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jueves, 29 de mayo de 2025

APUNTES SOBRE EL APOCALIPSIS DE SOLOVIEV (PARTE I)


   Ignacio Pérez

«Cuando las predicciones se derrumban queda la profecía como única esperanza. De ello resulta que es la única que reina en nuestra historia» - Albert Camus; El hombre rebelde


Introducción

 

Vladimir Soloviev (1853 – 1900) fue uno de los últimos representantes del periodo pre-revolucionario que trato de realizar un sistema filosófico-religioso, esta característica esencial de su pensamiento no debe de pasar inadvertida a nosotros, mientras en Occidente se desarrollaba para su tiempo una rígida división entre filosofía y teología, los últimos pensadores que aparecieron en los albores de la Revolución postularon ciertas ideas y conceptos que pretendían unificar a estas dos disciplinas.

Lo que nos proponemos en nuestro estudio es justamente analizar ciertos aspectos del Anticristo de Soloviev –  que dicho sea de paso, es su último escrito – que abrevan de las Sagradas Escrituras y de la enseñanza de la Iglesia Ortodoxa, es decir, nuestro enfoque va dirigido a desentrañar las claves teológicas y no tanto filosóficas de su escrito.

Nuestro objetivo radica en demostrar que ciertos escritos desarrollados por filósofos y artistas en las últimas décadas del Imperio Ruso resultan de mucha utilidad para nosotros como individuos de este siglo. Toda elucubración que el hombre realice con miras de analizar su presente y el futuro del genero humano, tiene que tener en cuenta el pasado, de ahí que durante siglos la Iglesia haya considerado el estudio del Genesis así como del Apocalipsis en vistas de desentrañar las claves de nuestra época.

El Anticristo de Soloviev nos es útil en tanto y en cuanto es un texto que nos invita a adquirir una conciencia histórica, todo hombre que procure sobrevivir al presente siglo tiene que adquirir la misma, debe de estudiar la Historia, pero no en un sentido racional, sino que tiene que ser capaz de desentrañar lo que subyace en el relato de cualquier libro de historia, es decir, tiene que atreverse a ser capaz de ver a la historia desde un prisma metafísico o espiritual. Es así como la Historia llega a ser una gran maestra para nuestras vidas y muy útil a la hora de mantenernos vigilantes (para ayudarnos a adquirir la nepsis) frente a los problemas que se nos plantean en nuestros tiempos, ya san Máximo el Confesor[1] como el padre Serafín Rose[2] o Vladimir Moss entre muchos otros Santos Padres se abocaron a la tarea de tratar de interpretar la historia o ciertos eventos históricos de una manera espiritual.

Como filosofo y también como teólogo, es decir, como hijo de la Iglesia ortodoxa, la interpretación de Soloviev presenta a simple vista una serie de problemas, no es la misma interpretación de la Historia la que realiza un filosofo que la que realiza un profeta o alguien que se dedica a estudiar la exegesis o interpretaciones de los textos proféticos, por lo que también en el desarrollo subsiguiente nos detendremos a analizar esta aparente contradicción entre la fe y la razón.

 

Filosofía de la historia vrs Profecía

 

El asunto del futuro desde tiempos pretéritos siempre ha suscitado gran fascinación en la mente de los hombres, se nos viene a la mente la historia bíblica de san José el Hermoso, a la sazón interprete de los sueños del Faraón y primer ministro del mismo, que al predecir una futura sequia diseño un plan de construcción de silos, lo que les permitió sobrevivir a los egipcios de los años de carestía.

La voluntad de los hombres de consultar a los oráculos, a los interpretes de sueños, nigromantes, etc., parece ser una constante a lo largo y ancho de la historia, una constante que no ha sido quebrada ni por asomo en nuestros tiempos modernos, se sabe por ejemplo de Bismark ataca a Austria a raíz de un sueño, a si mismo la misma influencia de lo onírico sobre las acciones de grandes hombres de nuestra era puede notarse en la trayectoria del general Patton o de Abraham Lincoln.[3]

Sin embargo, paralelamente, se desarrolló entre los hombres otra forma de intentar predecir el futuro, más racional y, por tanto, menos misteriosa: la filosofía de la historia. Esta disciplina buscó siempre identificar ciertos patrones que, a juicio del filósofo, se repetían en el devenir histórico. El objetivo era establecer una ley que explicara por qué se producían dichos patrones y, a partir de esa comprensión, anticipar en qué circunstancias podrían repetirse en el futuro.

Lo que denominamos como “ley” de la historia, también puede pasar a denominarse como “motor de la historia”, la ley no solo determina una descripción de como y a donde se mueven las distintas sociedades a lo largo de la historia, sino también y muchas veces, va a lo esencial, intenta determinar la razón de la dinámica de la historia, es decir, se plantea la pregunta el porque de que las sociedades devengan y se muevan en los patrones que plateados por los diferentes sistemas de la filosofía de la historia que se han desarrollado a lo largo del tiempo.  

Así el sistema de la filosofía de la historia de Platón establece para su estudio del devenir completo de las sociedades 6 fases por la cual esta atraviesa, primero se funda – según Platón –  la sociedad bajo una monarquía, que degenera en tiranía, la tiranía a su vez deviene en aristocracia, que termina por degenerar en oligarquía, la oligarquía termina con el advenimiento de la democracia y la democracia a su vez termina por acabar con la sociedad al convertirse en oclocracia. ¿Cuál es el motor de la historia que plantea Platón? ¿Por qué se mueven las sociedades según él?

El filósofo ateniense plantea en el libro VIII de La República una suerte de Número natal (arithmós génnēs); “Hay un número que gobierna el crecimiento y la decadencia de todas las cosas...” (República, 546b-c), que manifiesta una cierta armonía cósmica, las sociedades al romper la armonía prestablecida entran al mundo del devenir, comienza a rodar la rueda de 6 fases, a funcionar el proceso de anaciclosis como Polibio se dignaría a bautizar poco después al fundamentar los presupuestos de Historia en el sistema histórico-filosófico de su maestro Platón.

Podemos situar a Platón dentro de los primeros filósofos de la historia, es decir, plantear un sistema racional de como funcionan las sociedades y también plantear las razones de porque funcionan las mismas dinámicas sociales, pero no fue el único, san Agustín siglos después plantearía otro motor de la historia, lejos de ser el Número natal de Platón, consideraría que el Amor, el amor a Dios en el que se funda la Ciudad celestial y el amor propio sobre el que se funda la Babel terrenal, como el motor de la historia, a la saga de él, su discípulo Orosio[4] fundamentado en ciertos historiadores romanos, establecería que las sociedades que caen bajo el devenir del amor propio, los pueblos bajo la lógica de la Babel terrenal, tienen un desarrollo cíclico[5], mientras que los que aquellos que se mueven bajo la lógica del amor de Dios se mantienen incólumes y ajenos a la mancha de lo pasajero.

Luego, en épocas modernas Marx viene a establecer como motor de la historia la lucha de clases (creado siguiendo los preceptos de la dialéctica hegeliana), que a nuestro entender es ver tan solo una esfera de lo que san Agustín comprende como amor terrenal – y por ende el sistema de san Agustín es superador y mas abarcativo que el de Marx – y desembarazándose de una cosmovisión cíclica sobre el desarrollo de las sociedades, postularía un desarrollo lineal.

Por último, consideramos menester mencionar lo desarrollado por Spengler, este último volvería a entender a las sociedades como organismos que se mueven bajo un ciclo (como Platón o Orosio), ¿El motor de la historia que propondría? Otra dialéctica, pero esta vez entre Naturaleza vs Historia, fundándose en lo que él había planteado, las primeras palabras que comienzan su magnum opus, la Decadencia de Occidente, rezan de la siguiente manera: “En este libro se acomete por vez primera el intento de predecir la historia.”[6]

Vemos claramente aquí que hay 2 maneras claramente diferenciables de interpretar el futuro, una se basa en la razón discursiva, en la dianoia, y otra se da por inspiración divina, mediante la noesis. Soloviev fue un buen interprete de su época, también como cualquier gran artista supo ver cosas que los demás no eran capaces de ver, sin embargo y pese a esto, no se puede decir que él fuese un autor Divinamente Inspirado.

En este sentido el filósofo de la historia se encuentra en un orden inferior que al del profeta, esto ya lo marco san Juan Crisóstomo en su época, al realizar su exegesis sobre Isaías nos dice:

“He aquí que el Señor, el Señor de los Ejércitos, aparta de Jerusalén y de Judá... al valiente y al soldado, al juez y al profeta, al adivino...» (Isaias 3; 2-3) Parece que aquí llama adivino a una persona capaz de conjeturar el porvenir mediante una inteligencia profunda y la experiencia de las cosas.

Adivinación y profecía son, en efecto, dos cosas distintas: el profeta, renunciando a sí mismo, habla bajo inspiración divina; el adivino, por su parte, parte de lo que ya ha sucedido, pone en obra su inteligencia y prevé muchos acontecimientos futuros, como hace normalmente una persona inteligente. Pero la diferencia entre ambos es grande: es la distancia que separa la inteligencia humana de la gracia divina”.[7]

Aquí aparecen claramente diferenciados dos mundos, el mundo de Dios y el mundo del hombre, el mundo del Ser y el mundo del Devenir, en permanente contacto, cuyas fronteras para nosotros están fuera de cualquier calculo humano, claramente nos son indefinidas, inextricables, parecen a veces rígidas y otras parecen a veces lábiles. En este sentido, profeta o adivino, Soloviev supo moverse bien entre los dos mundos.

Supo decir en su momento “No solamente creo en todo lo sobrenatural, sino que estrictamente hablando no creo en otra cosa”[8], no corresponde a nosotros decir si él conoció al mundo de Dios ni si pudo entender claramente los designios de la voluntad de Dios. Lo que si podemos notar, por mera inferencia de sus textos, es que Soloviev, desde el mundo de lo contingente, supo extraer manera indudable algunos de los conceptos claves de la apocalíptica cristiana y por ende de la enseñanza de la Iglesia ortodoxa, y junto con estos, como profundo conocedor del espíritu de su época, arrojarse al análisis de la dirección hacia la cual se encaminaba el mundo.

Es sobre el análisis de estos últimos conceptos claves de los que Soloviev hace uso que esta abocado este trabajo. También podemos decir lo siguiente; la condición de adivino no es excluyente de la de profeta, y viceversa. Si bien en la primera condición, la razón discursiva tiene primacía sobre la razón noética, esta última razón se manifiesta también en el hombre por la enseñanza de la Iglesia y por el grado y la apertura mental y espiritual que el en el hombre se da al preparase mediante múltiples ejercicios espirituales para hacerse receptivo a la Revelación.  

Como hijo de la Iglesia tenemos que decir que Soloviev no fracaso del todo, y por ende tenemos que contemplar esta faceta dual que atraviesa la vida de Soloviev, la de profeta y la de filosofo de la historia (adivino). Iremos de lo “exotérico” a lo “esotérico” si se prefieren estos términos.

 

Asia

 

¡Panmongolismo! Así arranca el breve relato sobre el anticristo, de Vladimir Soloviev, el teólogo ruso nos da cuenta al comienzo de su relato de todos los infructuosos intentos de la raza humana por erigir una nueva Torre de Babel que desafié los designios divinos, como a otrora la Primera Torre, construida por Nimrod y Semiramis (a esta última se le atributa culto actualmente en Nueva York, bajo la andrógina efigie de la Estatua de la Libertad).

Nos dice así: “Habiendo conocido a través de periódicos y manuales de historia la existencia en Occidente del pan-helenismo, pan-germanismo, pan-eslavismo, pan-islamismo, proclamaron la gran idea del pan-mongolismo —unificación de todos los pueblos del Asia oriental bajo su liderazgo, con el objetivo de llevar adelante una guerra decisiva contra los extranjeros, es decir, contra los europeos—.”[9]

Aquí plantea Soloviev una suerte de repetición que se ha dado a lo largo de la historia, se trata de un mismo patrón de expansión y contracción que se repte: La moderna teoría astrofísica del Big Crunch, que postula que el universo, en su origen, se expande de manera frenética para luego desacelerarse progresivamente debido a la fuerza gravitatoria de una masa cada vez más abundante, hasta llegar a un punto en que su impulso expansivo se reduce a cero, quedándole como única alternativa retrotraerse y contraerse, bien puede servir como metáfora del destino de tantos movimientos humanos de expansión y contracción.

Al referirse a esta sucesión de “Pan-”, (Pan = Todo en griego), el filósofo ruso plantea una suerte de Dinámica de la Historia: “El misterio del movimiento despierta el temor a la muerte”, en cambio el filósofo germano Spengler cuando el hombre alcanza una meta, procura otra, y otra, su voluntad se vuelve insaciable, de ahí que san Gregorio de Nisa pronunciase: “Con los ojos vendados caminamos en torno al molino de la vida, recorriendo siempre el mismo camino circular y volviendo a las mismas cosas. Permítanme detallar este camino circular: apetito, saciedad, sueño, despertar, vacío, plenitud. Pasamos constantemente del primero de cada par al segundo, y de nuevo al primero, y luego otra vez al segundo, sin cesar jamás de dar vueltas en círculo… Salomón describe bien esta vida como una vasija que gotea y una casa ajena (Eclesiastés 12:6) … ¿Ven cómo los hombres se procuran para sí mismos honores, poder, fama y cosas semejantes? Pero lo que se pone dentro se escapa por debajo y no permanece en el recipiente. Siempre estamos consumidos por una preocupación ansiosa por la fama, el poder y el honor, pero el cántaro del deseo permanece vacío.”[10]

El afán expansivo de Alejandro Magno, alimentado por movimiento cada vez más frenético del hombre se desenvuelve frente a la agobiante sombra de la muerte, luego de conquistar una y otra y otra ciudad, y de regalarnos la plétora de sus victorias,  – Granico, Gaugamela, Hidaspes –, se vio truncado por su prematura muerte a los 32 años de edad.

Su imperio, que en el cenit de la gloria amalgamaba a múltiples pueblos, y que llego a ocupar 5,2 millones de kilómetros cuadrados, al año de su muerte ya se había fragmentado en una multiplicidad de reinos controlados por los Diadocos.

El prematuro impulso del “pan-islamismo”, bajo la acción del califato Omeya, paso a ocupar aproximadamente 13,4 millones de kilómetros cuadrados de la tierra, hasta fragmentarse desgarrado por una multiplicidad guerras religiosas internas.

El “pan-eslavismo”, si nos aplicamos a lo expuesto por algunos académicos, de que Stalin en si era un intérprete de Nikolai Danilevsky (uno de los máximos exponentes de ese movimiento) alcanzo en su momento aproximadamente 22 millones de kilómetros cuadrados, hasta 1991, cuyo fin ya nos es conocido.

Se puede inferir movimiento de expansión y contracción es cada vez más fuerte, hasta llegar al pan-mongolismo, cuyo afán ya es el de ocupar el mundo entero.

En el relato de Soloviev, Japón se une a China, configurándose como un Imperio único liderado bajo el Bog-dijan (Divino guía en ruso), este rápidamente se desembaraza de los enclaves coloniales que habían quedado como remanentes de una época pasada.

Luego en un avance fulgurante ataca a Rusia y avanza sobre Europa Occidental, en Francia, el lumpeproletariado (oficiando como una suerte de Don Julián redivivo) se abalanza para recibir a sus conquistadores asiáticos como libertadores. Cumpliéndose otro de los fabulosos presagios de Spengler; la destrucción de la civilización occidental por la rebelión de los de abajo en contubernio con la rebelión de los pueblos de color.

Hasta que Europa – con el Bog-dijan ocupado en su avance hacia Australia y Estados Unidos – comienza a despertarse, surge una nueva primavera de las naciones; el despotismo asiático se vuelve insoportable.

Luego de liberarse, se configuran en una suerte de Unión Europea, en su repliegue, los asiáticos sin embargo dejan algo en la vieja Europa, nada desaparece sin dejar rastro, la historia enseña los profundos cambios que conmueven a las sociedades luego del fin de los grandes imperios.[11]  

Soloviev nos dice “esta época (la de Europa sometida bajo Asia) se caracteriza por la mezcla y el intercambio profundo de ideas europeas y orientales, repitiendo en grande el antiguo sincretismo alejandrino.”

Bajo el nuevo orden de libertad se prepara el terreno para el advenimiento del Anticristo, esta en el aire – este término que tanto le gustaba decir al p. Serafín Rose – la creencia en algo nuevo, que a su vez los europeos, en su contacto con Asia, confunden lo viejo. El big-bang, la idea jesuítica de un universo creado de la Nada, da paso al big-crunch, la idea de una perpetua expansión (srsti) y contracción (pralaya) del Universo que nunca tiene fin[12]:

“Aquellas ideas como ‘Dios ha creado el mundo de la Nada’, dejaron de ser enseñadas en las escuelas primarias. En su lugar, se elaboró un nivel superior común, una visión de estas ideas, ante las cuales no se concede ningún tipo de dogmatismo. Y aunque la mayor parte de las personas pensantes permanecían totalmente incrédulas, los pocos creyentes —por necesidad—, se convirtieron en hombres pensantes, cumpliendo el mandato del apóstol: Sean niños en el corazón, más no en la mente”[13]



Gog y Magog


Hasta aquí hemos analizado la rudimentaria filosofía de la historia que plantea Soloviev en este escrito, vemos que como toda filosofía de la historia se tiene en cuenta el fenómeno de repetición; se repite el avance asiático sobre Occidente, es decir; el filósofo de la historia para fundar su sistema logra identificar a lo largo de la historia ciertos fenómenos que a su entender se dan de manera repetitiva, en la exegesis sobre los textos proféticos también se contempla este fenómeno de repetición – el concepto de repetición en el Apocalipsis lo trataremos en la conclusión final de nuestra segunda entrega – pero de una manera muy distinta.

El problema con toda filosofía de la historia estriba en lo siguiente; filosofo de la historia se encuentra sometido a las contingencias de la naturaleza caída, interpreta la historia también fundado en su raciocinio caído, de ahí que se hayan y se sigan manifestado múltiples sistemas en el transcurso de la historia, y por ende hayan llegado a conclusiones muy disimiles entre si al respecto del futuro desenvolvimiento de las sociedades y del mundo entero. El Ego del hombre caído lo lleva a la larga a ver lo que quiere ver.

Nuestra aproximación a los textos proféticos tiene que tener como prerrequisito el de apercibirnos de nuestras limitaciones, de acercarnos a lo sagrado con temor y temblor.

Procurando el espíritu de humildad a lo primero que debemos de ceñirnos es a la autoridad de los Santos Padres que fueron los principales interpretes de los textos proféticos, para analizar lo que Soloviev trata al respecto de la primera parte de su relato – la cual trata sobre la invasión de Asia – no encontramos mejor autoridad que la de san Metodio de Olimpia, aunque otros aspectos de su apocalíptica también deben de ser analizados – a nuestro entender – a la luz de otros aportes como los realizados por san Hipólito de Roma,[14] san Andrés de Cesarea[15] o las homilías de san Juan Crisóstomo al respecto de la segunda homilía a los tesalonicenses[16] y lo dicho por san Juan Damasceno al respecto del Anticristo en su Exposición sobre la fe ortodoxa[17].

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En la exegesis de los Santos Padres al respecto del Apocalipsis, Asia representa a Gog y Magog, dos pueblos que aparecen mencionados en el capítulo 20 del apocalipsis, versículo 8: “Cuando los mil años se cumplan Satanás será suelto de su prisión, y saldrá a engañar a las naciones que están en los cuatro ángulos de la tierra, a Gog y Magog, a fin de reunirlos para la batalla”

Los ejércitos de estos pueblos son innumerables, “Y el número de los ejércitos de los jinetes era doscientos millones; yo oí su número.”[18] (Ap. 9: 13-19). Así da cuenta Soloviev en su relato, Asia triunfa sobre Europa por el peso de su número más no aun así por el logro de sus avances técnicos.[19]

San Andrés de Cesarea, el primer gran exegeta del Apocalipsis, nos dice “Gog y Magog, algunas personas que creen que hace alusión a los pueblos más remotos y norteños de los escitas, o, como también se les dice, de los hunos”[20].

Es decir, Gog y Magog encuentran su locus en Asia, ¿Y su tiempo?, algunos barajan la idea de que ya han sido desatados (Esta idea será desarrollada más adelante en el final de la segunda entrega lo desarrollaremos más adelante en la conclusión final de nuestra segunda entrega), para responder esta pregunta, tenemos que retrotraernos a las profecías de san Metodio de Olimpia (siglo III), en el Apocalipsis de san Metodio[21] se da punto de partida a las formulaciones sobre Gog y Magog que tanta resonancia tuvieron en el mundo islámico, en el eslavo e incluso en el judío.   

En este apocalipsis, san Metodio nos dice que Alejandro Magno, en su avance sobre Oriente se encontró con:

“los descendientes de los hijos de Jafet, cuya impureza, al verla, le produjo repugnancia. Pues todos ellos comían, como escarabajos, cosas abominables y degradadas: perros, ratones, gatos, serpientes, cadáveres, abortos, fetos no completamente formados o con signos parciales de formación, incluso de animales impuros. Y no enterraban a los muertos, sino que los comían. (…)

Alejandro miró todas estas cosas malditas y detestables surgidas por sí mismas, y temió que de algún modo llegaran a la Tierra Santa y la contaminaran con sus prácticas abominables. Por eso rogó fervientemente a Dios y, tras dar órdenes, reunió a todos ellos, con sus mujeres, hijos y campamentos.

Y expulsándolos de la Tierra del Amanecer, los persiguió de cerca hasta que fueron llevados a las tierras más allá del norte, donde no hay entrada ni salida de Oriente a Occidente por donde se pueda ir hacia ellos o venir desde ellos.

Tan pronto como Alejandro invocó a Dios, el Señor escuchó su oración y ordenó a dos montañas, llamadas los Pechos del Norte, que se aproximaran una a la otra hasta quedar separadas por apenas doce codos.

Entonces Alejandro preparó puertas de bronce y las cubrió con asincita, de modo que si intentaban abrirlas con hierro no podrían, ni tampoco disolverlas con fuego, pues el fuego, al tocarlas, se apagaba al instante. Porque la naturaleza del asincita es tal que no se somete a la destrucción del hierro ni a la disolución del fuego. Así frustró todos los pensamientos y artificios de los demonios.

Estas naciones malditas, falsas y repugnantes emplearon toda clase de intrigas mágicas, pero Alejandro inutilizó su brujería sucia, inhumana y, más aún, impía, de modo que no pudieron abrir las puertas por medio de fuego, hierro ni ningún otro artificio y escapar.

En los tiempos finales, según la profecía de Ezequiel, en el último día de la consumación del mundo, Gog y Magog, que son las naciones y reyes que Alejandro encerró en los extremos del norte, saldrán a la tierra de Israel.”[22]

Aquí Alejandro vendría a representar al poder regio, que establece fundándose como Katejon un orden milenario, un orden cristiano, al  expulsar a los pueblos de la “Tierra del Amanecer”, es decir, de Oriente, que  en la versión en latín de la misma profecía, a esta tierra se le nombra como Regius Solis[23], es decir, como “país del Sol”, “región del Sol” o “Lugar del Sol” como traduce san Néstor el Cronista, posiblemente para denotar que estos pueblos se encontraban en la zona intertropical, entre los trópicos de Cáncer y Capricornio, cuando, al ser exactamente el mediodía, toda sombra desaparece, lo que eventualmente da paso a que los demonios, al no encontrar ningún tipo de refugio, puedan manifestarse con mayor facilidad. 

De ahí que Alejandro los expulse al Norte (lo que coincide con la observación antes citada de san Andrés de Cesarea, al identificar a estos pueblos con los escitas), y los encierre tras los Pechos del Norte. No podemos precisar con claridad que significa el término “asincita” (ἀσυγκίτη) que alude a la sustancia que utiliza Alejandro para revestir las puertas de bronce, tras las cuales encerraría a los Pueblos del Norte, la palabra parece querernos decir “sin mescla”, la “ἀ” es un prefijo negativo de “no” o “sin”, y “συγκίτη”: probablemente derivado de σύγκιτος o una forma relacionada con “mezcla”. Lo cual puede significar este termino que hace referencia a la gracia de Dios, que es sin mescla e increada.

Es la gracia de Dios, la que hace incapaces todos los intentos de magia y hechicería que estos pueblos realizasen en procura de liberarse.

Existe otro elemento que no es menor y a razones de nuestro estudio es una de bases fundamentales de nuestro análisis; la idea, compartida los principales trasmisores y exegetas de esta tradición a lo largo y ancho de la Edad Media, de que estos pueblos no representaban una mera realidad simbólica, sino que realimente existían y se situaban en algún lugar del orbe, que permanecía ignoto para el resto de los hombres.

Este hecho se desprende del mismo Apocalipsis de san Metodio que acabamos de citar, pero también se puede encontrar de igual manera esta manera de entender a Gog y Magog en el Corán, en la Crónica de los años pasados de san Néstor el Cronista, y en algunas formulaciones de la interpretación bíblica judía.  

Según el Corán (Sura 18, versículos 94-98), por ejemplo y la tradición islámica clásica, Gog y Magog son pueblos reales, encerrados por un gobernante histórico (Dhu’l-Qarnayn), y su aparición en el futuro será uno de los grandes signos del Fin de los Tiempos. Tengamos en cuenta que aquí Alejandro Magno, aparece con el nombre de Dhu’l-Qarnayn, y no como Alejandro, que en árabe se traduce como Iskander, tengamos en mente el nombre de Iskander que será clave para nuestro desarrollo ulterior.

San Néstor el Cronista también, relata en su Crónica que un sirviente de su amigo Gjurjata de Novgorod le contó a este que, en sus numerosos viajes, los ugros le comentaron que habían encontrado pueblos encerrados tras las montañas, cuya lengua era incomprensible. Cuando Gjurjata le transmitió esta historia a san Néstor, este le respondió: “Esas son las gentes que fueron encerradas por el emperador Alejandro el Macedonio, tal como lo cuenta Metodio de Patara.”[24]

En el judaísmo también repercutió esta versión de los hechos, el rabino David Kimchi (1160–1235) señala, en su comentario bíblico sobre Ezequiel 38:8 en referencia a las hordas de Gog que vendrán en el futuro a destruir a Israel que: “Se dice que, desde la época de Alejandro, rey de Grecia, el pueblo de Magog fue aprisionado en el extremo norte, ya que Alejandro los encerró entre las montañas y nunca volvieron a salir de esa región.”[25]

Hasta aquí hemos trazado una línea de tiempo que va desde la Revelación dada a san Metodio en el siglo III, hasta su recepción de esta misma por parte del islam (siglo VII), hasta la consideración de la misma por san Néstor el Cronista en su Crónica (siglo XII) y por el rabino Kimichi en el siglo XIII, pero debemos de notar que toda profecía verdadera es una realidad viva, y es torno a esta realidad interesante mencionar lo siguiente:

En el siglo XIX, Alexander Herzen, quien fuera uno de los intelectuales liberales más importantes del siglo, al quien F. Dostovieski con profundidad odiaba, ya que siempre ponía de manifiesto la manera hipócrita de desenvolverse frente a la vida – vivía como un noble mientras predicaba sobre la libertad  – en una carta a Moses Hess – este último, de origen judío, fue el mentor de Karl Marx, en la conclusión final de nuestra segunda entrega – también judío  – fechada el 3 de marzo de 1850, le escribe entre otras cosas:

Soy más indiferente frente al respecto del terrible cáncer que está devorando a Europa Occidental.  En Rusia, sufrimos solo desde la infancia, y por dolores materiales, ¡pero tenemos al futuro por delante!  El mundo eslavo aún no ha existido en el pleno florecimiento de su fuerza; actualmente se está preparando por instinto una inmensa arena: Rusia. Ante esto, nosotros ocupamos una posición muy distinta a la de los filósofos romanos: ellos no tenían más que su orgullosa y sombría filosofía (aunque, lo admito, siento debilidad por esos hombres; esa independencia, esa emancipación individual que termina por rechazar todo vínculo con los otros, hace que mi corazón se me estremezca).  Ellos previeron los tiempos de Justiniano, cuando cerraría sus escuelas, o el momento en que otro emperador haría quemar la Biblioteca de Bizancio, para acabar de una vez por todas con su saber.  A diferencia de ellos (los filósofos romanos), nosotros solo estamos esperando que llegue el Momento. (…)

No continuaré más por hoy.  Me sentiría verdaderamente honrado si escribieras tu carta completa y la publicaras en tu folleto.  Intentaré responderte —en lugar de mi nombre, usa mi seudónimo: Iscander.  Así firmé todo lo que publiqué en Rusia, y dado que Kapp también lo usó, utiliza Iscander.  Dime tu dirección. ¿A dónde vas?  ¿A Inglaterra? Tal vez yo vaya a Londres en veinte días.  No olvides darme tu dirección; puedes escribirme poniendo como destinatario al cuidado de los Hermanos Rothschild, en París.

¿Ha leído en Suiza el discurso de Donoso Cortés? He escrito una respuesta al mismo, y por ahora planeo redactar un breve artículo contra la confusión que predica Émile Girardin al respecto de mayoría y la minoría.

Por lo demás, todo va bastante mal: me hundo cada vez más en el pesimismo.

 Una vez más, gracias —mil gracias— por tu carta, me hizo mucho bien. Te saludo fraternalmente.

A.   Herzen[26]

Esta carta, que por momentos esta empapada de un lenguaje críptico, resulta muy sugerente. Iscander aquí representa una figura arquetípica en la que se identifican varias de las personas del conciliábulo de Herzen y compañía, conciliábulo que a su vez esta al cuidado de los “hermanos Rotschild”.

También esta la referencia a Justiniano cerrando escuelas alude al cierre, en el año 529 d.C., de la Academia neoplatónica de Atenas por parte del emperador romano de Oriente, debido a sus enseñanzas consideradas antirreligiosas, lo que nos da a entender que este conciliábulo se considera heredero o por lo menos tributario de una “cadena de trasmisión” de una Catena Aurea de ideas neoplatónicas y gnósticas que viene de tiempos pretéritos.

Si Alejandro Magno personifica la figura del rey cristiano, Iscander personifica su antítesis; que viene a establecer un Nuevo Orden de los Siglos, como lo fue el Orden Cristiano. Esto es lo que nos viene a decir Antelman: “Proyecto Iscander fue el nombre que los Illuminati le dieron a su plan para derrocar a Rusia.  (…) Alejandro, que consagró su vida al ideal de un gobierno mundial, sería desplazado por los Illuminati, quienes lograrían sus fines invocando el caos de Gog y Magog sobre el mundo.”[27]

Gog y Magog entonces ya fueron desatados, representan el invierno tártaro de la revolución bolchevique, que fue sofrenado por la “Cortina de Hierro” del Nuevo Orden de Churchill y compañía. Si nos retrotraemos al relato de san Metodio, se trata de seres humanos en permanente contacto con el demonio. No solo son los demonios los que se desatan, sino las personas de carne y hueso, posesas y endemoniadas por estas mismas entidades.

En este sentido, es menester recordar un relato que trae a la palestra el padre Serafín Rose en su obra Ortodoxia y la religión del futuro al citar un pasaje del místico Sergei Nilus: “En un lugar diferente, el Obispo Ignacio Brianchaninov registró con asombro y aprensión la visión de un simple herrero ruso en un pueblo cerca de Petersburgo en los albores de nuestra era actual de incredulidad y revolución (1917). A la mitad del día, de repente vio una multitud de demonios en forma humana, sentados en las ramas de los árboles del bosque, con ropas extrañas y gorros puntiagudos, y cantando, con el acompañamiento de instrumentos musicales increíblemente extraños, una canción espeluznante y espantosa: «¡Han llegado nuestros años, hágase nuestra voluntad!»[28].

 

 

 

 



[1] “Y permanece sólo en el alma el ídolo del pecado, del cual dice el Señor: Cuando veáis la abominación de la desolación estar en el lugar santo, el que lee que entienda. (Mateo 24, 15). Lugar santo y templo de Dios es el intelecto del hombre, en el cual los demonios, desolada el alma con los pensamientos pasionales, ponen el ídolo del pecado. Y que esto ha sucedido también históricamente, ninguno de los que han leído las obras de José, a mi parecer, puede dudarlo, aun cuando algunos dicen que estas cosas sucederán en el tiempo del Anticristo.” san Máximo el Confesor, Tratados espirituales; Centurias sobre la Caridad pág. 123. Ed. Ciudad Nueva. Madrid, España. 1997. 

Al mencionar “las obras de José” se refiere san Máximo a la Guerra Judaica de Flavio Josefo y así nos invita al estudio de estas obras históricas.

[2] Véase por ejemplo sus impecables trece conferencias recopiladas en el libro Curso de supervivencia ortodoxa.

[3] Jacobo Siruela, El Mundo bajo los parpados. pág. 19 y siguientes, segunda edición, Atalanta, Girona, España. 2010

[4] san Agustín le encomendó a su discípulo gallego Orosio el que realizase una precuela a su Ciudad de Dios donde analizara con mayor detalle el devenir de las sociedades regidas bajo la ley de la Babel terrenal, dicha obra paso a conocerse como Historia contra los paganos.

[5] Paulo Orosio, Historias contra los paganos. Tomo I, pags 154 y 155, ed. Gredos. Madrid, España. 1982. Orosio analiza el auge y la caída de los diversos imperios antecesores al romano; Babilonia, Lidia, y realiza un comentario sobre el futuro destino del mismo Imperio Romano en el que él vivía: “la gran Babilonia y también la enorme Lidia; cayeron, pues, en una sola expedición guerrera los dos brazos más fuertes de Oriente juntamente con su cabeza. Y con su caída están apuntando hacia nosotros con acuciante angustia: sobre todo si es verdad que esta vacilante situación actual de aquel gran poderío antiguo del Estado romano se debe más a la debilidad de su propia vejez que al ataque de fuerzas externas” El editor a cargo de la colección de Gredos de clásicos latinos comenta de manera muy oportuna al respecto de este desarrollo de Orosio: “La aplicación de la teoría cíclica al Imperio romano arranca ya de época de Augusto. Precisamente uno de los historiadores que primero la aplica, apartándose de la idea del Imperio romano como algo eterno y como centro del mundo, es Pompeyo Trogo, a cuyo epitomador, Justino, sigue con frecuencia Orosio. Aquí, pues, se deja llevar Orosio por los temores de una posible caída del imperio, olvidándose de su teoría, según la cual el cristianismo ha rejuvenecido al imperio romano”, podemos concluir lo que mencionábamos anteriormente, Orosio maneja una perspectiva dual al respecto de la dinámica de la historia, los pueblos sin Dios – los de la Babel terrenal – están sujetos al ciclo histórico, mientras que los pueblos con Dios – los de la Ciudad de Dios – se mantienen incólumes.

[6] Oswald Spengler, Decadencia de Occidente. Volumen I., pág. 25, editorial Planeta-Agostini, España. 1993.

[7] metropolita Hierotheos Vlachos, Orthodox psychotherapy: the science of the fathers, pág 24, editado por Birth of the Theotokos Monastery, Atenas, Grecia, 2006.

[8] Vladimir Soloviev, Breve relato sobre el Anticristo, pág. 7, ediciones Fidelidad, Buenos Aires, Argentina. 1984.

[9] Versión online del breve relato sobre el Anticristo

[10] Vladimir Moss, The theology of eros. pág 83. editado por Lulu, 2021.

[11] Por ejemplo, los budistas comenzaron a realizar estatuas de Buda dada la influencia de la escultórica griega que heredaron de Alejandro Magno. Véase en tiempos mucho mas recientes la gran diferencia que existe entre la Alemania Occidental y la Alemania Oriental, antigua súbdita del imperio soviético.

[12] Para noticia del lector, le aviso que por más que avance (o crea avanzar, mejor dicho) la razón humana en su compresión de la naturaleza y del cosmos, nunca jamás podrá saber tan solo por la mera razón si el universo fue creado de la Nada o es cíclico, esta convicción se trata tan solo de un auto de fe como muchos otros autos de fe de las grandes mentalidades científicas de nuestra época.

[13] Versión online del Breve relato sobre el Anticristo.

[14] san Hipólito de Roma, El Anticristo. Ed. Ciudad Nueva. Madrid, España. 2012.  También recomendamos otro escrito a nuestro entender indispensable para el correcta interpretación del Apocalipsis del mismo san Hipólito titulado Sobre Cristo y el Anticristo. (Disponible online en ingles bajo el titulo On Christ and Antichrist)

[15] Véase a propósito el libro del arzobispo Averki Taushev The Apocalypse: In the Teachings of Ancient Christianity. St Herman of Alaska Brotherhood, Platina, California, Estados Unidos, 1995. donde se citan extensivamente las exegesis de san Andrés de Cesarea.

[16] san Juan Crisóstomo, Homilías sobre las cartas a los Tesalonicenses. Ed. Ciudad Nueva. Madrid, España. 2023. 

[17] san Juan Damasceno, De fide ortodoxa. Exposición de la fe correcta. pág. 430 – 433. ed. Agape. Buenos Aires, Argentina. 2013.

[18] Es menester mencionar dos aspectos. Primero el de “doscientos millones”. El griego koiné de la época – el idioma en el que fue escrito el Apocalipsis - no contaba con el término “millones”, sino “miríadas”, la idea de “doscientos millones” es un artificio para hacerle notar al lector la cantidad inconmensurable de hombres empleados en los ejércitos invasores. El segundo aspecto, no menos importante, es el siguiente: El Apocalipsis no es un libro lineal, no presenta una sucesión de eventos de manera lineal de principio a fin, verlo de esta forma contraviene la enseñanza de la Iglesia y los métodos exegéticos que se han empleado en torno a este libro sagrado durante milenios.

[19] El coronel alemán von Kleist en 1941 diría en plena guerra relámpago: “Al atacar a Rusia, el ejército alemán puede compararse adecuadamente a un elefante que atacase a un ejército de hormigas. El elefante matará millares de hormigas, acaso millones; más, por último, la superioridad numérica le vencerá, y las hormigas le devorarán hasta no dejar de él más que los huesos.”

[20] Arz. Averki Taushev The Apocalypse: In the Teachings of Ancient Christianity, pág. 258

[21] Comúnmente la academia lo identifica como el Apocalipsis del “Pseudo” Metodio, al considerarlo como un texto apócrifo atribuido a san Metodio que apareció en el siglo VI, tres siglos antes de la vida de este santo, la misma suerte corre el escrito Sobre Cristo y el Anticristo de san Hipólito; esto no es tomado en cuenta por la Tradición.

[22] Pseudo-Methodius; Apocalypse. traductor y editor Benjamin Garstad. págs. 25 y 27. Harvard University Press, Cambridge Massachusetts, Estados Unidos, 2012.

[23] Ibid, pág. 96.

[24] san Néstor el Cronista, Relato de los años pasados. pág 337. Maraguano ediciones. Madrid, España. 2004.

[25] Marvin Antelman, To Eliminate the Opiate: Vol. 2, pág 42. The Zionist Book Club. Jerusalem, Israel, 2018.

[26] Ibid, pág.  41

[27] Ibid, pág. 40

[28] padre Serafín Rose, Ortodoxia y la religión del futuro. pág. 143. Amazon Direct Published, 2023.  

sábado, 31 de diciembre de 2022

                            ORTODOXIA VERDADERA

                                                Arzobispo Averky (Taushev) de Siracusa



Hoy en día poca gente sabe que la Iglesia Ortodoxa es nada menos que aquella Iglesia que preserva incorrupta las genuinas enseñanzas de Jesucristo, las mismas enseñanzas entregadas a cada subsiguiente generación de creyentes. Estas enseñanzas vinieron de siglos desde los Apóstoles, explicadas y cuidadosamente interpretadas por sus legítimos sucesores (sus discípulos y los santos Padres), en tradición y conservadas inalterables por nuestra Iglesia del Este que sólo ella es capaz de probar su derecho de ser llamada “La Iglesia Ortodoxa”. 

El Fundador divino de la Iglesia, nuestro Señor Jesucristo, claramente dijo: “Yo construiré mi Iglesia y las puertas del Hades no prevalecerán contra Ella” (Mat. 16:18). A la Iglesia, El envió el Espíritu Santo. El Espíritu descendió sobre los Apóstoles, el Espíritu de Verdad (Jn. 15:26-27) Quien “manifiesta todas las cosas” a Ella y La guía (Jn. 16:13), protegiéndola del error. Por cierto, ello fue para manifestar esta Verdad a los hombres que el Señor vino al mundo, de acuerdo a Sus propias palabras (Jn. 18:37). Y San Pablo confirma este hecho en su epístola a su discípulo, el obispo Timoteo, diciendo que “la Iglesia del Dios viviente es el pilar y fundamento de Verdad (I Tim. 3:15). 

Ya que Ella es “el pilar y fundamento de Verdad”, “las puertas del Hades no pueden prevalecer contra Ella”. Resulta, entonces, que la verdadera Iglesia Cristiana – palpablemente única ya que Cristo estableció una Iglesia – siempre ha existido en la tierra y existirá hasta el fin de los tiempos. Ella ha recibido la promesa de Cristo, “Yo estaré contigo hasta el fin de los tiempos”. ¿Acaso puede haber la más ligera duda de que el Señor se refiere aquí a la Iglesia? Cualquier honesto y sano juicio, cualquier acto de buena conciencia, cualquier familiar con historia de la Iglesia Cristiana, la pura e inalterable moral y las enseñanzas teológicas de la religión Cristiana, debe confesar que no había más que una verdadera Iglesia fundada por nuestro Señor Jesucristo, y de que Ella ha preservado Su Verdad santa e inalterable. La historia revela, además, un enlace rastreable de gracia de los santos Apóstoles a sus sucesores y a los santos Padres. En contraste a los que otros han hecho, la Iglesia Ortodoxa nunca introdujo innovaciones en Sus enseñanzas con la finalidad de “ir al paso de los tiempos”, a ser “progresista”, a “no ser dejada al lado del camino”, o a “acomodarse a las actuales exigencias y modas que están siempre cubiertas con lo malo. La Iglesia nunca se somete al mundo. 

En realidad no, pues el Señor dijo a Sus discípulos en la Cena Mística: “Ustedes no son de este mundo”. Debemos mantener estas palabras si vamos a permanecer fieles a la verdadera Cristiandad – la verdadera Iglesia de Cristo que siempre ha sido, es y será siempre extraña a este mundo. Aparte de ello, Ella es capaz de transmitir inalterables las divinas enseñanzas del Señor, pues esta separación La ha mantenido inalterable, es decir, como el Mismo inmutable Dios. 

Ya que la VERDAD se nos ha dado una vez y para siempre, nuestra labor es de asimilarla en vez de descubrirla. Se nos ha ordenado confirmarnos y confirmar a otros en la Verdad, y con ello llevar a todos a la verdadera fe, la Ortodoxia. 

Desafortunadamente, han aparecido en el mismo seno de la Iglesia, aún entre la jerarquía, opiniones expresadas por personas conocidas que son perjudiciales para Ella. Debido al deseo de “andar al paso de los tiempos” y al temor de que no serán reconocidos como “cultos”, “liberales” y “progresistas”, estos modernos apóstatas de la Ortodoxia se avergüenzan de confesar que nuestra Iglesia Ortodoxa es precisamente ​la Iglesia que fue establecida por nuestro Señor Jesucristo, la Iglesia a la que le pertenece la gran promesa de “las puertas del Hades no prevalecerán contra Ella”, y a la que El confió la plenitud de la divina Verdad. Por su engaño y falsa humildad, por su blasfemia contra el Señor, estos falsos pastores y aquellos con ellos se han apartado de la verdadera Iglesia. Ellos han dado una tácita expresión de la idea que “las puertas del Hades” han “prevalecido” contra la Iglesia. En otras palabras, estos apóstatas dicen que nuestra santa Iglesia Ortodoxa está igualmente en “falta” por la “división de las iglesias” y debe ahora “arrepentirse” por sus pecados y entrar en unión con las otras “iglesias cristianas” por medio de ciertas concesiones a ellas, siendo el resultado, ser una nueva indivisible Iglesia de Cristo. 

Esta es la ideología del movimiento religioso que se ha puesto tan de moda en nuestros tiempos: “el movimiento ecuménico” entre cuyo número se puede contar ortodoxos, aún de nuestro clero. Por mucho tiempo hemos escuchado que ellos pertenecen a este movimiento con el fin “de testimoniar la verdad de la santa Ortodoxía ante les gentes de otra confesiones”, pero ello es muy difícil para nosotros creer que esta declaración es algo más que “arrojar polvo a nuestros ojos”. Sus frecuentes declaraciones teológicas en la prensa internacional nos pueden llevar a ninguna otra conclusión que la de que ellos son traidores de la santa Verdad. 

Como una cuestión de hecho histórico, el “movimiento ecuménico” – del cual el Concejo Mundial de Iglesias es el órgano supremo – es una organización de origen puramente Protestante. Casi todas las Iglesias Ortodoxas se han adherido, siendo la excepción más notable, la Iglesia Ortodoxa Rusa Fuera de Rusia. Aún aquellas iglesias “detrás de la cortina de hierro” se han adherido. Por algún tiempo el Patriarcado Ruso resistió, adulándose a sí mismo con la pureza de su Ortodoxia y naturalmente viendo a este movimiento como hostil a la Ortodoxia. Desde entonces, ella se ha convertido en miembro.

El Sínodo Ruso casi se encuentra solo en su oposición al “movimiento ecuménico”. ¿Cómo podemos explicar su aislamiento del resto de la “Ortodoxía global”? Debemos entender la situación en los términos de las palabras “esto debe suceder” (Luc. 21:9), es decir, la “gran apostasía” claramente predicha por el Señor (II Tes. 2:3-12). “Es permitido por Dios”, tal como Ignacio Brianchaninov escribió hace casi un siglo. (Otro padre espiritual, Teófano el Recluso, anunció con dolor que la horrenda apostasía empezaría dentro de Rusia). Ignacio escribió: La apostasía es permitida por Dios, no trates de detenerla con tu débil mano. Huye tú mismo de ella, protégete tú mismo de ella;.. Eso es suficiente para ti. Aprende a conocer el espíritu de la época, estúdialo, así, cada vez que sea necesario, serás capaz de evitar su influencia... Sólo la especial misericordia de Dios es capaz de detener esta muy destructiva epidemia moral, detenerla por un periodo corto de tiempo, porque es necesario que suceda todo lo anunciado por las Escrituras. Juzgando a través del espíritu de los tiempos y el fermento intelectual, uno debe suponer que la estructura de la Iglesia, que ha sido sacudida durante algún tiempo, caerá rápida y horriblemente. No hay nadie quien pueda detenerla y oponérsele. Las medidas emprendidas para contenerla son prestadas y aceleran su caída, en vez de detenerla. ¡No existe nadie de quien se pueda esperar que restaure el cristianismo!. Sin embargo, el Señor protege a los elegidos y su limitado número será completado”. 

El Enemigo de la humanidad hace todo lo posible y usa todos los medios para confundirla. La ayuda viene a él a través de la total cooperación de todos los secretos y visibles heterodoxos, especialmente aquellos sacerdotes y obispos que traicionan su vocación y juramento, a la verdadera fe y a la verdadera Iglesia. 

El repudio y la preservación de la apostasía que ha hecho tan enorme progreso, demanda que nos apartemos del espíritu del siglo, que porta las semillas de su propia destrucción. Si esperamos soportar al mundo, es necesario primero entenderlo y sensiblemente tener en cuenta que en este presente siglo todos los que llevan el santísimo y querido nombre de la Ortodoxia no son en realidad Ortodoxos. Más bien a menudo es una fraudulenta y usurpada ortodoxia a la que debemos temer y evitar como si fuera fuego. A diferencia de esta espuria fe, la verdadera Ortodoxia fue dada y debe ser recibida sin innovación, y nada debe ser aceptado como una enseñanza o práctica de la Iglesia que es contraria a la Santa Escrituras y al dogma de la Iglesia Universal. L verdadera Ortodoxia piensa sólo en servir a Dios y a salvar almas y no se preocupa de lo secular o la efímera felicidad de los hombres. La verdadera Ortodoxia es ​espiritual y no física o psicológica o terrenal. Con el fin de protegernos nosotros mismos del “espíritu del siglo” y preservar nuestra fidelidad a la verdadera Ortodoxía, debemos en primeramente y con toda nuestra fuerza vivir intachablemente: un total y riguroso compromiso con Cristo, sin desviarse de los mandamientos de Dios o de las leyes de Su santa Iglesia. Al mismo tiempo, no debemos tener común oración o espiritual relación con la moderna apostasía o con cualquier cosa que “ensucie” nuestra santa Fe, incluidos aquellos disidentes que se llaman así mismos “Ortodoxos”. Ellos irán por su camino y nosotros por el nuestro. Debemos ser honorables y tenaces, siguiendo el recto camino, nunca desviándose con el propósito de complacer a los hombres, o del temor de que podamos perder algún beneficio personal. 

El seguro sendero a la perdición es la ​indiferencia y la ​falta de principios que es eufemísticamente llamada “la más amplia visión”. En oposición a esta “más amplia visión” ponemos “el rigor de las ideas” que, en la modernidad, está de moda etiquetarla “estrechas” y “fanáticas”. Para estar seguro, si uno adopta la “mentalidad moderna”, uno debe considerar a los santos mártires – cuya sangre es “el cemento de la Iglesia” – y a los Padres de la Iglesia – que sufrieron toda su vida contra las herejías – como nada menos que “estrechos” y “fanáticos”. En verdad, hay una pequeña diferencia entre “el ancho camino” contra el cual Señor advirtió, y la moderna “visión más amplia”. El condenó el “ancho camino” como el sendero que lleva al gehena. 

Por supuesto, la idea del “gehena” no causa temor a los “liberales” e innovadores teólogos. Ellos pueden con presunción “teologizar” al respecto, pero en discutiendo temeraria y desenfrenadamente “las nuevas formas de teología Ortodoxa” y adquiriendo un número de discípulos, dan evidencia de que ellos ya no creen en la existencia del Infierno. Esta nueva generación de “Ortodoxos”, en realidad, no son más que modernos escolásticos. 

En otras palabras, el camino de estos “progresistas” no es nuestro camino. Su camino es engañoso y es lamentable que ello no es evidente para todos. El “más ancho” o “visión más amplia” nos hace ajenos al Señor y a Su Verdadera Iglesia. Es el camino lejos de la Ortodoxía. Esta “visión” es siniestra, maliciosamente inventada por el diablo con el fin de negarnos la salvación. Para nosotros, empero, no debemos aceptar ninguna innovación, sino escoger lo antiguo, el camino probado, el camino en el que los verdaderos Cristianos escogieron servir a Dios por 2000 años. 

Escogemos el camino de la fidelidad a la verdadera Fe y no el “camino moderno”. Elegimos fidelidad a la verdadera Iglesia con todos Sus cánones y dogmas que fueron recibidos y confirmados por los Concilios Universales y Locales. Elegimos los santos usos y tradiciones, las riquezas espirituales de aquella fe transmitida completa e íntegra a nosotros de los Santos Apóstoles, los santos Padres de la Iglesia, y la herencia Cristiana de nuestros venerables ancestros. Sólo esto es la fe del verdadero Ortodoxo, distinta de la falsificada “Ortodoxia” inventada por el Adversario. Sólo recibimos la Fe Apostólica, la Fe de los Padres, la Fe Ortodoxa.

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SOBRE LAS IMÁGENES SAGRADAS (TESTIMONIOS) - san Juan Damasceno

En el tratado que escribió en su momento san Juan Damasceno, Sobre las imágenes sagradas, a propósito de la controversia iconoclasta, en lo...