En una conversación con el ministro de relaciones exteriores de Bulgaria Iván Popov, Adolf Hitler vierte una reflexión sobre la diferencia entre el pueblo ruso y el pueblo soviético que lo acerca mucho a lo que mencionaron otros autores y pensadores rusos del siglo XX como Alexandr Solzhenitsyn cuando señalizaron que el hombre soviético no era ruso, ya que durante la URSS había habido una sustitución étnica y habían borrado del mapa a la civilización blanca (Rusia) fundada por los vikingos, remplazándola por una civilización soviética de caracteres tartaro-asiaticos:
«(…) Ya no se trataría de hombres, sino de animales, y el contraste sería pasmoso si se compara a la población [soviética] actual con los rusos tal como se los conocía durante la Primera Guerra Mundial. En aquel entonces, los rusos bondadosos y rubios constituían la parte predominante de la población. Hoy eso ha desaparecido. Mediante métodos diabólicos, el régimen bolchevique habría ido exterminando cada vez más a ese tipo de rusos, o deportándolos a Siberia, y trasladando sistemáticamente mongoles desde Asia a la parte europea de Rusia, con el fin de aniquilar racialmente al pueblo ruso y transformarlo en asiáticos.»
— Adolf Hitler, en conversación con el ministro de Asuntos Exteriores búlgaro Iván Popov, 29 de noviembre de 1941.
Fuente: Akten zur deutschen auswärtigen Politik (ADAP), 1918–1945, Serie D (1937–1941), vol. XIII, doc. nº 509.

