ piensa del mismo modo. Pero sabe que solo el Ungido de Dios debe conservar este espíritu y defenderlo de los enemigos visibles e invisibles con su poderosa diestra. Y ved como, sus privilegios populares le fueron arrebatados por el engaño y la violencia, por sus enemigos y por los enemigos del pueblo apenas dio un paso atrás en la vida.

Sí: el pueblo ruso piensa y siente una sola cosa. A sus ojos, la vida pública es una empresa común de virtud y no el reino de los placeres seculares; no es otra cosa que el laborioso crecimiento del Reino de Dios entre nosotros mismos y su difusión entre las tribus no iluminadas, y no la igualación de todas las religiones y supersticiones.

El pueblo ortodoxo lo sabe y lo siente. Siente que, sin una única diestra regia que gobierne, es imposible que exista nuestra tierra de muchas tribus. En ella hay 102 fes distintas, 102 tribus que, en cuanto dejen de sentir sobre sí la diestra gobernante del Zar Blanco, comenzarán a alimentar de inmediato una enemistad maliciosa unas contra otras.

Que él escuche los informes de los delegados del pueblo; que les permita expresar sus opiniones sobre diversos asuntos del reino. Pero la decisión final la tomará él mismo, y de ello rendirá cuentas solo ante su conciencia, delante del Señor Dios. Una sola sumisión, una sola limitación de su poder necesita el pueblo: que abiertamente, el día de su coronación, confiese su fe ortodoxa ante Dios y ante el pueblo conforme al Símbolo de la Patria, para que no tenga el arbitrio humano, sino la ley evangélica de Dios como guía inmutable de sus decisiones y empresas soberanas.

Éste es el reino que necesitamos, y esto es comprendido no solo por el pueblo ruso, sino también por las personas de otras confesiones que viven en nuestra tierra con un sano entendimiento popular y no mediante la mentira y el engaño: tanto los tártaros como los kirguises, los viejos judíos que creen a su modo y los lejanos tunguses. Todos ellos saben que sacudir a la Autocracia del Zar significa comenzar la destrucción de toda Rusia…»[16]



[1] S.S. Oldenburg, Tsarstvovanie Imperatora Nikolaia II, Belgrado, 1939, vol. I, p. 337.

[2] Douglas Smith, Former People: The Last Days of the Russian Aristocracy, Londres: Macmillan, 2012, p. 58. El padre Raphael Johnston escribió: “Alejandro III subió al trono sobre el cadáver de su padre. Los revolucionarios, envalentonados —como siempre ocurre— por la pacificación liberal, y los grupos comunistas y otras facciones de extrema izquierda se volvían cada vez más violentos. Desde el reinado de Alejandro II hasta 1905, el número total de personas —tanto civiles inocentes como funcionarios del gobierno (incluidos modestos escribientes burocráticos)— asesinadas por los ‘Hombres Nuevos’ herzenianos se contabilizo aproximadamente en unas 12.000; entre 1906 y 1908 se agregaron 4.742 más y se registraron 9.424 intentos de asesinato.

Por otra parte, la actitud del gobierno ruso hacia los ‘Hombres Nuevos’ fue ambigua. En general la monarquía fue indulgente. El destierro a Siberia, sin embargo, no era siempre una pena severa. Aquella región, lejos de ser un inmenso desierto helado, posee una singular belleza natural: de montañas y ríos. Es fría, pero no es el lugar que ocupa en la imaginación popular. Los habitantes locales, sin saber quiénes eran los deportados, los recibieron con hospitalidad; pasaron a formar parte de la vida de las ciudades, y se les concedió considerable libertad personal. Esta forma de ‘reclusión’ era muy superior a la del sistema penal estadounidense…”

[3] Oldenburg, op. cit., p. 349.

[4] Oldenburg, op. cit., p. 355.

[5] Lieven, Towards the Flame, Londres: Allen Lane, 2015, p. 190.

[6] Svod Zakonov Rossiiskoi Imperii (Recopilación de las leyes del Imperio ruso), tercera serie, vol. 1, pt. 1. San Petersburgo, 1912, pp. 5-26.

[7] (S. Anikin, “Buduschee prinadlezhit trezvym natsiam” (El futuro le pertenece a las naciones sobrias), Vernost’, 142, Marzo, 2010, http://metanthonymemorial.org/VernostNo142.html)

[8] Nota de traductor – Desde tiempos de antaño el territorio de la Moscovia era denominado como la Gran Rusia (Vélikaia Rossíya). Las regiones meridionales y occidentales vinculadas a la antigua Rus de Kiev recibieron el nombre de Pequeña Rusia (Málaya Rossíya) — término que no indicaba inferioridad, sino antigüedad y cercanía al origen — por su parte, las tierras del noroeste eran conocidas como la Rusia Blanca (Bélaya Rossíya), correspondientes en gran medida a la actual Bielorrusia.

[9] Plokhy, Lost Kingdom, Londres: Allen Lane, 2017, p. 169.

[10] El monje Anempodist escribió: “El metropolitano Vladímir continuó su participación en el movimiento de las fuerzas conservadoras de derecha que se estaba conformando en Rusia.

En 1907 tomó parte activa en el Congreso de toda Rusia de ‘La Unión del Pueblo Ruso’. Dos años después, en el Primer Congreso Monárquico del Pueblo Ruso (1909), se lo juzgó merecedor del alto honor de hacer llegar a los reunidos un saludo de Su Majestad el Emperador Nicolás II por medio del siguiente telegrama:

«A Su Eminencia Vladímir, Metropolitano de Moscú.
Pongo en tus manos, Vladyka, la tarea de transmitir a todos los congregados en la primera capital, participantes del congreso del pueblo ruso y miembros de la Unión Patriótica de Moscú, Mi agradecimiento por sus sentimientos de lealtad. Conozco su firme voluntad de servirme con fidelidad y honor a Mí y a la patria, en estricta observancia de la legalidad y del orden. San Petersburgo, 30 de septiembre. Nicolás.»” monje riasóforo Anempodist, “Sviaschennomuchenik mitropolit Vladimir (Bogoiavlenskij) i bor’ba s revoliutsii” (El hieromártir metropolitano Vladímir Bogoyavlensky y su lucha en contra de la revolución), Pravoslavnaia Zhizn’ (Orthodox Life), 53, N 1 (636), enero de 2003, pp. 2-10.

[11] Vostorgov, en Valentina Sologub (ed.), Kto Gospoden’ – ko mne! (“¡Quien sea del Señor, que venga a mí!”), Moscú, 2007, p. 115.

[14] Oldenburg, op. cit., vol. II, p. 60.

[16] Obispo Nikon (Rklitsky), Zhizneopisanie Blazhenneishago Antonia, Mitropolita Kievskago i Galitskago, vol. 2, pp. 173, 175-177.

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