Esta obra del celebre teólogo ortodoxo Vladimir Lossky (1903 - 1958), fue pionera en cuanto a la difusión de la teología hesicasta en Occidente durante el siglo XX.
Publicada póstumamente en francés en 1962, bajo el título Vision de
Dieu, reúne una serie de conferencias impartidas por Lossky en 1945-1946 en
la École pratique des Hautes Études, en la Sorbona de París.
La obra propone un recorrido histórico y doctrinal por la tradición cristiana
acerca de la visión de Dios: desde la Escritura y los primeros Padres, pasando
por Alejandría, los Capadocios, san Dionisio Areopagita, san Máximo el Confesor
y san Juan Damasceno, hasta llegar a la síntesis palamita del siglo XIV.
El eje del libro es una cuestión decisiva para la teología
oriental: ¿en qué sentido puede el hombre ver o conocer a Dios? Lossky muestra
que, para la tradición ortodoxa, Dios permanece incognoscible en su esencia,
pero se comunica realmente al hombre por sus energías divinas.
De este modo, la visión de Dios no consiste en una
comprensión intelectual de la esencia divina, sino en una participación viva,
personal y transformadora en la vida de Dios.
Por eso, el libro puede leerse como una introducción al
palamismo: Lossky reconstruye la larga continuidad que une la teología bíblica
y patrística con la doctrina hesicasta defendida por san Gregorio Palamás. Su
intención no es presentar el palamismo como una innovación tardía, sino como la
maduración doctrinal de una tradición mucho más antigua.
Uno de los puntos más decisivos de la obra —y quizá uno de
los más interesantes para el lector— es el modo en que Lossky muestra la íntima
relación entre la visión de Dios y la theosis, o deificación, en la
tradición cristiana oriental.
El autor sostiene en su desarrollo que la visión de Dios no
puede entenderse como una mera contemplación intelectual ni es en si una
aprehensión de la esencia divina, sino una participación real en la vida
divina, participación que transforma al hombre entero al convertirse el hombre
en "receptáculo" de las energías deificantes.
De ahí que Lossky insista en que la ausencia, dentro de la teología católica romana, de una distinción entre la esencia y las energías divinas llevó a una grave incomprensión del hesicasmo y por ende en una perdida de la verdadera dimensión de la Deificación.
Esta incomprensión queda de manifiesto desde el primer
capítulo de la obra, y reaparece como cuestión de fondo en sus páginas finales.
Para Lossky, el problema no se limita a una disputa terminológica: afecta
directamente al modo mismo de entender la deificación. Allí donde no se
distingue entre la esencia incomunicable de Dios y sus energías divinas
comunicables, la theosis corre el riesgo de quedar reducida a
una categoría moral, psicológica o puramente intelectual, perdiendo su sentido
propiamente ortodoxo: la participación real del hombre en la vida divina.
Es por esto que esta obra también puede entenderse como una historia del
desarrollo doctrinal dentro de la teología de la distinción entre energías y
esencia de Dios, distinción que Lossky ya detecta en los padres capadocios y
que recorre todo el desarrollo ulterior de la teología cristiano ortodoxa.
El autor, en otra de sus obras, señaló: «La Iglesia Ortodoxa nunca ha hecho una distinción tajante entre el ámbito de la teología y el del misticismo. Toda obra verdaderamente dogmática tiene una base en la experiencia mística»[1].
Por esta razón, la presente obra no se limita simplemente a pasar revista de los principales Santos Padres — sean estos los capadocios, los alejandrinos o los sirios— que escribieron al respecto de la visión de Dios, sino que, partiendo del hecho de que para la Iglesia ortodoxa los teólogos son místicos y los místicos también son teólogos, centra parte de su exposición en analizar las formulaciones sobre la deificación y la visión de Dios que se dieron en el ambiente monastico y en concreto entre los monjes discípulos de Evagrio y entre aquellos vinculados a la tradición de san Macario.
En su defensa de san Macario, Lossky destruye la acusación
formulada por cierta crítica moderna, según la cual este habría sido mesaliano;
acusación que, dicho sea de paso, también sufrió en su tiempo san Gregorio
Palamás por parte de los adversarios del hesicasmo.
En contrapartida, nuestro autor critica a Evagrio, al
considerar que su monasticismo permanece todavía demasiado dependiente de
antiguas fórmulas de inspiración platónica —no en balde se lo considera uno de
los mayores herederos del origenismo —. En esta crítica, Lossky se convierte en
heraldo de la verdadera enseñanza cristiana: la visión ortodoxa de Dios se
coloca en un punto intermedio entre el mesalianismo y el “intelectualismo” de
impronta platónica y evagriana.
Contra el mesalianismo, porque la visión de Dios no puede
reducirse a una experiencia sensible de la gracia ni a representaciones
imaginativas de lo divino, como si la presencia del Espíritu Santo pudiera
manifestarse ante el alma bajo formas visibles, corporales o psicológicamente
perceptibles para nuestra naturaleza caída, y en contra del evagrianismo y del
platonismo porque, la verdadera visión de Dios, no solo nos lleva a superar
toda imagen física, sino también toda imagen mental, y es por eso que de este libro
se puede extraer el mensaje trascendental que nos legaron todos los Santos
Padres cuando nos hablaban en contra de la imaginación, porque la
vindicación a la imaginación solo supone un plano virtual, que si bien se
contrapone a la imagen del plano físico o material, no escapa de la dinámica de
la cual el hombre caído todavía se haya sujeto, ofreciéndolos tan solo una
suerte de falsa elevación de la que nos es preciso liberarnos si es que estamos
en procura de la deificación y de la unión con Dios.
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La visión de Dios - Vladimir Lossky
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[1] Vladimir Lossky, In the
Image and Likeness of God, ed. John H. Erickson y Thomas E. Bird, introd.
John Meyendorff, Crestwood, New York, Estados Unidos, St. Vladimir’s Seminary
Press, 1974, pp. 49–50.