padre Serafín Rose
Comenzamos
esta conferencia con una cita del metropolitano Anastasio (Gribanovsky),
extraída de sus memorias, una recopilación de reflexiones sobre diversos temas.
Lo hacemos así porque él fue un profundo hombre de Iglesia, plenamente heredero
de la tradición ortodoxa, en quien – como en otros grandes jerarcas – el
espíritu de la Iglesia se hace, por así decirlo, carne. A ellos acudimos en
busca de sabiduría madura, no solo en cuestiones estrictamente eclesiales, sino
también en asuntos como el de la Revolución.
Él
proviene de una Rusia que tuvo una relación singular y especialmente intensa
con la Revolución, como veremos en la próxima conferencia. Por eso sus palabras
tienen un peso particular porque proceden, por así decirlo, desde fuera del
lugar donde la Revolución tuvo su origen, pero al mismo tiempo desde uno de los
ámbitos donde ésta llegó a desplegarse plenamente. Proceden de alguien de una
gran profundidad, tanto en pensamiento como en sentimiento. Y tiene una
observación muy interesante sobre la Revolución francesa. Y él ofrece una
observación muy interesante acerca de la Revolución Francesa.
Esta
parte (de su libro) se llama Conversaciones con mi corazón. Él dice: «En
la Revolución francesa, como en un espejo, se reflejó el carácter frívolo de
este pueblo. Su afán por posar, por frases y gestos hermosos inspirados por la
vanagloria. Todos los héroes y los activistas ordinarios en esta revolución,
incluso los más moderados y serios de ellos, los girondinos, recuerdan a
actores que están ante el rostro de una numerosa audiencia y sólo piensan en lo
que sus contemporáneos y sus descendientes pensarán de ellos. Se entregaron a
orgías en la víspera de ser decapitados para mostrar con esto su falsa valentía
de espíritu. Muchos de ellos incluso se esforzaron por ser pintados en los
carros que los llevaban a la guillotina, que para ellos era la última “escena”
en este mundo. Ninguno de ellos pensó en su responsabilidad ante Dios, ante la
historia o ante su propia conciencia en este momento fatal para el país.»[i]
«Hitler desató la Segunda Guerra
Mundial no para ganarla, sino para perderla en forma heroica. Exactamente como
en las operas de Wagner, el héroe debe tener un final lo más trágico posible» -
Salvador Dalí
Esta es
una observación muy profunda. Y veremos que es aún más cierta en el siglo XIX,
que está lleno de estos agentes revolucionarios tan afectadamente compuestos y
tan falsos; y basta mirar a nuestro alrededor hoy en día para ver lo mismo. Y veremos que se aplica con mayor fuerza aún
al siglo XIX, lleno de revolucionarios impostados y falsos; y basta mirar a
nuestro alrededor hoy para reconocer el mismo fenómeno.
Todos
presentan un nuevo plan para la sociedad; todos sueñan con a quién van a
colocarle una bomba, cómo van a hacerse un nombre, cómo van a llevar a cabo la
revolución final; y todos son extremadamente superficiales y pretenciosos.
Carecen de fundamento, no tienen ningún concepto de responsabilidad ante Dios,
ni siquiera piensan en que tendrán que responder por ello durante toda su vida;
no hay nada en ellos excepto una obsesión insensata con la idea de extender la
revolución y ni siquiera saben de qué se trata. Obviamente, son solo marionetas
en una obra que se está representando. No saben quién es el autor ni hacia
dónde va. Y cuando finalmente son abatidos, simplemente se convierten, como
incluso los comunistas dicen, en “abono” para la revolución, para la futura
felicidad de la humanidad.
Ahora
bien, seguiremos el ejemplo del metropolitano Anastasio, que reflexionó
largamente sobre el problema de la Revolución, e intentaremos ir más allá de
las ideas y pensamientos que están ocurriendo entre las personas. Y veremos si
podemos entender por qué sucedieron estas cosas, cuál es su fin. Veremos
especialmente en el siglo XIX, una era de egotistas que probablemente nunca ha
sido igualada antes. Estos farsantes y egotistas: cada uno aparece con una
nueva teoría que, según él, le ha sido revelada, la última novedad y la más
fantástica de todas. Había un gran sentimiento de libertad. Ya saben, recuerden
que Wordsworth hablaba de la alegría de estar vivo en los albores de la
Revolución Francesa. Todo el mundo estaba exultante; venía una nueva era. Y
este mismo sentimiento persiste a lo largo de la primera parte del siglo XIX,
cuando todos presentan un nuevo sistema social y proponen los planes más
fantásticos. Si leemos
sobre esta época, podemos ver que esta es una edad dorada para los chiflados. Se
llegó incluso a plantear la idea de una teocracia. Hubo un pensador extraño,
Poplardolevie, que reconstruyó el antiguo lenguaje hebreo y tradujo el Génesis
junto con una interpretación metafísica del mismo. Después de esto, propuso la
idea de una gran teocracia.
Y, por
cierto, este mismo espíritu se refleja en Grecia, donde apareció un poco más
tarde el chiflado de Makrakis, quien a finales del siglo XIX pensó que él era
el primer filósofo en demostrar la existencia de la Santa Trinidad mediante la
razón, mostrando con ello el mismo espíritu de orgullo desbordado y, al mismo
tiempo, una superficialidad fuera de lo común. Por supuesto, todo esto es
completamente ajeno a la Ortodoxia. La razón por la cual surgieron tales cosas
es la pérdida del cristianismo.
El
período que ahora abordamos coincidió con la Revolución. Comenzó poco antes y
continúa hoy. Estamos a finales del siglo XVIII y principios del XIX. Tenemos
ante nosotros muchas ideas revolucionarias que son contradictorias.
Examinaremos solo algunas de ellas. Al mismo tiempo, uno puede preguntarse cómo
sabemos cuáles son las ideas importantes. Para encontrar la respuesta no
tenemos más que mirar a nuestro alrededor, al mundo de hoy, puesto que la
revolución es el proceso histórico que ha generado el mundo en el que vivimos.
Y podemos ver las ideas clave examinando sobre todo la forma principal y
dominante de la revolución en la actualidad: el comunismo. Es un fenómeno que
amenaza con abarcar el mundo entero, y también al examinar nuestro propio
entorno filosófico y espiritual en el mundo libre podremos ver qué es lo que motiva
a las personas en el mundo libre.
La
mayoría de las doctrinas revolucionarias del siglo XIX habrían parecido
fantasías descabelladas si el marxismo, una de ellas, no hubiera subyugado a
Rusia y ahora a medio mundo, demostrando que estas ideas forman parte del
espíritu de nuestro tiempo. Y hay razones claras por las que han
triunfado.
No vamos
a tratar de rastrear los orígenes de ninguna de las escuelas – como son las del
liberalismo, el socialismo, el comunismo o el de las sociedades secretas –
aunque ello fuera posible, porque lo que queremos comprender es la lógica misma
de la mente que los engendró, es decir, la lógica del pensamiento
revolucionario.
En esta
época existen, si es posible, incluso más sociedades secretas que en el siglo
XVIII. Ahora hay tantas que resulta casi ridículo. Y cada una de estas
sociedades se convierte en partícipe de una conspiración, ocultando su plan a
las demás y luchando por la dominación. Y los que están en los rangos
inferiores temen que haya un secreto superior que no les ha sido revelado. Y
temen que ese secreto no sea lo que ellos desean. Por eso van de una sociedad a
otra. Hay un grupo en Italia que se reúne ante hogueras, en la oscuridad, a la
luz de la luna, pensando en cómo unificar Italia y convertirla en el centro del
mundo, revivir el Imperio Romano y todo tipo de fantasías – juramentos de
sangre y cosas por el estilo – que inspiraban especialmente a los jóvenes de
aquella Edad Romántica.
No es
posible ver cuán influyente fue cada una de estas pequeñas sectas. Es evidente
que desempeñaron un papel crucial, porque, en el momento oportuno, en muchas de
estas revoluciones aparecieron agentes que orientaron a la gente en la
dirección correcta para poder imponer sus ideas revolucionarias. Pero esto es
secundario, ya que nada de lo alcanzado habría perdurado si el espíritu de la
época no hubiera estado abierto a ello. Y es precisamente ese espíritu de la
época lo que queremos examinar, porque es lo fundamental.
En la
próxima conferencia examinaremos también a la reacción conservadora en contra
de la Revolución, para ver si podemos hacernos una idea de la mentalidad en
formación del siglo XIX que dio origen al mundo actual, donde las ideas y los
gobiernos revolucionarios se enfrentan al llamado “conservadurismo”. Veremos si
esto puede llamarse conservadurismo o no. De hecho, encontraremos algunas ideas
revolucionarias muy interesantes en medio de estos conservadores. Trataremos
principalmente la época postnapoleónica, porque fue entonces cuando los
pensadores tuvieron que detenerse y preguntarse cuál era el significado de la
Revolución y cuál debía ser el rumbo a seguir.
Lo
primero que sucedió tras el derrocamiento de Napoleón y el colapso de la
Revolución Francesa, es que Europa – bajo la dirección del magnífico y
romántico Alejandro de Rusia, que
llegó a Occidente decidido a reconstruirla – entró en lo que se llamó la “era
de la reacción política”. La dinastía Borbón fue restaurada bajo el hermano de
Luis XVI, Luis XVIII, quien estaba bastante dispuesto a vivir bajo las nuevas
condiciones. Y en realidad no fue una gran restauración. Se trataba de una idea
nueva: una monarquía constitucional. No era el antiguo absolutismo del siglo
XVIII. Por lo tanto, las ideas revolucionarias ya habían obtenido cierta
aceptación.
Esta
restauración se asoció con la reapertura de las iglesias; por supuesto, habían
estado abiertas durante el reinado de Napoleón, pero ya no existía un Napoleón
que difundiera la Revolución por todas partes. Y había una especie de libertad
de prensa, mediante la cual circulaban todo tipo de ideas descabelladas, pero
también ideas conservadoras. Sin embargo, bajo la superficie de esta sociedad,
bajo la monarquía restaurada en Francia, corría una fuerte corriente de
agitación revolucionaria, no porque la población estuviera especialmente
insatisfecha con su situación – aunque había muchas quejas, sobre todo en plena
expansión industrial, cuando la condición de los trabajadores empeoraba cada
vez más – sino sobre todo porque esas ideas estaban en el aire. La derrota de Napoleón no las
hizo desaparecer: siguieron conformando el clima de los tiempos, el espíritu de
la época.
En
Francia hubo un estallido revolucionario en 1830 en el que finalmente la
dinastía Borbón fue expulsada. Y el pobre Carlos X tuvo que dejar sus pantuflas
atrás mientras huía en su carruaje hacia Inglaterra. Entonces llegó la dinastía
de Orleans, creo que un primo del último rey borbón. Y él era muy popular,
incluso había participado en la Revolución, y se autoproclamo rey "por la
gracia de Dios y del pueblo", es decir, unió ambos conceptos. Pretendía
ser tanto tradicionalista como revolucionario. Y veremos más adelante lo que
Nicolás I en Rusia pensaba de eso. Pero él también fue expulsado, cuando la
nueva Revolución de 1848 lo derrocó.
En la
próxima conferencia veremos un poco lo que ocurrió en esa Revolución, que en
realidad es una repetición de la que ocurrió de 1789 a 1793 – y bastante
hilarante, si no contamos a todas las personas que fueron asesinadas – y que
terminó con el monarca payasesco de Napoleón III, probablemente uno de los
monarcas más frívolos que Europa haya tenido, quien acabó lanzándose
precipitadamente a derrotar a los alemanes, dejando a París desprotegida.
Perdió todos sus ejércitos y París fue tomada por los alemanes en la peor
derrota que Francia haya sufrido. Pero eso ya es tema para la próxima lectura.
La
mayoría de los historiadores consideran la historia del siglo XIX como la
batalla entre la reacción, – resumida en el nombre de Metternich, el primer
ministro de Austria y en la Santa Alianza, es decir, todas las naciones cuyos
monarcas habían sido restaurados – y la revolución o la libertad, mientras
obreros y burgueses intentaban obtener su libertad de los nobles y los reyes.
Pero esta es una visión muy superficial. La verdadera lucha se libró a un nivel
mucho más profundo.
Esta
época – no solo la posterior a 1815, sino incluso la que comenzó una o dos
décadas antes, toda la época de la Revolución y la primera parte del siglo XIX
– es la era del Romanticismo. En esta época, las ideas ilustradas sobre la
razón, el humanitarismo, las ideas de Voltaire y Diderot, los derechos del
hombre, la elaboración de constituciones, el análisis racionalista de las cosas
y las deducciones lógicas que habrían de salvar a la humanidad, todo esto es
rechazado. No obstante, el rechazo se debe únicamente a su carácter unilateral;
muchas de las ideas más positivas – el ideal humanitario y el derrocamiento del
antiguo sistema absolutista – no son realmente repudiadas. Más bien emerge un
sentimiento irracional, procedente directamente de Rousseau, ya en el siglo
XVIII, una “religión del sentimiento” y una simpatía hacia lo misterioso y lo
místico en general. Pero ahora todo esto queda reducido a la realidad de este
mundo. Emerge una profunda simpatía por la Edad Media y el pasado nacional de
cada país, a diferencia de la Ilustración, que había sido una época
internacionalista.
Así que
encuentras a personas como los hermanos Grimm recopilando cuentos de hadas y
las canciones y relatos populares del pueblo. Y en lo que respecta a la
religión, por supuesto, hay un gran resurgimiento del catolicismo; y ahora se
vuelve de moda dejarse ver en la Misa. Pero al mismo tiempo se convierte en
algo nuevo. No es exactamente como era en el antiguo régimen. Tiene un ambiente
muy mundano, centrado en este mundo, y durante varias décadas hay un gran
resurgimiento del ocultismo. Todo esto existe también ya desde antes de la
Revolución. Y se puede decir que hay una búsqueda de una especie de nuevo
cristianismo que armonice con la filosofía de la Ilustración, que conserve los
mejores rasgos de la filosofía ilustrada y rechace su unilateralidad, como el
anticristianismo de Voltaire y el ateísmo de los pensadores posteriores.
Es la
época de los grandes poetas románticos, de la fascinación por lo maravilloso,
de una religión de la inspiración y el entusiasmo, de nuevas revelaciones, de
poetas arrebatados por su imaginación, escribiendo poemas y relatos sobre las
ruinas, la luz de la luna, la oscuridad y todos los aspectos sombríos y
misteriosos de la existencia.
Es la
época de Cagliostro, quien, por cierto, estuvo involucrado en uno de los
complots para derrocar al rey en 1789, y Franz Anton Mesmer, el hipnotizador.
De hecho, uno de los escritores franceses de esta época, Johann Kaspar Lavater,
afirmaba que Mesmer iba por ahí poniendo sus manos sobre la cabeza de las
personas, las hipnotizaba, las curaba y hacía toda clase de cosas semejantes.
Según él, esto era el equivalente moderno de la imposición de manos de los
Apóstoles, lo cual hoy aparece en el movimiento carismático. Y Saint-Martin, el
llamado “filósofo desconocido”, estuvo involucrado en una de estas logias que,
de hecho, ayudaron a inspirar la revolución, y se mezcló profundamente con el
ocultismo.
Puede
decirse que esta es la segunda etapa del romanticismo en la historia de Europa,
habiendo sido la primera la medieval. Entre
ambas están el desarrollo científico y la era de la razón. Pero ahora aparece
una reacción que quiere volver a algo parecido a la Edad Media, solo que este
romanticismo ya no va a darse dentro del catolicismo, sino desde fuera.
Había
una profunda conciencia en este período de que el pasado, aunque hubiera una
restauración política y un anhelo por él, y poesía escrita sobre la Edad Media,
y todos se entusiasmaran con los vitrales, etc., no podía ser recuperado: la
vieja Europa, el Antiguo Régimen, habían desaparecido. Y sin embargo, existía un poderoso
trasfondo de anhelo por una nueva unidad, por una nueva especie de edad de oro,
algo semejante a la medieval, en la que todos estuvieran inspirados por un
ideal común, en el que las artes florecieran y las ciencias avanzaran
armoniosamente. Este sentimiento, este deseo de una nueva unidad es, como
veremos, una idea profundamente quiliástica. Todo este período, que incluye a
la Revolución y el romanticismo de poetas y artistas, el misticismo de sectas y
logias – e incluso, como veremos, de sectas cristianas – representan un
estallido de gran magnitud del entusiasmo quiliástico.
En este
momento hay tantos profetas, tantas personas que han encontrado la respuesta.
Se les ha revelado cuál es el futuro de la humanidad, cuál es la verdad.
Esto se
parece al movimiento de los primeros anabaptistas que ya vimos, y a las sectas
que se les relacionaban; pero ahora se desarrolla a una escala mucho más
amplia, pues no se limita al ámbito religioso y sectario, sino que entra de
lleno en la filosofía y la política.
En el
siglo XVIII hay muchas de estas sectas quiliastas, los shakers, los rappitas, y
así sucesivamente. Y en este mismo tiempo, un poco más tarde, surgen otras
sectas quiliastas, la de los adventistas, los mormones y muchos, muchos otros,
los Irvingitas, y así sucesivamente. Veremos algunas de ellas en un momento. Y
éstas son sólo un pequeño reflejo de esta actitud mental que penetró
profundamente en los hombres de esta época y que continúa incluso hoy.
Intentaremos
ver a todas estas juntas, porque es usual pensar que la mentalidad sectaria es
una cosa, y la mentalidad de las personas ilustradas, personas que van a la
universidad y tienen títulos y demás y son capaces de pensar racionalmente, son
algo diferente. Pero veremos aquí que en esta época todas estas corrientes
están muy mezcladas.
retrato de Novalis (1772-1802)
4.
Ejemplo: Poeta romántico alemán, Novalis. Schenk: págs. 13-15
Pondremos
como ejemplo de esta mentalidad quiliástica un par de citas del poeta romántico
alemán Novalis, quien escribió una novela, creo que titulada Hans von
Ertandinger, una de las primeras novelas románticas sobre la búsqueda de la
misteriosa flor azul, en la que escribió algunas cosas sobre sus ideas quiliastas.
Por cierto, él y otros grandes “pensadores” que inspiraron este movimiento
nacieron alrededor del año 1770. Es el año en que nacieron Beethoven,
Saint-Simon, Owen y Fourier; Novalis también nació en 1772 y murió, me parece,
a los 29 años, a comienzos del siglo.
Novalis
dijo:[1]
«“La
Cristiandad debe ser nuevamente vital y efectiva, (…). Aún no hay religión.
Primero debemos fundar una escuela de formación de la religión genuina. ¿Creéis
que hay religión? La religión debe ser creada y producida a través de la unión
de un número de hombres. Los gérmenes más completos de la nueva religión se
encuentran en el cristianismo, pero también están comparativamente descuidados.”»
Y en
otro pasaje:
«“¿quién
dice que la Biblia está terminada? ¿No puede ser que la Biblia esté en proceso
de crecimiento?».
Un
discípulo de Novalis escribió en 1797:
«“¡O,
estas personas ciegas que hablan de ateísmo!. ¿Existe ya un teísta? ¿algún
intelecto humano ya domina la idea de la divinidad.?”»
«Novalis,
vio en la religión cristiana el germen de la democracia.»
«También
es, creo, muy significativo que Novalis incluso anticipará la expectativa
socialista utópica y marxista de que no habrá necesidad de un orden legal en la
sociedad del futuro, o al menos que el número de leyes disminuirá, porque, las
leyes son el complemento de los caracteres imperfectos»
«En
el panfleto [de Novalis] Die Christenheit oder Europa… Encontramos
en él el mismo énfasis sobre la importancia primordial de la religión: es
imposible que los poderes seculares encuentren su equilibrio, un tercer
elemento; secular y trascendental al mismo tiempo, puede sólo cumplir esta
tarea. Sólo la religión puede despertar nuevamente a toda Europa, sólo ella
puede salvaguardar a las naciones.» (…)
«Novalis,
como tantos utópicos, volvió sus ojos al pasado lejano: “los príncipes remitían
sus disputas al padre del Cristianismo [el Papa], y voluntariamente arrojaban
sus coronas y dignidades a sus pies.” Aquí tenemos un ejemplo típico de una
utopía que se sitúa en un periodo pasado; “Una nueva edad de oro, con rasgos
paradisíacos, con un profeta taumaturgo que nos sanará, nos consolará y nos
dará la esperanza de una vida eterna”. Y en otro pasaje: “El viejo y el nuevo
mundo están comprometidos en una guerra... Quizás en estos acontecimientos,
como en las ciencias, el último objeto histórico de la guerra fuese un contacto
más estrecho entre los estados europeos» El sueño último de Novalis era que
Europa despertara nuevamente y que los estados se fundieran en uno solo.
D.
Quiliasmo en los primeros profetas socialistas: los socialistas utópicos.
1. Robert
Owen[2].
1771-1858
a. Vida:
páginas 5-7.
b. New
Lanark (aún existe sin cambios hoy en día): Comunidad industrial bajo
un capitalista benevolente. 20.000 visitantes entre 1815-1825, incluyendo a
Nicolás I. La fábrica de hilado de algodón más grande de Gran Bretaña. 1500
empleados. Jornada de 12 horas, salarios bajos, pero con muchos beneficios
laborales: alquiler bajo, atención médica gratuita, escuelas, alimentos a
precio de costo. Producía orden, pulcritud y regularidad. Aspectos de la vida:
página 158. Pero más tarde él vio que la fábrica no era lo ideal.
c.
Antecedentes de sus ideas posteriores en el comunitarismo religioso: Sectas
milenarias del siglo XVIII-XIX: Comunidad de Ephrata, Hermanos Moravos (y más
tarde movimientos similares como el mormonismo y el adventismo); especialmente
influenciado por los Shakers y los Rappitas, e intentó sus experimentos
comprando el pueblo Rappita de Harmony, Indiana. El experimento de Owen
constituyó una continuación secularizada de un experimento de carácter
religioso.
d. New
Harmony: Comunidad agrícola idílica descrita por un discípulo (páginas
58-59). Pero de ideas radicales: fin del sistema familiar (páginas 58-60).
Buscaba, como varios de los primeros socialistas, una “ciencia del hombre”. El
owenismo no degeneró en una secta; tenía un tono sectario desde el principio.
Los Shakers y los swedenborgianos se convirtieron en owenistas y los owenistas
se convirtieron en Shakers (ejemplo en la página 108). Un discípulo quería ser
nombrado “obispo” (página 124). El propio Owen se sentía el apóstol de una
misión. (página 134).
e. Owen
en América: Página 106. Descripción de New Harmony (páginas
164-165). El entusiasmo se desvaneció rápidamente. Los experimentos comunistas
en América en 1840 fueron Fourieristas.
Representación utópica de New
Harmony (Indiana), EE. UU., según las propuestas de Robert Owen (1838).
g. Owen es
capturado por el espiritismo: Páginas 250-251.
2. Fourier
(1772-1837)
a. Vida:
Hijo de un rico comerciante de telas, con buena educación, formado en Francia,
Alemania, Italia. Heredó muchas propiedades de su padre, pero las perdió en la
Revolución de 1803. Publicó un artículo sobre política europea que interesó a
Napoleón. Se convirtió en un pequeño empresario y dedicó su tiempo libre a su
trabajo sobre la nueva organización de la sociedad.
b.
Ideas: Contra el individualismo y la competencia (es decir, el liberalismo), ideo
una nueva teoría de cooperación para el desarrollo armonioso de la naturaleza
humana, y desarrollo libre de la naturaleza humana mediante la indulgencia sin
restricciones de las pasiones, lo que resultaría – según él – en armonía (este
descubrimiento, en su opinión, lo equiparaba al descubrimiento de la gravedad
de Newton, tal como también lo pensó Saint-Simon). Quería reorganizar toda la
sociedad sobre esta base: la sociedad estaría compuesta de “falansterios” – de
diseño uniforme – de 1600 personas cada uno, un edificio común (falansterio) y
tierra. El trabajo sucio lo harían los niños, nadie estaría obligado a hacer
algo que no le gustara. Se abolía el matrimonio y se lo sustituía por nuevos
acuerdos.
c. Nadie
prestó atención a sus dos primeros trabajos, su tercer trabajo en 1829, “El
nuevo mundo industrial”, comenzó a atraer discípulos; atacó a Owen y a
Saint-Simon en su obra “El charlatanismo de dos sectas.” Un discípulo fundó una
comunidad en 1832, pero fracasó rápidamente; Fourier esperó en vano a que un
capitalista rico diera dinero para nuevos experimentos.
d. Realizó
profecías fantásticas sobre un paraíso futuro en la tierra: el mar se
convertiría en limonada, los hombres medirían 7 pies de altura, vivirían hasta
los 144 años, tendrían 120 años de amor libre. Los hombres progresarían; habría
30 millones de científicos tan grandes como Newton y 30 millones de poetas tan
grandes como Shakespeare.
e. Brook
Farm en Massachusetts, iniciada en 1841 para combinar al pensador y al
trabajador, se convirtió en una falange fourierista en 1845, pero colapsó en
1847. Dostoyevski y otros se vieron influenciados.
3. Saint-Simon
1760-1825
a. Vida:
páginas xix-xxv. [3]
«Claude
Henri de Rouvroi, Conde de Saint-Simon, nació en 1760 y murió en 1825. Fue en
cierto sentido hijo tanto del Antiguo Régimen como de la filosofía de la
Ilustración. Saint-Simon luchó en la batalla de Yorktown por la “libertad
industrial”, y, hacia los veinte años, concibió algunos planes de construcción
de canales que unieran el Pacífico con el Atlántico en Nicaragua, y a Madrid
con el mar. Al regresar a Francia, utilizó su riqueza para reunir a los
científicos más eminentes de Francia como sus tutores. Su riqueza, rápidamente
derrochada, fue recuperada durante la Revolución, cuando logró asegurar la
compra de tierras de la Iglesia, aunque casi perdió la cabeza bajo Robespierre.
Nuevamente se rodeó de los sabios de la época, viajó a Alemania e Inglaterra, e
intentó sin éxito casarse con Mme. de Staël. Lentamente, sus ideas sobre el
método científico, el industrialismo y la aplicación de la ciencia a la
organización social tomaron forma sistemática; y a partir de 1802, aparecieron
en una corriente constante de panfletos y libros. Cayendo nuevamente en la
pobreza, Saint-Simon se volvió dependiente de la caridad de un antiguo
sirviente. Después de 1810, estuvo rodeado por un grupo de jóvenes ingenieros
de la École Polytechnique, entre los cuales destacaban Augustin Thierry y
Auguste Comte, quienes actuaron como sus secretarios y colaboraron en sus
escritos. Aparentemente decepcionado por su falta de éxito en persuadir a los
gobernantes y a la intelligentsia para que apoyaran su propuesta de
reconstrucción social, Saint-Simon intentó suicidarse en 1823. Su última
obra, El Nuevo Cristianismo, con su religión de hermandad humana,
apareció en el año de su muerte, 1825.»
«Saint-Simon
reconoció a [Condorcet] como una de las influencias más fuertes en su propio
pensamiento. [En los escritos de Condorcet] Saint-Simon vio la perfección de la
metodología científica como la base del progreso humano. En una última fase,
Saint-Simon en El Nuevo Cristianismo abogó por una religión
basada en el amor fraternal y preocupada por lograr la bendición en la tierra.
La preocupación básica de la religión debía ser la mejora más rápida de la
suerte de los pobres.»[i]
«El
término “Saint-Simonianismo” se refiere aquí a los discípulos de Saint-Simon.
Debe quedar claro que el saint-simonismo, aunque mantuvo ciertos principios
básicos, desde sus inicios hasta su disolución, experimentó continuos cambios
en otros aspectos. Sin embargo, existía un común denominador en su intento de
poner fin a lo que se consideraba la situación revolucionaria de la época.»[ii]
«La
teoría fue expuesta en una serie de conferencias públicas que se celebraban
quincenalmente a partir del 17 de diciembre de 1828, y conocidas como La
Doctrina de Saint-Simon. Una Exposición. Primer Año (1828-29).
Durante
esta segunda fase del movimiento sansimoniano, surgió gradualmente un énfasis
religioso y político más fuerte que tendió a subordinar el interés
científico-industrial inicial. Este nuevo énfasis llevó al establecimiento de
una iglesia saintsimoniana organizada jerárquicamente a finales de diciembre de
1829, la doctrina se propagó a través de sermones públicos y enseñanzas en
París, misiones enviadas a las provincias y a Bélgica, panfletos, y sobre todo
a través de las páginas del semanario Organisateur y el
diario Globe. El Globe, que había sido el famoso
periódico liberal de los años veinte, se volvió sansimoniano en noviembre de
1830, después de la conversión de su gerente, Pierre Leroux, a la nueva
religión. A través del Globe, los saints simonianos alcanzaron su nivel
más alto de notoriedad.» [iii]
«La
Iglesia saint-simoniana prefiguró la estructura básica y la filosofía de la
religión de la humanidad de Comte, en sus últimos años. Buchez, el posterior
socialista católico, fue miembro de la jerarquía saintsimoniana. Heine y Franz
Liszt asistían regularmente a las reuniones dominicales. Karl Leil y Mies se
correspondían con la sociedad. Sainte-Béuve y George Sand expresaron su gran
interés y aprobación, mientras que Lamartine, Balzac y Lamennais la observaban
con emociones encontradas. Stenhall, Bechamin-Kahnstein y Fourier consideraron
la nueva filosofía lo suficientemente importante como para atacarla. Incluso
Goethe, aunque criticaba el colectivismo saint-simoniano, recibía regularmente
el Globe.
La
nueva religión afirmaba tener más de 40,000 adeptos a mediados de 1831, y era
bien conocida por toda persona educada en Europa.»[iv]
«La
desintegración de esta segunda fase, durante la cual el saint-imonismo se
ocupaba principalmente de la reorganización social, fue precipitada por el
conflicto dentro del movimiento sobre la cuestión de la mujer, mientras había
habido un acuerdo general de que la mujer, tradicionalmente explotada como el
trabajador, debía ser emancipada socialmente. Surgió una nueva orientación bajo
el liderazgo de Enfantin que enfatizaba cada vez más la importancia de la
cuestión de la mujer, finalmente abogaba por el amor libre, e identificaba el
resultado de la historia con la emancipación y santificación de la carne. Este
feminismo acentuado llevó a un cisma, a la ruptura de Bazar con el Movimiento,
la consiguiente partida de otros miembros, y a persecuciones legales después de
enero de 1832, apareció el último número del Globe, y se puede
decir que la segunda fase de la historia del movimiento había terminado.»
«En
la tercera fase, caracterizada por un feminismo acentuado y un pensamiento
religioso panteísta después de 1832, la preocupación por los problemas sociales
y políticos disminuyó. Los saint-simonianos estaban ahora menos interesados en
propagar la fe que en prepararse para un tiempo más, propicio mediante la
educación de una jerarquía. Se retiraron a una vida monástica, los juicios que
resultaron en el encarcelamiento de Enfantin debilitaron aún más el movimiento,
que se disolvió como grupo organizado después de la partida de Enfantin a
Egipto en busca de la “mujer Mesías”. Más tarde en el siglo, los saints
simonianos serían prominentes en proyectos financieros e industriales, como la
creación del Crédit Mobilier, la extensión de la red ferroviaria francesa y la
construcción del canal de Suez.»[v]
b.
Influencias del quilíasmo secular. Especialmente de Lessing [Gotthold Ephraim
Lessing] con su filosofía de la eterna búsqueda y la religión del corazón, y a
través de él, de Joachim de Fiore. Lessing: “Si Dios tuviera encerrada en su
mano derecha toda la verdad y en su izquierda el único impulso que mueve a
ella, y me dijera: «¡Elige!», yo caería, aun en el supuesto de que me
equivocase siempre y eternamente, en su mano izquierda, y le diría: «¡Dámela,
Padre! ¡La verdad pura es únicamente para ti!»”[vi]
Sin embargo, creía en una revelación que llevó al género humano a partir de etapas
inferiores hasta alcanzar etapas superiores, en la que el hombre podrá
progresar hasta el estado de no necesitar creer en la vida futura para hacer el
bien. Sino que hará el bien por sí mismo, entonces vendrá el Evangelio eterno,
la tercera edad del Espíritu Santo.
Es el
ideal de los masones, que esperan el amanecer de la nueva era, y de derribar
las barreras de la religión, el Estado y la nacionalidad.
(En
resumen: era un romántico incluso en el siglo de las Luces: Dios es el alma del
mundo)
De
este modo, Owen fue influido por los sectarios; Fourier por los
revolucionarios; y Saint-Simon por la tradición quiliástica de Joaquín de
Fiore.
Conde de Saint-Simon (1760 -
1825)
c.
Filosofía: La Nueva Era (New Age). pág. 4; [4]
«“No
han existido muchas doctrinas filosóficas que merezcan ese nombre, sino que han
existido estados generales de la humanidad; pero el fenómeno de un orden social
estable sólo ha aparecido dos veces en el curso de la civilización a la cual
pertenecemos y que forma una cadena ininterrumpida que llega hasta nuestros
días. Estos dos estados fueron la Antigüedad y la Edad Media. El nuevo estado
general que proclamamos para el futuro formará el tercer eslabón de esta
cadena. No será idéntico a sus predecesores, pero tendrá ciertas analogías
sorprendentes con ellos en lo que respecta al orden y a la unidad. Sobrevendrá
después de diversas crisis que nos han perturbado durante tres siglos.
Finalmente aparecerá como consecuencia de la ley del desarrollo de la humanidad.”»
Causa
del mal de hoy: pág. 11.
«“Declararemos
que la causa del mal debe buscarse en la falta de unidad en la perspectiva
social, y el remedio se encontrará en el descubrimiento de esta unidad.”»
Vivimos
en las ruinas de la Edad Media: pág.
18.
«“habitamos
en medio de los escombros. Los escombros vivos de la sociedad medieval que
continúa lamentando su destino.”»
No
debemos sólo negar la Edad Media págs. 22-3-4:
«“Se
estimó que la solución del problema consistía en anteponer un signo negativo a
todos los términos de la fórmula de la Edad Media; pero semejante solución sólo
podría engendrar anarquía.
Nosotros,
que no aceptamos ni la Edad Media ni el constitucionalismo, saltamos más allá
de los límites del presente… Se acerca el tiempo en que las naciones
abandonarán las banderas de un liberalismo desordenado e irreflexivo, para
entrar con amor en un estado de paz y felicidad, venciendo la desconfianza y
reconociendo que un poder legítimo puede existir sobre la Tierra.”»
Visión
unitaria del futuro. págs. 24-5.
«“La
doctrina que nosotros proclamamos dominará todas las facultades del hombre, al
hombre entero, para dar a las tres grandes facultades un propósito común y una
dirección armoniosa. Mediante ellas, las ciencias realizarán un progreso
unificado hacia el desarrollo más rápido, la industria; regulada en interés de
todos, ya no presentará el espantoso espectáculo de una arena [de lucha], y las
bellas artes, una vez más animadas por una ardiente simpatía, nos revelarán los
sentimientos de entusiasmo de una vida en común, cuya suave influencia se hará
sentir en las alegrías más secretas de la vida privada.”»
Los
tiempos se han cumplido, pág. 40.
«“Líbrense
de todo miedo, señores. Y no luchen contra el torrente que los lleva hacia un
futuro feliz. Pongan fin a la incertidumbre que debilita sus corazones y los
golpea con impotencia. Abracen el altar de la reconciliación amorosamente,
porque los tiempos se han cumplido y la hora está a punto de sonar cuando,
según la transformación saint-simoniana de la palabra cristiana, todos serán
llamados y todos serán elegidos.”»
Lo
antiguo debe ser destruido, pág. 50.
«“Para
la felicidad de la humanidad es necesario que la obra de destrucción a la que
se ha aplicado este método con tanto efecto, se complete.”»
La
nueva etapa será la final. pág. 56-7.
«“Hoy
la humanidad avanza hacia un estado final en la que estará libre de las largas
y dolorosas alternativas, y bajo este estado el progreso se desarrollará sin
interrupciones, sin crisis, en un ritmo continuo, regular y constante.
Marchamos hacia un mundo donde la religión y la filosofía, los cultos y las
bellas artes, el dogma y las ciencias ya no estarán en oposición.”»
«“La
destrucción del antiguo orden de las cosas ha sido tan profunda como podía
serlo, dado que aún no había sido revelado el nuevo orden destinado a
reemplazarlo.”»
Objetivo:
asociación universal = hermandad, pág. 58.
«“Esta
sucesión continua de aparente grandeza y declive aparente, llamadas de manera
común como vicisitudes de la humanidad. No es más que la serie regular de
esfuerzos realizados por la humanidad para alcanzar un objetivo final.
Este
objetivo es la asociación universal, es decir, la asociación de
todos los hombres en toda la superficie del globo en todas las esferas de sus
relaciones.”»
El
cristianismo fracasó, pág. 60, 71.
«“El
cristianismo, cuyo principio y fuerza expansiva hace mucho tiempo se agotó.
Abrazó en su amor y santificó por su ley sólo uno de los modos de existencia
humana. Y no logró establecer su dominio ahora fallido sobre más de una parte
de la humanidad. Todo el mundo está progresando hacia la unidad de doctrina y
acción. Esta es nuestra profesión de fe más general. Esta es la dirección que
un examen filosófico del pasado nos permite trazar, hasta el día en que este
gran concepto, nacido del genio de nuestro Maestro, junto con sus desarrollos
generales, pueda convertirse en el objeto directo de los esfuerzos del espíritu
humano. Todo progreso social anterior debe considerarse como preparatorio.
Todos los intentos de organización como iniciaciones parciales y sucesivas al
culto de la unidad y al reino del orden sobre todo el globo, la posesión
territorial de la gran familia sobre todo el globo, la posesión territorial de
la gran familia humana.”»
El
futuro es religión. pág. 202-3.
«“Ciertamente
no pretendemos ser héroes por introducirles los fundamentos de una nueva
religión. En este siglo indulgente, o más bien indiferente, todas las
opiniones, como sabemos, pueden aparecer sin peligro, especialmente cuando
parecen no ir más allá de los estrechos confines de una escuela filosófica.
Pero también sabemos que estamos hablando a hombres que se consideran
superiores porque son incrédulos, y que sonríen despectivamente ante todas las
ideas religiosas, relegándolas a la oscuridad de épocas pretéritas, a lo que
llaman como infancia de la humanidad y barbarie de la Edad Media. No tememos
desafiar esta sonrisa. El sarcasmo volteriano y el desprecio arrogante del
materialismo moderno pueden disipar de los corazones de algunos hombres la vaga
sentimentalidad común hoy en día, pueden ahuyentar y confundir ese tipo de
religiosidad individual que en vano busca formas de expresarse, pero son
impotentes para destruir la convicción profunda.
Sí,
señores, hemos venido aquí para exponernos a este sarcasmo y desprecio. Porque
siguiendo a Saint Simón y en su nombre, venimos a proclamar que la humanidad
tiene un futuro religioso, que la religión del futuro será mayor y más poderosa
que todas las del pasado, que será, como aquellas que la precedieron, la
síntesis de todas las concepciones de la humanidad y, además, de todos los
modos de ser, no sólo dominará el orden político, sino que el orden político
será totalmente una institución religiosa, porque nada se concebirá fuera de
Dios ni se desarrollará fuera de su ley. Añadamos finalmente que esta religión
abarcará todo el mundo porque la ley de Dios es universal.”»
Ciencia
y religión. pág. 206, 266.
«“Adoptemos
el punto de vista religioso, pero uno más elevado y más amplio que cualquiera
de los que la humanidad ha tenido hasta ahora. Mientras la ciencia conserve su
carácter ateo, considerado fundamental para ella, la ciencia no dará expresión
a la facultad del hombre de conocer sucesiva y progresivamente las leyes por
las cuales Dios gobierna el mundo: en resumen, el plan providencial. Ninguno de
los descubrimientos en los que el ateísmo, cuando se siente amenazado, se
apoya, podrá escapar a la fórmula: Así se da a conocer Dios.
No,
señores, no es el destino de la ciencia – como parecen creer muchos – ser la
enemiga eterna de la religión y restringir constantemente el ámbito de la
religión hasta despojarla por completo algún día. Por el contrario, la ciencia
está llamada a extender y fortalecer continuamente la religión, puesto que cada
avance de la ciencia ofrece al hombre una perspectiva más amplia de Dios y de
sus planes para la humanidad.
Prevemos
un tiempo, no muy lejano, en el que las ciencias, liberadas de la influencia de
los dogmas de la crítica y vistas de una manera mucho más amplia y general que
hoy en día, ya no serán consideradas antagónicas a la religión, sino más bien
como los medios dados a la mente humana para conocer las leyes por las cuales
Dios gobierna al mundo: el plan providencial.”»
Tributo
a la revolución es obra de destrucción. pág. 208-9.
«“Hemos
mostrado anteriormente que las épocas críticas pueden dividirse en dos periodos
distintos, uno forma el comienzo de esas épocas durante las cuales la sociedad,
unida por una ferviente fe en las doctrinas de la destrucción, actúa en
concierto para derrocar la antigua institución religiosa y social, el otro
comprende el intervalo que separa la destrucción de la reconstrucción, durante
el cual los hombres, disgustados con el pasado y las incertidumbres del futuro,
ya no están unidos por ninguna fe ni empresa común.
Lo
que hemos dicho sobre la ausencia de moralidad en los periodos críticos se
refiere sólo al segundo de los dos periodos que incluyen, pero no en absoluto
al primero, ni a los hombres que figuran en él y que, a través de algún tipo de
inconsistencia, predican el odio a través del amor, llaman a la destrucción
creyendo estar construyendo, provocan el desorden porque desean el orden, y
establecen la esclavitud en el altar que erigen a la libertad. Señores,
admiremos a estos hombres, tengámosles lástima sólo por haber recibido la
terrible misión que han cumplido con devoción y amor por la humanidad. Tengámosles
lástima, porque nacieron para amar y toda su vida estuvo dedicada al odio. Pero
no olvidemos que la lástima que nos inspiran debe ser una lección para
nosotros, que debe aumentar nuestros deseos y confirmar nuestras esperanzas en
un futuro mejor, en un futuro en el que los hombres que son capaces de amar
puedan aplicar su amor sin cesar.”»
El
hombre debe tener fe. pág. 221.
«“La
humanidad nunca carece de fe, no será necesario preguntar si el hombre tiene la
inclinación de creer, así como tampoco será necesario preguntar si algún día
renunciará al amor.
Más
bien, se trata simplemente de saber en quiénes y en qué ideas depositará su
confianza y qué garantías pedirá antes de abandonarse a ellas.”»
Nuevo
profeta. pág. 213.
«“No
dudamos en decir con ustedes que lo que no es ateísmo hoy es ignorancia y
superstición, pero si queremos curar a la humanidad de esta herida, si queremos
que abandone las creencias y prácticas que consideramos indignas de ella, si
queremos que deje la iglesia de la Edad Media, debemos abrir la iglesia del
futuro. Estemos listos, como ha dicho De Maistre, para un tremendo evento en el
orden divino hacia el cual, como todos deben notar, estamos marchando a una
velocidad acelerada. Digamos con el que ya no hay religión en la tierra y que
la humanidad no puede permanecer en este estado, pero más afortunados que De
Maistre, ya no esperaremos al hombre de genio que él profetiza y que, según él,
pronto revelará al mundo la afinidad natural de la religión y la ciencia. Saint
Simon ha aparecido.”»
La
religión del futuro. pág. 265.
«“Al
proclamar que la religión está destinada a afirmar su dominio sobre la
sociedad, ciertamente estamos tan lejos de sostener que cualquiera de las
instituciones religiosas del pasado deba ser restablecida como de afirmar que
debemos llevar a la sociedad de vuelta al antiguo estado de guerra o
esclavitud. Proclamamos un nuevo estado moral y político. Este es, asimismo, un
nuevo estado religioso. Para nosotros, religión, política y moral son
simplemente nombres diferentes para el mismo hecho. La religión del futuro está
llamada a ocupar su lugar en el orden político, pero para ser exactos, cuando
se considere en su totalidad, la institución política del futuro debe ser una
institución religiosa.”»
d.
Importante: Vemos que la nueva visión del mundo debe ser religiosa. El
socialismo no es suficiente, debe haber una síntesis de
política-ciencia-religión, (como una especie de teoría del campo confinado de
la mente). Hoy vemos el gran defecto del marxismo; no es religioso y la
humanidad debe tener religión, como vio Saint Simon. Este
nuevo cristianismo es un intento exhaustivo de completar el proceso iniciado en
la Edad Media: mejorar el Cristianismo.

