jueves, 29 de agosto de 2024

CURSO DE SUPERVIVENCIA ORTODOXA; LA REVOLUCIÓN EN EL SIGLO XIX. Parte VII

  padre Serafín Rose


Comenzamos esta conferencia con una cita del metropolitano Anastasio (Gribanovsky), extraída de sus memorias, una recopilación de reflexiones sobre diversos temas. Lo hacemos así porque él fue un profundo hombre de Iglesia, plenamente heredero de la tradición ortodoxa, en quien – como en otros grandes jerarcas – el espíritu de la Iglesia se hace, por así decirlo, carne. A ellos acudimos en busca de sabiduría madura, no solo en cuestiones estrictamente eclesiales, sino también en asuntos como el de la Revolución.

Él proviene de una Rusia que tuvo una relación singular y especialmente intensa con la Revolución, como veremos en la próxima conferencia. Por eso sus palabras tienen un peso particular porque proceden, por así decirlo, desde fuera del lugar donde la Revolución tuvo su origen, pero al mismo tiempo desde uno de los ámbitos donde ésta llegó a desplegarse plenamente. Proceden de alguien de una gran profundidad, tanto en pensamiento como en sentimiento. Y tiene una observación muy interesante sobre la Revolución francesa. Y él ofrece una observación muy interesante acerca de la Revolución Francesa.

Esta parte (de su libro) se llama Conversaciones con mi corazón. Él dice: «En la Revolución francesa, como en un espejo, se reflejó el carácter frívolo de este pueblo. Su afán por posar, por frases y gestos hermosos inspirados por la vanagloria. Todos los héroes y los activistas ordinarios en esta revolución, incluso los más moderados y serios de ellos, los girondinos, recuerdan a actores que están ante el rostro de una numerosa audiencia y sólo piensan en lo que sus contemporáneos y sus descendientes pensarán de ellos. Se entregaron a orgías en la víspera de ser decapitados para mostrar con esto su falsa valentía de espíritu. Muchos de ellos incluso se esforzaron por ser pintados en los carros que los llevaban a la guillotina, que para ellos era la última “escena” en este mundo. Ninguno de ellos pensó en su responsabilidad ante Dios, ante la historia o ante su propia conciencia en este momento fatal para el país.»[i]

 

 


 


«Hitler desató la Segunda Guerra Mundial no para ganarla, sino para perderla en forma heroica. Exactamente como en las operas de Wagner, el héroe debe tener un final lo más trágico posible» - Salvador Dalí

 

Esta es una observación muy profunda. Y veremos que es aún más cierta en el siglo XIX, que está lleno de estos agentes revolucionarios tan afectadamente compuestos y tan falsos; y basta mirar a nuestro alrededor hoy en día para ver lo mismo.  Y veremos que se aplica con mayor fuerza aún al siglo XIX, lleno de revolucionarios impostados y falsos; y basta mirar a nuestro alrededor hoy para reconocer el mismo fenómeno.

Todos presentan un nuevo plan para la sociedad; todos sueñan con a quién van a colocarle una bomba, cómo van a hacerse un nombre, cómo van a llevar a cabo la revolución final; y todos son extremadamente superficiales y pretenciosos. Carecen de fundamento, no tienen ningún concepto de responsabilidad ante Dios, ni siquiera piensan en que tendrán que responder por ello durante toda su vida; no hay nada en ellos excepto una obsesión insensata con la idea de extender la revolución y ni siquiera saben de qué se trata. Obviamente, son solo marionetas en una obra que se está representando. No saben quién es el autor ni hacia dónde va. Y cuando finalmente son abatidos, simplemente se convierten, como incluso los comunistas dicen, en “abono” para la revolución, para la futura felicidad de la humanidad.

Ahora bien, seguiremos el ejemplo del metropolitano Anastasio, que reflexionó largamente sobre el problema de la Revolución, e intentaremos ir más allá de las ideas y pensamientos que están ocurriendo entre las personas. Y veremos si podemos entender por qué sucedieron estas cosas, cuál es su fin. Veremos especialmente en el siglo XIX, una era de egotistas que probablemente nunca ha sido igualada antes. Estos farsantes y egotistas: cada uno aparece con una nueva teoría que, según él, le ha sido revelada, la última novedad y la más fantástica de todas. Había un gran sentimiento de libertad. Ya saben, recuerden que Wordsworth hablaba de la alegría de estar vivo en los albores de la Revolución Francesa. Todo el mundo estaba exultante; venía una nueva era. Y este mismo sentimiento persiste a lo largo de la primera parte del siglo XIX, cuando todos presentan un nuevo sistema social y proponen los planes más fantásticos. Si leemos sobre esta época, podemos ver que esta es una edad dorada para los chiflados. Se llegó incluso a plantear la idea de una teocracia. Hubo un pensador extraño, Poplardolevie, que reconstruyó el antiguo lenguaje hebreo y tradujo el Génesis junto con una interpretación metafísica del mismo. Después de esto, propuso la idea de una gran teocracia.

Y, por cierto, este mismo espíritu se refleja en Grecia, donde apareció un poco más tarde el chiflado de Makrakis, quien a finales del siglo XIX pensó que él era el primer filósofo en demostrar la existencia de la Santa Trinidad mediante la razón, mostrando con ello el mismo espíritu de orgullo desbordado y, al mismo tiempo, una superficialidad fuera de lo común. Por supuesto, todo esto es completamente ajeno a la Ortodoxia. La razón por la cual surgieron tales cosas es la pérdida del cristianismo.

El período que ahora abordamos coincidió con la Revolución. Comenzó poco antes y continúa hoy. Estamos a finales del siglo XVIII y principios del XIX. Tenemos ante nosotros muchas ideas revolucionarias que son contradictorias. Examinaremos solo algunas de ellas. Al mismo tiempo, uno puede preguntarse cómo sabemos cuáles son las ideas importantes. Para encontrar la respuesta no tenemos más que mirar a nuestro alrededor, al mundo de hoy, puesto que la revolución es el proceso histórico que ha generado el mundo en el que vivimos. Y podemos ver las ideas clave examinando sobre todo la forma principal y dominante de la revolución en la actualidad: el comunismo. Es un fenómeno que amenaza con abarcar el mundo entero, y también al examinar nuestro propio entorno filosófico y espiritual en el mundo libre podremos ver qué es lo que motiva a las personas en el mundo libre.

La mayoría de las doctrinas revolucionarias del siglo XIX habrían parecido fantasías descabelladas si el marxismo, una de ellas, no hubiera subyugado a Rusia y ahora a medio mundo, demostrando que estas ideas forman parte del espíritu de nuestro tiempo. Y hay razones claras por las que han triunfado.

No vamos a tratar de rastrear los orígenes de ninguna de las escuelas – como son las del liberalismo, el socialismo, el comunismo o el de las sociedades secretas – aunque ello fuera posible, porque lo que queremos comprender es la lógica misma de la mente que los engendró, es decir, la lógica del pensamiento revolucionario.

En esta época existen, si es posible, incluso más sociedades secretas que en el siglo XVIII. Ahora hay tantas que resulta casi ridículo. Y cada una de estas sociedades se convierte en partícipe de una conspiración, ocultando su plan a las demás y luchando por la dominación. Y los que están en los rangos inferiores temen que haya un secreto superior que no les ha sido revelado. Y temen que ese secreto no sea lo que ellos desean. Por eso van de una sociedad a otra. Hay un grupo en Italia que se reúne ante hogueras, en la oscuridad, a la luz de la luna, pensando en cómo unificar Italia y convertirla en el centro del mundo, revivir el Imperio Romano y todo tipo de fantasías – juramentos de sangre y cosas por el estilo – que inspiraban especialmente a los jóvenes de aquella Edad Romántica.

No es posible ver cuán influyente fue cada una de estas pequeñas sectas. Es evidente que desempeñaron un papel crucial, porque, en el momento oportuno, en muchas de estas revoluciones aparecieron agentes que orientaron a la gente en la dirección correcta para poder imponer sus ideas revolucionarias. Pero esto es secundario, ya que nada de lo alcanzado habría perdurado si el espíritu de la época no hubiera estado abierto a ello. Y es precisamente ese espíritu de la época lo que queremos examinar, porque es lo fundamental.

En la próxima conferencia examinaremos también a la reacción conservadora en contra de la Revolución, para ver si podemos hacernos una idea de la mentalidad en formación del siglo XIX que dio origen al mundo actual, donde las ideas y los gobiernos revolucionarios se enfrentan al llamado “conservadurismo”. Veremos si esto puede llamarse conservadurismo o no. De hecho, encontraremos algunas ideas revolucionarias muy interesantes en medio de estos conservadores. Trataremos principalmente la época postnapoleónica, porque fue entonces cuando los pensadores tuvieron que detenerse y preguntarse cuál era el significado de la Revolución y cuál debía ser el rumbo a seguir.

Lo primero que sucedió tras el derrocamiento de Napoleón y el colapso de la Revolución Francesa, es que Europa – bajo la dirección del magnífico y romántico Alejandro de Rusia, que llegó a Occidente decidido a reconstruirla – entró en lo que se llamó la “era de la reacción política”. La dinastía Borbón fue restaurada bajo el hermano de Luis XVI, Luis XVIII, quien estaba bastante dispuesto a vivir bajo las nuevas condiciones. Y en realidad no fue una gran restauración. Se trataba de una idea nueva: una monarquía constitucional. No era el antiguo absolutismo del siglo XVIII. Por lo tanto, las ideas revolucionarias ya habían obtenido cierta aceptación.

Esta restauración se asoció con la reapertura de las iglesias; por supuesto, habían estado abiertas durante el reinado de Napoleón, pero ya no existía un Napoleón que difundiera la Revolución por todas partes. Y había una especie de libertad de prensa, mediante la cual circulaban todo tipo de ideas descabelladas, pero también ideas conservadoras. Sin embargo, bajo la superficie de esta sociedad, bajo la monarquía restaurada en Francia, corría una fuerte corriente de agitación revolucionaria, no porque la población estuviera especialmente insatisfecha con su situación – aunque había muchas quejas, sobre todo en plena expansión industrial, cuando la condición de los trabajadores empeoraba cada vez más – sino sobre todo porque esas ideas estaban en el aire. La derrota de Napoleón no las hizo desaparecer: siguieron conformando el clima de los tiempos, el espíritu de la época.

En Francia hubo un estallido revolucionario en 1830 en el que finalmente la dinastía Borbón fue expulsada. Y el pobre Carlos X tuvo que dejar sus pantuflas atrás mientras huía en su carruaje hacia Inglaterra. Entonces llegó la dinastía de Orleans, creo que un primo del último rey borbón. Y él era muy popular, incluso había participado en la Revolución, y se autoproclamo rey "por la gracia de Dios y del pueblo", es decir, unió ambos conceptos. Pretendía ser tanto tradicionalista como revolucionario. Y veremos más adelante lo que Nicolás I en Rusia pensaba de eso. Pero él también fue expulsado, cuando la nueva Revolución de 1848 lo derrocó.

En la próxima conferencia veremos un poco lo que ocurrió en esa Revolución, que en realidad es una repetición de la que ocurrió de 1789 a 1793 – y bastante hilarante, si no contamos a todas las personas que fueron asesinadas – y que terminó con el monarca payasesco de Napoleón III, probablemente uno de los monarcas más frívolos que Europa haya tenido, quien acabó lanzándose precipitadamente a derrotar a los alemanes, dejando a París desprotegida. Perdió todos sus ejércitos y París fue tomada por los alemanes en la peor derrota que Francia haya sufrido. Pero eso ya es tema para la próxima lectura.

La mayoría de los historiadores consideran la historia del siglo XIX como la batalla entre la reacción, – resumida en el nombre de Metternich, el primer ministro de Austria y en la Santa Alianza, es decir, todas las naciones cuyos monarcas habían sido restaurados – y la revolución o la libertad, mientras obreros y burgueses intentaban obtener su libertad de los nobles y los reyes. Pero esta es una visión muy superficial. La verdadera lucha se libró a un nivel mucho más profundo.

Esta época – no solo la posterior a 1815, sino incluso la que comenzó una o dos décadas antes, toda la época de la Revolución y la primera parte del siglo XIX – es la era del Romanticismo. En esta época, las ideas ilustradas sobre la razón, el humanitarismo, las ideas de Voltaire y Diderot, los derechos del hombre, la elaboración de constituciones, el análisis racionalista de las cosas y las deducciones lógicas que habrían de salvar a la humanidad, todo esto es rechazado. No obstante, el rechazo se debe únicamente a su carácter unilateral; muchas de las ideas más positivas – el ideal humanitario y el derrocamiento del antiguo sistema absolutista – no son realmente repudiadas. Más bien emerge un sentimiento irracional, procedente directamente de Rousseau, ya en el siglo XVIII, una “religión del sentimiento” y una simpatía hacia lo misterioso y lo místico en general. Pero ahora todo esto queda reducido a la realidad de este mundo. Emerge una profunda simpatía por la Edad Media y el pasado nacional de cada país, a diferencia de la Ilustración, que había sido una época internacionalista.

Así que encuentras a personas como los hermanos Grimm recopilando cuentos de hadas y las canciones y relatos populares del pueblo. Y en lo que respecta a la religión, por supuesto, hay un gran resurgimiento del catolicismo; y ahora se vuelve de moda dejarse ver en la Misa. Pero al mismo tiempo se convierte en algo nuevo. No es exactamente como era en el antiguo régimen. Tiene un ambiente muy mundano, centrado en este mundo, y durante varias décadas hay un gran resurgimiento del ocultismo. Todo esto existe también ya desde antes de la Revolución. Y se puede decir que hay una búsqueda de una especie de nuevo cristianismo que armonice con la filosofía de la Ilustración, que conserve los mejores rasgos de la filosofía ilustrada y rechace su unilateralidad, como el anticristianismo de Voltaire y el ateísmo de los pensadores posteriores.

Es la época de los grandes poetas románticos, de la fascinación por lo maravilloso, de una religión de la inspiración y el entusiasmo, de nuevas revelaciones, de poetas arrebatados por su imaginación, escribiendo poemas y relatos sobre las ruinas, la luz de la luna, la oscuridad y todos los aspectos sombríos y misteriosos de la existencia.

Es la época de Cagliostro, quien, por cierto, estuvo involucrado en uno de los complots para derrocar al rey en 1789, y Franz Anton Mesmer, el hipnotizador. De hecho, uno de los escritores franceses de esta época, Johann Kaspar Lavater, afirmaba que Mesmer iba por ahí poniendo sus manos sobre la cabeza de las personas, las hipnotizaba, las curaba y hacía toda clase de cosas semejantes. Según él, esto era el equivalente moderno de la imposición de manos de los Apóstoles, lo cual hoy aparece en el movimiento carismático. Y Saint-Martin, el llamado “filósofo desconocido”, estuvo involucrado en una de estas logias que, de hecho, ayudaron a inspirar la revolución, y se mezcló profundamente con el ocultismo.

Puede decirse que esta es la segunda etapa del romanticismo en la historia de Europa, habiendo sido la primera la medieval. Entre ambas están el desarrollo científico y la era de la razón. Pero ahora aparece una reacción que quiere volver a algo parecido a la Edad Media, solo que este romanticismo ya no va a darse dentro del catolicismo, sino desde fuera.

Había una profunda conciencia en este período de que el pasado, aunque hubiera una restauración política y un anhelo por él, y poesía escrita sobre la Edad Media, y todos se entusiasmaran con los vitrales, etc., no podía ser recuperado: la vieja Europa, el Antiguo Régimen, habían desaparecido. Y sin embargo, existía un poderoso trasfondo de anhelo por una nueva unidad, por una nueva especie de edad de oro, algo semejante a la medieval, en la que todos estuvieran inspirados por un ideal común, en el que las artes florecieran y las ciencias avanzaran armoniosamente. Este sentimiento, este deseo de una nueva unidad es, como veremos, una idea profundamente quiliástica. Todo este período, que incluye a la Revolución y el romanticismo de poetas y artistas, el misticismo de sectas y logias – e incluso, como veremos, de sectas cristianas – representan un estallido de gran magnitud del entusiasmo quiliástico.

En este momento hay tantos profetas, tantas personas que han encontrado la respuesta. Se les ha revelado cuál es el futuro de la humanidad, cuál es la verdad.

Esto se parece al movimiento de los primeros anabaptistas que ya vimos, y a las sectas que se les relacionaban; pero ahora se desarrolla a una escala mucho más amplia, pues no se limita al ámbito religioso y sectario, sino que entra de lleno en la filosofía y la política.

En el siglo XVIII hay muchas de estas sectas quiliastas, los shakers, los rappitas, y así sucesivamente. Y en este mismo tiempo, un poco más tarde, surgen otras sectas quiliastas, la de los adventistas, los mormones y muchos, muchos otros, los Irvingitas, y así sucesivamente. Veremos algunas de ellas en un momento. Y éstas son sólo un pequeño reflejo de esta actitud mental que penetró profundamente en los hombres de esta época y que continúa incluso hoy.

Intentaremos ver a todas estas juntas, porque es usual pensar que la mentalidad sectaria es una cosa, y la mentalidad de las personas ilustradas, personas que van a la universidad y tienen títulos y demás y son capaces de pensar racionalmente, son algo diferente. Pero veremos aquí que en esta época todas estas corrientes están muy mezcladas.

 

 

retrato de Novalis (1772-1802)

 

4. Ejemplo: Poeta romántico alemán, Novalis. Schenk: págs. 13-15

Pondremos como ejemplo de esta mentalidad quiliástica un par de citas del poeta romántico alemán Novalis, quien escribió una novela, creo que titulada Hans von Ertandinger, una de las primeras novelas románticas sobre la búsqueda de la misteriosa flor azul, en la que escribió algunas cosas sobre sus ideas quiliastas. Por cierto, él y otros grandes “pensadores” que inspiraron este movimiento nacieron alrededor del año 1770. Es el año en que nacieron Beethoven, Saint-Simon, Owen y Fourier; Novalis también nació en 1772 y murió, me parece, a los 29 años, a comienzos del siglo.

Novalis dijo:[1]

 

«“La Cristiandad debe ser nuevamente vital y efectiva, (…). Aún no hay religión. Primero debemos fundar una escuela de formación de la religión genuina. ¿Creéis que hay religión? La religión debe ser creada y producida a través de la unión de un número de hombres. Los gérmenes más completos de la nueva religión se encuentran en el cristianismo, pero también están comparativamente descuidados.”»

 

Y en otro pasaje:

 

«“¿quién dice que la Biblia está terminada? ¿No puede ser que la Biblia esté en proceso de crecimiento?».

Un discípulo de Novalis escribió en 1797:

 

«“¡O, estas personas ciegas que hablan de ateísmo!. ¿Existe ya un teísta? ¿algún intelecto humano ya domina la idea de la divinidad.?”»

«Novalis, vio en la religión cristiana el germen de la democracia.»

«También es, creo, muy significativo que Novalis incluso anticipará la expectativa socialista utópica y marxista de que no habrá necesidad de un orden legal en la sociedad del futuro, o al menos que el número de leyes disminuirá, porque, las leyes son el complemento de los caracteres imperfectos»

«En el panfleto [de Novalis] Die Christenheit oder Europa…  Encontramos en él el mismo énfasis sobre la importancia primordial de la religión: es imposible que los poderes seculares encuentren su equilibrio, un tercer elemento; secular y trascendental al mismo tiempo, puede sólo cumplir esta tarea. Sólo la religión puede despertar nuevamente a toda Europa, sólo ella puede salvaguardar a las naciones.» (…)

«Novalis, como tantos utópicos, volvió sus ojos al pasado lejano: “los príncipes remitían sus disputas al padre del Cristianismo [el Papa], y voluntariamente arrojaban sus coronas y dignidades a sus pies.” Aquí tenemos un ejemplo típico de una utopía que se sitúa en un periodo pasado; “Una nueva edad de oro, con rasgos paradisíacos, con un profeta taumaturgo que nos sanará, nos consolará y nos dará la esperanza de una vida eterna”. Y en otro pasaje: “El viejo y el nuevo mundo están comprometidos en una guerra... Quizás en estos acontecimientos, como en las ciencias, el último objeto histórico de la guerra fuese un contacto más estrecho entre los estados europeos» El sueño último de Novalis era que Europa despertara nuevamente y que los estados se fundieran en uno solo.

 

D. Quiliasmo en los primeros profetas socialistas: los socialistas utópicos.

1. Robert Owen[2]. 1771-1858

a. Vida: páginas 5-7.

b. New Lanark (aún existe sin cambios hoy en día): Comunidad industrial bajo un capitalista benevolente. 20.000 visitantes entre 1815-1825, incluyendo a Nicolás I. La fábrica de hilado de algodón más grande de Gran Bretaña. 1500 empleados. Jornada de 12 horas, salarios bajos, pero con muchos beneficios laborales: alquiler bajo, atención médica gratuita, escuelas, alimentos a precio de costo. Producía orden, pulcritud y regularidad. Aspectos de la vida: página 158. Pero más tarde él vio que la fábrica no era lo ideal.

c. Antecedentes de sus ideas posteriores en el comunitarismo religioso: Sectas milenarias del siglo XVIII-XIX: Comunidad de Ephrata, Hermanos Moravos (y más tarde movimientos similares como el mormonismo y el adventismo); especialmente influenciado por los Shakers y los Rappitas, e intentó sus experimentos comprando el pueblo Rappita de Harmony, Indiana. El experimento de Owen constituyó una continuación secularizada de un experimento de carácter religioso.

d. New Harmony: Comunidad agrícola idílica descrita por un discípulo (páginas 58-59). Pero de ideas radicales: fin del sistema familiar (páginas 58-60). Buscaba, como varios de los primeros socialistas, una “ciencia del hombre”. El owenismo no degeneró en una secta; tenía un tono sectario desde el principio. Los Shakers y los swedenborgianos se convirtieron en owenistas y los owenistas se convirtieron en Shakers (ejemplo en la página 108). Un discípulo quería ser nombrado “obispo” (página 124). El propio Owen se sentía el apóstol de una misión. (página 134).

e. Owen en América: Página 106. Descripción de New Harmony (páginas 164-165). El entusiasmo se desvaneció rápidamente. Los experimentos comunistas en América en 1840 fueron Fourieristas.

 

 

Representación utópica de New Harmony (Indiana), EE. UU., según las propuestas de Robert Owen (1838).

 

g. Owen es capturado por el espiritismo: Páginas 250-251.

2. Fourier (1772-1837)

a. Vida: Hijo de un rico comerciante de telas, con buena educación, formado en Francia, Alemania, Italia. Heredó muchas propiedades de su padre, pero las perdió en la Revolución de 1803. Publicó un artículo sobre política europea que interesó a Napoleón. Se convirtió en un pequeño empresario y dedicó su tiempo libre a su trabajo sobre la nueva organización de la sociedad.

b. Ideas: Contra el individualismo y la competencia (es decir, el liberalismo), ideo una nueva teoría de cooperación para el desarrollo armonioso de la naturaleza humana, y desarrollo libre de la naturaleza humana mediante la indulgencia sin restricciones de las pasiones, lo que resultaría – según él – en armonía (este descubrimiento, en su opinión, lo equiparaba al descubrimiento de la gravedad de Newton, tal como también lo pensó Saint-Simon). Quería reorganizar toda la sociedad sobre esta base: la sociedad estaría compuesta de “falansterios” – de diseño uniforme – de 1600 personas cada uno, un edificio común (falansterio) y tierra. El trabajo sucio lo harían los niños, nadie estaría obligado a hacer algo que no le gustara. Se abolía el matrimonio y se lo sustituía por nuevos acuerdos.

c. Nadie prestó atención a sus dos primeros trabajos, su tercer trabajo en 1829, “El nuevo mundo industrial”, comenzó a atraer discípulos; atacó a Owen y a Saint-Simon en su obra “El charlatanismo de dos sectas.” Un discípulo fundó una comunidad en 1832, pero fracasó rápidamente; Fourier esperó en vano a que un capitalista rico diera dinero para nuevos experimentos.

d. Realizó profecías fantásticas sobre un paraíso futuro en la tierra: el mar se convertiría en limonada, los hombres medirían 7 pies de altura, vivirían hasta los 144 años, tendrían 120 años de amor libre. Los hombres progresarían; habría 30 millones de científicos tan grandes como Newton y 30 millones de poetas tan grandes como Shakespeare.

e. Brook Farm en Massachusetts, iniciada en 1841 para combinar al pensador y al trabajador, se convirtió en una falange fourierista en 1845, pero colapsó en 1847. Dostoyevski y otros se vieron influenciados.

3. Saint-Simon 1760-1825

a. Vida: páginas xix-xxv. [3]

 

«Claude Henri de Rouvroi, Conde de Saint-Simon, nació en 1760 y murió en 1825. Fue en cierto sentido hijo tanto del Antiguo Régimen como de la filosofía de la Ilustración. Saint-Simon luchó en la batalla de Yorktown por la “libertad industrial”, y, hacia los veinte años, concibió algunos planes de construcción de canales que unieran el Pacífico con el Atlántico en Nicaragua, y a Madrid con el mar. Al regresar a Francia, utilizó su riqueza para reunir a los científicos más eminentes de Francia como sus tutores. Su riqueza, rápidamente derrochada, fue recuperada durante la Revolución, cuando logró asegurar la compra de tierras de la Iglesia, aunque casi perdió la cabeza bajo Robespierre. Nuevamente se rodeó de los sabios de la época, viajó a Alemania e Inglaterra, e intentó sin éxito casarse con Mme. de Staël. Lentamente, sus ideas sobre el método científico, el industrialismo y la aplicación de la ciencia a la organización social tomaron forma sistemática; y a partir de 1802, aparecieron en una corriente constante de panfletos y libros. Cayendo nuevamente en la pobreza, Saint-Simon se volvió dependiente de la caridad de un antiguo sirviente. Después de 1810, estuvo rodeado por un grupo de jóvenes ingenieros de la École Polytechnique, entre los cuales destacaban Augustin Thierry y Auguste Comte, quienes actuaron como sus secretarios y colaboraron en sus escritos. Aparentemente decepcionado por su falta de éxito en persuadir a los gobernantes y a la intelligentsia para que apoyaran su propuesta de reconstrucción social, Saint-Simon intentó suicidarse en 1823. Su última obra, El Nuevo Cristianismo, con su religión de hermandad humana, apareció en el año de su muerte, 1825.»

«Saint-Simon reconoció a [Condorcet] como una de las influencias más fuertes en su propio pensamiento. [En los escritos de Condorcet] Saint-Simon vio la perfección de la metodología científica como la base del progreso humano. En una última fase, Saint-Simon en El Nuevo Cristianismo abogó por una religión basada en el amor fraternal y preocupada por lograr la bendición en la tierra. La preocupación básica de la religión debía ser la mejora más rápida de la suerte de los pobres.»[i]

«El término “Saint-Simonianismo” se refiere aquí a los discípulos de Saint-Simon. Debe quedar claro que el saint-simonismo, aunque mantuvo ciertos principios básicos, desde sus inicios hasta su disolución, experimentó continuos cambios en otros aspectos. Sin embargo, existía un común denominador en su intento de poner fin a lo que se consideraba la situación revolucionaria de la época.»[ii]

«La teoría fue expuesta en una serie de conferencias públicas que se celebraban quincenalmente a partir del 17 de diciembre de 1828, y conocidas como La Doctrina de Saint-Simon. Una Exposición. Primer Año (1828-29).

Durante esta segunda fase del movimiento sansimoniano, surgió gradualmente un énfasis religioso y político más fuerte que tendió a subordinar el interés científico-industrial inicial. Este nuevo énfasis llevó al establecimiento de una iglesia saintsimoniana organizada jerárquicamente a finales de diciembre de 1829, la doctrina se propagó a través de sermones públicos y enseñanzas en París, misiones enviadas a las provincias y a Bélgica, panfletos, y sobre todo a través de las páginas del semanario Organisateur y el diario Globe. El Globe, que había sido el famoso periódico liberal de los años veinte, se volvió sansimoniano en noviembre de 1830, después de la conversión de su gerente, Pierre Leroux, a la nueva religión. A través del Globe, los saints simonianos alcanzaron su nivel más alto de notoriedad.» [iii]

«La Iglesia saint-simoniana prefiguró la estructura básica y la filosofía de la religión de la humanidad de Comte, en sus últimos años. Buchez, el posterior socialista católico, fue miembro de la jerarquía saintsimoniana. Heine y Franz Liszt asistían regularmente a las reuniones dominicales. Karl Leil y Mies se correspondían con la sociedad. Sainte-Béuve y George Sand expresaron su gran interés y aprobación, mientras que Lamartine, Balzac y Lamennais la observaban con emociones encontradas. Stenhall, Bechamin-Kahnstein y Fourier consideraron la nueva filosofía lo suficientemente importante como para atacarla. Incluso Goethe, aunque criticaba el colectivismo saint-simoniano, recibía regularmente el Globe.

La nueva religión afirmaba tener más de 40,000 adeptos a mediados de 1831, y era bien conocida por toda persona educada en Europa.»[iv]

«La desintegración de esta segunda fase, durante la cual el saint-imonismo se ocupaba principalmente de la reorganización social, fue precipitada por el conflicto dentro del movimiento sobre la cuestión de la mujer, mientras había habido un acuerdo general de que la mujer, tradicionalmente explotada como el trabajador, debía ser emancipada socialmente. Surgió una nueva orientación bajo el liderazgo de Enfantin que enfatizaba cada vez más la importancia de la cuestión de la mujer, finalmente abogaba por el amor libre, e identificaba el resultado de la historia con la emancipación y santificación de la carne. Este feminismo acentuado llevó a un cisma, a la ruptura de Bazar con el Movimiento, la consiguiente partida de otros miembros, y a persecuciones legales después de enero de 1832, apareció el último número del Globe, y se puede decir que la segunda fase de la historia del movimiento había terminado.»

«En la tercera fase, caracterizada por un feminismo acentuado y un pensamiento religioso panteísta después de 1832, la preocupación por los problemas sociales y políticos disminuyó. Los saint-simonianos estaban ahora menos interesados en propagar la fe que en prepararse para un tiempo más, propicio mediante la educación de una jerarquía. Se retiraron a una vida monástica, los juicios que resultaron en el encarcelamiento de Enfantin debilitaron aún más el movimiento, que se disolvió como grupo organizado después de la partida de Enfantin a Egipto en busca de la “mujer Mesías”. Más tarde en el siglo, los saints simonianos serían prominentes en proyectos financieros e industriales, como la creación del Crédit Mobilier, la extensión de la red ferroviaria francesa y la construcción del canal de Suez.»[v]

 

b. Influencias del quilíasmo secular. Especialmente de Lessing [Gotthold Ephraim Lessing] con su filosofía de la eterna búsqueda y la religión del corazón, y a través de él, de Joachim de Fiore. Lessing: “Si Dios tuviera encerrada en su mano derecha toda la verdad y en su izquierda el único impulso que mueve a ella, y me dijera: «¡Elige!», yo caería, aun en el supuesto de que me equivocase siempre y eternamente, en su mano izquierda, y le diría: «¡Dámela, Padre! ¡La verdad pura es únicamente para ti!»”[vi] Sin embargo, creía en una revelación que llevó al género humano a partir de etapas inferiores hasta alcanzar etapas superiores, en la que el hombre podrá progresar hasta el estado de no necesitar creer en la vida futura para hacer el bien. Sino que hará el bien por sí mismo, entonces vendrá el Evangelio eterno, la tercera edad del Espíritu Santo.

Es el ideal de los masones, que esperan el amanecer de la nueva era, y de derribar las barreras de la religión, el Estado y la nacionalidad.

(En resumen: era un romántico incluso en el siglo de las Luces: Dios es el alma del mundo)

De este modo, Owen fue influido por los sectarios; Fourier por los revolucionarios; y Saint-Simon por la tradición quiliástica de Joaquín de Fiore.

 

Conde de Saint-Simon (1760 - 1825)

 

c. Filosofía: La Nueva Era (New Age). pág. 4; [4]

 

«“No han existido muchas doctrinas filosóficas que merezcan ese nombre, sino que han existido estados generales de la humanidad; pero el fenómeno de un orden social estable sólo ha aparecido dos veces en el curso de la civilización a la cual pertenecemos y que forma una cadena ininterrumpida que llega hasta nuestros días. Estos dos estados fueron la Antigüedad y la Edad Media. El nuevo estado general que proclamamos para el futuro formará el tercer eslabón de esta cadena. No será idéntico a sus predecesores, pero tendrá ciertas analogías sorprendentes con ellos en lo que respecta al orden y a la unidad. Sobrevendrá después de diversas crisis que nos han perturbado durante tres siglos. Finalmente aparecerá como consecuencia de la ley del desarrollo de la humanidad.”»

 

Causa del mal de hoy: pág. 11.

 

«“Declararemos que la causa del mal debe buscarse en la falta de unidad en la perspectiva social, y el remedio se encontrará en el descubrimiento de esta unidad.”» 

 

Vivimos en las ruinas de la Edad Mediapág. 18.

 

«“habitamos en medio de los escombros. Los escombros vivos de la sociedad medieval que continúa lamentando su destino.”»

 

No debemos sólo negar la Edad Media págs. 22-3-4:  

 

«“Se estimó que la solución del problema consistía en anteponer un signo negativo a todos los términos de la fórmula de la Edad Media; pero semejante solución sólo podría engendrar anarquía.

Nosotros, que no aceptamos ni la Edad Media ni el constitucionalismo, saltamos más allá de los límites del presente… Se acerca el tiempo en que las naciones abandonarán las banderas de un liberalismo desordenado e irreflexivo, para entrar con amor en un estado de paz y felicidad, venciendo la desconfianza y reconociendo que un poder legítimo puede existir sobre la Tierra.”»

 

Visión unitaria del futuro. págs. 24-5.

 

«“La doctrina que nosotros proclamamos dominará todas las facultades del hombre, al hombre entero, para dar a las tres grandes facultades un propósito común y una dirección armoniosa. Mediante ellas, las ciencias realizarán un progreso unificado hacia el desarrollo más rápido, la industria; regulada en interés de todos, ya no presentará el espantoso espectáculo de una arena [de lucha], y las bellas artes, una vez más animadas por una ardiente simpatía, nos revelarán los sentimientos de entusiasmo de una vida en común, cuya suave influencia se hará sentir en las alegrías más secretas de la vida privada.”»

 

Los tiempos se han cumplido, pág. 40.

 

«“Líbrense de todo miedo, señores. Y no luchen contra el torrente que los lleva hacia un futuro feliz. Pongan fin a la incertidumbre que debilita sus corazones y los golpea con impotencia. Abracen el altar de la reconciliación amorosamente, porque los tiempos se han cumplido y la hora está a punto de sonar cuando, según la transformación saint-simoniana de la palabra cristiana, todos serán llamados y todos serán elegidos.”»

 

Lo antiguo debe ser destruido, pág. 50.

 

«“Para la felicidad de la humanidad es necesario que la obra de destrucción a la que se ha aplicado este método con tanto efecto, se complete.”»

 

La nueva etapa será la final. pág. 56-7.

 

«“Hoy la humanidad avanza hacia un estado final en la que estará libre de las largas y dolorosas alternativas, y bajo este estado el progreso se desarrollará sin interrupciones, sin crisis, en un ritmo continuo, regular y constante. Marchamos hacia un mundo donde la religión y la filosofía, los cultos y las bellas artes, el dogma y las ciencias ya no estarán en oposición.”»

«“La destrucción del antiguo orden de las cosas ha sido tan profunda como podía serlo, dado que aún no había sido revelado el nuevo orden destinado a reemplazarlo.”»

 

Objetivo: asociación universal = hermandad, pág. 58.

 

«“Esta sucesión continua de aparente grandeza y declive aparente, llamadas de manera común como vicisitudes de la humanidad. No es más que la serie regular de esfuerzos realizados por la humanidad para alcanzar un objetivo final.

Este objetivo es la asociación universal, es decir, la asociación de todos los hombres en toda la superficie del globo en todas las esferas de sus relaciones.”»

 

El cristianismo fracasó, pág. 60, 71.

 

«“El cristianismo, cuyo principio y fuerza expansiva hace mucho tiempo se agotó. Abrazó en su amor y santificó por su ley sólo uno de los modos de existencia humana. Y no logró establecer su dominio ahora fallido sobre más de una parte de la humanidad. Todo el mundo está progresando hacia la unidad de doctrina y acción. Esta es nuestra profesión de fe más general. Esta es la dirección que un examen filosófico del pasado nos permite trazar, hasta el día en que este gran concepto, nacido del genio de nuestro Maestro, junto con sus desarrollos generales, pueda convertirse en el objeto directo de los esfuerzos del espíritu humano. Todo progreso social anterior debe considerarse como preparatorio. Todos los intentos de organización como iniciaciones parciales y sucesivas al culto de la unidad y al reino del orden sobre todo el globo, la posesión territorial de la gran familia sobre todo el globo, la posesión territorial de la gran familia humana.”»

 

El futuro es religión. pág. 202-3.

 

«“Ciertamente no pretendemos ser héroes por introducirles los fundamentos de una nueva religión. En este siglo indulgente, o más bien indiferente, todas las opiniones, como sabemos, pueden aparecer sin peligro, especialmente cuando parecen no ir más allá de los estrechos confines de una escuela filosófica. Pero también sabemos que estamos hablando a hombres que se consideran superiores porque son incrédulos, y que sonríen despectivamente ante todas las ideas religiosas, relegándolas a la oscuridad de épocas pretéritas, a lo que llaman como infancia de la humanidad y barbarie de la Edad Media. No tememos desafiar esta sonrisa. El sarcasmo volteriano y el desprecio arrogante del materialismo moderno pueden disipar de los corazones de algunos hombres la vaga sentimentalidad común hoy en día, pueden ahuyentar y confundir ese tipo de religiosidad individual que en vano busca formas de expresarse, pero son impotentes para destruir la convicción profunda.

Sí, señores, hemos venido aquí para exponernos a este sarcasmo y desprecio. Porque siguiendo a Saint Simón y en su nombre, venimos a proclamar que la humanidad tiene un futuro religioso, que la religión del futuro será mayor y más poderosa que todas las del pasado, que será, como aquellas que la precedieron, la síntesis de todas las concepciones de la humanidad y, además, de todos los modos de ser, no sólo dominará el orden político, sino que el orden político será totalmente una institución religiosa, porque nada se concebirá fuera de Dios ni se desarrollará fuera de su ley. Añadamos finalmente que esta religión abarcará todo el mundo porque la ley de Dios es universal.”»

 

Ciencia y religión. pág. 206, 266.

 

«“Adoptemos el punto de vista religioso, pero uno más elevado y más amplio que cualquiera de los que la humanidad ha tenido hasta ahora. Mientras la ciencia conserve su carácter ateo, considerado fundamental para ella, la ciencia no dará expresión a la facultad del hombre de conocer sucesiva y progresivamente las leyes por las cuales Dios gobierna el mundo: en resumen, el plan providencial. Ninguno de los descubrimientos en los que el ateísmo, cuando se siente amenazado, se apoya, podrá escapar a la fórmula: Así se da a conocer Dios.

No, señores, no es el destino de la ciencia – como parecen creer muchos – ser la enemiga eterna de la religión y restringir constantemente el ámbito de la religión hasta despojarla por completo algún día. Por el contrario, la ciencia está llamada a extender y fortalecer continuamente la religión, puesto que cada avance de la ciencia ofrece al hombre una perspectiva más amplia de Dios y de sus planes para la humanidad.

Prevemos un tiempo, no muy lejano, en el que las ciencias, liberadas de la influencia de los dogmas de la crítica y vistas de una manera mucho más amplia y general que hoy en día, ya no serán consideradas antagónicas a la religión, sino más bien como los medios dados a la mente humana para conocer las leyes por las cuales Dios gobierna al mundo: el plan providencial.”»

 

Tributo a la revolución es obra de destrucción. pág. 208-9.

 

«“Hemos mostrado anteriormente que las épocas críticas pueden dividirse en dos periodos distintos, uno forma el comienzo de esas épocas durante las cuales la sociedad, unida por una ferviente fe en las doctrinas de la destrucción, actúa en concierto para derrocar la antigua institución religiosa y social, el otro comprende el intervalo que separa la destrucción de la reconstrucción, durante el cual los hombres, disgustados con el pasado y las incertidumbres del futuro, ya no están unidos por ninguna fe ni empresa común.

Lo que hemos dicho sobre la ausencia de moralidad en los periodos críticos se refiere sólo al segundo de los dos periodos que incluyen, pero no en absoluto al primero, ni a los hombres que figuran en él y que, a través de algún tipo de inconsistencia, predican el odio a través del amor, llaman a la destrucción creyendo estar construyendo, provocan el desorden porque desean el orden, y establecen la esclavitud en el altar que erigen a la libertad. Señores, admiremos a estos hombres, tengámosles lástima sólo por haber recibido la terrible misión que han cumplido con devoción y amor por la humanidad. Tengámosles lástima, porque nacieron para amar y toda su vida estuvo dedicada al odio. Pero no olvidemos que la lástima que nos inspiran debe ser una lección para nosotros, que debe aumentar nuestros deseos y confirmar nuestras esperanzas en un futuro mejor, en un futuro en el que los hombres que son capaces de amar puedan aplicar su amor sin cesar.”»

 

El hombre debe tener fe. pág. 221.

 

«“La humanidad nunca carece de fe, no será necesario preguntar si el hombre tiene la inclinación de creer, así como tampoco será necesario preguntar si algún día renunciará al amor.

Más bien, se trata simplemente de saber en quiénes y en qué ideas depositará su confianza y qué garantías pedirá antes de abandonarse a ellas.”»

 

Nuevo profeta. pág. 213.

 

«“No dudamos en decir con ustedes que lo que no es ateísmo hoy es ignorancia y superstición, pero si queremos curar a la humanidad de esta herida, si queremos que abandone las creencias y prácticas que consideramos indignas de ella, si queremos que deje la iglesia de la Edad Media, debemos abrir la iglesia del futuro. Estemos listos, como ha dicho De Maistre, para un tremendo evento en el orden divino hacia el cual, como todos deben notar, estamos marchando a una velocidad acelerada. Digamos con el que ya no hay religión en la tierra y que la humanidad no puede permanecer en este estado, pero más afortunados que De Maistre, ya no esperaremos al hombre de genio que él profetiza y que, según él, pronto revelará al mundo la afinidad natural de la religión y la ciencia. Saint Simon ha aparecido.”»

 

La religión del futuro. pág. 265.

 

«“Al proclamar que la religión está destinada a afirmar su dominio sobre la sociedad, ciertamente estamos tan lejos de sostener que cualquiera de las instituciones religiosas del pasado deba ser restablecida como de afirmar que debemos llevar a la sociedad de vuelta al antiguo estado de guerra o esclavitud. Proclamamos un nuevo estado moral y político. Este es, asimismo, un nuevo estado religioso. Para nosotros, religión, política y moral son simplemente nombres diferentes para el mismo hecho. La religión del futuro está llamada a ocupar su lugar en el orden político, pero para ser exactos, cuando se considere en su totalidad, la institución política del futuro debe ser una institución religiosa.”»

 

d. Importante: Vemos que la nueva visión del mundo debe ser religiosa. El socialismo no es suficiente, debe haber una síntesis de política-ciencia-religión, (como una especie de teoría del campo confinado de la mente). Hoy vemos el gran defecto del marxismo; no es religioso y la humanidad debe tener religión, como vio Saint Simon. Este nuevo cristianismo es un intento exhaustivo de completar el proceso iniciado en la Edad Media: mejorar el Cristianismo.




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LA REVOLUCIÓN GREGORIANA

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