Miriam Lambouras
Hace tiempo que deseábamos publicar este artículo, pues
creemos que su mensaje es oportuno e importante. Dudamos porque nos llegó justo
después de comenzar «Toda la Armadura de la Verdad» de San Nicolás Varzhansky,
y no queríamos que dos textos extensos y por entregas, ambos de contenido
confesional, aparecieran a la vez. Ahora que nos acercamos al final del texto
de San Nicolás, nos complace presentar «Apariciones marianas». El trabajo será
extenso, pero creemos que vale la pena. Surgió a raíz de una correspondencia
entre la autora y nuestra hermandad. A ella le inquietaba, como a nosotros, que
muchos cristianos ortodoxos peregrinaran sin discernimiento a santuarios
marianos y que a veces las iglesias y parroquias patrocinaran activamente estas
peregrinaciones. Nos pidió orientación, pero pronto quedó claro que su
conocimiento del tema superaba con creces el nuestro y que sus percepciones
eran plenamente ortodoxas. Su trabajo nos ha instruido y esperamos que instruya
también a otros. Quizás algún día pueda publicarse la obra completa, como bien
merece, en forma de folleto. La autora, que mantiene desde hace años
correspondencia con nuestra hermandad y es amiga nuestra, se convirtió a la
Santa Ortodoxia y es feligresa de la Parroquia de la Catedral Patriarcal Rusa
en Ennismore Gardens, Londres. (De los editores de The Shepherd, donde
este artículo apareció por primera vez.)
Exceptuando Walsingham, en mis lejanos días anglicanos, los
santuarios marianos nunca me habían interesado demasiado. Por supuesto, conocía
algunos de los más importantes —Lourdes, Fátima y, más recientemente,
Medjugorje—, y sabía que mientras muchas personas (en su gran mayoría católicos
romanos, claro está) consideraban estas apariciones una señal directa del
Cielo, otros (principalmente protestantes) las tenían por una especie de
alucinación o incluso por delirio demoníaco. Como no era miembro de la Iglesia
Católica Romana, no sentía obligación ni inclinación alguna de dedicarles mucha
atención. Pero al enterarme de que un sacerdote ortodoxo había peregrinado a
Lourdes y de que la esposa de otro sacerdote ortodoxo organizaba una visita
anual a Lourdes con un grupo de mujeres ortodoxas, se despertó mi interés y
empecé a sentir un fuerte impulso de examinar más de cerca las apariciones
marianas y sus santuarios.
Mi principal fuente de información sobre las apariciones y
los santuarios fueron libros de autores católicos romanos. Me sorprendió
enormemente descubrir cuán numerosos eran, y al final me limité a solo quince,
prestando especial atención a la Medalla Milagrosa, La Salette, Lourdes,
Fátima, Garabandal, Zeitoun, Medjugorje y Hriushiw. A Walsingham no le dediqué
atención alguna, pues parece pertenecer a una categoría algo diferente, en el
sentido de que su razón de ser es honrar directamente el misterio de la
Encarnación, con el Hijo de Dios como figura central. El protestante más
acérrimo difícilmente podría objetar esa intención, por mucho que desaprobara
el modo concreto en que se rinde dicho honor.
Cuanto más leía, más convencida estaba de que todo el asunto
era considerablemente más complejo que una simple elección entre revelación
divina, por un lado, y delirio demoníaco, por otro. Otros factores parecían
intervenir con distinta relevancia según el santuario: factores psicológicos,
la cuestión de la manipulación eclesiástica y la implicación papal, elementos
nacionalistas y políticos, la presencia de algo mucho más antiguo que el
cristianismo —a saber, el culto a la diosa— y, finalmente, la posibilidad de
una conexión con el sincretismo de la Nueva Era y el neopaganismo.
Un aspecto que me interesó particularmente, y que parece
haber recibido poca atención, fue la cuestión de los fenómenos solares
presenciados en la mayoría de los lugares de aparición desde Fátima en
adelante. ¡No tenía idea de que esto me adentraría en el mundo de los ovnis!
Las conclusiones a las que finalmente llegué —y a veces
parecía haber más preguntas que respuestas, con muchos cabos sueltos que no
encajaban— son fruto exclusivo de mis propios razonamientos. Bien puede ser que
quienes son mucho más competentes que yo para juzgar estos asuntos interpreten
las cosas de otro modo. Desde el principio fue más una exploración que otra
cosa. Cuando empecé, no tenía ni idea de adónde me conduciría. Un breve resumen
de los santuarios mencionados puede ayudar a situar el contexto general.
Algunas apariciones marianas
1)
Hacia 1295, Duns Escoto, un franciscano escocés
en Oxford, defendía la Inmaculada Concepción frente a Tomás de Aquino y los
dominicos. En 1708, la fiesta de la Inmaculada Concepción se declaró día santo
de obligación universal. En 1830, Catalina Labouré, una joven monja de París,
tuvo una visión de la llamada Medalla Milagrosa. Era propensa a las visiones:
ya había visto el corazón de San Vicente, a Nuestro Señor en el Santísimo
Sacramento y a Cristo Rey. Como deseaba ardientemente ver también a la
Santísima Virgen, solicitó la intercesión de San Vicente, y su deseo le fue
concedido. Un niño pequeño vestido de blanco (su ángel guardián) la condujo a
la capilla del convento a altas horas de la noche, donde vio a la Señora, habló
con ella y la tocó. Más adelante, ese mismo año, la Señora, vestida de blanco,
apareció en la capilla con una serpiente bajo los pies, rodeada por un marco
ovalado con las palabras: «María, concebida sin pecado, ruega por nosotros que
recurrimos a ti». Una voz ordenó a Catalina que hiciera acuñar una medalla, la
cual otorgaría grandes gracias a quienes la llevaran. El reverso de la medalla
debía mostrar una «M» coronada por una cruz, junto con los corazones de Jesús y
María. Catalina siguió oyendo la voz de la Señora en sus oraciones. La medalla
tuvo un gran éxito y propició una mayor confianza en las oraciones de la
Virgen, la Mediadora de todas las gracias, así como una creciente demanda
popular de que la Inmaculada Concepción se convirtiera en dogma oficial. El
converso judío Marie-Alphonse Ratisbonne, que más tarde sería sacerdote,
llevaba la medalla para complacer a un amigo católico cuando, en 1842, se
convirtió tras ver una visión de la Virgen de la Medalla Milagrosa. (Su hermano
ya era sacerdote católico romano). Dedicó el resto de su vida a la conversión
de los judíos y construyó el convento Ecce Homo de las Hermanas de Sion en la
Vía Dolorosa de Jerusalén.
2)
En 1842, en La Salette, Francia, dos
pastorcillos —un niño de once años, Maximino, y una niña de catorce, Melania—
vieron un destello repentino de luz del que surgió una señora vestida de blanco
y oro, con un tocado de rosas en la cabeza. Estaba rodeada de una luz brillante
y lloraba. La Señora se quejó de que se profanaba el domingo y de que los
campesinos blasfemaban contra los santos con sus juramentos. (El Cura de Ars y
otros clérigos denunciaban regularmente estos mismos pecados en sus sermones).
Si no había enmienda, sobrevendrían grandes desastres —la cosecha se perdería y
la gente moriría de hambre—, pues la Señora ya no podía impedir que su Hijo
infligiera el castigo. El discurso de la aparición era muy similar a una «Carta
Caída del Cielo» que circulaba por entonces. El párroco declaró que la Señora
era la Santísima Virgen; las apariciones fueron aprobadas posteriormente por el
obispo de Grenoble y comenzaron las peregrinaciones. Melania se hizo monja y
siguió recibiendo visiones y revelaciones. Maximino intentó sin éxito hacerse
sacerdote y vivió siempre endeudado.
Santuario de Nuestra Señora de La Salette, Francia. Fuente: Wikimedia
Commons / Tylwyth Eldar, CC BY-SA 4.0.
3) En 1854, la Inmaculada Concepción se convirtió
en artículo oficial de fe en la Iglesia Católica Romana. Solo cuatro años
después, en 1858, tuvo lugar una serie de visiones entre el 11 de febrero y el
16 de julio, que darían lugar al más famoso de los santuarios marianos. En la
gruta de Massabielle, en Lourdes, Bernadette Soubirous, de catorce años, vio
«algo blanco con forma de niña». Al ser interrogada, precisó que se trataba de
«una niña bonita con vestido y velo blancos, faja azul y una rosa amarilla en cada
pie». Más adelante, dijo que la visión se parecía sobre todo a «la Santísima
Virgen de la iglesia parroquial por la ropa y el rostro... pero viva y rodeada
de luz». La Señora, que llevaba un rosario en el brazo, hablaba en el dialecto
local, con mucha cortesía, y pedía penitencia. Bernadette recibió tres
«secretos»; se le pidió que rezara por la conversión de los pecadores y se le
comunicó que la Señora prometía hacerla feliz no en este mundo, sino en el
próximo. La aparición pidió una procesión y una capilla, y ordenó a Bernadette
que cavara en busca de un manantial cuya existencia ya se conocía. Bernadette
rezaba el rosario y entraba en trance. La Señora reveló su nombre: «Yo soy la
Inmaculada Concepción», confirmando así el dogma recién definido. En octubre de
ese año, las autoridades eclesiásticas asumieron el control: las apariciones
fueron confirmadas como de la Santísima Virgen, se autorizó el culto a Nuestra
Señora de Lourdes y se pusieron en marcha los planes para construir un
santuario. En 1933, Bernadette fue canonizada.
Gruta de Massabielle, Lourdes. Fuente: Wikimedia Commons / José
Luiz Bernardes Ribeiro, CC BY-SA 3.0.
4)
En agosto de 1879, quince personas de entre seis
y setenta y cinco años vieron una aparición en el hastial sur de la iglesia
parroquial de Knock, en Irlanda. La visión se presentaba como un tableau: un
altar sobre el que se encontraba un Cordero, ángeles revoloteando por encima y
tres figuras: la Virgen coronada, San José y San Juan Evangelista, vestido de
obispo y aparentemente predicando. Las figuras flotaban ligeramente separadas
de la pared de la iglesia, a unos sesenta centímetros del suelo. Permanecían
inmóviles, salvo que de vez en cuando retrocedían y luego volvían a avanzar. No
se pronunció palabra alguna. Algunos testigos permanecieron hasta dos horas
bajo la lluvia torrencial, rezando el rosario. Esta es la única aparición
conocida del Cordero. Con el tiempo se construyó una pista de aterrizaje
internacional en previsión de grandes oleadas de peregrinos, pero el santuario
nunca llegó a alcanzar gran popularidad. En 1954, el papa Pío XII bendijo el
estandarte de Knock en San Pedro y autorizó la coronación de Nuestra Señora de
Knock. En 1960, Juan XXIII presentó una vela bendita, y en 1967 Pablo VI renovó
las indulgencias para los peregrinos y quienes estuvieran vinculados al
santuario. Juan Pablo II visitó Knock en el año del centenario, elevó la
iglesia a la categoría de basílica y presentó la Rosa de Oro.
5)
En 1917, en Cova da Iria, cerca del pueblo de
Fátima en Portugal, tres primos pastores -Lucía, de diez años, Francisco, de
nueve, y Jacinta, de siete- vieron destellos como relámpagos, tras los cuales
apareció "una señora muy bonita" sobre un árbol, que dijo venir
"del Cielo". La Señora les pidió que acudieran al mismo lugar el día
trece de cada mes durante los seis meses siguientes; entonces les revelaría
quién era y qué quería. Respondiendo a las preguntas de Lucía, la Señora dijo que
ella y Jacinta irían al Cielo, y también Francisco, aunque él tendría que
"rezar muchos rosarios". Una amiguita de los niños que había muerto
recientemente estaba en el Cielo, pero otra permanecería en el Purgatorio
"hasta el fin del mundo". Francisco no pudo ver la visión al
principio y nunca oyó nada. Jacinta veía y oía, pero nunca habló con la Señora.
En otras ocasiones, la Señora les pidió que rezaran el rosario y oraran
especialmente para "salvarse de los fuegos del infierno". A Lucía le fueron
revelados "secretos" y tuvo una visión aterradora del infierno. La
Señora prometió obrar un milagro en octubre. Su madre le pegó a Lucía por
mentir, y el administrador local, un ateo, interrogó a los niños y los
encarceló durante dos días, pero ellos se mantuvieron firmes en su relato.
Santuario de Fátima, Portugal. Fuente: Wikimedia Commons / Therese
C, CC BY 2.0.
El 13 de octubre, un día de lluvia
torrencial, una multitud de setenta mil personas se congregó en la Cova a la
espera del milagro prometido. Según un sacerdote católico, estaban muy
exaltados: se arrodillaban, lloraban y rezaban. La Señora apareció y anunció
que era Nuestra Señora del Rosario y que la guerra terminaría ese día (aunque
en realidad no terminó hasta trece meses después). Luego desapareció y tuvo
lugar el famoso "milagro del sol". La lluvia había cesado, y cuando
Lucía gritó "¡Miren al sol!" (en el que afirmaba ver sucesivamente a
Nuestra Señora de los Dolores, Nuestra Señora del Monte Carmelo, San José con
el Niño Jesús y Nuestro Señor), la multitud clavó la mirada en el sol, que
parecía girar, emitir rayos de colores, zigzaguear de este a oeste,
precipitarse hacia la tierra -lo que hizo que los presentes temieran el fin del
mundo- y regresar a su lugar. No todos los presentes lo vieron, aunque algunas
personas a diez kilómetros de Fátima sí lo presenciaron. Entre otros fenómenos
solares descritos, tanto durante el período de las apariciones como después, se
contaban un sol que proyectaba luz irisada sobre todo, un "globo
luminoso", una "estrella nocturna" y una "lluvia de
flores" (similar a la "lluvia de rosas" que siguió a la muerte
de Teresa de Lisieux, la Pequeña Flor).
Al igual que Melanie de La Salette y
Bernadette de Lourdes, Lucía se hizo monja, y como Melanie, siguió teniendo
visiones y revelaciones. En 1925, la Señora se le apareció con el Niño y el
mensaje de que debía difundirse la devoción al Inmaculado Corazón. Al año
siguiente, el Niño apareció solo. Luego, en 1929, la Señora ordenó que Rusia
fuera consagrada al Inmaculado Corazón: era la primera mención de Rusia.
En 1937, Lucía escribió un relato detallado
de las apariciones, que se fue ampliando con el tiempo e incluía apariciones
previas de un Ángel a los niños.
En 1915, había aparecido "como una
persona envuelta en una sábana"; en 1916, como un joven de quince o
dieciséis años, "más blanco que la nieve", que se presentó como el
"Ángel de la Paz" y les pidió que rezaran por los incrédulos con la
frente en el suelo. Más adelante en 1916, les dijo que era el ángel custodio de
Portugal, que debían rezar y ofrecer como sacrificio todo cuanto hicieran (al
modo de Teresa de Lisieux) para que llegara la paz, y que "los Santísimos
Corazones de Jesús y María" tenían planes para ellos. Todavía en 1916, el
ángel apareció "como una nube con forma humana, más blanca que la nieve,
casi transparente", y dio la Sagrada Comunión a los niños.
En 1941-42, Lucía reveló aún más: escribió
una descripción de su aterradora visión del infierno del 13 de julio de 1917,
con los términos convencionales de fuego rojo, demonios negros, gritos de dolor
y desesperación. También relató que la Señora había advertido de una gran señal
-una noche iluminada por una luz desconocida- que anunciaría un terrible
castigo divino, el cual solo podría evitarse mediante la consagración de Rusia
al Inmaculado Corazón. El papa Pío XII lo hizo en 1952, pues la conversión de Rusia
había sido prometida incondicionalmente. El sacerdote católico P. Martindale
señaló con cierto escepticismo: "¡La conversión del mundo no estuvo
incondicionalmente vinculada al propio Calvario!". El papa Juan Pablo II
repitió la consagración en 1981.
En 1960, el papa Juan XXIII abrió el sobre sellado que contenía el Tercer Secreto de Fátima, pero se negó a revelarlo; sigue sin conocerse. El Concilio Vaticano II reconoció oficialmente las apariciones y el culto a Nuestra Señora de Fátima.
6) En Garabandal, España, tuvo lugar una serie de apariciones entre 1961 y 1965, durante las cuales las videntes, cuatro niñas de entre diez y doce años, afirmaron haber sido favorecidas con dos mil apariciones de la Virgen y el arcángel Miguel. El 18 de junio, mientras jugaban, tras un destello de luz y el sonido de un «trueno», el arcángel Miguel hizo la primera de sus nueve apariciones de ese mes. Las niñas lo describieron como un niño de unos nueve años, vestido de azul con alas rosadas, de piel morena, ojos oscuros y manos y uñas bien cuidadas. Al mes siguiente, ante multitudes de personas, las niñas entraron en un trance de dos horas. Al día siguiente, durante otro trance, vieron a la Virgen vestida de blanco y azul, con una corona de estrellas. Les habló de la siega del heno y de cosas cotidianas. A veces aparecía con el Niño, al que las niñas podían sostener en brazos. Los trances duraban desde unos minutos hasta nueve horas, y mientras estaban en trance, las niñas entregaban a la Virgen objetos sagrados —rosarios, medallas y crucifijos— para que los besara en nombre de los peregrinos. Una gran multitud vio aparecer la Hostia en la lengua de Conchita cuando el arcángel Miguel le dio la comunión. Este «milagro» había sido anunciado de antemano.
Los mensajes contenían advertencias de
grandes castigos, que solo podrían evitarse con muchos sacrificios y
penitencias. Se les pidió que visitaran a menudo el Santísimo Sacramento e
intentaran ser perfectas. Habría un gran milagro en Garabandal en el futuro,
que presenciarían el papa y el padre Pío (quien, por supuesto, murió sin llegar
a verlo), y Rusia se convertiría como resultado. Un joven sacerdote jesuita
tuvo una «visión» del milagro, declaró que aquel era el día más feliz de su
vida y murió al día siguiente. Se dice que el padre Pío creía en las
apariciones. La jerarquía local no, y en cierto momento Conchita confesó, tras
un largo interrogatorio, tener dudas sobre sus visiones. El obispo actual,
nombrado en 1991, ha pedido a Roma que reabra el caso. Algunas personas han
visto bailar el sol, y durante las apariciones se vio una estrella roja con una
cola de fuego. En una ocasión, la Virgen apareció envuelta en una misteriosa
nube de «fuego».
7)
En muchos sentidos, las apariciones sobre la
iglesia copta de Santa María en Zeitoun, El Cairo, fueron las más interesantes
y las más creíbles. No concernían a la Iglesia romana, sino a la Iglesia copta,
y entre los millones de cristianos, musulmanes, judíos y no creyentes que
presenciaron las apariciones en múltiples ocasiones durante tres años
(1968-1971) había obispos coptos, incluido el representante del patriarca
copto. La Iglesia copta reconoció las apariciones como verdaderas
manifestaciones de la Santísima Virgen María, al igual que la Iglesia católica
copta, la Iglesia católica griega y el entonces jefe de la Iglesia evangélica y
portavoz de todas las iglesias protestantes de Egipto. Incluso el director del
Departamento de Información General y Quejas del Gobierno egipcio presentó un
informe a su superior en el que declaraba que era «un hecho innegable que la
Santísima Virgen María ha estado apareciendo en la iglesia ortodoxa copta de
Zeitoun...». La visión guardó un silencio absoluto. No hubo amenazas de
castigo, ni imposición de dogmas o prácticas latinas, ni advertencias
apocalípticas, ni trances.
La aparición se manifestaba sobre las
cúpulas de la iglesia durante dos horas o más cada vez, siempre de noche,
aunque no todas las noches ni a horas fijas. La Señora aparecía envuelta en una
luz resplandeciente —tan brillante que no se distinguían sus rasgos— que se
extendía por toda la iglesia. Siempre iba precedida o acompañada de «palomas»
luminosas, «extrañas criaturas semejantes a pájaros, hechas de luz», que no
batían las alas, sino que planeaban. La figura se desplazaba por las cúpulas,
inclinándose y saludando a las enormes multitudes, que en ocasiones se
calculaban en hasta 250.000 personas. A veces los bendecía o sostenía una rama
de olivo. El representante del Patriarca la describió como «muy serena, llena
de gloria». En ocasiones se la veía con el Niño en brazos, o formando parte de
la Sagrada Familia. Todos rezaban a su manera: los musulmanes recitaban el
Corán sobre sus alfombras de oración, los griegos decían sus oraciones, los
coptos cantaban himnos. Los testigos presenciales mencionaban constantemente
las «palomas». Otros fenómenos observados fueron una «lluvia de diamantes», una
nube roja resplandeciente y nubes ondulantes de incienso. Se produjeron
curaciones espectaculares, médicamente certificadas, aunque, como en otros
santuarios, fueron escasas en comparación con la multitud de enfermos.
8) Con las apariciones que comenzaron en 1981 en Medjugorje, Yugoslavia, se regresó a la atmósfera ya conocida de jóvenes, trances y secretos. Cuatro adolescentes —tres chicas y un chico— de quince y dieciséis años vieron una luz en una ladera una tarde de junio. En la luz había una mujer joven con un niño en brazos. Los llamó, pero huyeron. La tarde siguiente regresaron con dos amigos más —una chica de dieciséis años y un niño de diez—, y todos vieron, esta vez en la colina opuesta, la misma gran luz que rodeaba a la mujer como si estuviera «vestida con el sol»; pero estaban demasiado asustados para acercarse. La tercera tarde, una multitud de cinco mil personas acompañó a los seis jóvenes. Tras tres destellos de luz apareció la Señora, pero solo los seis podían verla: cabello oscuro, ojos azules, vestido gris, corona de estrellas, de pie sobre una nube blanca justo por encima del suelo, tan cerca que podrían haberla tocado. Una de las chicas, con un frasco de agua bendita en la mano, dijo a la aparición: «Si eres Satanás, vete» (!), y recibió la respuesta: «Soy la Virgen María», venida a «convertir y reconciliar». Más tarde la vieron en una cruz de luz irisada, triste, repitiendo: «Paz, paz. Reconciliaos».
Durante los últimos años, la visión
aparecía semanalmente en torno a las seis de la tarde, durante el rezo del
rosario. Iba vestida de gris con velo blanco, pero en Pascua y Navidad llevaba
un vestido con lentejuelas doradas, y sostenía al Niño. A veces la «Gospa»
[Señora] visitaba a los jóvenes en sus casas, especialmente si estaban
enfermos, y rezaba con ellos entre cinco minutos y media hora. Se les mostraron
visiones del cielo, el infierno y el purgatorio. (En el cielo, los ángeles
volaban y personas con túnicas grises, rosas y amarillas caminaban cantando y
rezando. El purgatorio, un lugar de niebla, resonaba con el ruido de
martillazos contra barrotes de prisión. En los fuegos del infierno, hombres y
mujeres emergían ya irreconocibles, sin apariencia humana.) La Gospa les
transmitió mensajes que llamaban a la paz, la conversión, la oración —el rezo
diario del Credo, seguido de siete Padrenuestros, Avemarías y Glorias (una
devoción local)—, la penitencia, el ayuno los miércoles y viernes, y el respeto
hacia otras religiones.
La Gospa dijo a los videntes que sufría por
los pecados de la humanidad, y que ella y Satanás libraban una gran batalla por
las almas. Medjugorje sería el último lugar donde aparecería; todas las
visiones futuras serían falsas. Habría una gran señal en la ladera para
convertir a los incrédulos. Se revelaron diez secretos a los jóvenes,
presuntamente apocalípticos, que advertían de posibles desastres venideros. Del
mismo modo que el Vaticano se niega a revelar el tercer secreto de Fátima, se
cree que los franciscanos minimizan los aspectos más sensacionalistas de las
revelaciones de la Gospa.
El antiguo obispo católico romano de Mostar
se negó a reconocer las apariciones como auténticas, pero el párroco
franciscano, el P. Jozo, respaldado más tarde por el arzobispo de Split,
defendió con entusiasmo a los videntes. El P. Jozo fue encarcelado por las
autoridades comunistas debido a sus actividades relacionadas con las
apariciones. Tras su liberación, fue enviado a la parroquia de Tihaljia, donde,
en la reluciente iglesia nueva, se celebraban servicios de sanación para los
numerosos peregrinos que acudían a ver y hablar con el confidente de los
videntes. La imposición de manos iba acompañada de abrazos, llantos y desmayos.
Entre 1981 y 1990, antes del conflicto bosnio, diez millones de peregrinos de
todo el mundo habían acudido a Medjugorje, entre ellos numerosos
estadounidenses y australianos, así como luteranos, anglicanos y ortodoxos.
Había circulado el habitual aluvión de historias exaltadas: que Cristo había
sido visto en el cielo, que el rosario de una mujer se había convertido en oro
—de 24 quilates en otro caso—, y que alguien había fotografiado a la Virgen.
En 1993, cuatro de los jóvenes seguían
teniendo visiones. Se han atribuido curaciones y se han comunicado diversos
fenómenos. El sol ha girado sobre sí mismo, se han visto misteriosos «fuegos» y
«arcoíris» sin lluvia, una cruz de piedra de nueve metros en la ladera ha dado
vueltas sin cesar, y la palabra «MIR» (Paz) apareció sobre la montaña en letras
de luz blanca, visible para todos en Medjugorje.
9)
Ucrania ha sido territorio de visiones durante
siglos, y en 1987 se dijo que la Virgen había aparecido en quince lugares. El
26 de abril de 1987, una campesina de trece años de Hriushiw vio una luz sobre
una capilla en ruinas. Una mujer vestida de negro, con un niño en brazos,
apareció en la luz y dijo que los ucranianos habían sido elegidos para
reconducir a los rusos hacia Dios. La niña llamó a su hermana y a su madre,
quienes de inmediato declararon que debía de ser la Bogoroditsa [Theotokos],
la Virgen. A partir de entonces, el flujo de personas hacia el pueblo fue en
aumento, hasta que medio millón afirmaron haber visto a la Bogoroditsa, cuya
silueta incluso apareció en televisión el 13 de mayo, aniversario de la
aparición de Fátima. Las autoridades comunistas no lograron contener a las
multitudes, y Pravda lo declaró obra de extremistas que intentaban sabotear la
Perestroika.
No está claro si todos oyeron los mensajes
o si estos fueron transmitidos a través de la campesina Marina, a quien examinó
un psiquiatra y declaró normal. Desde luego, no todos los presentes vieron a la
Virgen: muchos, entre ellos monjes y monjas, no vieron nada. El contenido de
los mensajes parecía ser que la Virgen se lamenta por el estado del mundo, que
los Últimos Tiempos se acercan y que Chernóbil había sido una advertencia para
el mundo. El rosario es un arma poderosa contra Satanás; Ucrania, «mi hija»,
está bajo la protección especial de la Virgen y se convertiría en un estado
independiente. Por haber sufrido más bajo el comunismo, los ucranianos habían
sido elegidos como apóstoles para convertir a Rusia, y si Rusia no se
convertía, habría una tercera guerra mundial. Si permanecían fieles al Papa, se
revelaría el tercer secreto de Fátima.
Como en Zeitoun, las apariciones eran
irregulares y fueron vistas por muchos. La luz que rodeaba la aparición era
«lunar», no «solar», y las palabras empleadas para describirla eran muy
similares: «luz de luna pero no luz de luna», «fosforescente», «resplandor
plateado», «corrientes de luz». Pero en Hriushiw no había espíritu ecuménico.
Los mensajes no contribuían a reducir las tensiones entre uniatas y ortodoxos.
Intervención divina
¿Habla Dios realmente a través de todas, o de alguna, de
estas apariciones? ¿Son auténticas señales del Cielo algunos de los fenómenos
solares relatados, o son falsificaciones?
Creyendo, como creemos, que la Iglesia Ortodoxa es la
Iglesia, en la que se encuentra la plenitud de la Fe Católica —es decir, la Fe
Apostólica en toda su pureza e integridad—, no cabe aceptar nada contrario a la
enseñanza y práctica ortodoxas. Esto debe hacer inmediatamente sospechoso
cualquier santuario o aparición que implique el dogma de la Inmaculada
Concepción o que fomente la devoción no ortodoxa a partes del cuerpo: los
corazones de Jesús y María. (En la Francia del siglo XVII, incluso había
existido devoción al pie izquierdo de la Virgen y a las suelas de sus zapatos.)
Igualmente dudosa sería cualquier sugerencia de reemplazar a
«Cristo nuestro Dios, paciente, misericordioso, compasivo, que ama a los justos
y tiene misericordia de los pecadores» con una figura distante e impersonal de
ira, empeñada en el castigo y la venganza. La aparición de La Salette dijo: «Ya
no puedo contener el pesado brazo de mi Hijo»; la aparición de Fátima: «... ya
está profundamente ofendido». En San Damiano, 1961, «El Padre Eterno está
cansado, muy cansado... Ha liberado al Demonio, que está causando estragos». En
Oliveto Citra, Italia, en 1985, de nuevo escuchamos: «Ya no puedo contener el
brazo justiciero de mi Hijo». Estas afirmaciones se hacen eco de las enseñanzas
desequilibradas, aunque muy populares, de algunos santos y predicadores latinos
del pasado, según las cuales el Reino de justicia de Cristo se oponía al Reino
de Misericordia de María. «Si Dios está enojado con un pecador, María lo toma
bajo su protección, detiene el brazo vengador de su Hijo y lo salva» (Alfonso
de Ligorio). «Ella es el refugio seguro de los pecadores y criminales frente al
rigor de la ira y venganza de Jesucristo»; ella «ata el poder de Jesucristo
para impedir el mal que Él haría a los culpables» (Jean-Jacques Olier).
Los absurdos de La Salette hablan por sí mismos: la
aparición afirmó que había dado a la gente seis días para trabajar y reservado
el séptimo para sí misma (!). Desmond Seward, en The Dancing Sun, afirma
que:
Según los videntes, la Virgen (de Medjugorje) ha dicho que
el mundo atraviesa un período de oscuridad sin precedentes... Satanás... libra
una gran batalla por las almas contra la Madre de Dios, enviada por el Padre
Eterno para advertir y alentar a la humanidad, pues, como Dios le dijo a la
serpiente en el Génesis, la mujer «aplastará tu cabeza».
De ser así, esto perpetúa la traducción errónea de la Biblia
católica romana de Douay del Génesis, capítulo 3, versículo 15. No es la mujer,
sino la simiente de la mujer —Cristo— quien aplastará la cabeza de la
serpiente, mediante Su Pasión y Resurrección.
Los teólogos latinos más cautelosos y sobrios se han sentido
a menudo incómodos con los excesos de sus contemporáneos, pero en muchas
ocasiones el peso del entusiasmo popular ha resultado demasiado fuerte para que
prevaleciera una teología sólida. Louis-Marie Grignion de Montfort (m. 1716)
—un maestro del exceso mariano— conectó estrechamente a la Virgen con la
escatología. Con la Segunda Venida, ella debe ser revelada por el Espíritu
Santo para que Cristo pueda ser conocido, y debe brillar con poder contra los
enemigos de Dios, ya que de alguna manera el diablo la teme más que a Dios
mismo. La idea de la Virgen como aquella que siempre prepara el camino para la
venida de Cristo —no solo Su primera venida física en la Encarnación, sino Su
venida a las almas de los hombres y Su Segunda Venida— ha perdurado hasta los
tiempos modernos. «Así como no habría habido advenimiento de Cristo en la carne
en Su primera venida sin María, tampoco puede haber venida de Cristo en
espíritu... sin que María prepare nuevamente el camino». «Así como ella preparó
Su cuerpo, ahora prepara las almas para Su venida» (Arzobispo Fulton Sheen). En
Zeitoun, «se puede percibir en evidencia el papel salvífico de la Santísima
Virgen, como lo fue en Fátima en 1917. Este papel consiste esencialmente en
preparar el camino para su Divino Hijo, abriendo las almas de la humanidad a Su
gracia redentora». «... [H]abiendo preparado Su camino hace 2.000 años entre Su
propio pueblo», ella «ahora prepara Su camino en las almas de millones de
gentiles de todas las religiones y de ninguna con una Visitación nueva y mayor»
(Francis Johnston: When Millions Saw Mary). Cabe preguntarse si queda
algo que hacer para el Espíritu Santo.
Este pensamiento concuerda bien tanto con la creencia
actual, prevalente en algunos círculos católicos romanos, en una Era Mariana
que ha de preceder a la Segunda Venida, como con el tono marcadamente
apocalíptico de la mayoría de las apariciones. Pero dado que tal papel para la
Madre de Dios no se encuentra ni en la Escritura ni en la Tradición, inspira
poca confianza en la autenticidad de las apariciones.
Una de las características más inquietantes de estas
apariciones es que la Virgen se presenta como una figura autónoma, mientras que
Cristo está extrañamente ausente. Es ella quien llora por el estado pecaminoso
de la humanidad, ella quien decide quién será sanado («a algunos los sanaré,
pero a otros no»). Digan lo que digan los mensajes, es la Virgen por medio de
quien habla el Cielo, no Cristo. La Iglesia Ortodoxa nunca separa a la Madre
del Hijo, y un Cristo ausente o distante sería una imposibilidad, ya que sin
vida en el Dios-hombre Cristo, vivida en el poder del Espíritu Santo, la
Iglesia dejaría de ser la Iglesia.
Factores psicológicos
En la mayoría de las apariciones consideradas, los niños o
adolescentes fueron los únicos o principales videntes, lo que hace probable que
intervenga un elemento de psicología infantil. Para una evaluación exhaustiva
de las visiones y mensajes, sería necesario saber mucho más sobre los niños: a
qué tipo de arte religioso habían estado expuestos, qué sermones habían
escuchado, qué enseñanza habían recibido en la escuela y en el catecismo, y qué
libros religiosos habían leído.
En el caso de Bernadette, por ejemplo, sus visiones no
surgieron de la nada, como a menudo se piensa. Ya estaba familiarizada con la
Medalla Milagrosa (como monja, se dice que la llevaba constantemente), y la
Inmaculada Concepción había sido declarada dogma oficial en 1854, de modo que
durante cuatro años debió de oírla mencionar repetidamente tanto en la iglesia
como en el catecismo, aunque no comprendiera del todo su significado.
Además, las visiones eran algo habitual en la zona de
Lourdes. Los elementos esenciales de la visión de Lourdes —una Señora, una
pastora (Bernadette había trabajado temporalmente cuidando ovejas en el pueblo
cercano de Bartnes), una capilla, procesiones y un manantial con poderes
milagrosos— habían aparecido todos en santuarios de los Pirineos, que en
tiempos medievales estaban en la ruta a Compostela. En 1475, un joven pastor en
Betharvam había visto una visión de una Señora que pidió que se erigiera una capilla.
En 1520, una joven pastora en Gavaison había visto una visión de una Señora y
se repitió la petición de una capilla. Además de Gavaison, otros santuarios
cercanos de la Virgen eran Poeylanum, Heas y Pietat. También estaba Nuestra
Señora de Sarrance, de Bourisp, de Medous, de Nestes, de Buglose. Había además
otros cuatro centros de peregrinación en la región, lo que hacía un total de
catorce centros establecidos cerca de Lourdes.
Fuera genuina o no, la visión de Bernadette encajaba
fácilmente en el patrón local. La zona había estado anteriormente infectada por
la herejía albigense. En una cruzada contra esta herejía particular emprendida
por el Papa Inocencio III, los herejes fueron pasados a espada y la Inquisición
se instaló. Se emplearon los métodos habituales de la Inquisición, que dejaron
tras de sí un pueblo ortodoxo en doctrina (latina), pero sin amor por el clero.
En consecuencia, las visiones eran muy populares, ya que prescindían de la
necesidad de mediación clerical.
Es bien sabido que los niños en cierta etapa de desarrollo
mental, que puede variar considerablemente de un niño a otro, disfrutan
teniendo un mundo secreto inaccesible para los adultos, y a menudo imaginan
situaciones en las que pueden ser importantes. Hay varias similitudes entre La
Salette y Fátima, y Lucía admitió que su madre le había leído la historia de La
Salette. ¿Y hasta qué punto fueron las visiones de Bernadette una forma
inconsciente de compensación? La Señora era pequeña, no más alta que la propia
Bernadette, y se dirigía a la niña enfermiza y de baja estatura, a la que
solían llamar «la pequeña idiota», muy cortésmente como vous. La
atención prestada a los jóvenes «videntes» a causa de sus visiones se vería aún
más realzada por los «secretos» que les fueron confiados —una característica
habitual de las apariciones a adolescentes y niños desde La Salette en
adelante—, lo que aumentaba su importancia a los ojos de los adultos.
También es bien sabido que un pequeño número de personas
—casi siempre niños y adolescentes— demuestran una considerable capacidad
eidética, es decir, la capacidad de «ver» imágenes visuales vívidas de objetos
específicos que no están presentes en la realidad, pero sí en su imaginación
consciente o subconsciente. Hilda Graef menciona en su libro Mary—A History
of Doctrine and Devotion un experimento muy interesante realizado por el
psicólogo C. M. Staehlin, en el que puso a prueba la sugestionabilidad de seis
chicos de quince a dieciocho años: mediante sugestión, les hizo ver una batalla
de guerreros medievales sobre un árbol. Dos chicos no vieron nada en absoluto,
dos «vieron» la batalla pero no oyeron nada, y dos tanto vieron como oyeron el
ruido, incluso los gritos de caballeros individuales. Ninguno de los chicos
había podido comunicarse entre sí; sin embargo, los dos que vieron y oyeron
coincidieron en cada detalle. En las apariciones encontramos lo mismo: el
acuerdo entre los niños, su aparente comunicación telepática, el hecho de que
algunos solo veían mientras que otros tanto veían como oían hablar a la
aparición.
¿Qué papel desempeñaron la sugestionabilidad y las
capacidades eidéticas cuando Eugene Barbadette, de doce años, vio a una Dama
con un manto azul salpicado de estrellas doradas en el cielo de Pontmain,
Francia, en 1871? El techo de su iglesia parroquial estaba pintado de azul con
estrellas doradas. Los vecinos adultos que se congregaron no vieron nada,
aunque otros niños afirmaron ver la aparición. Cuando el párroco llegó al
lugar, la visión se volvió más elaborada: un marco ovalado azul con inscripciones
en su interior (ecos de la Medalla Milagrosa), pequeñas cruces blancas, una
gran cruz roja y cuatro velas que se encendieron solas. El párroco había
erigido previamente cruces blancas por toda la parroquia, estaba dirigiendo a
la pequeña multitud en el rezo del «rosario rojo» en honor a veintiséis
mártires japoneses (lo que pudo haber sugerido la cruz roja), y siempre
encendía cuatro velas después de las vísperas dominicales frente a una estatua
de la Virgen de la Inmaculada Concepción.
Sin embargo, la capacidad eidética y los factores ordinarios
del desarrollo no bastan por sí solos para explicar que los niños se
mantuvieran firmes en sus relatos cuando en algunos casos fueron interrogados
repetidamente, ridiculizados, castigados físicamente por «mentir» e incluso
encarcelados. Tampoco explicarían los trances, que a veces duraban horas,
durante los cuales los jóvenes —en Garabandal, por ejemplo— permanecían
insensibles a las luces intermitentes, las quemaduras de cigarrillos y los pinchazos
con alfileres. Un neurólogo de la facultad de medicina de Barcelona, que
examinó a los videntes de Garabandal durante y después de al menos veinte
trances, no pudo encontrar explicación alguna y los declaró jóvenes
perfectamente normales.
Los psicólogos reconocen que el trance está relacionado con
el éxtasis religioso y las experiencias visionarias, pero también con la
capacidad mediúmnica, mediante la cual pueden producirse efectos físicos
paranormales y materializaciones. Los estados de trance son, por supuesto, bien
conocidos entre los chamanes paganos y los curanderos.
En las ocasiones en que muchos adultos vieron las
apariciones o los fenómenos solares que las acompañaban, no todos los presentes
llegaron a ver nada. Un ejemplo interesante de susceptibilidad adulta a la
sugestión telepática o la alucinación colectiva aparece recogido en Ortodoxia y la religión del futuro del padre Seraphim Rose. A finales del siglo
XIX, algunos pasajeros, en su mayoría ingleses, viajaban a bordo de un barco
que atracó en un puerto de Ceilán de camino a la India. Como disponían de algo
de tiempo, visitaron a un mago-faquir local que, aparentando no percatarse de
su presencia, hizo que la copa del árbol bajo el cual estaba sentado se
desvaneciera y en su lugar apareció una escena increíble: su barco navegando
por los mares. Los asombrados espectadores contemplaron la cubierta a vista de
pájaro y pudieron verse a sí mismos riendo y conversando, al capitán dando
órdenes, a la tripulación trabajando e incluso al mono del barco, Nelly,
comiendo plátanos. La fuente de la historia, un sacerdote-monje ruso, presa del
temor comenzó a rezar en silencio la Oración de Jesús, pues anteriormente había
coqueteado con lo oculto y comprendió quién era el verdadero poder detrás de la
falsa visión. Para él la escena desapareció, mientras los demás seguían
viéndola y maravillándose.
El Regreso de la Diosa
¿Por qué es siempre la Madre de Dios quien supuestamente
aparece en estas visiones? ¿Tenía razón el canónigo John de Satge, un anglicano
evangélico, cuando afirmó que el culto mariano (aquí los ortodoxos
establecerían una clara distinción entre la mariolatría y la veneración
ortodoxa de la Madre de Dios) hundía sus raíces en un paganismo más antiguo, en
la tendencia recurrente de la humanidad a adorar a una diosa madre?
El gnosticismo está claramente vinculado con el clamor
actual por la ordenación de mujeres y el uso de lenguaje inclusivo para Dios,
pero la antigua diosa pagana parece guardar una relación más estrecha con las
apariciones marianas. Los herejes gnósticos permitían que las mujeres
ejercieran el ministerio en igualdad con los hombres como sacerdotes y obispos,
y adoptaron algunas creencias cristianas, distorsionándolas sin piedad para
encajarlas en el sistema religioso-filosófico gnóstico, pero su interés no radicaba
en María, la Madre humana de Dios, sino en Dios «la Madre», es decir, el
Espíritu Santo. Algunos gnósticos desarrollaron una figura inmortal de Sofía y
a veces veían a la Virgen María como una de sus encarnaciones, pero nada parece
indicar que esto condujera a un culto cristiano de María como el que prevaleció
en la Iglesia Romana.
La Gran Madre Universal de los paganos se manifestaba en
diversas formas de la naturaleza, tanto en la tierra como en el cielo. Al
carecer de forma humana, era adorada en lugares sagrados y en alturas marcadas
con pilares. Más tarde fue representada en forma humana, acompañada de palomas
y serpientes que simbolizaban su poder en el aire y en la tierra. Era ante todo
la Portadora y Sustentadora de la vida, la que otorgaba fertilidad al hombre y
a la naturaleza, y, en su papel posterior como Musa, la inspiración que dio
origen a la música, el arte y la poesía.
A medida que las sociedades se fusionaron e influyeron
mutuamente, la Diosa se fragmentó y se identificó con deidades locales,
adoptando sus características. Como Neith, traída de Libia a Egipto, era una
virgen-madre cósmica que «dio a luz al Sol y se convirtió en madre cuando
ninguna otra había dado a luz hijos todavía». Como Isis, le dice a un
suplicante que en muchos lugares diferentes ella, la única, es «adorada bajo
muchos aspectos, conocida por muchos nombres»: Madre de dioses, Artemisa,
Afrodita, Madre del Maíz, Perséfone la Doncella por excelencia. Del mismo modo,
la Dama de las apariciones es venerada en muchas localidades bajo diversos
nombres y aspectos: Nuestra Señora del Rosario, Virgen de los Pobres, Madre de
la Consolación, la Inmaculada Concepción, etcétera.
Un himno babilónico a Ishtar la saluda como Reina de todos,
quien en su piedad devuelve la vida a los muertos, cura a los enfermos y salva
a los afligidos, pero que tiene también un lado «oscuro», y en la epopeya de
Gilgamesh decide caprichosamente la destrucción de la humanidad. El escritor
católico romano del siglo XIX Robert Hugh Benson percibió este aspecto oscuro
de la Señora de Lourdes. Escribió:
María, entonces, se me ha revelado bajo una nueva luz desde
que visité Lourdes. En el futuro no solo odiaré ofenderla, sino que también la
temeré. Es algo terrible caer en las manos de esa Madre que permite que el
enfermo quebrantado se arrastre por Francia hasta sus pies y luego se arrastre
de vuelta. Es una de las Marías de Chartres la que se revela aquí, oscura,
poderosa, dominante y casi inexorable: no la María de una tienda de artículos
religiosos que mora entre oropeles y tuberosas.
Sin duda los hombres pensaban así de la Magna Mater hace
mucho tiempo, o de Artemisa, bastante benigna en Atenas pero oscura y terrible
como Diana de Éfeso. Geoffrey Ashe (Miracles, 1978), al comentar el
«milagro del sol» supuestamente realizado por la Dama de Fátima, escribió:
«Incluso aceptarlo como obra de María es sin duda admitir que ella tiene un
aspecto alarmante e inescrutable, que no encaja bien con las ideas cristianas sobre
ella».
Si la Diosa desempeña un papel en las visiones marianas,
Francia parecería ofrecer un terreno naturalmente fértil para ellas, ya que
allí, en general, la Diosa parece haber sido benigna y propicia. Había existido
un templo de Isis en Soissons, un fuerte culto a la madre en la región de
Tréveris, el culto a la Madre Tierra prevalecía en las regiones del Sena, Oise
y Tarn, y abundaban los santuarios dedicados a diosas menores protectoras de
los manantiales. También había ninfas encantadoras que protegían manantiales,
rocas y aguas, y una multitud de «damas blancas», descendientes de la Madre
Tierra.
En Roma, Cibeles, la Gran Madre de los dioses, una divinidad
importada de Asia Menor, fue considerada responsable de la derrota de Aníbal y
llegó a tener un séquito duradero. Una característica especial de las estatuas
de Cibeles era que estaban coronadas y eran llevadas de un lugar a otro. De
manera similar, una evolución posterior de las apariciones ha sido la solemne
coronación de estatuas marianas y su procesión de un lugar a otro,
especialmente en Fátima. En 1864, la Virgen de Garaison fue coronada con
permiso papal (Pío IX), seguida por La Salette (León XIII) y Fátima (Pío XII).
En 1954 fue coronada Nuestra Señora de Knock, Reina de Irlanda. Ya antes, en
1732, con permiso de Clemente XII, la Virgen de Svata Hora en Eslovaquia había
sido coronada con la diadema del Sacro Emperador Romano. Que la Madre de Dios,
en representación de la humanidad redimida, es glorificada y reina con Cristo
está fuera de toda duda, pero esta coronación terrenal tiende a separarla de
nosotros y a oscurecer el hecho de que su corona celestial no es la «diadema»,
el emblema real de la monarquía, sino el stephanos, la corona de
laureles otorgada a quienes resultan victoriosos en la batalla de la vida, la
recompensa por luchar fielmente, alcanzada a través del sufrimiento y la
purificación, la corona con la que todos los cristianos esperan y rezan ser
coronados.
Adorada en todo el mundo, la Diosa colmaba una profunda
necesidad de la psique humana: el Eterno Femenino. Unas veces actuaba por
derecho propio como única deidad suprema, otras como compañera en pie de
igualdad de una divinidad masculina, y otras en una relación Diosa-Esposa/Hijo.
Solo entre los hebreos, guiados por sus profetas de monoteísmo férreo e
intransigente, no había lugar para la Diosa; e incluso ellos, rodeados como
estaban de sociedades politeístas, a veces recaían en el culto pagano. Entre los
hebreos, las serpientes de la Diosa, símbolos benignos de curación y sabiduría,
quedaron reducidas a un tentador maligno, y Eva, la madre de todos los
vivientes, se convirtió en una suerte de Pandora que desató el pecado y la
muerte sobre la humanidad. La paloma, la otra acompañante de la Diosa, no
corrió la misma suerte, probablemente por su conexión con Noé y el Arca. La
Señora de Zeitún tiene sus «palomas» como acompañantes, y la serpiente aparece,
en la forma judeocristiana aceptada como símbolo del mal, bajo los pies de la
Señora de la Medalla Milagrosa, mientras que la visión de Medjugorje libra una
batalla por aplastar la cabeza de la serpiente.
Si es correcta la suposición de que existe una conexión
entre la Diosa y las apariciones, ¿cómo logró afianzarse en la Iglesia latina
sin ser descubierta?
Los misioneros apostólicos partieron de un contexto
estrictamente monoteísta para encontrarse con sociedades inmersas en un mundo
de dioses y seres humanos semidivinos. Sin duda, muchos conversos al
cristianismo no pudieron desprenderse fácilmente de las viejas formas de
pensar, ni siquiera después del Bautismo.
Por el Padre de la Iglesia Epifanio sabemos de una secta,
compuesta principalmente por mujeres, apodada los Coliridianos. Originaria de
Tracia, para el siglo IV se había extendido hasta la Alta Escitia
(aproximadamente al oeste y norte del mar Negro) y Arabia. Al parecer, se
inspiraba en los acontecimientos del Evangelio, combinados con una leyenda al
estilo de Elías sobre la pureza de María y su «no-muerte». San Epifanio afirma
que las «sacerdotisas de María» la adoraban como diosa por derecho propio, la Reina
del Cielo, con rituales mucho más antiguos que el cristianismo, y que «adornan
una silla o trono cuadrado, extienden un paño sobre él y, en cierto momento
solemne, colocan pan encima y lo ofrecen en nombre de María». Recordando a los
judíos condenados por el profeta Jeremías, que hacían ofrendas similares a la
«Reina del Cielo» —en su caso, Astarté—, advierte contra la adoración de la
Virgen con la misma energía con que había advertido contra la falta del debido
respeto hacia ella. Es la septuagésima novena herejía de una larga lista
impugnada por Epifanio; sin embargo, de algún modo parece más una religión
distinta que una desviación cristiana: la antigua religión pagana de la Diosa
bajo su nueva manifestación, «María». Si bien es poco probable que los
Coliridianos como tales influyeran en la Iglesia, esto muestra cómo pueden
surgir tales distorsiones de la verdadera fe. Podría ser que una versión más
ortodoxa de algunas de sus ideas resultara afín a ciertos conversos de origen
pagano, y que permaneciera latente hasta que la combinación adecuada de
circunstancias permitiera que echaran raíces. Mientras trabajaba en este
estudio sobre las apariciones, comencé a percibir lo que parecía la presencia
de otra religión que discurría en paralelo al cristianismo; por eso me interesó
descubrir que el novelista francés decimonónico Émile Zola había experimentado
una sensación similar y creía percibir «casi una nueva religión» en Lourdes.
Dentro de la Iglesia, Cristo [es] el Segundo Adán, pero una
vez que se empezó a ver a la Virgen, en cierto sentido, como la Segunda Eva
(sin la más mínima concesión al paganismo, por supuesto), era probable que esto
evocara en los espiritualmente débiles la relación Diosa-Hijo/Esposo; mientras
que el título de Theotokos, aunque concernía únicamente a la enseñanza de que
Cristo era Dios, bien podría haber evocado el recuerdo de Cibeles, Gran Madre
de los dioses, salvo que este era en realidad un título aún mayor: la Madre de Dios.
A medida que el paganismo se desmoronaba y las deidades locales eran
destronadas, lo más frecuente era que la Madre de Dios ocupara su lugar como
patrona de manantiales curativos y montañas sagradas, asociados durante largos
siglos con la peregrinación. En Occidente, donde la base teológica y litúrgica
era quizá más endeble, durante la Edad Media «Nuestra Señora» de un distrito
llegó a adquirir una personalidad casi independiente de la Virgen de un
santuario rival. Sir Thomas More, el mártir católico Tudor, comentó: «Harán
comparaciones entre nuestra señora de Ipswich y nuestra señora de Walsingham,
creyendo que una imagen tiene más poder que la otra».
Nada de esto sucedió en Oriente. Arraigada firme y
sobriamente en la sólida teología de la Ortodoxia, y nutrida espiritualmente
por una liturgia vernácula, la Madre del Señor encajaba de forma natural en su
lugar legítimo dentro de un conjunto perfectamente equilibrado y armonioso. La
distorsión occidental de la doctrina de la Santísima Trinidad derivada del
Filioque, con su degradación (casi involuntaria) del Espíritu Santo, junto con
los acontecimientos históricos que sacudieron al Imperio Occidental —la invasión
de tribus bárbaras y sus consecuencias—, fueron aislando cada vez más a la
Iglesia de Occidente de la Ortodoxia pura de la Iglesia de Oriente.
Con la restauración del orden y un gobierno estable al final
de la llamada Edad Oscura, la Iglesia de Occidente se halló con un laicado en
gran medida analfabeto y semibárbaro. Los eclesiásticos tuvieron que
proporcionar los secretarios y juristas que necesitaban los gobernantes laicos.
En consecuencia, el Papado acabó dependiendo de juristas eclesiásticos, y esto
daría a la Iglesia romana la perspectiva legalista y la filosofía sistemática
que constituyen sus rasgos distintivos. El estamento eclesiástico adquirió una
autoridad preponderante y, con el celibato obligatorio de los sacerdotes, «la
Iglesia» pasó a significar, en el lenguaje común, el clero. Una teología
trinitaria defectuosa, un énfasis excesivo en las enseñanzas agustinianas sobre
el pecado original y la Redención, junto con una jerarquía exclusivamente
masculina, condujeron a la pérdida del elemento femenino en el cristianismo
occidental y crearon un «vacío con forma de Diosa». La Virgen María era la
candidata obvia para colmar ese vacío.
Por el contrario, en la Iglesia Oriental la Tradición se
transmitió sin cambios de generación en generación. Salvo por la traicionera
Cuarta Cruzada, el Imperio romano de Oriente permaneció invicto hasta la
llegada de los turcos. Siempre existió un laicado independiente y de elevada
formación. Con un emperador poderoso, nunca hubo oportunidad —ni necesidad ni
deseo— de someter todo el poder laico a la autoridad del Patriarca, y «la
Iglesia» siguió designando a todo el cuerpo de los fieles, pasados y presentes,
incluidos los ángeles. Los sacerdotes casados garantizaban que el sacerdocio no
constituyera una clase aparte. (Como hoy, el sacerdote vive en el mismo tipo de
casa que sus feligreses: un sacerdote de aldea en Chipre puede ser también el
zapatero del pueblo, y no es raro ver a un papás griego, con sotana y sombrero
de copa, llevando de la mano a un hijo pequeño y con una cesta de la compra en
la otra). No había ningún vacío con forma de Diosa que colmar en la Ortodoxia,
y anclada firmemente en la teología e himnología ortodoxas, la santa Virgen, más
honorable que los querubines y sin comparación más gloriosa que los serafines
en virtud de su Maternidad Divina, siguió siendo una mujer con una naturaleza
humana en todo semejante a la nuestra, completamente purificada por el Espíritu
Santo en la Anunciación para poder dar una naturaleza humana al Logos Eterno.
En la Iglesia latina, la exageración mariana alcanzó cotas
cada vez más altas, frenada solo brevemente por la Reforma protestante. La
Virgen había «añadido cierta perfección al Hacedor del universo» al darle una
naturaleza humana —visión diametralmente opuesta a la de la Escritura y la
Ortodoxia, que veían la Encarnación como una kénosis, un vaciarse de sí mismo
por parte de Cristo—: «aunque era rico, por amor a nosotros se hizo pobre». La
fantasía más extravagante de Bernardino de Siena, la «seducción de Dios», se
describió en un lenguaje más propio de una leyenda griega sobre Zeus que del
Gran Misterio de la Encarnación. La Virgen era superior a la Iglesia... tenía
autoridad sobre su Hijo en el cielo... aplacaba la justicia divina e impedía
que Dios castigara a los pecadores... ella y el Espíritu Santo engendraban a
Cristo en las almas. «Ni siquiera la lengua del Espíritu Santo» bastaba «para
celebrar dignamente sus alabanzas». Por desgracia, los autores y predicadores
de semejantes disparates ofensivos fueron canonizados con frecuencia, lo que
naturalmente se interpretó como signo de aprobación oficial. Tales distorsiones
bien podrían ser el sustrato del que nacen las apariciones marianas. La Diosa,
o al menos un ser semidivino, había regresado.
Cabe señalar que John Henry Newman (cardenal) estaba
horrorizado ante todos estos excesos. Aunque aceptaba la Inmaculada Concepción,
consideraba que las exageraciones populares y otras desviaciones de la
enseñanza patrística estaban «calculadas para... inquietar las conciencias,
provocar la blasfemia y causar la pérdida de almas». Con un curioso toque
nacionalista, señaló que todas estas devociones y enseñanzas eran claramente
obra de extranjeros, no de ingleses.
El Papa Juan XXIII aún consideró necesario recordar a su
grey: «La Madonna no se complace cuando se la coloca por encima de su Hijo».
Huelga decir que tales excesos han caído en desuso en el clima ecuménico
actual. Desconozco qué dice la guía actual, pero la Guía Oficial de Lourdes de
1980 advertía contra «una devoción superflua a la Virgen, basada en baratijas,
rosarios y medallas: una perversión de la religión auténtica, rayando en la
superstición». Con todo, no creo que la Diosa vaya a dejarse desplazar tan
fácilmente.
Política, nacionalismo e intervención eclesiástica
¿Cómo adquirieron estas apariciones fama nacional e incluso
internacional? ¿Cómo es posible, por ejemplo, que las visiones —reales o
imaginarias— de una joven convirtieran Lourdes no solo en un destacado centro
religioso de la Iglesia católica romana, sino en una potente industria
turística, una «Disneylandia religiosa» con más peregrinos que Tierra Santa,
más hoteles que cualquier ciudad francesa salvo París y Niza, una fábrica que
produce más de una tonelada de velas al día, y tiendas de recuerdos donde pueden
comprarse Vírgenes en bolas de nieve, Vírgenes en televisores y botellas de
agua bendita con forma de Madonna de un metro de altura, con coronas doradas
desmontables para rellenarlas? Por supuesto, todo este comercialismo lamentable
y de mal gusto nada tiene que ver con la autenticidad de las visiones.
La política y la manipulación eclesiástica (junto con la
llegada del ferrocarril) tuvieron su peso. En Francia se había producido una
reacción contra la Revolución Francesa anticlerical y el espíritu racionalista.
Las visiones marianas respondían a la demanda popular y, alentadas por las
autoridades eclesiásticas, resultaron decisivas para revitalizar un catolicismo
en declive. De hecho, Lourdes dio tal impulso al marianismo en el siglo XIX que
surgió un movimiento rival para fomentar la peregrinación a santuarios
directamente vinculados con Cristo. Una vez más vemos la separación entre la
Madre y el Hijo. Que la propia devoción de Bernadette estuviera centrada en
Cristo y no en María pudo ser una de las razones por las que su maestra de
novicias, la Madre Vauzou, nunca se convenció de que sus visiones fueran
auténticas.
El padre Peyramale, párroco de Lourdes, que había apoyado a
Bernadette y construido una capilla en la gruta, fue rápidamente relegado por
los Padres de Garaison, predicadores profesionales de misiones populares
enviados por el obispo de Tarbes para hacerse cargo de Lourdes como parte de la
campaña de renovación religiosa. El obispo había reconocido las apariciones
desde el principio y autorizado el culto. Los Padres de Garaison fueron
instalados para dirigir la misión a los peregrinos, distinta de la parroquia, y
al parecer los intercambios entre ellos y el padre Peyramale fueron
extremadamente agrios y vengativos. La disputa entre la parroquia y la gruta
continuó tras la muerte del padre Peyramale, con pleitos de «horrible
complejidad». La «feroz sátira de cura-come-cura de Zola se basaba en hechos
sólidos» (Alan Neame: The Happening at Lourdes).
La Tercera República consideraba las manifestaciones
religiosas pro-realistas, y estallaron disturbios anticatólicos con ataques a
los peregrinos. La respuesta de las autoridades eclesiásticas fue organizar una
concentración católica nacional en Lourdes en 1872, a la que asistieron nueve
obispos y veinte mil personas, lo que reforzó aún más a Lourdes como centro
religioso.
Todos los papas modernos han sido marianistas, y Juan Pablo
II dio un impulso adicional a Lourdes con su apoyo personal y su visita al
santuario, la primera de un pontífice.
En la época de las visiones de Fátima, Portugal atravesaba
un periodo de severo anticlericalismo. Una república de izquierdas había
sustituido a la antigua monarquía, y el país sufría huelgas, delincuencia,
corrupción, atentados con bomba, inflación y escasez de alimentos, a lo que se
sumaba la complicación de la Primera Guerra Mundial. Se consideraba a la
Iglesia católica romana firme partidaria de la monarquía depuesta, y al clero
se le restringía la predicación y se le prohibía vestir de sotana. A partir de
1926, la Iglesia recuperó su antigua posición. El Vaticano, animado por el
éxito de Lourdes, desempeñó un papel decisivo en la promoción de Fátima como
santuario de categoría y autenticidad equiparables.
El compromiso de los papas con Fátima ha sido muy marcado.
Pío XII, gran devoto de Fátima y ferozmente anticomunista, consagró el mundo al
Inmaculado Corazón de María en 1942, y en 1954 realizó una consagración
especial de Rusia siguiendo las indicaciones de Lucía, la visionaria
superviviente. Pablo VI, que otorgaría a la Virgen un nuevo título, «Madre de
la Iglesia», visitó Fátima en 1976. El papa Juan Pablo II, cuyo lema es «Soy
completamente tuyo, María» y que al parecer lleva la letra M bordada en sus vestiduras,
es también ferviente partidario de Fátima; tras el fallido atentado contra su
vida (atribuyó su salvación a Nuestra Señora de Lourdes), hizo engastar la bala
en la corona de la Virgen de Fátima. Las supuestas directrices relativas a
Rusia están detrás de la actual campaña de proselitismo del Vaticano en Rusia,
sin precedentes hasta la fecha.
También hubo una dimensión política en Turzovka
(Eslovaquia), Medjugorje y Hriushiw, en el enfrentamiento con el comunismo, y
en los dos últimos casos un fortísimo componente nacionalista y vaticano.
Medjugorje es un enclave croata en Herzegovina, de mayoría ortodoxa y
musulmana. El nacionalismo croata siempre ha ido de la mano del catolicismo
romano («ser croata es ser católico»). Durante la Segunda Guerra Mundial, Pío
XII, en su miedo paranoico al comunismo, no hizo nada por detener la masacre de
750.000 serbios ortodoxos a manos de los ustachas croatas fascistas del títere
«Estado Independiente de Croacia» creado por los nazis. El cardenal Stepinac de
Zagreb veía a la Iglesia ortodoxa como un mal «casi mayor que el
protestantismo», y frailes franciscanos dirigían los campos de concentración
más notorios. En las inmediaciones de Medjugorje, cincuenta hombres, mujeres y
niños fueron arrojados desde lo alto de un acantilado, y todos los monjes de un
monasterio ortodoxo cercano fueron enterrados vivos. Resulta interesante
señalar que, mientras el antiguo obispo católico romano de Mostar, monseñor
Pavao Žanić, denunció las visiones como «fruto del fraude, la desobediencia a
la Iglesia y la enfermedad», estas fueron acogidas con entusiasmo por el
párroco franciscano de Medjugorje, que oyó una «voz» que le ordenaba proteger a
los videntes. Cuando se resuelvan los conflictos en la antigua Yugoslavia,
Medjugorje está llamado a retomar su papel como parte de la industria turística
(católica romana) y centro de peregrinación internacional.
Durante siglos ha existido tensión en lo que hoy es Ucrania
entre la Iglesia ortodoxa y el Vaticano a causa de las actividades de los
uniatas, que de nuevo protagonizan una campaña militante y agresiva orquestada
por extremistas nacionalistas y religiosos. Hriushiw se inscribe sin dificultad
en este patrón, con su eco de Fátima en la llamada a la conversión de Rusia y
los mensajes de la aparición según los cuales los ucranianos han sido
especialmente elegidos para esta misión.
De paso, cabe mencionar también la mezcla
nacionalista-religiosa en las Vírgenes de Guadalupe (México) y Czestochowa
(Polonia). En 1531, una Virgen «morena» o india se apareció a un campesino
azteca y le pidió que solicitara al obispo la construcción de un santuario en
el lugar de la aparición, que casualmente era un importante lugar sagrado de la
religión indígena. Su imagen quedó milagrosamente impresa en la tilma del
campesino. La autoestima india frente al hombre blanco quedó restaurada,
mientras la autoridad eclesiástica se regocijaba por haber obtenido una ayuda
vital para convertir a ocho millones de indios al catolicismo romano en solo
cuatro años. En 1910, el papa Pío X proclamó a la Virgen de Guadalupe
«Emperatriz de las Américas».
La Virgen de Czestochowa, en el monasterio de Jasna Góra, es
sinónimo del catolicismo romano y el nacionalismo polacos. La capilla que
alberga el icono se encuentra en el centro de «un enorme complejo, un centro de
peregrinación sumamente organizado», regentado por los padres paulinos. La
Virgen se descubre cuatro veces al día: al son de una fanfarria de trompetas,
un cortinaje de plata se eleva lentamente. Cabría pensar que todos los grandes
santuarios marianos llevan el doble sello de la eficiencia romana y la
escenografía profesional. En 1717, la «Reina de Polonia y Gran Duquesa de
Lituania» fue solemnemente coronada por decreto formal del Parlamento polaco.
Tales títulos seculares resultan extrañamente incongruentes
cuando se otorgan a aquella cuyo sublime título, Madre de Dios, no admite mayor
gloria. Las palabras de un escritor católico romano sobre Lourdes parecen
aplicables por igual a otros santuarios marianos: «un bastión del poder
temporal de un Papado infalible».
[Nota del editor: conviene señalar aquí dos puntos. El
primero es que en Częstochowa el icono es, por supuesto, un icono ortodoxo y
tiene su lugar en nuestro calendario; las objeciones aquí planteadas se
refieren al culto que lo rodea. En segundo lugar, existe un santuario mariano,
Knock en Irlanda, cuya primera promoción bien pudo haber sido instigada por un
sentimiento antinacionalista más que nacionalista. Se ha sugerido que los
británicos encontraron la promoción del culto sumamente útil para distraer la
atención nacionalista en un período bastante tenso. Por supuesto, en la época
de la «aparición», y hasta tiempos bastante recientes, las autoridades
eclesiásticas católicas romanas, como partidarias del «Establishment», eran
probritánicas, y no pronacionalistas, como ahora se percibe generalmente.]
Los Fenómenos Solares
Los cielos proclaman la gloria de Dios, y el firmamento
anuncia la obra de Sus manos (Sal. 18:1 — numeración de la Septuaginta).
Aun teniendo en cuenta la autosugestión, la imaginación
desbordada y el deseo de fingir que se ven cosas para no desentonar con los
demás, quedan suficientes testimonios fiables para afirmar que ha habido
numerosos casos de fenómenos solares espectaculares en los santuarios. ¿Se
trata de fenómenos naturales, de señales del cielo que acompañan la presencia
de la Madre de Dios, o forman parte de la campaña de «señales y prodigios
mentirosos» en preparación para el Anticristo?
En el Antiguo Testamento, el sol se detiene para Josué
(Jesús, hijo de Navé) y retrocede para Ezequías, mientras que en los Evangelios
encontramos la Estrella de Belén y el oscurecimiento del sol durante la
Crucifixión. En la historia de la Iglesia, están la Cruz de Constantino el
Grande, la Cruz vista sobre Jerusalén en 357 y la Cruz sobre Atenas en 1925.
A lo largo de la historia, se han observado y documentado
fenómenos extraños en el cielo. A principios del siglo X, el obispo Radbod de
Utrecht dejó constancia de un cielo lleno de estrellas que parecían «chocar
unas contra otras», una señal a la que siguieron numerosos desastres naturales
e históricos. El cometa Halley, visible en Inglaterra en 1066, aparece bordado
en el Tapiz de Bayeux. Durante las Guerras de las Rosas, un cronista de la
época documentó la aparición de «tres soles en uno» antes de una batalla; el
líder de los yorkistas, el futuro Eduardo IV, lo declaró buen augurio por
simbolizar la Trinidad, con lo que calmó a sus tropas atemorizadas. Shakespeare
recogió este relato al mencionar la señal en su obra «Enrique VI». En 1646 se
publicó un libro titulado Señales Extrañas del Cielo, que recogía
avistamientos de numerosos fenómenos, y en 1882 Walter Maunder, astrónomo de
Greenwich, publicó un relato de lo más extraordinario que había presenciado en
sus muchos años de observación celeste. Junto con cientos de personas de toda
Gran Bretaña, fue testigo de un gran disco circular de luz verdosa que se
alargó hasta adoptar forma de cigarro, a más de ciento sesenta kilómetros de
altura, con una longitud de al menos ochenta kilómetros y desplazándose a gran
velocidad, unos dieciséis kilómetros por segundo. Los científicos actuales lo
explican como un fenómeno auroral. En aquel momento se había producido una
violenta tormenta magnética, y las partículas cargadas procedentes del sol se
precipitaron en la atmósfera terrestre, iluminándose como un tubo de neón. Un
haz de partículas habría creado la apariencia de un objeto sólido en
movimiento. Cuando el haz agotó su energía, se desintegró como una nube, y así
ocurrió sobre Europa. Sin duda, muchas «señales extrañas del cielo» son en
realidad fenómenos naturales.
Un fenómeno natural muy conocido es el «halo», que se
produce cuando la imagen del sol, al refractarse a través de cristales de
hielo, forma una cruz con el sol en el centro. Los astrónomos conocen los
llamados soles y lunas «falsos», y el planeta Venus, visto a través del aire
contaminado cerca de la superficie terrestre, parece cambiar de color y
realizar movimientos erráticos. En la Navidad de 1993 se emitió un programa de
televisión sobre la Estrella de Belén. Un científico y astrónomo afirmó que los
fenómenos naturales se producen todos los años, y que si la Iglesia pudiera
proporcionarle una fecha exacta de la Natividad, él podría determinar qué fue
lo que vieron los Reyes Magos, puesto que se conocen todas las fechas de los
movimientos planetarios.
[Nota del editor: Aunque, como sin duda pretendía nuestra
autora, esto demuestra la cantidad de fenómenos naturales extraordinarios que
existen, el científico estaba equivocado, pues la Estrella de Belén no fue un
fenómeno natural, sino espiritual (véase la Homilía VI de San Juan Crisóstomo
sobre el Evangelio de San Mateo). Además, pese a los frenéticos preparativos de
los mammonitas para celebrar el segundo milenio de un acontecimiento en el que
no parecen creer (!), desconocemos la fecha exacta del nacimiento del
Salvador.]
Algunos de los fenómenos solares observados en los
numerosísimos santuarios de todo el mundo son indudablemente de origen
puramente natural. Sin embargo, cientos de personas que afirman haber visto
«bailar» al sol han podido mirarlo con facilidad durante largos períodos sin
sufrir daños en los nervios ópticos. Ahora bien, no todos los presentes vieron
exactamente lo mismo, y algunos no vieron nada en absoluto, de modo que es
evidente que el sol danzante no tiene una causa natural y quizás se deba a algún
tipo de alucinación colectiva. Desde luego, el sol no podría haber girado y
zigzagueado físicamente, pues eso habría supuesto el fin del sistema solar.
Todos los relatos bien documentados del «milagro del sol» en
Fátima subrayan el terror de la multitud: muchos de los presentes —aunque no
todos— vieron el sol girar en un torbellino enloquecido, desprenderse después
del cielo, precipitarse hacia la tierra como una enorme masa ardiente y
regresar a su lugar. Los movimientos se repitieron dos veces. Mientras algunas
personas en el santuario no vieron nada, otras a cincuenta kilómetros de
distancia presenciaron el espectáculo y creyeron que había llegado el fin del
mundo. El sol cambió de color y emitió luz roja, después amarilla y luego
púrpura. En The Dancing Sun, Desmond Seward cita un pasaje de un relato
inédito de los sucesos de Turzovka. En 1958, se dice que la Madre de Dios se
apareció a un guardabosques de cuarenta y dos años, un «creyente tibio», que
vio a una hermosa mujer vestida de blanco, con un rosario en la mano, flotando
en el aire. En total hubo siete apariciones, en el mismo lugar y a la misma
hora, semanalmente. Al guardabosques se le pidió que rezara por la
reconciliación y la expiación del mundo por sus pecados; hubo las advertencias
apocalípticas habituales y se hizo hincapié en el rosario. Multitudes de toda
la campiña de Eslovaquia acudieron a la montaña, brotó un manantial en el lugar
de la aparición y se produjeron curaciones. Las autoridades comunistas
internaron al guardabosques en un manicomio, pero más tarde lo liberaron. Se
informó de luces extrañas, y en 1963 tuvo lugar el milagro del sol. «El orbe
ardiente... parecía estar en llamas, ardiendo, con llamas que brotaban de él...
Entre las más de 500 personas que observaban consternadas solo había estupor.
Al cabo de unos instantes, una enorme luz en forma de cono se extendió por
encima y alrededor de nosotros, como una tienda de campaña gigantesca hecha de
largas franjas de colores vivos. Abarcaba todos los colores del espectro, del
rojo al violeta... Por todas partes, franjas de colores cubrían el cielo, los
árboles y sus ramas, el suelo y la gente. Las franjas se abrían en abanico desde
un único punto focal en el que estaba el sol. Vi a mi lado personas de un azul
intenso y un amarillo brillante, cuyo color cambiaba cuando se movían». Tres
bandas de música locales se formaron junto con los peregrinos y tocaron
fortísimo el himno «Te saludamos mil veces, María», pues todos creían que
aquello era una señal de la presencia de la Madre de Dios. Al leerlo de segunda
mano, uno tiene más bien la impresión de una especie de discoteca religiosa
sobrenatural, pero para el autor del relato fue «extraño y profundamente
conmovedor, abrumador... relacionado con Dios».
Nunca se me había ocurrido que pudiera existir alguna
conexión entre los ovnis y los santuarios, hasta que por pura casualidad me
llamó la atención un libro sobre ovnis en una pila de libros de segunda mano de
una tienda de antigüedades local. Al hojearlo, me sorprendió encontrar, entre
los numerosos avistamientos registrados en Inglaterra en 1967, dos que de
inmediato me resultaron familiares.
El primero trataba de dos mujeres vecinas que vivían en una
urbanización de Stoke-on-Trent, las cuales, junto con algunos niños que jugaban
en la calle, vieron aterrizar un «platillo volante» en un campo cercano a la
urbanización, hacia las nueve de la noche del 2 de septiembre de 1967. El campo
«parecía estar en llamas, como una hoguera», «era como si alguien hubiera
encendido una gran hoguera». En cuestión de minutos llegó la policía, avisada
por las mujeres, pero todo estaba a oscuras, y una búsqueda a la luz del día no
reveló nada. En Medjugorje, en agosto de 1981, junto con un sol giratorio que
emitía rayos multicolores, arcoíris sin lluvia y otros fenómenos, pareció
estallar un incendio en la Colina de las Apariciones, pero cuando llegaron los
bomberos no había rastro de él.
El segundo caso era el de la Cruz Voladora. Entre 1959 y
1967, el Ministerio de Defensa llevó a cabo 808 investigaciones sobre
avistamientos de OVNIS, con ayuda del Observatorio Real, la Oficina
Meteorológica, la Real Fuerza Aérea, la Fuerza Aérea de Estados Unidos
estacionada en Gran Bretaña, estaciones de radar, Control de Tráfico Aéreo y la
policía, aunque al parecer no hubo ninguna investigación al más alto nivel
científico. La gran mayoría de los avistamientos resultaron tener un origen
puramente natural: satélites y desechos espaciales, globos meteorológicos,
objetos celestes (Venus, etc.), aeronaves, fenómenos naturales como parhelios y
paraselenes, reflejos en las nubes y los inevitables fraudes. De los 84
avistamientos sin explicar, en algunos la información era insuficiente para
llegar a una conclusión, pero la Cruz Voladora fue uno de los restantes: bien
documentado, pero inexplicable.
En octubre de 1967, más de una docena de testigos fiables
—entre ellos policías e ingenieros de la BBC— vieron unas luces que volaban
lentamente, se quedaban suspendidas, formaban una cruz y se alejaban a una
velocidad vertiginosa. La luz «no era penetrante, pero sí muy brillante. Tenía
un brillo centelleante, como mirar a través de un cristal mojado». «La Cosa»
siempre se veía de noche o de madrugada. Un comandante de ala retirado de la
RAF conducía con su esposa por Hampshire una noche de octubre cuando vieron
siete luces en el cielo: siete luces brillantes en formación que no emitían
ningún sonido. Al principio, las luces formaban una V perfecta, pero luego se
reorganizaron en forma de cruz. «Ciertamente parecían estar bajo algún tipo de
control: la formación era perfecta», dijo el comandante de ala.
Todo esto resultaba extrañamente similar —de hecho, a veces
idéntico— a las descripciones de los testigos de las apariciones sobre la
Iglesia Copta de Santa María en Zeitún, El Cairo, seis meses después. Un obispo
copto, Gregorios, responsable de Estudios Superiores, Cultura Copta e
Investigación Científica, que presenció la aparición en numerosas ocasiones,
dijo: «Antes de que tengan lugar las apariciones, aparecen unos pájaros que
parecen palomas —no sé qué son— en diferentes formaciones... No baten las alas,
planean... Cualquiera que sea la formación que adopten, la mantienen. A veces
hasta siete de ellos vuelan formando una cruz. Vuelan muy rápidamente. Son...
completamente luminosos. No se ven plumas en absoluto, solo algo brillante. Son
criaturas radiantes, más grandes que una paloma o una tórtola». Un comité
especial de clérigos coptos, nombrado por el Papa copto, declaró en su informe
oficial: «... Otra noche vimos palomas del color brillante de la plata, que
irradiaban luz. Las palomas volaron directamente desde la cúpula hacia el
cielo. Entonces glorificamos a Dios, que ha permitido a los terrestres
contemplar la gloria de los celestiales...». El Papa copto Cirilo VI, en su
declaración en la que confirmaba la autenticidad de las apariciones, afirmó que
la aparición resplandeciente estaba «precedida por ciertas formas espirituales,
como palomas que se desplazaban a gran velocidad».
Leí y releí los relatos sobre OVNIS y los de Zeitún. ¿Era
posible que «La Cosa», vista brevemente en Inglaterra en octubre de 1967,
hubiera reaparecido en Egipto seis meses después para una estancia prolongada
de tres años, convirtiéndose en los «seres celestiales» de los clérigos coptos
y las «formas espirituales» del Papa copto?
Por una extraña coincidencia, mientras escribía este
artículo, mi marido me llamó una tarde de principios de junio para que fuera a
ver un atardecer insólito. Había nubes en una asombrosa formación de colinas y
valles de color rosa intenso y púrpura, iluminadas por el más glorioso
resplandor rosado y dorado. «¡Es el Desierto de Judea!», exclamó mi marido. Al
lado había un «mapa» del Mediterráneo, con la forma de bota de Italia
claramente visible, así como toda la costa mediterránea. Desde detrás de las nubes
circundantes de color rosa intenso salían poderosos rayos de luz dorada.
Ninguno de nosotros había visto nunca nada parecido, y nos quedamos mirando
hasta que se desvaneció. Era increíblemente hermoso y sobrecogedor, en cierto
modo una experiencia espiritual, porque el pensamiento predominante era «gloria
a Dios»; y sin embargo, era algo completamente natural.
Después pensé en la profesora de matemáticas inglesa que
estuvo en Garabandal en 1974 y vio el sol danzante, un Cristo desfigurado en el
cielo, «mapas» de varios países y rayos de intensa luz que, según ella,
indicaban la presencia de «un Ser Todopoderoso». Lo interpretó como «el Padre
Eterno», que estaba enviando «rayos de terrible ira» sobre Londres en el mapa.
Me pregunté qué habría pensado de «mi» puesta de sol si la hubiera visto en
Garabandal o en algún otro santuario.
Si descartamos los fenómenos naturales —a menos que creamos
que las «palomas» y los soles danzantes son signos genuinos del Cielo enviados
para confirmar la fe, indicar la bondadosa presencia de la Virgen y advertir de
desastres que solo pueden evitarse mediante el arrepentimiento—, parece que nos
quedamos con la posibilidad de algún tipo de alucinación colectiva, o con parte
de una campaña de «señales y prodigios mentirosos» en preparación para el
Anticristo.
Según el Evangelio de San Lucas, en los últimos tiempos
habrá «terrores y grandes señales del cielo». San Ignacio Brianchanínov, que
escribió hace más de cien años, advirtió de que se acercaba un tiempo en el que
habría numerosos y asombrosos falsos milagros. «... los milagros del Anticristo
se manifestarán sobre todo en el reino aéreo, donde Satanás ejerce
principalmente su dominio. Estas señales actuarán sobre todo en el sentido de
la vista, encantándolo y engañándolo. San Juan el Teólogo, al contemplar en su
revelación los acontecimientos que precederán al fin del mundo, dice que el
Anticristo realizará grandes señales, e incluso “hará descender fuego del cielo
a la tierra a la vista de los hombres” (Apocalipsis 13:13). Esta es la señal
que la Escritura indica como la más importante de las señales del Anticristo, y
el lugar de esta señal es el aire». Varias de las apariciones han profetizado
una Gran Señal venidera.
Engaños
¿Por qué aceptan estas apariciones tan fácilmente los
propios videntes e innumerables peregrinos? Los cristianos heterodoxos apenas
conocen uno de los conceptos clave de la enseñanza ascética ortodoxa: la
prelest, el engaño espiritual, por el cual se acepta erróneamente un espejismo
como verdad. En las Vidas de los Santos hay muchos ejemplos de monjes y ascetas
—muchos de los cuales llegaron a alcanzar la santidad genuina— que cayeron en
el engaño: acogieron a demonios con forma de ángeles, e incluso al propio
«Cristo»; recibieron «revelaciones»; vieron «luz» en sus celdas y oyeron al
«Señor» que les hablaba. A veces «Cristo» les concedía dones de «profecía» y
poderes asombrosos. San Diádoco de Fótice advirtió de que no se debe aceptar el
engaño del maligno bajo la forma de luz o de fuego, y San Simeón el Nuevo
Teólogo alertó sobre los espíritus malignos que causan múltiples y diversos
engaños en el aire.
La oración sin imágenes, tal como la enseñan los ascetas y
ancianos de la Iglesia Ortodoxa, contrasta directamente con la de, por ejemplo,
una persona que busca ayuda en una Misión de Sanación Protestante, a quien en
la sesión de oración previa al servicio de sanación se le puede pedir que
imagine una luz dorada que desciende sobre ella desde el cielo. También
contrasta con las prácticas de meditación comunes en Occidente durante siglos,
en las que se animaba a imaginar una escena elegida e intentar visualizar al
Niño en el pesebre o a Cristo Crucificado. San Marcos el Asceta advierte que
«Una vez que nuestros pensamientos van acompañados de imágenes, ya les hemos
dado nuestro consentimiento». Esta facultad de crear imágenes puede, en los
espiritualmente avanzados, usarse de forma creativa, como en la iconografía de
San Andréi Rubliov y de los iconógrafos devotos en general; pero una y otra vez
se nos advierte de que quienes aún no poseen discernimiento espiritual deben
guardarse de ser seducidos y llevados cautivos por apariencias ilusorias.
Muchos entusiastas de las apariciones marianas no se dan
cuenta de que los fenómenos espirituales son hoy casi habituales. Los grupos
pentecostales y carismáticos se apresuran a identificar sus experiencias con el
Espíritu Santo, al igual que los revivalistas protestantes de Indonesia en la
década de 1970 aceptaron sin cuestionamiento, como genuinos, sus «voces», sus
«ángeles» (que invariablemente citaban la Escritura por capítulo y versículo),
sus visiones de «Cristo», las sanaciones, las luces misteriosas que acompañaban
a los evangelistas y los fuegos misteriosos del cielo que consumían estatuas
católicas. Quienes interpretan sus experiencias desde una perspectiva
«cristiana» a menudo asumen con demasiada facilidad que se trata realmente de
experiencias cristianas, obra del Espíritu Santo, y rara vez se detienen a
preguntarse si podrían proceder de un tipo de espíritu muy diferente.
Incluso cuando estas experiencias son genuinamente
cristianas, las palabras de un santo de la Iglesia católica romana, Juan de la
Cruz, constituyen una advertencia oportuna: «Todas las visiones, revelaciones e
impresiones del cielo, por mucho que el hombre espiritual las estime, no
igualan en valor al más mínimo acto de humildad; pues esta produce los frutos
de la caridad, que nunca estima ni piensa bien de sí misma, sino solo de los
demás».
El Cura de Ars no aceptó las visiones de La Salette, las
autoridades eclesiásticas de Garabandal se mostraron escépticas, y el entonces
obispo católico romano de Mostar denunció las apariciones de Medjugorje. Sin
duda, algunas de estas visiones parecen ser, en principio, resultado de
factores psicológicos. La mayoría de nosotros carecemos de un sentido de
autoconciencia bien desarrollado. Sabemos muy poco de nosotros mismos y apenas
comprendemos los misteriosos —aunque completamente naturales— mecanismos de la
mente subconsciente y los efectos que puede producir. Además del autoengaño,
cabe la posibilidad de una participación mediúmnica inconsciente o incluso de
un engaño demoníaco más directo.
Si Bernadette, blandiendo su rosario ante «Aquero», y los
jóvenes de Medjugorje, aferrando sus jarras de agua bendita y conminando a «la
Gospa» con un «Si eres Satanás, vete», realmente sospechaban la presencia de un
demonio, sin duda subestimaron gravemente el poder al que se enfrentaban. «A
Jesús conozco, y sé quién es Pablo; pero vosotros, ¿quiénes sois?» (Hechos
19:15). El anciano Staretz teóforo y Confesor del Monte Athos, el Padre Sabbas
(+ 1908), cuando le pidieron que liberara a un monje poseído por un demonio,
oró y ayunó por completo durante una semana antes de hacerlo, y liberó a otro
monje que había sido engañado por un falso «ángel de la guarda» que había orado
y hablado con él a diario durante dos años. Lo hizo postrándose y «con dolor y
lágrimas orando al Señor para que se apiadara de Su siervo y reprendiera a los
demonios malignos».
El Staretz Amvrossy de Optina, gran guía monástico y
espiritual al que consultaban con frecuencia sobre visiones y voces, se atenía
a la enseñanza fundamental de los Padres, y advertía a quienes buscaban su guía
en tales asuntos que no confiaran en voces oídas durante la oración ni en
cambios en los iconos —fragancias o llamas que emanaran de ellos— que pudieran
parecer buenos, sino que los desestimaran, pues tales cosas también provienen
del engaño del enemigo.
En una sesión de preguntas y respuestas con un franciscano,
preguntaron a uno de los «videntes» de Medjugorje por qué Ivanka, la primera en
ver la aparición, dijo de inmediato: «Es la Santísima Virgen». La respuesta
fue: «¿En quién más podría haber pensado? Una joven madre hermosa con un niño y
una corona en la cabeza. Estaba claro». Aceptaron la aparición sin cuestionarla
como la Virgen y hablaron con ella antes de recurrir a arrojarle agua bendita
(según aconsejaban las mujeres mayores del pueblo). «Mis ángeles», como la
aparición llamaba repetidamente a los jóvenes, pidieron una señal, y la visión,
solícita, hizo girar las manecillas del reloj de uno de los videntes.
En la última visión de Ivanka, el 7 de mayo de 1985, la
Gospa, respondiendo a su petición, hizo aparecer a la madre de la joven,
fallecida unos meses antes de que comenzaran las apariciones. «Nuestra Señora
me preguntó qué deseaba y le pedí ver a mi madre terrenal. Entonces Nuestra
Señora sonrió, asintió con la cabeza, y al instante apareció mi madre. Sonreía.
Nuestra Señora me dijo que me levantara. Me levanté, mi madre me abrazó y me
besó...». Luego habló con Ivanka y desapareció.
Los jóvenes confiaron plenamente en la aparición de
Medjugorje, una confianza que fomentarían los franciscanos, quienes actuaron
como sus confidentes y directores espirituales. No existía el concepto de
prelest, no parecía haber reconocimiento alguno de la terrible oscuridad de la
mente caída. El mismo argumento empleado para defender la autenticidad de
Medjugorje —«el árbol se conoce por sus frutos»: oración ferviente,
conversiones, curaciones, sensación de paz y alegría— lo han utilizado también
los «Carismáticos», los revivalistas protestantes, los evangélicos de Indonesia
y diversos movimientos heréticos a lo largo de la historia. Hindúes y budistas
dicen sin duda lo mismo al señalar la intensa devoción de sus seguidores en las
peregrinaciones masivas a los templos y las curaciones que se atribuyen a los
santuarios de sus santos.
San Ignacio Brianchaninov, en su advertencia a los
cristianos ortodoxos, nos recuerda el terrible peligro de dejarse engañar por
espíritus malignos. «Si los santos no siempre han reconocido a los demonios que
se les aparecían en forma de santos y del propio Cristo, ¿cómo podemos creer
que nosotros los reconoceremos sin error?... Los santos maestros de la lucha
cristiana... nos ordenan no confiar en ningún tipo de imagen o visión que
aparezca de repente, no entablar conversación con ellas...», sino, con plena
conciencia de nuestra indignidad e incapacidad para ver espíritus santos,
suplicar a Dios que nos proteja de todas las redes y engaños que los espíritus
malignos tienden astutamente a los hombres. «... El único acceso legítimo al
mundo de los espíritus es la doctrina y práctica de la lucha cristiana. El
único acceso legítimo a la percepción sensible de los espíritus es el progreso
y la perfección cristianos».
El aspecto de las curaciones
Algunas personas dan por sentado que las apariciones deben
ser auténticas porque en los santuarios se producen curaciones, pero no existe
necesariamente conexión alguna entre ambas cosas. El número de curaciones es en
realidad muy reducido si se considera la multitud de enfermos que acuden a los
santuarios. En Lourdes, en los ciento veintidós años transcurridos entre 1858 y
1980, solo sesenta y cuatro curaciones fueron declaradas finalmente milagrosas
—es decir, no atribuibles a ninguna causa natural o médica conocida— de unas
cinco mil posibles. Aunque es natural que las autoridades médicas sean
cautelosas, resulta algo artificial y presuntuoso que un grupo de seres humanos
declare solemnemente que Dios no solo ha obrado un milagro, sino que lo ha
obrado correctamente, a satisfacción de ellos.
En varios santuarios se dijo que la Virgen afirmaba que
curaría a algunos, pero no a otros, y leer que «el dedo de Dios descendería de
forma impredecible» introducía cierto elemento de capricho que resultaba
perturbador, por mucho que uno quisiera alegrarse por las curaciones en sí.
Pero los santuarios marianos no son los únicos que atribuyen curaciones a
personas de todas las religiones o de ninguna, aunque suelen acaparar la mayor
atención mediática. La Misión Anglicana de Sanación de Londres registra numerosas
curaciones asombrosas cada mes; los grupos pentecostales y carismáticos también
afirman obrar curaciones, al igual que los espiritistas (la Federación Nacional
de Sanadores Espirituales); y en su apogeo, el movimiento de la Ciencia
Cristiana contaba con un impresionante historial de curaciones.
Se dice que nadie contrae infecciones al bañarse en Lourdes,
pero no se lleva registro alguno de ellas, y, en cualquier caso, en la
Inglaterra de los siglos XVII y XVIII la gente se exponía al mismo riesgo en
los balnearios de moda (Samuel Pepys, en Bath, dudaba seriamente de la
conveniencia de usar aquellas aguas), y sin embargo no se registraron brotes de
tifoidea ni de cólera. Las autoridades de Lourdes saben que no pueden
arriesgarse a un brote infeccioso o tendrían que cerrar los baños, y animan a los
peregrinos sanos a lavarse en los grifos en vez de bañarse. Resulta interesante
que la propia Bernadette no usara el agua de Lourdes para sus dolencias, sino
que buscara alivio en el balneario cercano.
Dios obra de distintas maneras según le place, y sería necio
pretender imponer límites a Su misericordia, pero los propios cristianos
ortodoxos no necesitan buscar curación fuera de la Iglesia. Siempre hemos
conocido taumaturgos y sanadores. El Staretz Amvrossy, ya mencionado, era
sanador, como lo fueron otros innumerables, e innumerables curaciones siguen
produciéndose por intercesión de la Madre de Dios, por ejemplo mediante sus
iconos de Tinos y Malevi, así como por intercesión de Santa Xenia de Petersburgo
y de San Juan (Maximovitch) de Shanghái y San Francisco.
Muchos no ortodoxos se sorprenderían de saber con qué
frecuencia se menciona la curación del cuerpo junto con la del alma en las
oraciones de la Iglesia. Particularmente en las oraciones de Preparación y
Acción de Gracias para la Santa Comunión, oramos repetidamente por «la curación
y purificación e iluminación y protección y salvación y santificación del alma
y del cuerpo», y para que la Divina Gracia llene nuestros cinco sentidos,
articulaciones y huesos, así como nuestra mente, alma y afectos. Asimismo, el
servicio de la Santa Unción nunca se ha reservado únicamente para los
moribundos, sino que se celebra en la víspera de Navidad y el Miércoles Santo,
cuando se unge a todos los fieles, y cualquiera puede solicitarlo en cualquier
momento en caso de necesidad.
Algunas personas subrayan la gran compasión que se muestra
hacia los enfermos en Lourdes, y el tiempo y la energía que les dedican año
tras año ayudantes abnegados, y consideran que las visiones deben ser
verdaderas si de ellas proviene tanto bien. Pero la compasión no es una
prerrogativa exclusivamente cristiana. La compasión hacia todo ser vivo es el
sello distintivo del budismo, y muchas personas de todas las religiones o de
ninguna realizan calladamente labores de voluntariado sin publicidad alguna en
hospitales o entre los discapacitados físicos y mentales de sus barrios. Las
curaciones y la compasión no son prueba de la autenticidad de las apariciones.
Que se producen curaciones está fuera de duda, pero la naturaleza exacta de
cada curación puede variar según el caso, y dado que tanto las confesiones
protestantes como las espiritistas muestran también resultados tangibles, sería
imprudente aceptar sin reservas las implicaciones religiosas de las curaciones
en los santuarios marianos y revestirlas de una interpretación que lógicamente
no pueden sostener.
Ecumenismo, sincretismo y el Anticristo
Del mismo modo que las apariciones han sido manipuladas por
diversos grupos interesados con fines de propaganda católica romana,
proselitismo, nacionalismo y comercialismo, los partidarios del ecumenismo
también las acogen con entusiasmo. Anglicanos, luteranos, incluso ortodoxos
visitan los santuarios. «La Virgen es para todos». ¿O más bien «Pasa a mi
salón, dijo la araña a la mosca»? Así como el Papa ha hablado de la «conversión
de Rusia» bajo un solo pastor, «el sucesor de San Pedro», el plan de reunificación
del Vaticano para el resto de nosotros es un secreto a voces: la sujeción al
Pontífice Romano.
Al mismo tiempo, el ecumenismo más allá del cristianismo
sigue cobrando fuerza en «el diálogo con las religiones no cristianas», aunque
el diálogo honesto no parece ser lo que el CMI tiene en mente. «Las grandes
comunidades religiosas no desaparecerán.... Los judíos seguirán siendo judíos,
los musulmanes seguirán siendo musulmanes, y los que pertenecen a las grandes
religiones orientales seguirán siendo hindúes, budistas y taoístas»; y sin
embargo, de alguna manera, todos, sin abandonar sus errores y rechazando a
Cristo, «permanecerán en el Reino de Dios sin... haberse convertido primero en
cristianos como nosotros».
Dios no puede contenerse, y Él es la fuente de toda verdad
presente en otras religiones, pero como señaló C. S. Lewis, ser cristiano sí
significa pensar que, allí donde el cristianismo difiere de otras religiones,
el cristianismo tiene razón y ellas están equivocadas. Utilizó el ejemplo de
una operación aritmética: solo hay una respuesta correcta, y todas las demás
son erróneas, pero algunas de las respuestas erróneas se aproximan mucho más a
la correcta que otras.
Los ecumenistas marianos creen que la Virgen trae un mensaje
ecuménico en Zeitoun y Medjugorje y que, como madre de toda la familia humana,
desempeña un papel especial como centro de unidad y reconciliadora de hijos
pendencieros, por así decirlo. Señalan que en Zeitoun la Madre de Dios
permaneció en silencio. Esto se interpreta como un gesto de tacto maternal y
una invitación «a todos los presentes, independientemente de sus creencias, a
unirse en Dios mediante la oración» (lo cual es ahora bastante habitual en las
reuniones para el «diálogo con religiones no cristianas» y acorde con las ideas
del CMI). Si ella se hubiera declarado Madre de Dios, los musulmanes habrían
rechazado la visión; y si se hubiera identificado como la Inmaculada
Concepción, los coptos la habrían rechazado. Destacan que la Virgen es
mencionada en el Corán como la elegida de Alá y que su pureza y virtud son
ensalzadas, pero omiten añadir que el propio Cristo es considerado apenas un
profeta más entre otros —e inferior a Mahoma— y que Su Crucifixión y
Resurrección son rechazadas por completo.
Un corresponsal anglicano de la revista Eastern Churches
Review describió su visita a Zeitoun en la edición de primavera de 1970.
Relató la historia de un destacado musulmán que vivía cerca de la iglesia y
solía arrojar piedras a los peregrinos. La Virgen se le apareció, le pidió que
dejara de tirar piedras y le ordenó que pintara la cruz en su casa. Esto lo
convenció de la autenticidad de las visiones y pintó cuarenta grandes cruces
blancas por todas las paredes de su casa. En cierto modo, esto parece un ejercicio
bastante inútil, ya que el hombre siguió siendo musulmán practicante y no se
convirtió a Cristo, quien al parecer no fue mencionado en ningún momento y
quien, como de costumbre, parece estar extrañamente ausente de los
acontecimientos.
En Medjugorje, la Virgen anunció que había venido a
«convertir y reconciliar». El santuario se considera una posible clave para la
paz en la región, ya que solo la «Gospa» puede reconciliar a católicos,
ortodoxos y musulmanes, puesto que todos la veneran. Una vez más nos
encontramos con esta extraordinaria idea de reconciliación y unidad sin Cristo.
La Gospa ha reprendido a los católicos de la región por burlarse de sus vecinos
ortodoxos y musulmanes, aunque esto no ha frenado la propaganda antiserbia en
algunos de los libros sobre la aparición de Medjugorje.
Ha declarado que «básicamente las religiones son similares»,
lo cual recuerda mucho a la enseñanza de Swami Vivekananda, el misionero hindú
en Occidente de finales del siglo XIX y principios del XX, quien afirmó que
todas las religiones son iguales en el fondo. El fundamento y corazón del
cristianismo es la Santísima Trinidad y la Resurrección del Dios-hombre
Jesucristo. El judaísmo y el islam también creen en un Dios que exige a los
hombres vivir de manera «buena» y oponerse al «mal», mientras que el hinduismo,
hasta donde alcanzo a entenderlo, cree que Dios está más allá del «bien» y del
«mal», que todo en este mundo forma parte de Dios, que si pudiéramos ver las
cosas desde el punto de vista divino, veríamos que aquello que llamamos malo
desde nuestro limitado punto de vista humano también es «Dios». Swami
Vivekananda, hablando de la diosa Kali, la Madre Terrible, que une los opuestos
dentro de sí misma —vida y muerte, creación y destrucción, misericordia y
terror— dijo: «¿Quién puede afirmar que Dios no se manifiesta como el Mal tanto
como el Bien? Pero solo el hindú se atreve a adorarlo como el Mal». Todas las
religiones comparten algunas cosas, pero existen diferencias fundamentales.
La Gospa también ha dicho que el Papa debe ser un padre para
todas las personas, no solo para los católicos. El Papa Juan Pablo II, de quien
se dice que cree en las apariciones, parece haberse tomado muy en serio sus
palabras y haberlas convertido en inspiración para nuevos movimientos
ecuménicos. Además de su Jornada Mundial de Oración de Asís, se refiere a los
judíos como los hermanos mayores de los cristianos, y en su discurso a los
jóvenes musulmanes en Marruecos, mencionó a Dios Padre sesenta y seis veces.
Todo esto se suma a la «campaña misionera» del Vaticano en Rusia y Ucrania, y a
la interferencia vaticana en los Balcanes, en Croacia, Bosnia y Skopje. El Papa
aparentemente ve el tercer milenio como un nuevo tiempo para la misión, una
nueva era de fe, y ha dado su apoyo a «Evangelización 2000», que tiene planes
de actividades evangelizadoras en todo el mundo, con Europa, tanto Occidental
como Oriental, como prioridad. Todos estos son «signos que indican no solo la
reunión de los cristianos, sino el abrazo de todas las religiones y culturas
dentro de una identidad humana común ante Dios» (Dudley Plunkett: Queen of
Prophets). El arzobispo Frane Franić de Split afirma: «... Veo
especialmente la importancia del papel de Medjugorje en la obra ecuménica de la
Iglesia».
¿Podría ser que estén utilizando a los videntes de
Medjugorje (aunque inconscientemente) como parte de un proceso de ablandamiento
mucho más amplio para preparar el camino hacia el establecimiento de una
religión mundial universal que anticipe la venida del Anticristo? Después de
todo, es propio de la esencia del sutil engaño demoníaco hacer que las cosas
parezcan buenas y semejantes a Cristo, presentar el reino de Satanás como si
fuera el Reino de Cristo. El teólogo anglicano del siglo XVIII Samuel Horsley
se lamentaría al ver cómo sus palabras cobran realidad hoy: «La Iglesia de Dios
en la tierra se verá muy reducida... en el tiempo del Anticristo, por la
deserción abierta de los poderes del mundo. Esta deserción comenzará con una
indiferencia profesada hacia cualquier forma particular de cristianismo, bajo
la apariencia de tolerancia universal... de la tolerancia de las herejías más
pestilentes, procederán a la tolerancia del mahometismo y el ateísmo, y
finalmente a la persecución positiva de la verdad del cristianismo».
Mientras tanto, el cardenal del siglo XV Nicolás de Cusa se
regocijaría ante la perspectiva de su visión, en la que contempló «sectas en
guerra permanentemente reconciliadas en un vasto sistema de unidad religiosa»,
donde «pagano y cristiano se mezclan en un orden notable,... un griego, un
italiano, un hindú, un árabe, un caldeo, un judío, un escita, un persa, un
sirio, un español, un tártaro, un alemán, un bohemio y, finalmente, un inglés»,
porque «cada sistema posee cierto grado de verdad» y «solo mediante el estudio
de los diversos sistemas puede uno vislumbrar la “unidad de la verdad
inalcanzable”».
Si hay un aspecto del Anticristo en Medjugorje, encajaría
bien con el creciente interés en signos y prodigios. El racionalismo, el
materialismo y la intimidación de la ciencia y la tecnología han eliminado en
gran medida lo sobrenatural de la vida. Cada vez más personas que sienten esta
carencia han intentado llenar el vacío con ovnis, soles danzantes, drogas,
sanación por la «fe», revivalismo carismático, espiritismo, paganismo de la
Nueva Era, incluso satanismo, y apariciones. La superstición sigue floreciendo.
Una estatua de la Virgen llora sangre por un ojo, y los vecinos acuden en masa
a rezar el rosario ante ella. (Según los fabricantes, probablemente se había
derretido la resina utilizada para fijar los ojos, algo bastante frecuente).
Una mujer mexicana fríe una tortilla para la cena de su marido, ve que cobra un
parecido con el rostro de Cristo coronado de espinas, ¡y se ha producido un
milagro! Durante los doce meses siguientes, 8.000 personas veneraron la masa,
encerrada en un cristal y rodeada de flores y velas, mientras un arzobispo
avergonzado intentaba en vano detener el culto a la sagrada tortilla.
Miles de personas aseguran con toda seriedad que los
santuarios han transformado espiritualmente sus vidas. Los católicos
tradicionalistas, especialmente los devotos de María, ven en los santuarios una
confirmación de su fe. Quienes dudan, desestabilizados por los cambios
liberales modernos en el catolicismo, buscan y hallan consuelo. Los innovadores
litúrgicos se sienten libres de celebrar oficios con «mayor espontaneidad e
informalidad», como la Misa Festiva para niños enfermos en Lourdes, donde tras la
consagración, globos y serpentinas llenaron el aire, y los celebrantes se
dieron las manos y subieron brincando por el pasillo cantando «Señor de la
Danza» (en realidad, el dios hindú Shiva). Algunas monjas siguen con la vida de
siempre, pero la mayoría de las Hermanas de la Caridad de Nevers (la orden de
Bernadette) han abandonado el hábito religioso y se han integrado en el mundo
moderno. Incluso la propia Bernadette ha sido manipulada por distintos grupos
que la reivindican como heroína: los «revolucionarios» de Cristo Obrero, porque
era pobre, de clase trabajadora y marginada; los «carismáticos», porque tuvo
visiones y oyó la voz del cielo directamente, al margen de la jerarquía
oficial.
Centrales de poder espiritual, lugares de esperanza y
sanación, válvula de escape para la superstición, paraíso para carteristas
(según Patrick Marnham, en temporada alta Lourdes necesita un amplio
dispositivo policial de paisano) y explotadores comerciales, estímulo para el
turismo, excusa para el nacionalismo y el proselitismo, forma de satisfacer la
demanda popular recurrente de la Diosa bajo una apariencia cristiana
respetable: los Santuarios parecen ser muchas cosas para mucha gente.
Demasiado de todo
Concluyo como empecé, subrayando que esta es una visión
puramente personal de las apariciones. No tengo duda de que uno o más de los
factores considerados ha desempeñado algún papel en cada caso, pero más allá de
eso no me aventuraré. Todos tienen derecho a su propia opinión, a aceptar o
rechazar las apariciones, a visitar los santuarios o a mantenerse alejados;
pero cualquier ortodoxo que considere buscar sanación en estos santuarios o
peregrinar allí para honrar a la Madre de Dios debería, creo yo, reflexionar
muy seriamente sobre lo que estos lugares representan en realidad.
El sacerdote ortodoxo ruso P. Sergius Bulgakov, tras su
propia peregrinación a Lourdes, escribió: «El recuerdo de este lugar,
impregnado de la presencia de la santísima Madre de Dios —invisible a nuestros
ojos pero claramente perceptible para nuestras almas—, ... permanecerá entre
los recuerdos más queridos de nuestras vidas. Al menos en nuestros corazones,
el muro interior que nos separa de la Iglesia Romana ha perdido mucha de su
opacidad». Cada cual tiene su propia experiencia, pero esta debería contrastarse
con la de Robert Hugh Benson, católico romano citado anteriormente, quien
experimentó el lado oscuro de la Señora de la Gruta. Quizás también convenga
tener en cuenta que la sofiología del P. Sergius, considerada muy sospechosa
por teólogos ortodoxos como San Juan (Maximovitch), pudo haber influido en su
experiencia: «el Espíritu Santo se manifiesta a través de la Virgen María: ella
es una criatura, pero a la vez ya no lo es». Contrariamente a lo que algunos
ortodoxos, incluidos sacerdotes, han llegado a creer, no existe capilla
ortodoxa en Lourdes.
[Aquí, como es habitual en ella, Miriam peca de amable. Las
enseñanzas de Bulgakov no solo fueron consideradas sospechosas, sino
formalmente condenadas por los jerarcas de la Iglesia en el Extranjero y, en
1935, por el Patriarcado de Moscú.—ed.]
Los católicos romanos no están obligados a aceptar las
apariciones ni siquiera cuando su Iglesia las ha aprobado, aunque algunos
marianistas quisieran que esto cambiara, alegando que la aprobación oficial va
más allá de la mera autorización a creer e implica infalibilidad.
Tras reflexionar largamente, no puedo aceptar un origen
divino para ninguna de las apariciones (aunque algunas bien pueden tener origen
sobrenatural), ni creer que Dios esté hablando al mundo a través de ellas. Como
ortodoxa, me parecen innecesarias. Tenemos las Escrituras, la enseñanza de la
Iglesia y la sabiduría espiritual acumulada durante 2.000 años para guiarnos.
Sobre todo, tenemos al Espíritu Santo como Piloto y Guía de la Iglesia, y al
Señor Jesucristo como Cabeza siempre presente y única de la Iglesia. Con la
excepción de Zeitoun, todas las apariciones han tenido lugar en el seno de una
iglesia que ha relegado al Dios-hombre al cielo y ha nombrado a un hombre como
Su vicario infalible en la tierra, un hombre cuya posición y poder se ven
reforzados y ampliados por estas visiones. El gran teólogo serbio
[Archimandrita] Justin Popovich [de Bendita Memoria] comentó: «Vicarius
Christi: qué trágica contradicción: nombrar un vicario y representante para el
Dios y Señor omnipotente».
Para mí, sencillamente hay demasiadas visiones. El psicólogo
Staehkin, mencionado anteriormente, investigó más de treinta series de
apariciones de la Virgen, que sumaban trescientas apariciones, entre 1930 y
1950. Aparte de la Medalla Milagrosa, que pareció desencadenarlo todo, y las
apariciones ya mencionadas, también ha habido apariciones en Akita, Japón
(donde una monja vio láminas de luz en su celda y tuvo más de cien visiones en
las que una estatua de la Virgen hablaba, lloraba y sangraba), Ruanda, Argentina,
Nicaragua, Venezuela, Corea, Hungría, Bélgica, Holanda, Estados Unidos, China,
Siria, Filipinas, Italia e Irlanda. Otros cuarenta y siete visionarios
surgieron fuera de Medjugorje, en otras parroquias de la diócesis de Mostar.
No son las experiencias lo que está en duda, sino su origen,
ya que las visiones pueden deberse a diversos factores psicológicos, a
capacidades psíquicas y mediúmnicas naturales, o a engaño demoníaco. Los
demonios no dudan en sacar el máximo partido de nuestros intelectos caídos,
falsas suposiciones, orgullo espiritual y delirios de origen psicológico, razón
por la cual la Iglesia nos advierte, a través de los ascetas y grandes padres
espirituales, que mantengamos la sobriedad espiritual y la vigilancia constante,
no sea que el autoengaño se convierta en engaño demoníaco.
Hay demasiados signos solares. Desde Fátima, los fenómenos
solares han sido habituales en la mayoría de los santuarios: luces, fuegos,
arcoíris, soles danzantes, lluvias de pétalos, cruces de fuego, con un
despliegue particularmente espectacular en Zeitoun. Si a estos añadimos los
signos del revivalismo protestante —columnas de fuego, «Cristo» en el cielo,
nubes que siguen a los evangelistas y los protegen del calor— y todos los OVNIs
anteriores, resulta inevitable preguntarse si existe un programa deliberadamente
orientado a satisfacer a una generación que busca signos: los demonios
proporcionan solícitamente lo que estamos dispuestos a recibir. Una o dos
visiones y signos podrían resultar convincentes, pero no literalmente cientos.
Las apariciones son demasiado públicas. Las revelaciones
privadas son un asunto distinto, pero la mayoría de estas apariciones han
tenido lugar en medio de un exceso de publicidad. El visitante «celestial»
llega con un mensaje global y las visiones tienen lugar con frecuencia ante
multitudes de espectadores. Los visionarios han sido con frecuencia el centro
de un interés y una adulación muy poco saludables. La Gruta de Lourdes se llenó
de policías, el comisario, el alcalde, su adjunto y multitudes de hasta 20.000
personas. A Bernadette la sacaban constantemente de clase para interrogarla, la
interceptaban en la calle y la acosaban las multitudes que asediaban su hogar,
ansiosas por verla y pedirle recuerdos y oraciones. Multitudes similares
seguían a los niños de Fátima, se arrodillaban ante ellos y les rogaban que
entraran en sus casas a rezar por parientes enfermos. En el tumulto, los
cazadores de reliquias llegaron a cortarle las trenzas a Lucía. Las visiones de
Zeitoun las presenciaron millones de personas, creyentes e incrédulos por
igual.
Bajo el foco de la publicidad moderna, los visionarios de
Medjugorje se convirtieron rápidamente en el centro de atención mundial,
aconsejando a quienes se agolpaban en sus hogares y transmitiendo las
respuestas de la Señora de Medjugorje a las preguntas de la multitud. Han sido
entrevistados sin cesar y examinados por médicos y psicólogos. Los
acontecimientos de Medjugorje han sido promovidos mediante una campaña de
propaganda eficiente y agresiva que emplea todos los medios posibles: imprentas
dedicadas exclusivamente a estos hechos, números de teléfono internacionales
para quienes deseen recibir el mensaje mensual de la Gospa, programas de radio
y televisión y conferencias en todo el mundo, vídeos, casetes y numerosos
libros. (Solo el mariólogo René Laurentin ha escrito al menos diez.) Uno de los
visionarios es coautor de un libro, Mil encuentros con Nuestra Señora en
Medjugorje; otro, a través del embajador estadounidense ante la Comunidad
Europea, escribió a Ronald Reagan y Mijaíl Gorbachov (Reagan respondió).
Existen centros especiales de Medjugorje en todo el mundo. Y todo esto antes de
que las autoridades eclesiásticas competentes hayan emitido una decisión
oficial sobre las apariciones. Parece dudoso que comisión alguna esté
finalmente dispuesta a emitir un veredicto negativo, dada la propaganda tan
eficaz y el grado de entusiasmo religioso popular, sobre todo porque el Papa ha
dicho que cree que en Medjugorje solo hay cosas buenas.
Medjugorje, el Movimiento Carismático y el caso de
Hercegovina
Mientras leía sobre los acontecimientos de Medjugorje, me llamaron la atención ciertas similitudes con el Movimiento Carismático, especialmente en los mensajes y la actitud de los partidarios, así que no me sorprendió descubrir que casi desde el principio todo estuvo en manos de personas carismáticas: el Padre Jozo Zovko, el Padre Tomislav Vlasic y otros, ni enterarme de que «En mayo de 1981 se celebró en Roma una conferencia internacional para los líderes del Movimiento Carismático.
Medjugorje: estatua de la Virgen en el monte Podbrdo. Fuente: Wikimedia Commons / CJ, CC BY 2.0.
Uno de los líderes presentes de Yugoslavia era el P.
Tomislav Vlasic... Una de las líderes que oraban con él, la Hermana Briege
McKenna, tuvo una visión del P. Vlasic sentado y rodeado de una gran multitud:
un torrente de agua fluía desde la silla. Emile Tardif, O.P., dijo a modo de
profecía: «No te preocupes, te estoy enviando a mi Madre». Y así el P. Vlasic
regresó a Yugoslavia. Dos semanas después de su regreso, Nuestra Señora comenzó
a aparecerse a un grupo de chicos y chicas en la parroquia franciscana de
Medjugorje. La Nueva Vida fluía».
El Padre Vlasic mencionado fue el guía espiritual,
intérprete y protector de los videntes durante tres años. Para unos es «un
hombre de santidad irreprochable»; para otros, «un mago carismático».
Llama la atención la misma increíble facilidad con que los
videntes aceptan sus apariciones y los carismáticos aceptan sus «dones del
Espíritu» como provenientes de Dios. Algo que no es mera alucinación, pero que
escapa a los límites del conocimiento y la experiencia humanos, no es
necesariamente una visión genuina concedida por la gracia. Puede tratarse
simplemente de confianza en experiencias psíquicas agradables. También se
observa el mismo énfasis en el «amor», la «paz» y la «alegría» en los mensajes.
Aquí parecería haber similitudes con otro fenómeno: el
espiritismo. Los médiums no dudan en aceptar a sus guías espirituales como
Mensajeros de Luz, y sus mensajes son siempre amorosos y consoladores,
generalmente reverentes, con frecuentes referencias a una Deidad y con
enseñanza moral. Los médiums afirman transmitir mensajes de un mundo superior.
Los videntes han transmitido mensajes de la Gospa a quienes han buscado
respuestas a través de ellos. Incluso el Arzobispo de Split pidió a uno de los
videntes que consultara a la Gospa si había algún mensaje para él.
Una carismática, al hablar de las profecías en su reunión
estadounidense, dice: «Los mensajes siempre han sido de gran consuelo y alegría
del Señor». Un partidario de Medjugorje, refiriéndose a los mensajes de la
Gospa, dice: «Los mensajes son una mina de hermosos consejos y consuelos».
«Extiendo mi mano hacia ti. Solo necesitas tomarla y te
guiaré» (Carismático). «Hoy quiero envolveros con mi manto y guiaros a todos
por el camino de la conversión» (Gospa). «Sé como un árbol, meciéndote con su
voluntad, arraigado en su fuerza, elevándote hacia su amor y su luz»
(Carismático). «Abrid vuestros corazones a Dios como las flores en primavera
que anhelan el sol» (Gospa).
Es evidente que los servicios de sanación en la iglesia del
P. Jozo Zovko, mencionados anteriormente, eran carismáticos, lo que explica por
qué la gente se abrazaba, lloraba y se desmayaba. El ministerio del P. Jozo
incluye ahora el Descanso en el Espíritu —una versión menos dramática del
Derribamiento en el Espíritu pentecostal/carismático—, práctica que le enseñó
un estadounidense y que aparentemente ha causado «cierta vergüenza» en la
parroquia.
El conflicto con los franciscanos en Hercegovina se
remontaba a la época turca, cuando los frailes siguieron atendiendo
espiritualmente a los católicos en ausencia de un obispo. En 1881 se
restableció una jerarquía regular, con la intención por parte de la Santa Sede
de que el clero secular reemplazara gradualmente a los franciscanos al frente
de las parroquias. Esto causó un profundo resentimiento y tensión entre los
frailes y el pueblo por un lado y las autoridades diocesanas por el otro.
Medjugorje permaneció como parroquia franciscana. El Dr. Zanic, obispo de
Mostar cuando comenzaron las apariciones, siguió aplicando esta política pese a
la oposición generalizada. Dos frailes se rebelaron abiertamente y fueron
suspendidos por el obispo y expulsados de su orden por sus propios superiores.
Los dos frailes solicitaron rápidamente la ayuda de los videntes, quienes
remitieron el asunto a la Señora de Medjugorje en no menos de trece ocasiones.
Ella se puso firmemente del lado de los dos frailes: «¡inocentes, intachables,
y castigados de esta manera! ... El Obispo no actúa según la voluntad de Dios
... El Obispo ha sido precipitado ... El Obispo es culpable». «Ella (la Gospa)
habló sobre este caso (de Hercegovina), se echó a reír a carcajadas y dijo que
ella sola lo arreglaría todo. Luego siguió riendo. Entonces a Jakov y a mí nos
dio un ataque de risa...» «Si él (el Obispo) no acepta estos acontecimientos
(la autenticidad de las apariciones) y se comporta adecuadamente, escuchará mi
juicio y el juicio de mi Hijo».
El Obispo (y otros) se mantuvieron escépticos: calificaron
todo el asunto de engaño y estafa, y afirmaron que un grupo de frailes
encabezados por el P. Tomislav Vlasic estaba explotando a los «Videntes» para
sus propios fines.
«Por sus frutos»
Los partidarios ven en Medjugorje un gran despertar de
renovación religiosa y se muestran entusiasmadísimos, mientras que otros, tanto
clérigos como laicos, e incluso familias del pueblo, permanecen indiferentes u
opuestos.
Los partidarios esgrimen el argumento de siempre, el mismo
que se ha utilizado para todos los santuarios, el mismo que usaron los herejes
del pasado y que usan hoy los carismáticos, tanto católicos como protestantes.
«Por sus frutos los conoceréis». Preguntan cómo puede obrar Satanás cuando la
visión enfatiza la oración y el ayuno, y cuando hay conversiones y sanaciones.
El Dr. Franic, Arzobispo de Split, recurre a este argumento
en una carta a Roma de 1985: «Durante los últimos tres años y medio, más de
tres millones de peregrinos han venido a Medjugorje desde los cinco
continentes, y todos, tras la peregrinación, han regresado a casa convertidos o
devueltos a la vida cristiana desde la indiferencia religiosa o el ateísmo
absoluto, retomando la oración y las prácticas religiosas como el ayuno,
generalmente los viernes, y en algunos hogares también los miércoles, alimentándose
solo de pan y agua; en una palabra, completamente reconciliados con Dios y los
hombres».
Que la mayoría regresara a casa en un estado de euforia
temporal es muy probable; que algunos, quizás muchos, comenzaran a vivir una
vida cristiana más seria y se encontraran con Cristo por primera vez es
ciertamente posible; pero que los tres millones —si es que había tres millones
para empezar— quedaran completamente reconciliados con Dios y los hombres sería
en verdad un milagro, el milagro de Medjugorje, aunque es mucho más probable
que se trate de un deseo de creer por parte del Arzobispo. Basta recordar la
Parábola del Fariseo y el Publicano para saber que la oración y el ayuno, o
cualquier otra «práctica religiosa», no bastan por sí solos para reconciliarnos
con Dios y los hombres.
Las sanaciones, como sabemos, ocurren en muchos lugares
aparte de los santuarios marianos, también en religiones no cristianas. Las
sanaciones, al igual que el número de peregrinos, han sido motivo de disensión:
los opositores afirman que no hay pruebas de muchas de ellas, que la Oficina
Médica de Lourdes dio una respuesta negativa y que algunos de los supuestamente
«sanados» en realidad habían muerto. En una peregrinación, el Obispo de Mostar
declaró que había solo 30.000 peregrinos frente a los posibles 200.000 del P.
Vlasic. Los videntes preguntaron a «Nuestra Señora de Medjugorje» el número
preciso. Ella respondió: 110.000.
También hay frutos podridos: los desacuerdos con devotos de
otros santuarios marianos (ecos de Nuestra Señora de Walsingham versus Nuestra
Señora de Ipswich), y otra triste saga de clérigos enfrentados, nuevamente con
intercambios sumamente acrimoniosos a altos niveles. En una nota más ligera,
Desmond Seward (The Dancing Sun) nos ofrece una divertida descripción
del largo sermón de un sacerdote de Kentucky en una misa inglesa, que incluía
un conmovedor relato de sus padecimientos al renunciar a la Coca-Cola tras
responder al llamado de la Virgen a hacer penitencia.
Los Videntes
¿Hasta qué punto resultan convincentes los propios videntes,
que todos creen haber visto a la Madre de Dios? Una verdadera causa de
preocupación es lo que parece ser una extraordinaria falta de cautela
espiritual, que lleva a la aceptación incuestionable de sus visiones como si
fueran efectivamente la Santísima Virgen. Recordemos las palabras de un vidente
de Medjugorje: «¿Quién más podría ser? ¡Era obvio!»
Zeitoun se distingue de las otras apariciones porque, como
se mencionó anteriormente, la figura fue vista durante tres años por altos
miembros del clero copto, católicos, protestantes, musulmanes, judíos y ateos.
De no haber sido por la sorprendente similitud entre las descripciones de los
fenómenos solares de Zeitoun y las descripciones anteriores de ovnis, habría
considerado a este grupo de testigos sólido e impresionante, aunque aún habría
resultado difícil entender por qué la Virgen habría de aparecer públicamente de
este modo ante todo el mundo, cuando Cristo mismo nunca aprovechó la
oportunidad de convencer a los incrédulos apareciendo sobre Jerusalén, donde
podría haber sido visto por Pilato, Herodes, Caifás y todo el pueblo, como
prueba de Su Resurrección.
Catalina Labouré, quien vio la Medalla Milagrosa, sentía
pasión por las visiones y emprendió el imprudente camino —a ojos ortodoxos,
sumamente peligroso— de buscar más visiones. Sabiendo cómo pueden engañarnos
los demonios, los ascetas siempre rechazaron las visiones, alegando que eran
indignos de ver ángeles. La oración de la Medalla Milagrosa resultó ser
excelente material de propaganda para el dogma de la Inmaculada Concepción, y
Catalina murió sabiendo que se habían distribuido millones de medallas por todo
el mundo. Su identidad, que supuestamente debía mantenerse en secreto, fue
descubierta de algún modo, y la iglesia romana la canonizó.
Maximino y Melania de La Salette parecen haber sido unos
niños poco agraciados, y sus vidas adultas tampoco resultaron muy
tranquilizadoras. El obispo Doupanloup consideró a Maximino «repugnante en
todos los sentidos», y el cura de Ars, que también lo entrevistó, dijo: «Si lo
que el niño me dice es verdad, no se puede creer en ello». Sin embargo, la voz
del entusiasmo popular prevaleció y la conclusión oficial fue a favor de la
aparición.
Bernadette resulta gratamente normal, con abundante ingenio
rústico y sentido común. Tras entrar en un convento, no tuvo más visiones y no
hizo nada para llamar la atención ni para procurarse la fama que llegaría a
adquirir. Sobrellevó sus enfermedades físicas con valentía y dignidad. Al
parecer, creía que nunca había deseado hacer nada malo en su vida, y también
que nunca había oído las palabras «Inmaculada Concepción». Esto último resulta
casi imposible de aceptar, pues los habitantes de los Pirineos llevaban ciento
cincuenta años celebrando la Fiesta de la Inmaculada Concepción como día de
precepto, es decir, desde el decreto de Clemente XI en 1708. (Pío IX
simplemente definió el dogma y lo impuso como artículo de fe.) A lo largo de su
infancia católica en una cultura católica, habrían llevado a Bernadette a la
iglesia el 8 de diciembre, igual que en Navidad, Pascua y la Asunción. Tras la
definición del dogma en 1854, y dada la popularidad de la Medalla Milagrosa con
su oración a «María concebida sin pecado», la Inmaculada Concepción debió de
mencionarse innumerables veces en su presencia.
Los pequeños videntes de Fátima eran modelos de virtud según
la hermana Lucía, la vidente superviviente, con un tipo de piedad escalofriante
y antinatural. Llevaban cuerdas ceñidas a la cintura, sobre la piel, hasta que
su Señora les aseguró que Dios no deseaba que durmieran con ellas, sino que
solo las llevaran durante el día. Se mortificaban de todas las maneras
posibles: a veces rechazaban comida y bebida, se pinchaban deliberadamente con
ortigas, y hacían sacrificio de absolutamente todo, repitiendo cada vez las
palabras que la Señora les había enseñado: «Oh Jesús, es por amor a Ti, por la
conversión de los pecadores, y en reparación por los pecados cometidos contra
el Inmaculado Corazón de María». Los dos videntes más jóvenes murieron en la
infancia; Lucía continuó recibiendo visiones y revelaciones como monja.
Marlette Beco, una niña belga, recibió ocho visitas en 1933
de una aparición que guardaba un parecido asombroso con la Señora de Lourdes:
también pidió una capilla, hizo brotar un manantial y confió un secreto a la
niña. Marie tenía once años, una edad preadolescente muy emotiva, y las
apariciones la hacían llorar con frecuencia: lloraba durante algunas de las
visiones y «lloraba desconsoladamente cuando su Señora no aparecía» en las
noches en que no sucedía nada; se sentía enferma y cansada, y se desmayaba,
aunque el médico declaró que no tenía ningún problema físico. Al final de la
última aparición, cuando partió la «Virgen de los Pobres», la niña «se arrojó
al suelo empapado, donde quedó hecha un ovillo, hipando y sollozando
convulsivamente mientras intentaba rezar sus oraciones». Las autoridades
eclesiásticas reconocieron que Marlette Beco había visto a la Santísima Virgen,
y Banneux floreció como centro de peregrinación con la habitual explanada para
las bendiciones de enfermos, un hospital y zona de acampada. Una sociedad de
Banneux organiza peregrinaciones y difunde información.
Se ha descrito a los jóvenes de Medjugorje como personas que
viven en un mundo espiritual exaltado, ejemplos brillantes que llevan «vidas
ejemplares de oración, ayuno, desapego del mal de su época y de sus coetáneos,
manifestando verdadero amor hacia la Iglesia y el Papa». También los han
llamado «pequeños mentirosos», «peones ignorantes en un juego que no
entienden», con «egos inflados» que se comportan como «robots domesticados».
Una de las videntes, Mirjana, ya no ve las apariciones, sino que escucha una
voz interior. Otras dos niñas —distintas de las videntes—, Jelena y Marijana,
inicialmente bajo la dirección del P. Tomislav Vlasic —el líder carismático que
había sido director espiritual de los videntes— también escuchan una voz
interior que creen que es la de la Virgen y que les transmite mensajes
personales, mensajes para el grupo de oración local, la parroquia y el mundo.
Se han distribuido gratuitamente más de un millón de copias de libros del mismo
P. Tomislav Vlasic que contienen meditaciones sobre los mensajes e incluyen
«fórmulas de consagración al Sagrado Corazón de Jesús y al Inmaculado Corazón
de María, dictadas por Nuestra Señora a Jelena». Otros sacerdotes vinculados a
Medjugorje y al Movimiento Carismático también reciben «locuciones internas»,
descritas como una percepción interior explícita de un mensaje distinto de
cualquier forma humana de comunicación.
Para quienes duden en aceptar las apariciones por sus
reservas sobre los videntes, no hay de qué preocuparse: Roma tiene la
respuesta. Existe una categoría especial de favores divinos para justificar a
los videntes insatisfactorios: las «gratiae gratis datae», favores concedidos
por Dios sin tener en cuenta el estado espiritual del vidente.
¿La Madre de Dios o la Diosa?
¿Quién es esta Señora que ha aparecido miles de veces y es
aclamada por millones? ¿Es la Madre de Dios, a quien conocemos en la Ortodoxia
a través de las Escrituras, los oficios y las enseñanzas de la Iglesia? Es casi
como si el culto de las apariciones marianas tuviera vida y espíritu propios,
casi como si fuera una religión aparte: el cristianismo recubierto de adoración
a la Diosa y espiritismo. La Virgen, no Cristo, es la figura central. El Cielo
habla a través de ella, no de Él. Pese a la enseñanza oficial de Roma, que aún
prohíbe situar a María al mismo nivel que su Hijo, ella predomina. Geoffrey
Ashe parece haber dado en el clavo cuando dice que «la vitalidad de la propia
Iglesia de Cristo (¡R.C.!) a menudo ha parecido depender de ella más que de Él».
Mi impresión de una Virgen autónoma, que actúa por derecho
propio, fue confirmada por el padre Michael O'Carroll, quien afirma que Dios ha
elegido confiar Su misión de misericordia y renovación a la Santísima Virgen
María. Hablando de Medjugorje, dice: «No fue Dios Padre, ni Dios Hijo
encarnado, ni Dios Espíritu Santo quien tomó la iniciativa en Medjugorje. Fue
Nuestra Señora». Y añade que la característica principal de Medjugorje es la
manifestación del «papel dominante, continuo, absolutamente seguro de sí mismo
otorgado a Nuestra Señora».
Intenta tranquilizar a quienes sienten que Dios ha sido
desplazado en Medjugorje hablando de la «mención recurrente del Espíritu Santo»
por parte de la Gospa. En los doscientos tres mensajes que leí, el Espíritu
Santo se mencionaba solo seis veces, dos de ellas de un modo que lo convertía
en mero testigo de la Gospa: «Os estoy invitando, queridos hijos, a orar por
los dones del Espíritu Santo que necesitáis para dar testimonio de mi presencia
y de todo lo que os estoy dando... El Espíritu de verdad os es necesario para
transmitir los mensajes tal como yo os los doy».
La «seguridad» del padre O'Carroll está expresada en
términos que sonarán muy extraños a oídos ortodoxos. «La mención recurrente del
Espíritu Santo es notable y concuerda bien con el renacimiento, en la última
generación, de la doctrina y la devoción hacia él: siempre formó parte del
credo cristiano, aceptado por los creyentes, honrado en ciertas oraciones
comunes». Añade significativamente: «Pero no hace tanto tiempo que apareció una
obra espiritual sobre él con el título “El Paráclito Olvidado”, o desde que un
gran maestro de la vida espiritual, Dom Columba Marmion, pudo afirmar que para
algunos la actitud sería la expresada en un texto importante de Hechos: “Ni
siquiera hemos oído si hay un Espíritu Santo”». Esto confirmó mi referencia
anterior al filioque latino con su consiguiente degradación del Espíritu
Santo, y el importante papel que, a mi juicio, esta distorsión de la doctrina
trinitaria ha desempeñado en las apariciones marianas.
La necesidad de lo Eterno Femenino está profundamente
arraigada en la psique humana. Esa necesidad se satisface en la Santísima
Trinidad, el corazón de la Ortodoxia. Allí donde la enseñanza trinitaria está
desequilibrada y el Espíritu Santo es descuidado, es probable que la Diosa
resurja, bien bajo la forma del exceso mariano, bien bajo el disfraz del
gnosticismo, con su exigencia de sacerdotisas y lenguaje inclusivo para Dios.
En el Nuevo Testamento contemplamos la incomparable belleza
espiritual de la Madre del Señor. En su resplandeciente humildad, siempre
aparta la atención de sí misma. Madre del Mesías, se llama humildemente a sí
misma sierva de Dios. La alabanza que le dirige su parienta Isabel la remite de
inmediato a Dios, que ha mirado su pequeñez. No se atreve a dar órdenes a los
sirvientes en Caná, sino que les aconseja discretamente obedecer las
instrucciones de su Hijo. En los Hechos no la encontramos ocupada en iniciativa
privada alguna, sino esperando en oración junto con todo el cuerpo de
creyentes.
La dama de todas las apariciones, por el contrario,
permanece firmemente en el centro del escenario, con el foco siempre puesto en
ella misma. Se decreta nuevos títulos: La Inmaculada Concepción, Nuestra Señora
del Rosario, Madre de la Consolación, Virgen de los Pobres, Reina de la Paz.
Busca reparación y consuelo por los agravios cometidos contra ella: «Seca las
lágrimas de mi rostro, que derramo al observar lo que hacéis» (Medjugorje),
«Mira mi Corazón, rodeado de espinas con las que los hombres ingratos me
traspasan a cada momento con sus blasfemias e ingratitud. Hay tantas almas a
las que la Justicia de Dios condena por los pecados cometidos contra mí que he
venido a pedir reparación: sacrifícate por esta intención» (Fátima).
Con lenguaje propio de una diosa, la Señora de Medjugorje
nos dice: «Soy incansable, os llamo incluso cuando estáis lejos de mi corazón.
Soy la Madre, y aunque siento dolor por todos los que se extravían, perdono
fácilmente y me regocijo por cada hijo que viene a mí». Apareció en la montaña
con cinco ángeles en 1986 y declaró a los videntes que lo que estaban
experimentando era «como la Transfiguración en el Monte Tabor». Les daría todas
las gracias que necesitaran. Los bendijo y les dijo que «bajaran del Tabor y
llevaran la bendición a otros». «Dondequiera que voy, mi Hijo está conmigo»,
dice. La verdad es que donde está el Dios-Hombre, también están, en Él, su
Madre, sus santos, sus ángeles y sus justos. En Él —y solo en Él— tenemos
comunión con ellos y les pedimos ayuda. Su Madre es verdaderamente Madre de
todos nosotros en la Iglesia, donde ocupa la posición más exaltada, la más
cercana a Cristo, pero no actúa con independencia de él. No es la Madre de la
Iglesia, ni la Mediadora de todas las gracias, ni la Corredentora —títulos
estos dos últimos implícitos a lo largo de los mensajes de Medjugorje.
«Separada de su contexto en los Evangelios y surgida de las
fantasías subconscientes del hombre, puede convertirse en cualquier cosa, desde
un sueño sentimental hasta una figura oscura, inescrutable, inexorable, afín a
las sombrías diosas del pensamiento pagano» (Newbolt: The Blessed Virgin).
Los mensajes
En última instancia, debe ser el contenido de los propios
mensajes lo que inspire la aceptación o el rechazo de las visiones. Como se
indicó anteriormente, por eso no incluimos Walsingham entre los santuarios
marianos, pues el mensaje, revelado a Richeldis en visión privada o en sueño,
era una simple petición de una capilla en honor de la encarnación.
En Zeitoun, y antes en Knock, no se dio mensaje alguno, por
lo que el propósito de aquellas visiones queda en el terreno de las conjeturas.
Hay diferencias de énfasis en los mensajes de los diversos santuarios, pero
persiste una unidad subyacente, si bien Lourdes parece ser la excepción en
varios aspectos.
En primer lugar está el tono de cortesía. «Acercaos, niños,
no tengáis miedo: estoy aquí para daros una gran noticia», en La Salette.
«¿Tendríais la amabilidad de venir aquí durante quince días?», en Lourdes. La
Dama de Zeitoun se inclina para saludar a las multitudes reunidas. La Gospa de
Medjugorje repite mecánicamente su estribillo al final de cada mensaje:
«Gracias por responder a mi llamada».
Se repite la misma ausencia de Cristo, o al menos su
marginación como figura distante y vengadora, cuya justa ira contiene la
Virgen. En Medjugorje él es igualmente distante, aunque no temible, y se nos
invita a «pensar más en Jesús» el día de Navidad y a «hacer algo concreto por
Jesucristo» —es decir, «traer una flor como signo de entrega a Jesús. Quiero
que cada miembro de la familia tenga una flor junto al pesebre para que Jesús
pueda ver vuestra devoción hacia él».
Aparecen los mismos secretos, advertencias apocalípticas,
buenos consejos sobre la asistencia a misa y la conducta, y exhortaciones a
«amar», «hacer penitencia» y «rezar». El mensaje de Banneux fue, literalmente:
«Rezad mucho». Rezar equivale al rosario, que se menciona constantemente.
Aunque los partidarios de Medjugorje afirman que la Misa se destaca como la
oración central, el rosario tiene preeminencia general. Es «la única forma de
oración preferida por María» (O’Carroll). «El rosario es un arma poderosa
contra Satanás... Debemos derrotar a Satanás con rosarios en nuestras manos...»
(Medjugorje). En Fátima se promete asistencia en la hora de la muerte a quienes
se confiesen, comulguen el primer sábado de cinco meses consecutivos y reciten
cierto número de rosarios durante un tiempo determinado con la intención
correcta. Todos los videntes han rezado el rosario, y la aparición de
Medjugorje se manifestaba regularmente durante su recitación pública. Al niño
vidente de Fátima se le prometió que iría al cielo, pero que tendría que «rezar
muchos rosarios». Uno de los videntes de Medjugorje recibió un rosario de manos
de la Dama (no está claro si fue realmente una materialización), y al Papa se
le envió otro especialmente bendecido por la Gospa.
Se repite la misma enseñanza sobre el purgatorio y la
supremacía papal, y el mismo énfasis en el Sagrado Corazón de Jesús y el
Inmaculado Corazón de María. El Papa Juan Pablo II también enfatiza el
Inmaculado Corazón y lo asocia con el Sagrado Corazón. A quienes abrazan el
Inmaculado Corazón se les ofrece la salvación en Fátima, y la Gospa de
Medjugorje nos invita a consagrarnos al Inmaculado Corazón y a reparar los
pecados que han ofendido el Sagrado Corazón de Jesús.
Aparecen los mismos tratos, promesas y amenazas, incentivos
para obrar bien apelando al interés propio. Si haces esto, prometo hacer
aquello; si dejas de hacer tal cosa, sucederá o dejará de suceder tal otra.
«Quienes lleven la Medalla recibirán grandes favores, especialmente si la
llevan al cuello». «Si los pecadores se arrepienten, las piedras y rocas se
convertirán en montones de trigo» (La Salette). «Si la gente hace lo que os
digo, muchas almas se salvarán y habrá paz» (Fátima). «Si no cambiamos, el castigo
será muy grande» (Garabandal).
Lourdes constituye, en muchos aspectos, un contraste
sorprendente. El rosario es igualmente prominente: la aparición lleva un
rosario en el brazo y deja que las cuentas se deslicen entre sus dedos mientras
Bernadette se arrodilla y reza. Pero si bien no hay mención alguna de Cristo,
tampoco la hay de Corazones, purgatorio, amenazas apocalípticas ni tratos. Las
declaraciones son pocas y concisas, y consisten principalmente en mandamientos
breves: «Id y besad el suelo por la conversión de los pecadores; Id y bebed en
la fuente...; Id y decid a los sacerdotes que hagan construir aquí una
capilla». El contraste con la locuacidad de la Gospa de Medjugorje no podría
ser más marcado.
La breve declaración de la visión, «Yo soy la Inmaculada
Concepción», ha tenido mayor impacto que cualquier otro mensaje de los
santuarios. Los protestantes tienden a ver en ella tan solo un reflejo de la
capacidad mental de Bernadette y de su nivel gramatical. Los teólogos católicos
de la época quedaron perplejos e incómodos porque resultaba inquietantemente
similar a las declaraciones del Antiguo y Nuevo Testamento hechas por Dios y
por Cristo, y parecía equipararse a «Yo soy la Resurrección», «Yo soy el Camino,
la Verdad y la Vida». Los maximalistas marianos se regocijaron ante lo que
consideraron honores divinos tributados a la Virgen en el cielo, y aguardaron
esperanzados nuevas revelaciones de futuras apariciones que dijeran: «Yo soy la
Mediación de todas las gracias» y «Yo soy la Corredención». Para su disgusto,
tuvieron que conformarse con «Yo soy la Señora del Rosario» y «Yo soy la Virgen
de los Pobres». Los minimalistas marianos, por su parte, insistieron en que la
Virgen limitaba deliberadamente sus privilegios a la Inmaculada Concepción,
dando a entender con ello que no era la Mediadora de todas las gracias ni la
Corredentora. Algunos ortodoxos, en un intento de justificar su propia
aceptación de la aparición de Lourdes, tratan de dar significado a la fecha de
la declaración, el 25 de marzo, alegando que la Virgen no se refería a su
propia concepción por santa Ana, sino a la (única) Inmaculada Concepción del
Señor Jesucristo el día de la Anunciación.
[Nota del editor: No es un argumento muy convincente, ya que
en el momento de la aparición en 1858, todos los cristianos ortodoxos seguían
el Calendario Eclesiástico o Antiguo, que entonces llevaba doce días de retraso
respecto al cómputo papal.]
La declaración resulta tan enigmática como muchas del
oráculo de Delfos. Lo que sí hizo fue precipitar y confirmar el dogma de la
Infalibilidad Papal. Al imponer el dogma de la Inmaculada Concepción en 1854,
el Papa actuó por autoridad propia sin el consentimiento de un Concilio
General, lo que le valió duras críticas en algunos círculos eclesiásticos.
Cuando la Señora de Lourdes anunció su nombre como «Yo soy la Inmaculada
Concepción», no solo demostró que el Papa había acertado respecto al dogma,
sino que confirmó su capacidad de actuar por cuenta propia; en otras palabras,
que la autoridad suprema pertenecía únicamente al Papa. La Infalibilidad Papal
se convirtió en dogma oficial en 1870. Como señala Alan Neame, Nuestra Señora
de Lourdes fue en cierto modo la madre de la Infalibilidad Papal y la abuela de
los Viejos Católicos, que prefirieron el cisma antes que aceptarla.
Si alguien tuviera la inconveniencia de recordar que [Santa]
Catalina de Siena [siglo XIV], durante su visión, recibió de Nuestra Señora la
noticia de que no había sido concebida sin pecado original, Roma tiene también
la respuesta. Incluso las personas santas pueden malinterpretar sus
revelaciones, y Catalina estaba tan influenciada por sus maestros dominicos,
opuestos a esta enseñanza, que «ni siquiera en su rapto místico pudo esta santa
mujer sumergirse lo suficiente en Dios para superar la sugestión» (Arzobispo de
Split).
Los mensajes insatisfactorios, pues, se descartan con la
misma facilidad que los visionarios insatisfactorios. Según el Dr. Franic,
Arzobispo de Split, no solo la sugestión humana, sino incluso los espíritus
malignos pueden infiltrarse fácilmente en los mensajes, por lo que cada uno
debe examinarse por separado. De hecho, los mensajes inconvenientes pueden
eliminarse, dejando una revelación depurada. Entre visionarios de fiabilidad
dudosa a quienes se confían revelaciones divinas, mensajes divinos que los visionarios
santos pueden malinterpretar o que los espíritus malignos pueden distorsionar,
y causas parapsicológicas que pueden ser el único origen de las visiones, todo
parece terreno movedizo donde nada resulta fiable.
El factor nuevo de los mensajes de Medjugorje es el
ecuménico. El siglo de prueba para la Iglesia está llegando a su fin, y la
Gospa ha profetizado especialmente un estallido de fe en Rusia, «donde Dios
será más glorificado que en ningún otro lugar». Si vinculamos esto con el
pronunciamiento de Fátima sobre Rusia, el llamamiento de Hriushiw a los uniatas
para que sean misioneros en Rusia, el vivo interés del Papa en Rusia y su apoyo
a Evangelización 2000, con su énfasis en Europa Occidental y Oriental, ¡no podemos
decir que no se nos ha advertido!
La Gospa ha dicho que las divisiones religiosas son obra del
hombre, y también se afirma que declaró que Dios gobierna en todas las
religiones como un rey en su reino, aunque no encontré esta última declaración
en los libros que leí, lo cual no sorprende, pues las apariciones llevan tanto
tiempo produciéndose, con cientos de mensajes, que sería imposible incluirlo
todo. Además, como ha señalado el P. René Laurentin en uno de sus artículos,
Roma ha expresado preocupación porque algunos mensajes parecían implicar
indiferencia religiosa, por lo que es muy probable que una declaración tan
ecuménica se suprimiera en cualquier publicación favorable a las apariciones,
dado que semejante posición ecuménica radical no es (todavía) generalmente
aceptable. Escribí al Centro de Medjugorje de Londres pidiendo aclaraciones
sobre este punto, pero no recibí respuesta. Parece preverse algún tipo de
unidad sin Cristo para las religiones no cristianas.
Desde hace tiempo, los ecumenistas occidentales vienen
debatiendo con cautela la necesidad de revisar o modificar la visión
Encarnacional tradicional según la cual Cristo es la revelación única y
definitiva de Dios al hombre, argumentando que resulta incompatible con el
diálogo interreligioso. Sea como fuere, mi impresión tras estudiar los mensajes
de algunos santuarios (Fátima, Zeitoun, Hriushiw, Medjugorje) y los comentarios
de diversos autores sobre ellos es que el Papa ha de ser el símbolo de unidad
para los cristianos, quienes se reunificarán pese a las diferencias doctrinales
(sujeción al Papado sin unidad en la fe), y el padre de gentes de todas las
creencias y culturas (la nueva religión mundial).
Mi reacción inicial al leer los mensajes de los santuarios
fue de profunda decepción. Apenas parecían justificar una visitación celestial.
Los mensajes de Medjugorje, en particular, me parecieron insípidos, banales y
de una monotonía tediosa. Y había demasiados. Si Dios realmente estuviera
intentando hablar, sería casi imposible oírlo entre la incesante cháchara de la
Señora. Con agradecido asombro, inmensa alegría y alivio, volví una vez más a
la riqueza y profundidad de nuestras oraciones ortodoxas.
Son muy pocos los pasajes de los Evangelios en que se recoge
que la Madre de Dios habló, pero cada uno de ellos es sumamente significativo.
Podríamos pasar toda una vida meditando sobre sus palabras sin agotar jamás su
significado. Por lo demás, ella guarda silencio para que su Hijo, el Verbo,
pueda hablar. Nada podrá superar jamás los dos sublimes títulos de la santa
Virgen: el que ella misma eligió—Sierva del Señor—y el que la Iglesia le ha
otorgado—Theotokos, Madre de Dios. Tampoco puede añadirse nada de mayor
importancia a sus últimas palabras registradas, que permanecen como mensaje
eternamente verdadero, pertinente y universal: «Haced lo que Él os diga».
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